La perfidia y la mujer fatal.Más de publicidad.
Sí, ahora me ha dado por la publicidad, por fijarme de una manera descarada en cada uno de los anuncios publicitarios, en cada uno de sus mensajes, a ver de qué manera les puedo pillar ... y lo peor de todo es que me gusta! Con ésto soy un poco más féliz cuando tenemos que soportar una cuña de 15 minutos largos ( aunque no suelo ver mucho la tv, me pierdo ante un libro, una charla, un té helado......, pero ante la televisión pues va a ser que no!)
Y es que creemos que la mujer fatal que observamos hoy en nuestra publicidad tiene mucho de la mujer fatal que apareció en el cine. Una de las características más representativas de la femme fatal es la perfidia
“Deslealtad, traición o quebrantamiento de la fe debida” esa es la definición que se nos dá en el DRAE.
Muchísimo antes del Hollywood satinado, el mito de la Lady mala resucitó con William Shakespeare, cuando tras el fulgor solar de Otelo, el dramaturgo regresó con ella, en Macbeth, a la niebla y al pantano, estimulándose en atávicas leyendas. Porque este mito ruin y fascinante enterró raíces recónditas fundamentadas en las noches de los siglos y la historia de la humanidad.
Desde siempre hay fatales efímeras, concientes, circunstanciales y crónicas…La fatal, nace, crece, debe su gracia y desgracia a dos realidades con límite definido: la fantasía masculina y la sociedad patriarcal.
En el principio de los tiempos, en las culturas agrarias más igualitarias, la Diosa Madre Tierra, la Mujer, la Luna y la Sensualidad femenina, significaron la renovación constante y periódica de la vida. Con el advenimiento de la civilización griega la mitología se modifica evidenciando las ideologías patriarcales de su constitución social.
El primer arquetipo de la “tentadora” se llamó Eva. Estaba desnuda, con las crenchas largas, como hiedras, afirmándose en su árbol cansada de no hacer nada. No predecía que terminaría honrada en todos los museos del globo. Con el transcurso de la historia a la mujer no le dejaron mostrar su soberanía a la luz del sol, maniobraba a la sombra a través de varones como Catalina de Médicis, que Alejandro Dumas pinta en “La Reina Margot” ( no sé si los títulos de las obras de arte se subrayan o se ponen en cursiva, comillas.. upsss)
Malas, víboras, pérfidas, pero atraen; desde Lady Macbeth a la Dulce Neus, la mujer fatal no ha muerto del todo. El mundo precisa de sus hechizos, maniobras y sortilegios; y ellas se pasean desde la crónica rosa a la crónica negra.
Con un juego sutil, a través de la seducción, conquistan poder y fortuna en los círculo de la beautiful people; y como consumadas criminales, con la complicidad de sus vástagos, ocupan las páginas de sucesos. Madonna ha construido un emporio económico con la fatalidad emblemática de su sexualidad… “Si estás en mi lista es sólo cuestión de tiempo. Contaré hasta diez y tendré de tí todo lo que quiero, incluso te conservaré”.
A toda mujer le agrada poseer esa fuerza, así, Alexis Carrington de “Dinastía” subía el termómetro del ranking con sus hábitos malvados para adquirir el monopolio de los hijos y el de los caudales. Rivalizando en el amor y en la elegancia, compitiendo por la presidencia de las empresas, emprendía apariciones espectaculares y retiradas estratégicas. Para ella lo primero era la maternidad, después los negocios y los hombres formaban parte de ellos. No importa cuanto dinero despilfarrara ni los amores que profanara, siempre se las ingeniaba para salvaguardar su persona: en realidad su verdadero capital, incluso hasta para medir la audiencia.
Ya no se llevan ni son de recibo las mujeres Mujercitas, de Louise May Alcote, tan didácticas, tan compasivas, aferradas a la condición burguesa de la castidad. La bondad siempre engendra tragedias como la maldad; ya lo verificó el marqués de Sade con su virtuosa Justine vejada por el martirio y la ruina y por humillaciones incomparables.
La filosofía impuso camisas de fuerza a la personalidad femenina prescribiendo dulzura y pasiones adormiladas. Pero ni en la sumisión ni en el libertinaje se han encontrado liberaciones airosas. La obediencia del Harén oriental poco difiere del prostíbulo occidental, recintos enclaustrados, exilios del mundo, lugares de intriga y donde siempre se depende de los hombres.
Las plumas femeninas modernas americanas han tendido ha demostrar, aparentemente con éxito, como las heroínas luchadoras y despabiladas derrotan a la antagonista apática y subordinada a los caducos cánones establecidos por los filósofos.
Scarlett O´Hara resultó más creíble y admirada por su perfidia y ambición, y no melindrosa, fiel y benéfica, como la segunda versión que circuló sin pena ni gloria.
“La Loba”, es decir, Bette Davis, embutida en arsénico y encaje antiguo, egoísta, recalca sin compasión al marido “¡Espero que te mueras! ¡Que te mueras pero pronto!”. Ellas, siempre, hábiles en el hábito de los hombres.
Davis ganó el Oscar en 1938 por la película “Jezabel”. Se llama Julie Mardsen, una joven caprichosa, egocéntrica, aferrada al terruño, defensora del latifundio esclavista. Como la Jezabel bíblica, Julie está dotada de diligencia, voluntad y de una fatídica persuasión. Las tres poseen bastante en común para sentirse hermanas: Scarlett, la loba y Julie, sudistas americanas, matriarcales, calculadoras, a quienes el sexo les trae sin cuidado.
Sin embargo, las mujeres enigmáticas movilizan a los hombres y les han inspirado epopeyas de todas clases, en el cine, el comic, el teatro, la televisión, las canciones y, por supuesto, la publicidad.
“Yo no soy mala, me dibujaron así…”cuenta dulcemente Jessicca Rabbit con las manos en jarra sobre su cuerpo de vamp y el mechón tapándole el ojo derecho. Así solía peinarse María Félix cuya Perfidia nutrió los más emotivos boleros de Agustín Lara, apesadumbrado, abatido, mientras ella afirmaba con soltura “ningún hombre se mata por una mujer, se mata por cobarde”.
Enigmas en el humo denso mistificaban a Bijou de “Siete Pecadores” y a la prostituta del “Expreso de Shangai” “… se necesitó más de un hombre para cambiar mi nombre por el de LiLi Shangai…”, las cuales conducirán a la consagración paulatina del mito Marlene Dietrich moldeada por la misoginia de Von Sternberg, para aniquilación de la mujer autentica.
Sorprendente, paradójica, fría y dorada como un añejo vino del Rihn, rodó más tarde “La Venus Rubia”; su Hellen Faraday expondría una naturaleza dual: la perversión y la heroicidad. Nuestra Venus ambula por el pecado más víctima que "victimaria". Aquellos breves vestidos negros como fundas de una desnudez mancillada, hombros y torso airados con el valor simbólico de sus heridas se reemplazarían en un acto de poderío femenino cuando desde la cúspide del éxito en París brinde la curación de la dicotomía, subyacente en su ser femenino: trajeada con un varonil esmoquin blanco y cantado.
Una mirada de azote, una notable síntesis del cuerpo: brutal y dinámica, pomposa o felina, la Dietrich, confundida con sus heroínas, hacía exclamar al poeta Enrich María Remarque: “es como una hermosa casa vacía, puede convertirse en un palacio o en un burdel, todo dependerá de quien la ocupe”.
Fatales en sí mismas, bellezas intemporales, fascinaron a los hombres de una manera nueva: parecía que los castigaban. Les era suficiente levantar una ceja y pronunciar palabras brotadas de distantes abismos. Bastaban miradas penetrantes y sostenidas o una sonrisa apenas esbozadas y vencían a los contrincantes sustentadas en dóricas piernas, adiestradas en un porte gentil de mosqueteros.
Con enérgica personalidad, milagrosa fotogenia y una conducta bisexual se transformaron en las fatales-fálicas del celuloide.
Los modelos literarios de maldad, por su parte, supusieron una operación de choque real al sublimarlos en el cine, las canciones y la publicidad. La difusión y penetración masiva en la psiquis femenina cobró un alcance superior a cualquier libro. Los cineastas se dejan aprender por los instintos del Mito de la Perfidia; acoplando la belleza de la estrella a quien se persuade de venderse en ventanilla encarnando el mito, que la mayoría de las veces, la encasillará en dicho papeles o los asumirá repitiéndolos en su cotidianeidad.
La intersección de ambos postulados: majeza más perversión, dan una criatura resumen de ángel y demonio, un total movilizador. La visión turbadora hace un convite mudo del alma pérfida. El espectador pasivo se entrega atado junto al actor de la película sin oponer resistencia.
El cine negro ha contribuido, especialmente, a encumbrar el paradigma de la fatal; ha resguardado la mirada burlona de Lauren Bacall, la malevolencia estatuaria de Ava Gardner, la iniquidad de Marilyn Monroe…y sin la solemnidad de la nostalgia, tuteló la bestialidad coetánea de Nancy Travis o la tesura de Isabella Rosellini.
*Está comprobado... las noches de sexo me hacen estar "sembrá", pero shhhhhhh no se lo digáis a nadie!
Mientras escribo escucho: Soul of the Tango de Astor Piazzola & Yoyoma.
Y es que creemos que la mujer fatal que observamos hoy en nuestra publicidad tiene mucho de la mujer fatal que apareció en el cine. Una de las características más representativas de la femme fatal es la perfidia
“Deslealtad, traición o quebrantamiento de la fe debida” esa es la definición que se nos dá en el DRAE.
Muchísimo antes del Hollywood satinado, el mito de la Lady mala resucitó con William Shakespeare, cuando tras el fulgor solar de Otelo, el dramaturgo regresó con ella, en Macbeth, a la niebla y al pantano, estimulándose en atávicas leyendas. Porque este mito ruin y fascinante enterró raíces recónditas fundamentadas en las noches de los siglos y la historia de la humanidad.
Desde siempre hay fatales efímeras, concientes, circunstanciales y crónicas…La fatal, nace, crece, debe su gracia y desgracia a dos realidades con límite definido: la fantasía masculina y la sociedad patriarcal.
En el principio de los tiempos, en las culturas agrarias más igualitarias, la Diosa Madre Tierra, la Mujer, la Luna y la Sensualidad femenina, significaron la renovación constante y periódica de la vida. Con el advenimiento de la civilización griega la mitología se modifica evidenciando las ideologías patriarcales de su constitución social.
El primer arquetipo de la “tentadora” se llamó Eva. Estaba desnuda, con las crenchas largas, como hiedras, afirmándose en su árbol cansada de no hacer nada. No predecía que terminaría honrada en todos los museos del globo. Con el transcurso de la historia a la mujer no le dejaron mostrar su soberanía a la luz del sol, maniobraba a la sombra a través de varones como Catalina de Médicis, que Alejandro Dumas pinta en “La Reina Margot” ( no sé si los títulos de las obras de arte se subrayan o se ponen en cursiva, comillas.. upsss)
Malas, víboras, pérfidas, pero atraen; desde Lady Macbeth a la Dulce Neus, la mujer fatal no ha muerto del todo. El mundo precisa de sus hechizos, maniobras y sortilegios; y ellas se pasean desde la crónica rosa a la crónica negra.
Con un juego sutil, a través de la seducción, conquistan poder y fortuna en los círculo de la beautiful people; y como consumadas criminales, con la complicidad de sus vástagos, ocupan las páginas de sucesos. Madonna ha construido un emporio económico con la fatalidad emblemática de su sexualidad… “Si estás en mi lista es sólo cuestión de tiempo. Contaré hasta diez y tendré de tí todo lo que quiero, incluso te conservaré”.
A toda mujer le agrada poseer esa fuerza, así, Alexis Carrington de “Dinastía” subía el termómetro del ranking con sus hábitos malvados para adquirir el monopolio de los hijos y el de los caudales. Rivalizando en el amor y en la elegancia, compitiendo por la presidencia de las empresas, emprendía apariciones espectaculares y retiradas estratégicas. Para ella lo primero era la maternidad, después los negocios y los hombres formaban parte de ellos. No importa cuanto dinero despilfarrara ni los amores que profanara, siempre se las ingeniaba para salvaguardar su persona: en realidad su verdadero capital, incluso hasta para medir la audiencia.
Ya no se llevan ni son de recibo las mujeres Mujercitas, de Louise May Alcote, tan didácticas, tan compasivas, aferradas a la condición burguesa de la castidad. La bondad siempre engendra tragedias como la maldad; ya lo verificó el marqués de Sade con su virtuosa Justine vejada por el martirio y la ruina y por humillaciones incomparables.
La filosofía impuso camisas de fuerza a la personalidad femenina prescribiendo dulzura y pasiones adormiladas. Pero ni en la sumisión ni en el libertinaje se han encontrado liberaciones airosas. La obediencia del Harén oriental poco difiere del prostíbulo occidental, recintos enclaustrados, exilios del mundo, lugares de intriga y donde siempre se depende de los hombres.
Las plumas femeninas modernas americanas han tendido ha demostrar, aparentemente con éxito, como las heroínas luchadoras y despabiladas derrotan a la antagonista apática y subordinada a los caducos cánones establecidos por los filósofos.
Scarlett O´Hara resultó más creíble y admirada por su perfidia y ambición, y no melindrosa, fiel y benéfica, como la segunda versión que circuló sin pena ni gloria.
“La Loba”, es decir, Bette Davis, embutida en arsénico y encaje antiguo, egoísta, recalca sin compasión al marido “¡Espero que te mueras! ¡Que te mueras pero pronto!”. Ellas, siempre, hábiles en el hábito de los hombres.
Davis ganó el Oscar en 1938 por la película “Jezabel”. Se llama Julie Mardsen, una joven caprichosa, egocéntrica, aferrada al terruño, defensora del latifundio esclavista. Como la Jezabel bíblica, Julie está dotada de diligencia, voluntad y de una fatídica persuasión. Las tres poseen bastante en común para sentirse hermanas: Scarlett, la loba y Julie, sudistas americanas, matriarcales, calculadoras, a quienes el sexo les trae sin cuidado.
Sin embargo, las mujeres enigmáticas movilizan a los hombres y les han inspirado epopeyas de todas clases, en el cine, el comic, el teatro, la televisión, las canciones y, por supuesto, la publicidad.
“Yo no soy mala, me dibujaron así…”cuenta dulcemente Jessicca Rabbit con las manos en jarra sobre su cuerpo de vamp y el mechón tapándole el ojo derecho. Así solía peinarse María Félix cuya Perfidia nutrió los más emotivos boleros de Agustín Lara, apesadumbrado, abatido, mientras ella afirmaba con soltura “ningún hombre se mata por una mujer, se mata por cobarde”.
Enigmas en el humo denso mistificaban a Bijou de “Siete Pecadores” y a la prostituta del “Expreso de Shangai” “… se necesitó más de un hombre para cambiar mi nombre por el de LiLi Shangai…”, las cuales conducirán a la consagración paulatina del mito Marlene Dietrich moldeada por la misoginia de Von Sternberg, para aniquilación de la mujer autentica.
Sorprendente, paradójica, fría y dorada como un añejo vino del Rihn, rodó más tarde “La Venus Rubia”; su Hellen Faraday expondría una naturaleza dual: la perversión y la heroicidad. Nuestra Venus ambula por el pecado más víctima que "victimaria". Aquellos breves vestidos negros como fundas de una desnudez mancillada, hombros y torso airados con el valor simbólico de sus heridas se reemplazarían en un acto de poderío femenino cuando desde la cúspide del éxito en París brinde la curación de la dicotomía, subyacente en su ser femenino: trajeada con un varonil esmoquin blanco y cantado.
Una mirada de azote, una notable síntesis del cuerpo: brutal y dinámica, pomposa o felina, la Dietrich, confundida con sus heroínas, hacía exclamar al poeta Enrich María Remarque: “es como una hermosa casa vacía, puede convertirse en un palacio o en un burdel, todo dependerá de quien la ocupe”.
Fatales en sí mismas, bellezas intemporales, fascinaron a los hombres de una manera nueva: parecía que los castigaban. Les era suficiente levantar una ceja y pronunciar palabras brotadas de distantes abismos. Bastaban miradas penetrantes y sostenidas o una sonrisa apenas esbozadas y vencían a los contrincantes sustentadas en dóricas piernas, adiestradas en un porte gentil de mosqueteros.
Con enérgica personalidad, milagrosa fotogenia y una conducta bisexual se transformaron en las fatales-fálicas del celuloide.
Los modelos literarios de maldad, por su parte, supusieron una operación de choque real al sublimarlos en el cine, las canciones y la publicidad. La difusión y penetración masiva en la psiquis femenina cobró un alcance superior a cualquier libro. Los cineastas se dejan aprender por los instintos del Mito de la Perfidia; acoplando la belleza de la estrella a quien se persuade de venderse en ventanilla encarnando el mito, que la mayoría de las veces, la encasillará en dicho papeles o los asumirá repitiéndolos en su cotidianeidad.
La intersección de ambos postulados: majeza más perversión, dan una criatura resumen de ángel y demonio, un total movilizador. La visión turbadora hace un convite mudo del alma pérfida. El espectador pasivo se entrega atado junto al actor de la película sin oponer resistencia.
El cine negro ha contribuido, especialmente, a encumbrar el paradigma de la fatal; ha resguardado la mirada burlona de Lauren Bacall, la malevolencia estatuaria de Ava Gardner, la iniquidad de Marilyn Monroe…y sin la solemnidad de la nostalgia, tuteló la bestialidad coetánea de Nancy Travis o la tesura de Isabella Rosellini.
*Está comprobado... las noches de sexo me hacen estar "sembrá", pero shhhhhhh no se lo digáis a nadie!
Mientras escribo escucho: Soul of the Tango de Astor Piazzola & Yoyoma.
Comentario:
Bueno, si creo que puedes ponerte en contacto conmigo. pero no quieres. De hecho, te has ido sin decir adios. El adiós nunca pronunciado es el más duro de los adioses, porque no hay explicación, y queda siempre esperanza. Yo si te lo habría dicho a ti. Ya sabes quies soy.
Comentario:
No me puedo poner en contacto con M,sólo decirte que gracias y aniamrte a que sigas visitando mi blog.
Comentario:
Al final va a resultar que la mujer fatal eres tú. Me ha parecido absolutamente brillante. Enhorabuena. Por esto que has escrito, y por el sexo...
Comentario:
hola!!
no ma dao tiempo leer tu post, porque me voy a la playita... pero solo quería saludarte....
mi besines desde huelva
no ma dao tiempo leer tu post, porque me voy a la playita... pero solo quería saludarte....
mi besines desde huelva