Diario Voluble de Guy Solitaire
Una página al sur de España
Acerca de
....Wie Sie tun, spricht lieber Freund, ohne in eine verdreifachte Form zu verwandeln?. Wenn, was Sie dabei sind zu sagen, ist nicht schöner als das Schweigen(Stille), still über Sie halten...
Sindicación
 
pendant le garçon de musique
Sonreía como sonrien las estrellas,
desde la larga sombra de la penumbra, en la estrecha avenida,
prolongaba los diminutos pasos de su sonrisa.
Detenido, le contemplaba acercarse, aquella tarde, de un jueves;
quiso bajarse de la vereda, dejarme pasar.
Bajé el escalón, mientras le miraba a los ojos,
diminutos, sonrientes, como el corazón de una estrella,
mordía suavemente su labio inferior, expresión expectante de la duda,
expresión de la dulzura más imperceptible.
La penumbra de su rostro fue abandonándose, al cruzar
y aproximarse, desnudo de la claridad de la luna.
Sujetaba el escueto maletín de su instrumento,
de regreso al corazón, de manos blancas.
Durante unos instantes sentí que aquellos instantes,
eran suyos, imborrables para otros días.
La imagen de su desconocido rostro, frente a mi,
como un sueño intimo.
No he podido olvidarlo,
cada vez que deseo sentir algo así como la felicidad de los días de sol pienso en él y en el gesto de sus labios indecisos al mirarnos unos instantes. Sé que no podré olvidarlo, aunque nunca más lo vuelva a ver: era diferente, como una estrella en manos de la más evanescente oscuridad del mar, reflejada sobre todas sus ondas. Sé que hay en las estrellas algo diferente, ajeno a las pasiones más dulces y amargas de los días, algo de estrella, de mirada y de sol en su sonrisa; algo que no se puede pronunciar y es dificil de mitigar.

© Adrián S.


f. a. g. r. mcmLxxxVI , xx - XI
 
Donde habite el olvido
Esta tarde ha sido duro. Aceptar que hayamos recorrido juntos un trayecto de autobús de cerca de media hora- sin dirigirnos si quiera un saludo-, y que esa misma persona que se sentaba junto a mí era alguien que hace unos años me sonreía y me saludaba por mi nombre. Verlo como la imagen de lo invisible, de un cuerpo trasparente que cruza el umbral de una puerta y que se aleja, sin ser capaz de ver nada, de reconocer.
La vida ha cambiado; he aceptado que el olvido haya despedido al tiempo que creía mío. Aceptar que junto a mí, permanece el perfil helado de un rostro que era conocido. Un rostro que reconozco y al que estoy obligado a no reconocer. Contener el aliento, sentir un nudo en el estómago, tomar nuevamente el aire, y asumir que solo ese nuevo aliento del aire, esa brisa diferente de otros días, es la avenida a la que sujetar las huellas.

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Donde habite el olvido

"Donde habite el olvido,
En los vastos jardines sin aurora;
Donde yo sólo sea
Memoria de una piedra sepultada entre ortigas
Sobre la cual el viento escapa a sus insomnios.

Donde mi nombre deje
Al cuerpo que designa en brazos de los siglos,
Donde el deseo no exista. "

(Luis Cernuda)


 
A solas frente a la cama
Esta noche, a solas, reconfortado por el calor de un abrigo, imaginando que este es un hombre que me abraza y se duerme en mis rodillas, entorno la húmeda ventana y pienso en esa vaga sombra que queda de él.... Ahora que me siento agasajado por el confort de la noche sobre una cama, tendido en la penumbra, me viene a la memoria el agradable aroma de su cuerpo dorado como una mazorca de oro, con ese sabor agridulce como el olor a café que elabora aquel que lleva a quien ama, como desayuno a su regazo. Justamente en el confort de esta noche, me agasaja el recuerdo de su aroma lleno de matices, ese aroma agradable de lavanda, suyo..., en el que se conjugaba un extraño e indefinible bienestar. Me lo imagino tendido, adormecido y cautivo, recorrido de caricias,...Me lo imagino recorrido de besos durante unas horas, sustraído del exterior y del mundo, en una habitación donde pudiera disfrutar de ese dulce aroma, de lavanda y espliego, sin pensar en nada, sin sentir el peso de ningun tiempo...
Fuera hace frío en una calle inclemente, y la gente se arrostra contra el frío. Su quietud helada parece el batir de alas de una tórtola contra la ventana.
Siento placer mientras paladeo el aroma e imagino, que esa misma vaguedad de la noche, es un cuerpo ceñido entre las sábanas, con el que las manos, inocentes, juegan, ajenas al resto del mundo, ajenas a la vida, mientras la íntima oscuridad parece dulce y eterna, en sus sepulcros de caricias y placeres risueños.

Ni siquiera alcanzo a sentirlo, ni siquiera siento el tacto húmedo y tembloroso de otra piel entre los hombros, y sin embargo, la noche parece otro cuerpo, que se deshace del mundo para entregar su ofrenda azul, frente a un cielo oscuro y solitario, indeciso de estrellas.

Al cerrar los ojos imagino que esta noche, junto a mí, duerme otro chico al que desconozco, le abrazo mientras duerme; y por la mañana le beso en los párpados aún cerrados, siento el tembloroso tacto de sus labios dormidos cerca de los míos que los buscan.

© Adrián S.