y la vida es un mini pañuelo
Estos dos últimos días han sido unos días muy buenos. De esos en los que estás contenta sin saber por qué, estás a gusto, te sientes bien contigo misma.
Este trabajo, en el que empecé mas bien por probar y porque no tenía otra cosa, está resultando ser algo muy interesante. Gente de todo tipo, gente curiosa que te cuenta su vida y entonces te das cuenta de lo mucho que necesitan hablar y comunicarse, gente guapa que te mira y te sonríe, gente que te escucha y se lo piensa, y algunos aceptan y otros no; gente que ni te mira, que te ignora como si no existieras; gente que te cuenta sus teorías y conspiraciones (¡!), gente de todo tipo… y al final te lo acabas pasando bien, y te das cuenta de todas las clases de personas que existen, de todo tipo.
Y luego las personas con las que trabajas, tu grupo, mi grupo. Mi grupo que empezó siendo de seis y al final los únicos que aguantamos y que nos gusta, somos tres, la niña maja e interesante, un chico para escuchar y reírte, y yo.
Y ayer estuve viendo pelis, con porros y cervezas, en casa de una pequeña niña, que no niña pequeña, a la que tengo mucho cariño. Una niña con unos ojos muy brillantes que no veía desde hace ya bastante tiempo. El año pasado estábamos mucho tiempo juntas, pero las cosas cambiaron. No cambiaron por lo que ocurrió, sino por llegar a un punto en el que nos cansamos, nos saturamos la una de la otra (o quizás solo fui yo quien se saturó). Y que después de tres meses sin vernos ni hablarnos por malos entendidos, volvimos a retomar esa amistad. No esa misma “amistad” de antes, ni tampoco la otra amistad previa, no; ahora yo le tengo con mucho cariño, el cariño que se le tiene a una persona que quieres, que fue especial en algún momento, pero no tan especial como para intentar algo más. Y ahora lo que hay es una amistad de lo más normal, que no tiene nada en particular. Mi recuerdo eleva a esta niña un poquito, pero luego la realidad es que nada es igual y todo es diferente, que ni siquiera queda una amistad cómoda, sino una incomoda en la que falta algo. Algo que quizás se perdió en esos tres meses de malos entendidos. Y por eso ahora nos vemos mucho menos, ya no nos llamamos apenas. Ella ya tiene nueva gente y yo también, y ya no nos necesitamos. No necesitamos esa amistad que se perdió. Me gusta verla de vez en cuando, y sé que la tengo ahí si la necesito alguna vez, al igual que ella a mí, pero no como antes.
Y el mundo es un mini pañuelo.
Madrid.
Madrid, esta ciudad tan grande llena de gente, abarrotada de gente, resulta ser como un pequeño pueblo (ese que yo no tengo) en el que todos se acaban encontrando y conociendo.
De esto ya me di cuenta el año pasado, cuando resultó que la pequeña niña, que no niña pequeña, había coincidido algunos años en el mismo colegio que la niña especial, esa niña que a pesar de todo sigue en mi corazón. Y que de pequeñas habían sido amigas, durmiendo la una en casa de la otra. Y yo, que había conocido a cada una por separado, en sitios muy diferentes, de maneras muy diferentes, no me lo podía creer. Que la niña de mis sueños había dormido en la misma habitación que esta pequeña niña de ojos brillantes. Me quedé con la boca abierta pensando en lo pequeño que es el mundo.
Casualidades.
Y el mundo es un mini pañuelo.
Que hoy también me he enterado de que uno de mis amigos, uno de mis mejores amigos conoce a la niña maja e interesante de mi trabajo, de mi grupo de tres personas. Y esto me ha hecho pensar en este pequeño mundo, en todas estas casualidades.
Que casualidad que coincidas con alguien que nos ves desde hace años, que no te importa lo más mínimo, y sin embargo estando más cerca y saliendo por sitios parecidos no coincidas con esa persona con quien quieres encontrarte.
Y que casualidad que un día, una tarde cualquiera en la que lo ultimo que piensas es que eso vaya a ocurrir, reconozcas un perfil, una cara familiar.
Otras muchas casualidades han pasado por mi vida, unas buenas y otras malas. Y hasta hace no mucho, pensaba que todas las buenas casualidades ya se la había llevado Najwa, las había gastado todas en los amantes del Circulo Polar, y ya solo quedaban las malas. Pero no, no solo quedan las malas. Aún quedan casualidades de todo tipo, las casualidades divertidas, las curiosas… y lo mejor, todavía quedan algunas buenas.
Y yo estoy esperando esa buena casualidad, mi buena casualidad que llegará para sorprenderme, inesperadamente… en cualquier momento.
Y cuando llegue no dejaré que se escape, aprovecharé esa casualidad al máximo.
Este trabajo, en el que empecé mas bien por probar y porque no tenía otra cosa, está resultando ser algo muy interesante. Gente de todo tipo, gente curiosa que te cuenta su vida y entonces te das cuenta de lo mucho que necesitan hablar y comunicarse, gente guapa que te mira y te sonríe, gente que te escucha y se lo piensa, y algunos aceptan y otros no; gente que ni te mira, que te ignora como si no existieras; gente que te cuenta sus teorías y conspiraciones (¡!), gente de todo tipo… y al final te lo acabas pasando bien, y te das cuenta de todas las clases de personas que existen, de todo tipo.
Y luego las personas con las que trabajas, tu grupo, mi grupo. Mi grupo que empezó siendo de seis y al final los únicos que aguantamos y que nos gusta, somos tres, la niña maja e interesante, un chico para escuchar y reírte, y yo.
Y ayer estuve viendo pelis, con porros y cervezas, en casa de una pequeña niña, que no niña pequeña, a la que tengo mucho cariño. Una niña con unos ojos muy brillantes que no veía desde hace ya bastante tiempo. El año pasado estábamos mucho tiempo juntas, pero las cosas cambiaron. No cambiaron por lo que ocurrió, sino por llegar a un punto en el que nos cansamos, nos saturamos la una de la otra (o quizás solo fui yo quien se saturó). Y que después de tres meses sin vernos ni hablarnos por malos entendidos, volvimos a retomar esa amistad. No esa misma “amistad” de antes, ni tampoco la otra amistad previa, no; ahora yo le tengo con mucho cariño, el cariño que se le tiene a una persona que quieres, que fue especial en algún momento, pero no tan especial como para intentar algo más. Y ahora lo que hay es una amistad de lo más normal, que no tiene nada en particular. Mi recuerdo eleva a esta niña un poquito, pero luego la realidad es que nada es igual y todo es diferente, que ni siquiera queda una amistad cómoda, sino una incomoda en la que falta algo. Algo que quizás se perdió en esos tres meses de malos entendidos. Y por eso ahora nos vemos mucho menos, ya no nos llamamos apenas. Ella ya tiene nueva gente y yo también, y ya no nos necesitamos. No necesitamos esa amistad que se perdió. Me gusta verla de vez en cuando, y sé que la tengo ahí si la necesito alguna vez, al igual que ella a mí, pero no como antes.
Y el mundo es un mini pañuelo.
Madrid.
Madrid, esta ciudad tan grande llena de gente, abarrotada de gente, resulta ser como un pequeño pueblo (ese que yo no tengo) en el que todos se acaban encontrando y conociendo.
De esto ya me di cuenta el año pasado, cuando resultó que la pequeña niña, que no niña pequeña, había coincidido algunos años en el mismo colegio que la niña especial, esa niña que a pesar de todo sigue en mi corazón. Y que de pequeñas habían sido amigas, durmiendo la una en casa de la otra. Y yo, que había conocido a cada una por separado, en sitios muy diferentes, de maneras muy diferentes, no me lo podía creer. Que la niña de mis sueños había dormido en la misma habitación que esta pequeña niña de ojos brillantes. Me quedé con la boca abierta pensando en lo pequeño que es el mundo.
Casualidades.
Y el mundo es un mini pañuelo.
Que hoy también me he enterado de que uno de mis amigos, uno de mis mejores amigos conoce a la niña maja e interesante de mi trabajo, de mi grupo de tres personas. Y esto me ha hecho pensar en este pequeño mundo, en todas estas casualidades.
Que casualidad que coincidas con alguien que nos ves desde hace años, que no te importa lo más mínimo, y sin embargo estando más cerca y saliendo por sitios parecidos no coincidas con esa persona con quien quieres encontrarte.
Y que casualidad que un día, una tarde cualquiera en la que lo ultimo que piensas es que eso vaya a ocurrir, reconozcas un perfil, una cara familiar.
Otras muchas casualidades han pasado por mi vida, unas buenas y otras malas. Y hasta hace no mucho, pensaba que todas las buenas casualidades ya se la había llevado Najwa, las había gastado todas en los amantes del Circulo Polar, y ya solo quedaban las malas. Pero no, no solo quedan las malas. Aún quedan casualidades de todo tipo, las casualidades divertidas, las curiosas… y lo mejor, todavía quedan algunas buenas.
Y yo estoy esperando esa buena casualidad, mi buena casualidad que llegará para sorprenderme, inesperadamente… en cualquier momento.
Y cuando llegue no dejaré que se escape, aprovecharé esa casualidad al máximo.
Comentario:
joe otra vez yo mira q soy pesada, oye q cambie de direccion y mañana lo haré de nick "tury". Gente rara m persigue, jeje.
Comentario:
Bueno y m dices cual es tu nombre para ver si son casualidades?
besis personaje
besis personaje
Comentario:
Qué pasada, me encanta lo que estoy leyendo. Me gusta que las cosas que lea me lleguen, y tú lo has conseguido. Gracias.
Comentario:
Yo tambien quiero una casualidad de esas, a mi solo m toca las casualidades malas.
besitos personaje
besitos personaje
Comentario:
... te imagino como nawja, es inevitable...
¿qué pondría en aquel avión?
"nunca había oido un corazón como él de el"
yo quiero una casualidad para que me lata el corazón grande, rojo muy rojo
¿qué pondría en aquel avión?
"nunca había oido un corazón como él de el"
yo quiero una casualidad para que me lata el corazón grande, rojo muy rojo