Una de cal y otra de arena
Por fin consigo respirar un poco, que llevaba dias sin poder hacer nada por culpa de la uni. Así que antes de que el sueño de sobremesa me arrastre hasta la inconsciencia voy a escribir un poco aquí.
Primero, lo más reciente. Anoche, cuando ya ni me acordaba de él, mi movil vibró con el nombre del chico de Bizkaia en la pantalla. Por un momento me asusté, porque pensé "¿¿Qué hace éste llamándome??" pero el trance duró tan sólo dos segundos, así que la llamada se quedó en perdida. Ostras, me había hecho una perdida sin venir a cuento. Se había acordado de mí, así, de repente.... La verdad es que me hizo ilusión, para que engañarnos. Fui a contestarle, pero no tenía saldo, así que le envié un mail. En éste no decía nada del otro jueves, pero sí que le dejaba claro que me gustaba saber de él (sigo sin saber por qué). Esta mañana he recibido la respuesta, bastante predecible... excepto por una cosa y es que lo que le dije sobre lo q me gustaba le pareció "muy bonito" en el sentido presuntamente inocente y tierno del sintagma adjetival. Espero que sea él quien dé el paso para quedar otra vez. Un día entre jajajas jejejes y equis des, me dijo que alomejor me invitaba un día a cenar a su casa. En fin, a ver qué pasa.
El sábado pasado fui a ver Hostel, la película del "discípulo" del Tarantino. Nunca lo había pasado tan mal en el cine. Y eso que para estas cosas no suelo ser sensible, es más, me gusta la violencia. Pero no es violencia lo que sale en esta película, lo de esta peli es horror puro y duro mezclado con grandes dosis de angústia y tetricismo. Excepto una escena en la que no pude más y me tapé la cara con el abrigo (japonesa, ojo colgando, tijeras...) las demás las vi todas. ¿Sabes ese cosquilleo que se nota después de bajar de una atracción movidita? ¿Una especie de mareo y desfallecimiento? Pues así salí. Y menudos sudores jajaja Que mal. Pero peor lo pasó mi amiga, mucho más sensible. Le dio una crisis de ansiedad y casi se nos cae al suelo. Es que te destroza el sistema nervioso esa película. De todas formas te animo a pasarlo mal. En el fondo es curioso cómo puede afectar tanto algo fictício.
Y ahora sí, voy a dejarme caer sobre la cama, que esta noche dormí tres horas y pfff no me aguanto. Muxus!! digoooo besos!! jajaja
Hace calor, hace calor...
Dios, me encanta el Mediterráneo, sobretodo el trocito donde vivo. ¿Por qué? Porque a 25 de marzo puedo ir en camiseta por la calle, porque puedo tostarme ya al sol mientras la brisa me refresca la piel, porque me encanta el cielo azul y las nubecillas blancas... Aquí la primavera ha llegado de golpe. Me muero por chapotear en el agua mientras el olor a crema solar inunda el ambiente. Resguardarme bajo los pinos del abrasador sol de verano. Caminar en chanclas y piratas por la ciudad. Caminar por las rocas de la costa brava y luego tirarme al agua azul... En fin, todas esas cosas.
He tenido una semana muy rara. Todo cambio (en este caso del tiempo) implica consecuencias, y en mi caso ha sido un atontamiento generalizado. Sueño todo el dia, ganas de no hacer nada... No sé cuantas campanas (pellas) he hecho, pero ha sido estremecedor jajaja Suerte que el proceso de cambio ha finalizado y ya estoy adaptado a la nueva estación. Más me vale, porque este finde tengo que currar de lo lindo haciendo un proyecto y un trabajo de historia.
Anoche fui a ver "Los aires difíciles", basada en el libro de Almudena Grandes. Y me gustó mucho, aunque supongo que no se puede comparar con el libro que no he leído. Puede parecer un poco lenta y larga a veces, pero jo, es que a mi me gustan así las películas. Encima la trama es buena.
En cuanto a mi vida sentimental... pues la verdad es que ahora mismo no tengo sentimientos especiales en mi corazón. Me he desengañado del vasco, al otro vasco de la uni ya casi ni lo veo... así que estoy tranquilo. No sé, no vale la pena comerse la cabeza en que si estoy solo o dejo de estarlo. La vida en estos momentos me es demasiado preciada como para preocuparme por esos menesteres. La verdad es que a ello ayuda mucho tener amigos/as solteros/as :P Así que nada, invito a todo el mundo a pasarselo bien, a disfrutar de la primavera cuando llegue a vuestra tierra y a ser felices con lo que tengais. Mil besos
Es grave doctor?
Hoy he tenido un sábado de reclusión en casa. Ante los "no puedo quedar, que ya he quedado con: unos amigos, una amiga, mi primo..." de mis allegados, me he quedado en el piso. Bueno miento, he salido después de comer para pasearme en coche desde casa hasta muntaner (debía llevar hasta allí a mi hermana) y luego he ido a natación a nadar (todo un deprimente lujo, un carril sólo para mi y un socorrista que ni me ve). Pero que no cunda el pánico, he conseguido quedar esta noche para ir a ver "Volver" con un amigo de la uni, que es gay también (lo digo como dato anecdótico, no como pretexto para algo por mi parte). SI a alguien le interesa, estaré en el Coliseum a las 10 jajajaja
Lo que quería escribir es que me estoy planteando la posibilidad... uy oigo la musiquita de sexo en nueva york xD ahora vuelvo. Pues eso, que me estoy planteando la posibilidad de padecer un pronunciado desequilibrio mental. En el sentido que me obsesiono mucho con los chicos que me gustan. Y cuando el gusto es correspondido, la obsesión aumenta. Con los dos novios que he tenido me pasaba. Los quería tanto, pero tanto, que me daba miedo quererlos así por temor a asustarlos. Tenía que hacer auténticos esfuerzos en no demostrarles mi amor cada poco, y era algo que me dolía por dentro. Y más me dolían, pero me lo callaba, las supuestas faltas de afecto que yo detectaba. Sé que ninguno de los dos me quiso de la manera en que los llegué a querer yo. Bueno, por lo menos ninguno de los dos se preocupó tanto por mí como yo me preocupé por ellos. Es muy feo decirlo, lo sé, pero es lo que pienso y lo plasmo aquí para analizar la situación. Era como si no... pudieran corresponderme al cien por cien. El único momento en el que saciaba mi sed de amor era, precisamente, haciendo el amor.
Y vale que sólo lo he experimentado con dos chicos, pero es que quizás no es normal lo mío. En fin, necesito un cóctel de vodka, triple sec y grosella, aderezados con zumo de limón, ahora mismo. Lástima de no ser un alcohólico y carecer de los ingredientes básicos.
Por otra parte, empiezo a olvidar al vasco. El hecho de que no me diga nada me ayuda mucho. Aunque el jueves caí en la tentación y le envié un segundo mensaje, que decía algo así como:
- Hola! Que tal todo? Hoy tenías exámen no? Nada, es que como hoy no me podré conectar y mañana seguro que tampoco, digo voy a decirle algo.
La respuesta decía que qué guay el mensaje, que qué bonito. Que no le había ido bien el examen y que este finde tenía clases de repaso. Que esperaba que mi finde pintara mejor. Un beso guapo, nos vemos, buenas noches.
¬¬ pero ya digo que se me está pasando. Aunque me gustaría verlo otra vez.
Hacia ninguna parte (VI)
Me sentí aliviado. Aquel bombardero era la primera señal de actividad humana que veía en una semana.
- ¿Has visto?- le dije a Carlos- Hay un bombardero estadounidense volando por encima de nosotros. Me pregunto qué estará pasando en el resto del mundo. Dios, daría lo que fuera por un poco de información.
- Quizá están bombardeando a esos hijos de puta en otros países. Vete tú a saber. Si quieres cuando veamos un quiosco paramos a ver si quedan periódicos. Supongo que cuanto más lejos de Barcelona, menos tiempo hará que esas cosas llevan paseándose y más recientes serán las noticias.
Me sorprendió razonando así. Cada vez me cae mejor este chico. Creo que me empieza a gustar y todo.
Como supuse no nos encontramos a nadie por el bosque. Ni vivo, ni muerto, ni a medias. Lo bien que se estaría aquí, en esta isla en medio del caos, en medio de cientos de miles o quizá millones de esas cosas, sin que sepan que estás aquí, y sin tener que verlas ni notar su presencia.
Empecé a plantearme la idea de intentar permanecer en la sierra hasta que todo esto pasara. Podríamos buscar una casa o una masía aislada, convertirla en nuestro refugio y utilizarla como campamento base para buscar comida o ayuda. Se lo he explicado a Carlos y le ha parecido bien.
Viernes, 3 de marzo
Ayer tuvimos mucha suerte. Cuando estábamos aproximadamente en mitad de la sierra, a unos tres kilómetros de la ciudad y a unos cuatro o cinco de las urbanizaciones del Vallès, vimos que justo en medio de la carretera había volcado un helicóptero militar. Nos barraba el paso así que hubo que parar. Le dije a Carlos que apagara el coche, ya que si íbamos a estar allí quietos cuanto menos ruido hiciéramos mejor. Después de estar un rato dentro y de comprobar que allí no había nadie, bajé del coche. Él se quedó dentro, por si había que huir, que el coche se encendiera lo antes posible.
Me acerqué al helicóptero poco a poco. Habían trozos de metal y de madera esparcidos por la carretera. El aparato carecía de aspas y la cabina reposaba sobre uno de sus costados, con las puertas cerradas. Al mirar alrededor vi que las copas de los pinos sobre la carretera estaban destrozadas, así que supuse que el helicóptero había intentado aterrizar pero se dio contra las ramas y perdió el control. Sin embargo el impacto no había podido ser lo suficientemente violento como para matar a ninguno de los ocupantes, porque no se veían daños graves en el fuselaje. Tal como se podía leer pertenecía a la Compañía Aerotransportada, de la FAMET, que no sé que demonios significa. ¿Fuerza Aérea? ¿Aerotransportada? ¿De… no se qué del Ejército de Tierra? Quizá. Qué importa. Intenté subir para inspeccionar dentro, pero soy bastante inútil y lo único que conseguí fue resbalar por el metal y caerme contra el suelo.
Al hacerlo me hice daño y me quedé quieto, exagerando con gestos el dolor que sentía. Mientras estaba sentado riéndome y mirando a Carlos, oí unos pasos que se acercaban corriendo. A la vez, Carlos bajó del coche y vino corriendo hacia mí. Me asusté y me giré hacia mi izquierda. Un soldado con una boina azul estaba a mi lado, mirando ahora a Carlos que llegaba corriendo. Tenía la cara blanca, estropeada, con unas horribles ojeras, y en el brazo una herida que había teñido de sangre la camisa, ahora acartonada y manchada de negro. Me volvió a mirar a mí, y luego a Carlos. Tenía como una extraña película gris que le cubría los ojos, sobre el marrón de su iris. Parecía dudar entre atacarme a mí o a él. Pero al verse acosado por mi compañero fue hacia él. Con la velocidad que llevaba, a Carlos no le fue difícil echársele encima, rodearle el cuello con las manos y empujarlo contra el helicóptero. Pero el soldado tenía la fuerza suficiente como para forcejear con él. Gruñía y enseñaba los dientes como si fuera un perro, pero la presión que Carlos le ejercía sobre el cuello le impedía morderle. Él le daba rodillazos pero el soldado ni se inmutaba, cogiendo la cabeza de Carlos fuertemente con las manos. Era como si no sintiera dolor.
Reaccioné y miré a mi alrededor. En la cuneta vi una piedra lo suficientemente grande y la tomé con la mano. Fui corriendo hacia ellos dos y le propiné un fuerte golpe en la cabeza al soldado mientras me miraba e intentaba cogerme ahora a mí. Se le calló la boina y se echó hacia atrás perturbado por el impacto. La herida que le hice fue muy rara y desagradable, porque no sangraba, pero era herida. Con la adrenalina a niveles altísimos le di un segundo golpe, y un tercero, y un cuarto, hasta que la piedra quedó teñida de negro, el soldado calló al suelo y dejé de distinguir sus facciones. Cuando me di cuenta de lo que había hecho, me aparté y sin ningún tipo de amago, vomité.
Me encontraba muy mal. Había matado a una persona con una piedra, aplastándole la cara. Las desagradables imágenes daban vueltas y vueltas en mi cabeza. Notaba cómo me fallaban las fuerzas. No me podía levantar del suelo. Sentía que no pesaba nada y que la cabeza me daba vueltas. Me volví a marear. Y ese olor asqueroso…
Carlos se acercó a mí, se agachó y me abrazó.
- Has hecho bien, no te preocupes.- Me dijo al oído, con su cabeza apoyada en mi hombro.
- Pero lo he matado... Lo he matado con una piedra.- Se incorporó y me dijo bien cerca, mirándome a los ojos:
- Bueno, si no lo hubieras matado nos hubiera matado él. Considéralo defensa propia, porque ha sido eso lo que hemos hecho, defendernos.
Le abracé yo a él como respuesta. Y me puse a llorar. A llorar porque aquello era una mierda. ¿Qué coño hacía yo allí? ¡Era jueves! tendría que estar a esas horas en clase, en la universidad, cotilleando con mis amigas. Luego tomaría un café y cogería el metro de vuelta a casa. Con suerte me hubiera tocado uno de los nuevos trenes de la línea azul que me gustaban tanto, porque si te ponías cerca del conductor podías ver los túneles a través de la pantalla de vidrio. Luego hubiera llegado a casa, hubiera sacado al perro, hubiera comido con mi madre… Joder, todo se ha ido a la puta mierda. Así sin más. Porque sí. Sin avisar.
Una vez me hube desahogado, me sequé las lágrimas con la manga de la camisa y le di sin pensarlo bien un beso en los labios. Me levanté.
- Será mejor que volvamos al coche. Si uno de los soldados se infectó, es probable que los demás estén por aquí cerca infectados también.
- Si. Y por cierto, gracias por besarme.- Dijo esbozando una tierna sonrisa.
Le sonreí y fuimos al coche. Una vez dentro y con los seguros puestos, supongo que por sentirme ya a salvo, le volví a besar. Y esta vez no separé los labios. Notaba su lengua en mi boca. Me excité enseguida, pero aquél no era ni el lugar ni el momento para hacer nada, así que le propuse pensar qué hacer.
- No creo que sea buena idea llegar hasta Cerdanyola. Si con una cosa de esas casi no lo contamos, imagínate enfrentarnos a cientos a la vez.- Le dije.
- Está bien. Pero ahora piensa una cosa. Supuestamente encontramos una masía en medio del bosque, está libre y nos quedamos dentro. La reforzamos y nada puede entrar. Pero un día nos encuentran y rodean la casa. Y vienen más y más. ¿Entonces que haríamos? ¿Esperar a morir allí encerrados?
No supe qué contestar. Tenía razón. Quizás mi idea del paraíso dentro del infierno era un suicidio. Pero salir al descubierto y atravesar un área metropolitana poblada por millones de personas me parecía otro suicidio. Además, era de esperar que las autopistas estuvieran bloqueadas o bien por vehículos, o bien por los putos controles militares que anunciaron los telediarios tanto tiempo atrás. Así que nos veríamos forzados a ir por carreteras secundarias, por en medio de pueblos y ciudades. Y no. No podíamos hacer eso.
- Pero es que es una locura atravesar el Vallès. Además, no hemos hablado aún de adónde vamos.- dije tras una pausa.
- Lo he estado pensando. Y no te ofendas por lo que voy a decir, pero creo que buscar a nuestras familias es perder el tiempo y exponernos a más peligros. Si están bien ten por seguro que permanecerán bien, y que no les dejarán acercarse a esta zona. Creo que lo mejor es ponernos a salvo nosotros, que no lo estamos, y una vez hecho eso y contactado con alguien, localizarlos. Había pensado ir al Pirineo. Cuanto más alejados de pueblos y ciudades mejor. Coger en Cerdanyola la B-30 y luego la C-16. Y rezar para que en algún punto de la C-16 pasada Manresa quede algún rastro de civilización. No sé, pero me parecería raro que en pueblos perdidos de por allí hubieran muerto todos. Tanto no se puede extender una enfermedad ¿no?
- No lo sé. ¿Sabes? Dudo de que sea una enfermedad. ¿Qué puto virus puede hacer que una persona muera y que luego resucite convertida en un monstruo con ansias de matar y comerse a los demás? ¿Qué sentido tiene? Además, ¿de dónde saca el cuerpo la energía necesaria para funcionar? Si las células dejan de quemar oxígeno para obtener energía ¿qué coño hacen para vivir?
- Ni idea. Yo es que de células poco sé. Quizá esas cosas se acabarán muriendo de hambre. Por mucho que los llamemos muertos vivientes o no-muertos o como los quieras llamar, son seres vivos. Coño, se mueven, corren, comen, y si los matas se mueren, por tanto están vivos. Si no quedan seres sanos que llevarse a la boca, no creo que puedan vagar por ahí eternamente.
- Ojalá tengas razón. Me pregunto cuánto tiempo durarán.
¿yo quiero? ¿contigo? ¿todo?
No sé lo que me pasa. Desde que quedé con este chico anteayer no he podido parar de pensar en él. Es como una obsesión. Es que no entiendo como estando sólo dos horas con él, me pudo pasar lo que me ha pasado. Joder, es que casi no lo conozco. No es guapísimo, porque a ver, estas cosas se ven, pero a mí me parece guapísimo. Y como persona es tan interesante, se le ve con tantas inquietudes, tan simpático y abierto... Que solo dos horas de conversación con él me encandilaron. Nose, no se ve todos los días a alguien así, con tantas cosas que me gustan juntas. Aaaay dios. Me meto yo solito en cada berengenal... A ver si puedo volver a quedar pronto con él, para ver por donde va esto q siento dentro.
Aix... Seguiré contando. Por cierto, esta canción se está convirtiendo en una de mis favoritas del pop spañol.
Editado Jueves 16.
No sé nada de él desde el martes por la noche. Parece que se me está pasando un poco, pero cada vez que miro su foto... "recaigo". Y como soy una mente débil, la foto está en el escritorio y sólo he de mover un dedo para verlo... pues... mira. La habré abierto ya 500 veces...
J'adore, la vida y el amor en general no son una mierda, es mi vida y mi amor los que son una mierda xD
:(
Pues nada, se ve que el sentimiento no fue mútuo. Después de enviarle un sms q no me contestó, diciéndole q me lo había pasado muy bien, hablamos por el messenger un rato como si nada, normal, bien. De repente salió de su boca "un seg. telf" y el estado "al teléfono". Así estuvo una hora hasta que se desconectó sin decir ni mú ¬¬ La verdad es que me sentí mal, para que negarlo. Para un chico q me gusta va y pasa de mí... Por un momento (weno, hasta que me acosté) me estuvo rondando en la cabeza el sentimiento ése de "soy un desgraciado, nadie me va a volver a querer nunca" Pero weno, hoy me he despertado sin acordarme de lo que pasó ayer así q supongo q vuelvo a estar normal. En fin... voy a comer chocolate... Besitos
Edito: Hemos hablado esta noche. Ha estado mejor, me he sentido más cómodo hablando y le he hablado del sms, que a lo mejor le había agobiado (es que yo tb...) y me ha dicho q para nada, q tranquilo, q le había hecho ilusión, lo q pasa es q en ese momento estaba cocinando y no me contestó y luego se le pasó. Y lo de q no me contestó al irse del msnger, bueno, se suele caer de vez en cuando así q pudo ser q se calló y ya... De todas maneras, lo cojo todo con pinzas... Y me está poniendo nervioso la terremoto jajaja poco va a durar esta canción akí xD
:D
Hoy estoy super contento. Al finaaaal he quedado con el chico vasco que comenté en el post anterior o en el otro. Uo y me ha gustado mucho, es muy wapo y muy simpático, y si es un poco borrokilla me da iguaaal :)
Para nada me hago ilusiones ni pienso en qué puede pasar, pero jur estoy contentillo :P Al de clase no le dije nada al final, lo dejé de ver y mira... se me ha pasado otra vez. jejeje he dicho q stoy contentillo?
ayyyy me stoy rayandoooo :S :S :S que me pasa?
Sol solet
Bueeeeno, al fin he encontrado un momento para escribir aquí. El título viene porque hace un día estupendo en Barcelona: el sol brilla con fuerza, el cielo está azul y no hace frío, tan sólo fresquito cuando sopla el aire. Y hablando de aire, el otro día, el viernes, casi despego en la diagonal del fuerte viento que soplaba. Llevaba un día tonto y al ir a la uni, en vez de bajarme en zona universitaria me despisté y tan tranquilo me bajé en palau reial (la estación anterior). Total que tuve que ir andando por la diagonal hasta la uni. El caso es que el viento me venía de cara y te juro que había momentos en los que no podía avanzar. Mis tejanos de verano ligeramente acampanados se me pegaban por delante en las piernas y revoloteaban histéricamente por la parte de atrás. Encima el sol de poniente me daba en la cara y no podía abrir los ojos. Era tan patética la situación, ese no poder caminar, que me reía de mi mismo. Y era esa risa tonta que cuanto más la intentas parar, más intensa se vuelve. Así que ahí iba yo, con los ojos entornados, mirando hacia un lado, caminando como si llevara pies de plomo y riéndome solo. Perfecto para ser captado por una cámara de fotos. O un movil si nos ponemos modernos.
El viernes por la noche tuve un intento de salida de marcha. Y digo intento porque a las 2 volvíamos a casa, por indisposición de una amiga. Primero fuimos al bar átame, en consejo de ciento. Todo eran gays y la verdad que me sabía un poco mal por mis dos amigas. Podían mirar pero no podían tocar jajaja Aunque la verdad es que no había mucho que mirar. Bueno sí, el camarero. Pero me hice el sueco y pasé de echar miraditas a nadie. Luego queríamos ir al bar El Racó de Balmes, pero estaba a rebosar y tampoco era plan de esperar en la calle a que alguien decidiera irse. Así que acabamos en el nosequé de les arts, al lado de la discoteca aire. Y tampoco encontramos sitio para sentarnos. Vaya chufa. Encima solo había treintañeros y cuarentones. Y para colofón mi amiga la pobre se empezó a marear y a marear y volvimos al barrio, en dirección a nuestras camas.
El sábado me levanté un poco tarde y después de comer, recoger la cocina, recoger la ropa de la cuerda, tender una lavadora y nadar 40 piscinas, quedé con una amiga para ir al centro. Y me di cuenta de dos cosas: soy un goloso y voy muy salido.
Bajando por portal de l'àngel iba escaneando a todos los tios que veía. Pero a todos, no se me escapaba ninguno jajaja y eso que la calle no es estrecha y estaba a rebosar. Cuando veía a alguno decente me entraban ganas de saltarle encima y morderle xD y cuando veía a dos juntos o de la mano me deprimía. Así fue mi paseo hasta la bifurcación de más abajo, donde o vas a la plaza de la catedral o vas a porta ferrissa. Y ahí ya lo empecé a oler. El delicioso aroma de los gofres que hacen en esa heladería unos metros más abajo. Y veías a todo el mundo con un gofre en la mano, unos con chocolate por encima, otros con nata... Mi amiga me arrastró para apartarme de la tentanción, pero lo que no sabía era que yo me saldría con la mía. Esa gula despertada necesitaba ser saciada jajaja así que acabé comprando chocolate en esa bombonería del carrer petritxol, Xocoa. Oh, es entrar y tener orgasmos múltiples si te gusta el chocolate. La recomiendo muy mucho. Es cara, pero es que el buen placer es caro xD
Y eso, luego volvimos a casa y la llevé en coche a su barrio, perdido entre las montañas. Y no es broma. De noche puedes ser atacado por jabalíes...
Últimamente sí que hecho de menos, no el tener novio, pero sí poder tener algo con alguien. El tonteo ese poco serio previo a una relación. Ay, la verdad es que no sé lo que quiero, para qué engañarme. El otro día conocí a un chico por la web esta de perfiles. Lo agregué al messenger y me cayó bastante bien. Se le ve muy majo y la verdad es que en fotos me gusta. Pero según su perfil consume drogas en sociedad, y eso es algo que me revienta y que no puedo con ello. Además es vasco y el otro día de la "huelga" esa que hubo en la pretendida euskal herria, a favor de los dos presos de ETA, lo tenía puesto en su nick. O sea que me cae bien, pero no podría soportarlo. Sin embargo tengo ganas de quedar con él. Y quedaré, pero no sé para qué :s qué raro no?
To be continued... Un besote a tod@s
Hacia ninguna parte (V)
Últimamente estoy muy liado... y hace bastante que no escribo aquí. Hoy o mañana intentaré dejar un artículo normal, de diario, pero hoy dejo la continuación de la historia, que la tenía escrita desde hace días ya. Un besote!
Jueves, 2 de marzo.
Hemos decidido abandonar hoy el edificio. La idea era hacer un único viaje al parking, ya que habría que salir a la calle para poder entrar, llevando a cuestas el máximo número de cosas posible. Cogeríamos el Land Cruiser de su padre y una vez fuera de la ciudad, decidiríamos a dónde ir.
Mi equipaje no iba a aumentar. Una mochila y algo parecido a una lanza. Listo de mí, ni se me pasó por la cabeza coger ropa, o un neceser para asearme. Carlos, que así es como se llama mi compañero, me ha prestado dos camisetas y otros pantalones que he metido en una maleta. La hemos llenado de medicamentos, antisépticos (creando un pequeño botiquín) comida y calzado. A la espalda nos hemos puesto dos mochilas, una cargada de comida y la otra llena de botellas de agua.
Después de una mirada cómplice ante la puerta de su casa, la hemos cruzado para no volver más. Intentando no hacer ruido, hemos abierto la puerta de la escalera de emergencia secundaria, pero nuestra cautela ha sido inútil. Una vez más, hemos sido vistos y han empezado los gritos y los golpes. Sin embargo esta vez no he tenido miedo. El hecho de tener a alguien a mi lado me tranquiliza.
Una vez abajo hemos parado frente a la puerta que da a la calle.
- ¿Estás preparado?- me dijo él.
Le respondí afirmativamente moviendo la cabeza. Abrió la puerta y salió despacio, yo detrás de él, andando pegados contra la pared. Por este lado de la calle había unos veinte infectados. Uno nos vio y vino corriendo. Detrás de él le siguieron los demás.
Corriendo llegamos hasta la puerta. Mientras él metía las llaves para poder entrar, yo miraba cómo se acercaban. El que nos había visto primero, un hombre bajito de unos cincuenta años, estaba casi encima de nosotros. Me di cuenta de que nos alcanzaría si yo no hacía nada, así que como pude di un salto en el aire y le pegué una patada en el pecho, lo suficientemente fuerte como para moverlo hacia atrás. Este gesto nos permitió ganar dos segundos, los suficientes para entrar. Justo al cerrar la puerta, con la mano aún en el pomo, se chocaban contra ella nuestros depredadores.
Una oscuridad total nos envolvió. No habíamos contado con que sin electricidad, las escaleras de acceso al parking y la mayor parte de él estarían más oscuras que la boca del lobo.
- Carlos, ¿qué hacemos?- Mi voz temblorosa delataba el pánico que se había apoderado de mí.
- Tranquilo, tengo un mechero.- Dijo con un hilo de voz ante los gritos y los golpes de los de afuera.
Lo encendió y pudimos bajar poco a poco las escaleras de acceso hasta la segunda planta del parking. Allí dentro no había nadie. No se oía absolutamente nada.
Pasamos por delante de mi coche, aparcado desde el jueves pasado, una semana atrás. Sentí cierta añoranza al verlo, iluminado por la luz amarilla del mechero. De repente fui consciente de la posibilidad de que mi familia estuviera… muerta. Pero no podía ser. ¿Dónde estarían? ¿Cómo los iba a encontrar? La voz de Carlos me sacó de mi trance.
- Éste es. Lo utilizan sólo los fines de semana o para hacer viajes, y mi padre tiene la manía de dejarlo aparcado con el depósito lleno. Así que estamos de suerte. Con esto podemos llegar… hasta Madrid por ejemplo.
- Madrid… A estas alturas seguramente estarán todos muertos. Bueno muertos, como esta gente quiero decir. No-muertos como dicen los americanos. Undead.
- Ya… Era sólo un decir. Luego decidiremos dónde vamos.
Metimos las mochilas y las maletas, mi lanza, que no me había servido de mucho y nos subimos. Él de conductor y yo de copiloto. Arrancó y el Toyota empezó a moverse en la oscuridad. Sus faros nos mostraban decenas de coches que seguramente no volverían a ser utilizados, iluminados unos segundos para volver a sumergirse en la sombra. Me recordaba a la sensación que tuve viendo un documental sobre el Titanic, en el que un robot de exploración se sumergía hasta el desdichado trasatlántico, en la oscuridad del océano.
Nos paramos frente a las puertas del parking. Otro error más. Sin electricidad las tendríamos que abrir manualmente, así que bajé del coche y le di al botón de apertura manual. Mientras empujaba la puerta para abrirla del todo vi a varios infectados arriba en la calle. Me vieron y corrieron hacia mí, bajando por la rampa. Asustado me metí corriendo en el coche, cerré la puerta y cerré los ojos.
- Tranquilo – Me dijo Carlos con una sonrisa.
Encendió el estéreo y empezó a sonar a todo volumen “I see girls”, de Studio B, tal como rezaba la pantalla LCD. Me quedé un poco parado. Porque esto ya rallaba lo surrealista.
Tres personas nos habían dado alcance en ese momento, rodeando el coche. Puso primera y aceleró exageradamente. Salimos disparados a la calle, atropellando a dos mujeres que salieron disparadas cada una a un lado. Iba muy rápido. Demasiado rápido creía yo.
Dando la vuelta en la plaza Llucmajor, hizo un amago de tomar Vía Júlia.
- ¡No!- grité. – ¡Sube por Valldaura!-. La vía Júlia tenía tan sólo un carril por cada sentido, así que si nos encontrábamos un coche parado, nos quedaríamos atascados. Y estar atascados en medio de una calle repleta de gente que desea matarte no es bueno.
Haciéndome caso sin preguntar, terminó de dar la vuelta a la rotonda y enfiló paseo Valldaura arriba. Había muchísimos no-muertos. Contando los que se veían a lo lejos, al final de las calles y entre los edificios, diría que había cientos o miles. Atraídos por el ruido del coche se nos quedaban mirando. Y luego se acercaban corriendo. Sin embargo Carlos sólo estaba dispuesto a esquivar los coches. Y a toda velocidad. Para él no había nadie en medio de la calle. Cerré los ojos mientras oía y notaba los violentos golpes contra el morro del todoterreno e incluso contra la luna delantera, mientras sonaba la canción.
-Joder- dijo Carlos pasado un rato, mientras ralentizaba.
Eso me hizo abrir los ojos. Primero vi la luna, que estaba toda agrietada por mi lado y llena de sangre. Además faltaba el retrovisor derecho. Y luego vi lo que había impresionado a Carlos. Desde el puente que la rotonda de Karl Marx creaba sobre la ronda, se podía ver todo el espectáculo. Miles y miles de coches, camiones y autocares bloqueaban los seis carriles de la autovía de circunvalación. Entre ellos, cientos de infectados vagaban de aquí para allá.
- Es imposible salir por aquí- le dije.
- Dios. Pues tampoco podemos volver a la ciudad. No sé ni como ha aguantado tantos porrazos al atropellar a esos cabrones, pero sí se que no aguantará otros tantos más- dijo refiriéndose al coche.
- Pues salgamos por Collserola. Cogemos la carretera a Cerdanyola y de allí ya veremos. Por el bosque seguro que no encontramos a nadie.
Dimos la vuelta a Karl Marx y continuamos por Paseo Valldaura, convertido en su tramo final en una calle estrecha normal, paralela a la ronda. Había bastantes infectados, pero a petición mía, Carlos consiguió evitar a la mayoría. Solamente cuando era inevitable, rebajaba la velocidad a 40 por hora para realizar el atropello. Suena muy bestia, lo sé, pero era la única forma de avanzar.
La situación mejoró al llegar a las rotondas que preceden a la Boca Nord del túnel de la Rovira, ya que allí casi no había nadie por la calle. Sin embargo, al ser también entrada a la ronda, estaba colapsada por vehículos. El todoterreno dejó la calzada para abrirse paso por las aceras de tierra que rodean la zona.
Antes de enfilar por el puente sobre la autovía que nos llevaría a la montaña, la ciudad muerta me ofreció una última muestra de su violenta agonía. Un autobús, atrapado en el atasco, con las puertas de entrada rotas, vidrios hechos añicos en el suelo. Varias ventanas con manchas de sangre como brochazos de un pintor esquizofrénico. Una ventana completamente rota, por la que sobresale colgando un brazo muerto. Mordido. Supongo que el cuerpo debió quedar lo suficientemente hecho polvo como para que el virus no lo pudiera reanimar.
Seguimos por la carretera, que serpenteante se sumergía en la masa forestal de pinos que rodean la ciudad. Por un momento todo me pareció absurdamente normal y bucólico. El sol de invierno brillando con fuerza en el cielo, casi primaveral, los pájaros revoloteando, la ciudad extendida a nuestros pies abriéndose al Mediterráneo… Desde esa altura nada hacía presagiar el infierno en el que se había convertido el llano construido. Bueno, quizás… el silencio, que parecía estrangular el ambiente. Era muy extraño ver una urbe de dos millones de habitantes sumida en el más absoluto silencio. En el cielo, los reactores de un avión a gran altura trazaban silenciosamente una línea blanca sobre el fondo azul intenso.
Un momento, yo conocía ese tipo de estelas. Las vi por la tele, durante la invasión de Afganistán. Era un B-52.
Hacia ninguna parte (IV)
(Le he puesto un título jajaja) Espero q a alguien le parezca interesante este relato, aún y la bajísima calidad literaria que tiene (no es falsa modestia jaja es que un poco de cultura sí que tengo).
Miércoles, 1 de marzo.
Hoy he cometido un error. No lo soportaba más y ayer por la tarde hice planes para coger el coche e irme. Cogí una mochila de montaña, metí comida y cantimploras, mi cartera, el móvil y las llaves de casa. Por si tenía que enfrentarme a alguna de esas cosas cogí un martillo, una llave inglesa y varios cuchillos de la cocina. Además, con mucha imaginación, me fabriqué un arma. Cogí la fregona de casa y le quité el mocho. Con una navaja le hice unas muescas al tubo vacío por donde inserté la hoja de un cuchillo de cortar carne al que previamente le había quitado el mango. Quedó algo así como una lanza. Para asegurarme que la hoja se mantendría en el palo de fregona lo rocié todo con superglue (no tenia otra cosa) y por encima até un montón de cordones de zapato. Encontré alambre en el armario de los trastos de bricolaje y lo enrollé también. Quedaba un poco chapuzas, pero recé por que funcionara si tenía que ser utilizada.
Total, que tan sólo con una mochila a cuestas y una lanza, esta mañana salí de mi piso. Como no había electricidad, tendría que bajar por las escaleras las dieciséis plantas que me separaban de la calle. Luego salir y entrar por una de las puertas secundarias al parking.
Serían tan sólo cinco metros en la calle. Así que empecé a bajar poco a poco sin hacer ruido. Al llegar al décimo me dio un vuelco el corazón. Mientras bajaba pude ver por las ventanillas de la pared que separa el rellano de la escalera a una mujer rubia. Estaba de espaldas a mí, frente a la puerta de uno de los pisos y no se movía. Desde dentro de la escalera y observándola, dije en voz alta ¿hola? Grave error. Se giró y con una mirada como de loca clavó sus ojos en los míos. Conocía a esa mujer, aunque sólo de vista. Parecía normal, es decir, no tenía heridas visibles, pero corrió veloz hacia la puerta antiincendios del rellano y se puso a aporrearla. No sé qué me daba más miedo, si el saber que podría abrir la puerta y darme alcance o el ruido que estaba metiendo. Me quedé parado. La tía en vez de girar la manivela de la puerta para abrirla, estaba como loca dando golpes con las manos contra el metal. Sin pensarlo dos veces me puse a correr escaleras abajo. Bajaba los escalones de tres en tres hasta que en el cuarto piso oí una especie de gritos. Más que gritos me recordaba al chillido que metían los pobres cerdos durante la matanza, en el pueblo. Me quedé otra vez parado, con el corazón a mil por segundo. Venían de abajo, del hall de entrada. La idiota del diez no paraba de dar golpes y quien quisiera que diera esos gritos empezaba a subir por las escaleras. Así que como un desesperado volví a subir escaleras arriba. En el séptimo, sin pensar lo que hacía, entré al rellano cerrando tras de mi la puerta. Por suerte no había nadie. Fui corriendo hacia la puerta de las otras escaleras de incendios (en total hay tres en mi edificio), cerré la puerta y me quedé esperando. Aún oía los golpes del décimo y oía acercarse al o a los tipos que gritaban. Más bien a los, porque parecía que estuviera subiendo todo un regimiento. No sabía qué hacer, así que permanecí allí. Se oía el murmullo de gente al otro lado de las puertas de metal. Ahora sí que gemían esos cabrones.
Analicé la situación. Las puertas del hall, completamente de vidrio, debían estar abiertas o rotas. Al empezar mi vecina a aporrear la puerta, el ruido debió atraer a los infectados, que subieron las escaleras sin ningún obstáculo. ¡Pues genial! Gracias a mi “hola” tenía a decenas de esas cosas en las veinte plantas de la escalera principal y a una asesina lobotomizada en el rellano del décimo piso. Los vecinos que quedaran en el edificio se deben estar cagando en mí ahora mismo, pero mira, yo intento salvarme.
Sigilosamente fui subiendo estas escaleras hasta llegar a mi piso. Abrí la puerta lo más delicadamente posible y salí al rellano. Miré por la ventana que da a la escalera principal. ¡Joder! Esas cosas estaban pululando por aquí también. La ventana estaba justo al lado de mi puerta, así que me verían por narices si quería volver a entrar en casa. Pero bueno, si no recordaban cómo se abría una puerta, mi rellano permanecería a salvo. Al acercarme a la puerta para abrirla ocurrió lo predicho. Un chaval sin nariz me vio y se abalanzó sobre la ventana. En unos segundos, todos los capullos de la escalera se mataban por llegar hasta la ventana y golpearla para intentar cogerme. Rápidamente abrí la puerta de casa y entré cerrándola tras de mí con llave y con el pestillo. Miré por la mirilla. Seguían golpeando histéricamente la ventana, que al ser antiincendios era doble y resistente. No me atrevía a alejarme de la puerta por miedo a que pudieran entrar cuando yo no me diera cuenta. La he jodido y bien con mi plan. Ahora ya saben que estoy aquí. Y sabrán cuando me vaya que lo hago.
He estado delante de la puerta como dos horas sin hacer nada, oyendo los porrazos contra el cristal, que por cierto, parece que no ha cedido. Y ha ocurrido algo curioso. Han dejado de picar. Les he espiado por la mirilla de la puerta y parecían haber olvidado por qué se habían puesto a golpear la ventana. Estaban otra vez pasmados, como cuando los vi en la calle. Así que he supuesto que memoria, poca. En fin, voy a ver si como algo. Creo que esta tarde intentaré salir otra vez, por las otras escaleras.
Miércoles, 1 de marzo. Continuación.
Es ya de noche y mi situación ha cambiado por completo. Ya no estoy solo. Y por acompañado me refiero a otra persona, humana, bueno, no infectada.
Sin darme por vencido, volví a intentar salir de casa. Hice el menos ruido posible, pero de nuevo los de las escaleras me vieron y se agitaron. Sin entretenerme a mirar sus preciosas caras abrí la puerta de las otras escaleras y me quedé en el descansillo esperando algo. Metían mucho ruido, entre gritos, gemidos y golpes. No sé cómo, abrieron la puerta del rellano y lo inundaron. Empezaron otra vez los golpes desesperados, pero esta vez en la puerta que tenía a un palmo de mi cara. Asustado empecé a bajar corriendo. Si habían abierto la otra, también abrirían esta. Pero a medida que bajaba seguía oyendo los golpes, así que la puerta permanecía cerrada. Quizás habían abierto la otra con un golpe en el pomo o vete tú a saber. El caso es que de momento no me seguían. Así que continué bajando, esta vez más tranquilamente. En el sexto piso me paré en seco. A tres metros de mí, un chaval de más o menos mi edad me miraba con un extraño rictus en la cara. Rápidamente empuñé mi lanza y la apunté hacia él. Una descarga de adrenalina inundó mi cuerpo y me vi dispuesto a atravesarlo con el palo de la fregona si hacía falta. Al hacer esto, él se estremeció asustado y entonces fue cuando habló.
- No, no, espera.
- ¿No estás infectado? – Vaya una pregunta por mi parte…
- ¿Tú que crees?
- Está bien, está bien, lo siento.... Te iba a clavar esto – dije con una mueca de ironía en la cara.
- Je, gracias por tu sinceridad.
Le expliqué mi plan y me contó que al escuchar todo el ruido que yo había organizado, se asustó y decidió huir del edificio. Su padre, que no sabía donde estaba, tenía un todoterreno en el garaje, y pensaba utilizarlo para llegar hasta Calafell, donde tenían una segunda residencia. No le dije nada, pero su plan carecía de sentido. ¿Qué le hacía pensar que lo que había pasado aquí no estaría pasando allí? Tras unos minutos hablando en las escaleras me invitó a pasar a su casa. Estuve a punto de decirle que volvía a la mía a buscar todo lo que nos pudiera servir, pero rápido caí en la cuenta de que con todos esos monstruos en el rellano, no volvería a ver mi piso nunca más, a no ser… que me descolgara desde la azotea hasta mi terraza, cosa que por ahora ni podía ni pensaba hacer. Así que entramos en su piso.
- ¿Sabes algo de… algo? – pregunté. Por las pintas de quillaco de barrio que tenía presupuse que muchas luces no tenía, así que información, probablemente menos.
- Que va tio, desde que se fue la luz no sé nada del resto del mundo. Sólo sé que aquí esas cosas nos tienen rodeados y bien jodidos.
- Ya… ¿Estás solo?
- Si, eres la primera persona que veo desde que todo empezó. ¿Y tu?
- Igual, llevaba… mmm… seis días metido en casa.
- Ya ves… bueno, pues no sé. No hay mucho que hacer aquí…
Y no lo había. En esta casa no leían mucho, así que en libros no me podría sumergir. Nos dedicamos a explicarnos nuestras vidas y cuando ya no hubo nada más que explicar nos quedamos en silencio. Me había caído bien. No parecía el tipico chulillo que había imaginado. Aunque podría vestir mejor. Bueno me callo.
Antes de que oscureciera preparamos las camas para dormir.
- Oye, quizás te suene raro- le dije.- Pero… ¿te importaría que durmiéramos en la misma habitación? Es que mira, voy a serte sincero, tengo bastante miedo y no creo que pudiera pegar ojo solo.
- Por mi ningún problema. Yo te iba a pedir lo mismo.
Lo bueno es que ahora estamos en una cama de matrimonio, lado a lado. Está bastante bueno y la verdad que dormir a su lado… jajaja. Ay, no sé como puedo pensar en estas cosas estando el mundo como está. Ahora me siento mal.
mm....
Al final sí que me contestó el sms que envié. A las doce y pico pero me lo contestó. No dijo nada especial, aunque me hizo ilusión leerlo.
Maldición.
Creo que me estoy volviendo a enamorar de él.
Este viernes tengo una cena a la que van dos amigas que lo conocen bastante más que yo. Como quien no quiere la cosa soltaré la pregunta de oye... y él... tiene novia o que? a ver que me dicen.
Si mi plan A fracasa, que es el de asegurarme el terreno antes de decirle nada, pasaré al plan B, que es decírselo tirándome de cabeza a la piscina.
Lo que tengo claro es que uno de los dos planes va a ser realizado en cuestión de días.
Se acabó el miedo a darme un porrazo.
Sitgesss!!
Anoche como dije fui al apoteosis del carnaval (martes graso) que se celebraba en Sitges. Tres cosas resumirían mi estancia allí: fiesta, desesperación por no saber qué hacer con el chico que me gusta (si, ya no utilizo pasado, me vuelve a gustar) y gente, muchísima gente.
Salimos de Paseo de Gracia a las doce en un tren atestado de jóvenes disfrazados, muchos ya borrachos. Una de las anécdotas es que por clamor popular se decidió, cual revolución soviética, que los espacios entre vagones pasarían a ser lavabos. No quiero ni imaginar la cara del encargado de limpieza cuando haya visto semejante obra de cohesión social.
Una vez allí, después de localizar el foco de la fiesta y ver un poco de la rúa, nos unimos al grupo del resto de gente de la uni. La segunda causa por la que había ido no estaba, y en cierta manera, me sentí aliviado. Fuimos a una pequeña plaza llena de bares, con el mismo número de gente dentro que fuera y nos pusimos a beber y a bailar (la música se oía muy bien desde la calle). La verdad que me lo pasé muy bien entre el baioleto, las bromas y ese no se qué que qué se yo que se crea entre individuos borrachos que no se conocen.
Al final apareció él. Hice como si nada hasta que se acercó a saludarnos. A toda la gente le parecía un puntazo mi disfraz (al final fui de gángster, con pantalones negros, camisa blanca, corbata oscura, una gran cazadora de cuero negro parecida a una gabardina, unas gafas de sol de esas de malo maloso que son dos redonditas pequeñas y un sombrero negro con una banda blanca) y él no fue menos. Entre otras cosas me dijo que iba guapo, que seguro que a lo que había ido era a ligar jajajaja si tu supieras... Y nada, me pareció notar que la conversación adquiría ese tono agradablemente forzado de quien no se quiere separar, hasta que mis amigas decidieron moverse a otro lado y las tuve que seguir. Luego fiesta, fiesta, fiesta y a eso de las cuatro y media nos fuimos (no era plan de estarse hasta las seis un martes teniendo clase importante hoy). Me despedí de él entre bromas y nos fuimos a coger el tren.
Una vez allí cientos de personas hacían una cola gigantesca para: o bien sacar el billete, o bien con el billete acceder al andén de la estación por una entrada de un metro de ancho custodiada por un guardia civil agilipollao. "Me cago en dios, o os estáis quietos o por aquí no pasa nadie" fue una de las florecillas que soltaba. Al estar a dos metros del umbral, los empujones desde detrás amenazaban con hacernos pasar mutilados por la puerta, como los churros cuando salen de la máquina antes de caer a la freidora. Entonces él gritó "qué, estáis cómodos?" mirandome a mi, y yo, que iba pichípichí puse una mueca de "si, no está mal" y asentí con la cabeza. Me asusté cuando me di cuenta de lo que había hecho jajaja No me acuerdo qué dijo después, algo parecido a la primera flor, pero todos los gritos le salían con sus ojos fijos en los míos. Suerte de gafas de sol ^^
Y al final llegué a casa a las 6 y media, en plan buenos días mamá.
Cuando me he despertado esta mañana, le echaba mucho de menos (a él) y le he nviado un sms para preguntarle qué tal había ido la vuelta. Y aun no me ha contestado ¬¬ Estoy por enviarle un sms para decirle de quedar porque le tengo que xplicar una cosa. ¿Me atreveré?