El secreto mágico
Mi abuelo y yo compartíamos un secreto. Mi abuelo era un mago. Aún ahora que el tiempo ha decidido que creciera, me pesa la responsabilidad de ser la única persona a la que confió su secreto. La cuestión es que yo no lo he sabido desde siempre, pero lo fui descubriendo poco a poco a medida que pasaba los días de mi infancia a su lado. Siempre lo conocí con el pelo blanco, pero había una foto que mi abuela aún guarda en una repisa de la estantería, entre la figura del Quijote y su fiel vasallo Sancho Panza, en la que mi abuelo era joven y ocultaba tras su gabardina y sombrero su identidad secreta de mago sin que nadie pudiera imaginarlo siquiera, con un brillo en los ojos que era un mero reflejo de su poder. Cuando yo nací, estaba nevando, y mi abuelo me confesó un día que leyó en los copos de nieve que yo sería la que conocería su secreto, para que alguien lo pudiera contar cuando él hiciera su gran truco final. Yo le preguntaba que qué truco sería ese, y mi abuelo me contestaba que cuando lo hiciera, lo sabría sin necesidad de que él me lo contara, y que sólo entonces podría contarlo a los demás. Cuando llegaba por las tardes del colegio, me hacía pequeñas demostraciones de su magia a escondidas de mi abuela para que ésta no se enterara. Recitaba poesías que increíblemente, rimaban todas en su terminación:
“Dicen de un sabio que un día
Tan pobre y mísero estaba
Que sólo se alimentaba
De las hierbas que recogía
Y exclamando entre sí decía:“¿habrá otro sabio más pobre y mísero que yo?”
Y cuando el rostro volvió
Halló la respuesta viendo
Que otro sabio iba cogiendo
Las hierbas que él arrojó”
Y cuando terminaba me miraba con los ojos brillantes, como en la foto, y a mí me entraba un cosquilleo de nerviosismo porque no quería que se diera cuenta de que no había entendido nada. Pero él sonreía y me demostraba una vez más su magia leyendo mi pensamiento, y me decía que no me preocupara, que algún día, y sólo cuando lo hubiera recitado muchas veces, lo entendería. Y yo abría la boca de asombro porque había adivinado lo que pensaba. Y así pasaba las tardes, deseando salir del colegio para que mi abuelo me contara más poesías con el brillo de su magia en los ojos. Los veranos los pasábamos en su casa.Y yo le seguía a todas partes, y me enseñaba a jugar a las cartas en la mesa a la que mi abuelo le hacía un conjuro para que le diera la sombra. Y todos los días, a la misma hora, movía el sol ante mis ojos y hacía que esa mesa fuera la única que tuviera sombra Nunca le gané ni una sola partida de ajedrez. Luego nos íbamos a comer todos juntos y mi abuela sacaba una toritlla de patata que tanto me gustaba, y mi abuelo nos repartía unos platos de porcelana blancos con flores que hacían que todo tuviera un sabor especial. Sabor a verano, conseguía que las cosas supieran a verano. Mi madre pensaba que sería bueno para mí que jugara con más niños y no estar siempre sentada con mi abuelo conspirando contra el mundo, como ella decía, y lo cierto es que yo lo intenté. Pero ningún juego podía comparase con las batallas que mantenía con mi abuelo en la mesa de la sombra, y acababa sola esperando a que éste se despertara de la siesta, y contaba sus ronquidos y me entraba la risa cuando se le inflaba la tripa al compás del ruido. Mi madre se enfadaba y me obligó a apuntarme a alguna actividad. Y yo me apunté a pintura, y mi abuelo cuando se enteró me sonrió de la forma más especial que jamás nadie me ha sonreído, y consiguió que me sintiera muy feliz con una sola sonrisa. Ese me pareció un truco fascinante. Mi abuelo era jardinero, porque tenía que tener algún empleo para que nadie sospechara que era un mago. Se ponia a arreglar las plantas y podar los rosales haciendo que las flores cambiaran de forma, tamañano y color. Y yo me quedaba bloqueada ante tanta muestra de magia. Como cuando se ponía su sombrero de paja. Llegué a sospechar sobre el sombrero de mi abuelo. Había visto ya a muchos magos con chisteras y no podía evitar imaginar a mi abuelo sacando conejos y pañuelos interminables o ramos de flores del mismo. Pero no era eso. Lo de mi abuelo era magia de la buena. Simplemente se ponía el sombrero y se convertía en dios.Mi abuela me contó una vez, que mi abuelo tuvo que viajar muy lejos cuando eran muy jóvenes, cuando todavia no se habían casado porque mi abuelo no se llevaba muy bien con un señor que era muy importante aquí, el señor Franco. Y mi abuelo viajó por toda España Decía mi abuela que al señor Franco no le gustaban los rojos, y yo no entendía nada. Las únicas veces que había visto a mi abuelo un poco más rojo era cuando cantaba villancicos y tocaba la zambomba en día de Navidad en el salón de su casa ópera en el salón de su casa, así que pensé que al señor Franco no le debía gustar nada los villancicos.Así que le pregunté a mi abuelo que si el señor Franco hizo eso porque a mi abuelo le gustaba cantar villancicos, y el soltó una carcajada, y me dijo que al señor Franco solo había una cosa que le gustaba, joder. Y mi abuela le gritó mucho porque me había dicho eso, y a mí me entró la risa. Y así fui creciendo rodeada por la magia de mi abuelo, sin darme cuenta de que él había crecido también, y se había hecho un poco más viejo. Pronto empezó a mezclar las letras de las poesías, y mi abuela se enfadaba y le decía que así no eran, que las estaba olvidando, y yo me enfadaba más y le decía a mi abuela que a mí me gustaban más así, y mi abuelo me sonreía de un modo muy extraño, y a mi me entraban ganas de llorar. Y él me iba dejando sus libros que yo leía por la noche en mi cuarto, y estoy segura de que mi abuelo desde su casa hacía que yo entrara en el mundo de magia de los libros que me dejaba. Y me convertía en la protagonista de las historias y me olvidaba hasta de que estaba en mi cama para viajar en globo alrededor del mundo, o por el fondo de la vida submarina, nada menos que diez mil leguas; si se hubiera enterado mi madre de lo lejos que me iba de casa cada noche se habría enfadado mucho. Pero inexplicablemente nunca se enteró, lo que a mí me parecía increíble, con el ruido que se tenía que oír desde mi habitación a la suya, sobre todo cuando me atacaban los ladrones y me tenía que defender con mi espada. Le pregunté a mi abuelo si le hacía algún hechizo para dormirla, pero me dijo que no, que mi madre siempre había tenido un sueño muy profundo.Mi abuelo empezó a envejecer más deprisa que los demás, y cada vez se le olvidaban más cosas. Yo enseguida supe que estaba empleando todas sus fuerzas en su gran truco final, y estuve a punto de decírselo a mi abuela un día que la vi muy triste, pero era un secreto, y los secretos no se pueden contar. Llegó el día que mi abuelo hizo su gran truco de magia. Era la noche antes de mi graduación, la noche antes del día en el que murió Shakespeare y Cervantes.Yo no estaba en casa , y mis padres se habían ido porque mi abuelo se había puesto muy malo, y yo tuve el presentimiento de que estaba a punto de hacer su truco y eso me puso muy nerviosa. Cuando me impusieron la beca vi la cara de mi madre, que estaba llorando. Ella me abrazó yo lo entendí todo y lloré también con ella. Lo había conseguido. Había conseguido hacerse invisible. Y no sé por qué pero tuve la sensación de que en ese momento estaba en la habitación mirándonos, y a la vez que lloraba, le sonreí. Ha pasado muy poco tiempo y aún no le he contado a nadie el secreto que nos unía tanto, precisamente por eso, porque aún nos sigue uniendo y a mí me gusta que sea así. Tal vez algún día leeré en los copos de nieve a quién se lo tengo que contar, como lo hizo mi abuelo. Me dejó restos de su magia, porque un día que estaba leyendo una poesía que a él le gustaba mucho, de pronto la comprendí:
“Volverán las oscuras golondrinas
En tu balcón sus nidos a colgar
Y otra vez con el ala en tus cristales jugando llamarán
Pero aquellas que el vuelo refrenaban
Tu hermosura y mi dicha a contemplar
Aquellas que se aprendieron nuestros nombres
Esas no volverán………..”
Comprendí que los pájaros que fueron testigos de todos los momentos que viví con él no volverían nunca. Comprendí que él no volvería nunca. Seguro que en ese momento entró con su invisibilidad en mi habitación y me lo explicó todo al oído. En ese momento me sentí muy bien. Jamás podré sentirme mejor que en ese segundo de tiempo en el que mi abuelo regresó para recitarme por última vez el poema que tantas veces me había dicho que algún día comprendería. No sé dónde estarán ahora los pájaros que se aprendieron nuestros nombres, pero seguro que nos recuerdan y guardan nuestro secreto sobrevolando otros mundos. Sólo ellos saben que fue mi abuelo el que me hizo creer en la magia. Y siempre creeré en la magia gracias a él.
Todavía conservo en mi memoria el brillo de tus ojos. Te quiero abuelo.
“Dicen de un sabio que un día
Tan pobre y mísero estaba
Que sólo se alimentaba
De las hierbas que recogía
Y exclamando entre sí decía:“¿habrá otro sabio más pobre y mísero que yo?”
Y cuando el rostro volvió
Halló la respuesta viendo
Que otro sabio iba cogiendo
Las hierbas que él arrojó”
Y cuando terminaba me miraba con los ojos brillantes, como en la foto, y a mí me entraba un cosquilleo de nerviosismo porque no quería que se diera cuenta de que no había entendido nada. Pero él sonreía y me demostraba una vez más su magia leyendo mi pensamiento, y me decía que no me preocupara, que algún día, y sólo cuando lo hubiera recitado muchas veces, lo entendería. Y yo abría la boca de asombro porque había adivinado lo que pensaba. Y así pasaba las tardes, deseando salir del colegio para que mi abuelo me contara más poesías con el brillo de su magia en los ojos. Los veranos los pasábamos en su casa.Y yo le seguía a todas partes, y me enseñaba a jugar a las cartas en la mesa a la que mi abuelo le hacía un conjuro para que le diera la sombra. Y todos los días, a la misma hora, movía el sol ante mis ojos y hacía que esa mesa fuera la única que tuviera sombra Nunca le gané ni una sola partida de ajedrez. Luego nos íbamos a comer todos juntos y mi abuela sacaba una toritlla de patata que tanto me gustaba, y mi abuelo nos repartía unos platos de porcelana blancos con flores que hacían que todo tuviera un sabor especial. Sabor a verano, conseguía que las cosas supieran a verano. Mi madre pensaba que sería bueno para mí que jugara con más niños y no estar siempre sentada con mi abuelo conspirando contra el mundo, como ella decía, y lo cierto es que yo lo intenté. Pero ningún juego podía comparase con las batallas que mantenía con mi abuelo en la mesa de la sombra, y acababa sola esperando a que éste se despertara de la siesta, y contaba sus ronquidos y me entraba la risa cuando se le inflaba la tripa al compás del ruido. Mi madre se enfadaba y me obligó a apuntarme a alguna actividad. Y yo me apunté a pintura, y mi abuelo cuando se enteró me sonrió de la forma más especial que jamás nadie me ha sonreído, y consiguió que me sintiera muy feliz con una sola sonrisa. Ese me pareció un truco fascinante. Mi abuelo era jardinero, porque tenía que tener algún empleo para que nadie sospechara que era un mago. Se ponia a arreglar las plantas y podar los rosales haciendo que las flores cambiaran de forma, tamañano y color. Y yo me quedaba bloqueada ante tanta muestra de magia. Como cuando se ponía su sombrero de paja. Llegué a sospechar sobre el sombrero de mi abuelo. Había visto ya a muchos magos con chisteras y no podía evitar imaginar a mi abuelo sacando conejos y pañuelos interminables o ramos de flores del mismo. Pero no era eso. Lo de mi abuelo era magia de la buena. Simplemente se ponía el sombrero y se convertía en dios.Mi abuela me contó una vez, que mi abuelo tuvo que viajar muy lejos cuando eran muy jóvenes, cuando todavia no se habían casado porque mi abuelo no se llevaba muy bien con un señor que era muy importante aquí, el señor Franco. Y mi abuelo viajó por toda España Decía mi abuela que al señor Franco no le gustaban los rojos, y yo no entendía nada. Las únicas veces que había visto a mi abuelo un poco más rojo era cuando cantaba villancicos y tocaba la zambomba en día de Navidad en el salón de su casa ópera en el salón de su casa, así que pensé que al señor Franco no le debía gustar nada los villancicos.Así que le pregunté a mi abuelo que si el señor Franco hizo eso porque a mi abuelo le gustaba cantar villancicos, y el soltó una carcajada, y me dijo que al señor Franco solo había una cosa que le gustaba, joder. Y mi abuela le gritó mucho porque me había dicho eso, y a mí me entró la risa. Y así fui creciendo rodeada por la magia de mi abuelo, sin darme cuenta de que él había crecido también, y se había hecho un poco más viejo. Pronto empezó a mezclar las letras de las poesías, y mi abuela se enfadaba y le decía que así no eran, que las estaba olvidando, y yo me enfadaba más y le decía a mi abuela que a mí me gustaban más así, y mi abuelo me sonreía de un modo muy extraño, y a mi me entraban ganas de llorar. Y él me iba dejando sus libros que yo leía por la noche en mi cuarto, y estoy segura de que mi abuelo desde su casa hacía que yo entrara en el mundo de magia de los libros que me dejaba. Y me convertía en la protagonista de las historias y me olvidaba hasta de que estaba en mi cama para viajar en globo alrededor del mundo, o por el fondo de la vida submarina, nada menos que diez mil leguas; si se hubiera enterado mi madre de lo lejos que me iba de casa cada noche se habría enfadado mucho. Pero inexplicablemente nunca se enteró, lo que a mí me parecía increíble, con el ruido que se tenía que oír desde mi habitación a la suya, sobre todo cuando me atacaban los ladrones y me tenía que defender con mi espada. Le pregunté a mi abuelo si le hacía algún hechizo para dormirla, pero me dijo que no, que mi madre siempre había tenido un sueño muy profundo.Mi abuelo empezó a envejecer más deprisa que los demás, y cada vez se le olvidaban más cosas. Yo enseguida supe que estaba empleando todas sus fuerzas en su gran truco final, y estuve a punto de decírselo a mi abuela un día que la vi muy triste, pero era un secreto, y los secretos no se pueden contar. Llegó el día que mi abuelo hizo su gran truco de magia. Era la noche antes de mi graduación, la noche antes del día en el que murió Shakespeare y Cervantes.Yo no estaba en casa , y mis padres se habían ido porque mi abuelo se había puesto muy malo, y yo tuve el presentimiento de que estaba a punto de hacer su truco y eso me puso muy nerviosa. Cuando me impusieron la beca vi la cara de mi madre, que estaba llorando. Ella me abrazó yo lo entendí todo y lloré también con ella. Lo había conseguido. Había conseguido hacerse invisible. Y no sé por qué pero tuve la sensación de que en ese momento estaba en la habitación mirándonos, y a la vez que lloraba, le sonreí. Ha pasado muy poco tiempo y aún no le he contado a nadie el secreto que nos unía tanto, precisamente por eso, porque aún nos sigue uniendo y a mí me gusta que sea así. Tal vez algún día leeré en los copos de nieve a quién se lo tengo que contar, como lo hizo mi abuelo. Me dejó restos de su magia, porque un día que estaba leyendo una poesía que a él le gustaba mucho, de pronto la comprendí:
“Volverán las oscuras golondrinas
En tu balcón sus nidos a colgar
Y otra vez con el ala en tus cristales jugando llamarán
Pero aquellas que el vuelo refrenaban
Tu hermosura y mi dicha a contemplar
Aquellas que se aprendieron nuestros nombres
Esas no volverán………..”
Comprendí que los pájaros que fueron testigos de todos los momentos que viví con él no volverían nunca. Comprendí que él no volvería nunca. Seguro que en ese momento entró con su invisibilidad en mi habitación y me lo explicó todo al oído. En ese momento me sentí muy bien. Jamás podré sentirme mejor que en ese segundo de tiempo en el que mi abuelo regresó para recitarme por última vez el poema que tantas veces me había dicho que algún día comprendería. No sé dónde estarán ahora los pájaros que se aprendieron nuestros nombres, pero seguro que nos recuerdan y guardan nuestro secreto sobrevolando otros mundos. Sólo ellos saben que fue mi abuelo el que me hizo creer en la magia. Y siempre creeré en la magia gracias a él.
Todavía conservo en mi memoria el brillo de tus ojos. Te quiero abuelo.
Comentario:
...y por supuesto que estás invitada a participar en mi comunidad ( http://groups.msn.com/AFLORDEPIEL ) , donde serás bien recibida con tus bellas prosas, o poesías si tocas ese campo también.
Un cálido abrazo.
Ramón.
( lo repito con mis disculpas por tantas faltas en el anterior mensaje )
Un cálido abrazo.
Ramón.
( lo repito con mis disculpas por tantas faltas en el anterior mensaje )
Comentario:
...y porsupuestoque estás invitada a participar enmi cimunidad donde serás bien recibida con tus bellas prosas, o poesías si tocas ese campo también.
Un cálido abrazo.
Ramón.
Un cálido abrazo.
Ramón.
Comentario:
Compañera en literatura dry martini. Este bellísimo texto acerca del abuelo, lo han plagiado en la dirección que te pongo a continuación, o como mínimo no han puesto el autor adjudicandolo a " el baul de los sentimientos "de quien lo ha copiado y pegado . Quien lo ha hecho con el nik "Mmio" es un indeseable que va haciendo suyo todo lo que puede.
Odio el plagio, por eso lo pongo en tu conocimientocon todo mi respeto para queobres enconsecuencia y según tu criterio.
Está en el panel "general" en la página " soliloquios " .
La administradora del grupo es una buena amiga mía y ya está advertida de quien ese esa persona y el daño que puede hacerle a ella y a su comunidad que contanto cariño está intentado subir.
Un cordial saludo y felicidades por este bello blog.
Ramón Pierrá.
éste es el enlace de la comunidad:
http://groups.msn.com/elportaldeloscantares/general.msnw?action=get_message&mview=0&ID_Message=4148&LastModified=4675633208846780329
Odio el plagio, por eso lo pongo en tu conocimientocon todo mi respeto para queobres enconsecuencia y según tu criterio.
Está en el panel "general" en la página " soliloquios " .
La administradora del grupo es una buena amiga mía y ya está advertida de quien ese esa persona y el daño que puede hacerle a ella y a su comunidad que contanto cariño está intentado subir.
Un cordial saludo y felicidades por este bello blog.
Ramón Pierrá.
éste es el enlace de la comunidad:
http://groups.msn.com/elportaldeloscantares/general.msnw?action=get_message&mview=0&ID_Message=4148&LastModified=4675633208846780329
Comentario:
Los ojos se me preñan de cálidas y saladas lágrimas mientras te leo. Me gustaría tener tu permiso para poder subir tu relato a mi web para que la lean los jóvenes escolares de Cádiz.
Enhorabuena por esa extraordinaria sensibilidad y esa maestría al escribir.
Enhorabuena por esa extraordinaria sensibilidad y esa maestría al escribir.
Comentario:
Recien descubiertos estos blogs, feliz de compartir sentimientos, que no han sido mios. pero se parecen a algún brillo de ojos muy familiar.
Comentario:
hola,me ha emocionado tanto esta parte de blog que hasta he llorado,mi abula murió en diciembre y también tenía con ella una relación especial.Me ha parecido muy bonito lo que has escrito