Sueños rotos...
Esta mañana cuando salí a comprar el periódico, he oido como dos señoras a las que he adelantado, me comenzaban a criticar porque llevaba unos pantalones muy rotos. Al doblar la esquina, he oido: "joven¡ por favor, ayúdame" he mirado a mi izquierda y era una señora, indigente, de aproximadamente 70 años que no podía levantarse, la he ayudado, pero no podía, pesaba demasiado, así que he pedido ayuda a las que venian detrás de mi, las criticonas, ellas me han mirado de arriba a abajo y se han ido sin mediar palabra.
* Para los que no me conocéis. Soy demasiado borde por naturaleza y os aseguro que la cara de esas señoras se ha quedado a cuadros milimetrados.
Os habéis parado a pensar qué sería de vosotros si un día no tuvieráis un lugar a donde ir, careciéseis de dinero, trabajo, que os vieras abocados a asearos en fuentes públicas y vuestras mantas y almohadas fueran cartones y periódicos. Esta situación la viven 300.000? personas en nuestro país, condenadas a vivir en la calle, en albergues o en otro tipo de infraviviendas.
Posiblemente en la actualidad sea insuficiente el número de centros de acogida repartidos por nuestra geografía, así como los escasos recursos que a ellos se destinan. En los años cincuenta, según me han contado, con la gran oleada de inmigrantes a la ciudad, los ayuntamientos daban una breve estancia a los temporeros, hata que encontraban trabajo. Hoy en día no se apuesta por ese modelo de albergue. La solución es marcharse a otra ciudad con todo lo que eso conlleva: la marginación y el desarraigo.
En el último siglo la cultura occidental comenzó a dar un nuevo paso con respecto al pauperismo. La pobreza ya no se miraba desde una perspectiva local, se focalizó como una cuestión global, a nivel mundial. Las asociaciones de ayuda no gubernamentales (ONG´S e Iglesia ( quién me iba decir que la nombraría en mi blog)) a los países pobres aumentaron, nuestra situación económica más desahogada nos lo permitía.
Pero no nos engañemos, aún hoy se mantiene la desconfianza hacía el mendigo autóctono, no podemos evitar mirarle con recelo, juzgar su situación desde la ignorancia. La asociación de pereza y pobreza todavía goza de buena salud en nuestros días y los "sin techo" capacitados para el trabajo son doblemente marginados por los gobiernos, persistiendo el sistema de doble ayuda acuñado siglos atrás. Los centros son insuficientes seguimos viendo mendigos en metros, calles, plazas, cajeros de bancos, esquinas, parques, puertas de iglesias,...Un problema a todas luces importante que no tiene cabida en ningún medio de comunicación, salvo cuando la muerte o la paliza de cuatro descerebrados le otorgan el rango de noticia. A lo mejor no nos hemos parado a pensar en que siguen siendo necesarios para el orden social, todavía los más favorecidos debemos lavar nuestra conciencia y redimirnos de nuestros pecados con un mísero euro arrojado a las manos del pobre de turno al que preferimos no tocar. eso sí, ¡ que agustito se queda nuestra conciencia!
* Para los que no me conocéis. Soy demasiado borde por naturaleza y os aseguro que la cara de esas señoras se ha quedado a cuadros milimetrados.
Os habéis parado a pensar qué sería de vosotros si un día no tuvieráis un lugar a donde ir, careciéseis de dinero, trabajo, que os vieras abocados a asearos en fuentes públicas y vuestras mantas y almohadas fueran cartones y periódicos. Esta situación la viven 300.000? personas en nuestro país, condenadas a vivir en la calle, en albergues o en otro tipo de infraviviendas.
Posiblemente en la actualidad sea insuficiente el número de centros de acogida repartidos por nuestra geografía, así como los escasos recursos que a ellos se destinan. En los años cincuenta, según me han contado, con la gran oleada de inmigrantes a la ciudad, los ayuntamientos daban una breve estancia a los temporeros, hata que encontraban trabajo. Hoy en día no se apuesta por ese modelo de albergue. La solución es marcharse a otra ciudad con todo lo que eso conlleva: la marginación y el desarraigo.
En el último siglo la cultura occidental comenzó a dar un nuevo paso con respecto al pauperismo. La pobreza ya no se miraba desde una perspectiva local, se focalizó como una cuestión global, a nivel mundial. Las asociaciones de ayuda no gubernamentales (ONG´S e Iglesia ( quién me iba decir que la nombraría en mi blog)) a los países pobres aumentaron, nuestra situación económica más desahogada nos lo permitía.
Pero no nos engañemos, aún hoy se mantiene la desconfianza hacía el mendigo autóctono, no podemos evitar mirarle con recelo, juzgar su situación desde la ignorancia. La asociación de pereza y pobreza todavía goza de buena salud en nuestros días y los "sin techo" capacitados para el trabajo son doblemente marginados por los gobiernos, persistiendo el sistema de doble ayuda acuñado siglos atrás. Los centros son insuficientes seguimos viendo mendigos en metros, calles, plazas, cajeros de bancos, esquinas, parques, puertas de iglesias,...Un problema a todas luces importante que no tiene cabida en ningún medio de comunicación, salvo cuando la muerte o la paliza de cuatro descerebrados le otorgan el rango de noticia. A lo mejor no nos hemos parado a pensar en que siguen siendo necesarios para el orden social, todavía los más favorecidos debemos lavar nuestra conciencia y redimirnos de nuestros pecados con un mísero euro arrojado a las manos del pobre de turno al que preferimos no tocar. eso sí, ¡ que agustito se queda nuestra conciencia!
Comentario:
tienes toda la razón!!
Sabes, acabo de terminar odontología, y he hecho muchas prácticas en la facultad... allí viene gente que no se puede permitir un dentista. Gente con la boca fatal, con miles de enfermedades y la mayoría sin tener un teléfono de contacto al que llamarle por si hay que cambiarle la cita...
He conocido a muchos de ellos, y sinceramente te dan un cariño, que la gente "normal" no te lo dan! agradecen todo lo que les hace e incluso te cuentan sus historias y aceptan tus consejos!!
Ahora en quince días me voy un mes a nicaragua, con dentistas sin fronteras! allí hace falta mucha ayuda, pero akí también...
Sabes, acabo de terminar odontología, y he hecho muchas prácticas en la facultad... allí viene gente que no se puede permitir un dentista. Gente con la boca fatal, con miles de enfermedades y la mayoría sin tener un teléfono de contacto al que llamarle por si hay que cambiarle la cita...
He conocido a muchos de ellos, y sinceramente te dan un cariño, que la gente "normal" no te lo dan! agradecen todo lo que les hace e incluso te cuentan sus historias y aceptan tus consejos!!
Ahora en quince días me voy un mes a nicaragua, con dentistas sin fronteras! allí hace falta mucha ayuda, pero akí también...