A solas frente a la cama
Esta noche, a solas, reconfortado por el calor de un abrigo, imaginando que este es un hombre que me abraza y se duerme en mis rodillas, entorno la húmeda ventana y pienso en esa vaga sombra que queda de él.... Ahora que me siento agasajado por el confort de la noche sobre una cama, tendido en la penumbra, me viene a la memoria el agradable aroma de su cuerpo dorado como una mazorca de oro, con ese sabor agridulce como el olor a café que elabora aquel que lleva a quien ama, como desayuno a su regazo. Justamente en el confort de esta noche, me agasaja el recuerdo de su aroma lleno de matices, ese aroma agradable de lavanda, suyo..., en el que se conjugaba un extraño e indefinible bienestar. Me lo imagino tendido, adormecido y cautivo, recorrido de caricias,...Me lo imagino recorrido de besos durante unas horas, sustraído del exterior y del mundo, en una habitación donde pudiera disfrutar de ese dulce aroma, de lavanda y espliego, sin pensar en nada, sin sentir el peso de ningun tiempo...
Fuera hace frío en una calle inclemente, y la gente se arrostra contra el frío. Su quietud helada parece el batir de alas de una tórtola contra la ventana.
Siento placer mientras paladeo el aroma e imagino, que esa misma vaguedad de la noche, es un cuerpo ceñido entre las sábanas, con el que las manos, inocentes, juegan, ajenas al resto del mundo, ajenas a la vida, mientras la íntima oscuridad parece dulce y eterna, en sus sepulcros de caricias y placeres risueños.
Ni siquiera alcanzo a sentirlo, ni siquiera siento el tacto húmedo y tembloroso de otra piel entre los hombros, y sin embargo, la noche parece otro cuerpo, que se deshace del mundo para entregar su ofrenda azul, frente a un cielo oscuro y solitario, indeciso de estrellas.
Al cerrar los ojos imagino que esta noche, junto a mí, duerme otro chico al que desconozco, le abrazo mientras duerme; y por la mañana le beso en los párpados aún cerrados, siento el tembloroso tacto de sus labios dormidos cerca de los míos que los buscan.
© Adrián S.
Fuera hace frío en una calle inclemente, y la gente se arrostra contra el frío. Su quietud helada parece el batir de alas de una tórtola contra la ventana.
Siento placer mientras paladeo el aroma e imagino, que esa misma vaguedad de la noche, es un cuerpo ceñido entre las sábanas, con el que las manos, inocentes, juegan, ajenas al resto del mundo, ajenas a la vida, mientras la íntima oscuridad parece dulce y eterna, en sus sepulcros de caricias y placeres risueños.
Ni siquiera alcanzo a sentirlo, ni siquiera siento el tacto húmedo y tembloroso de otra piel entre los hombros, y sin embargo, la noche parece otro cuerpo, que se deshace del mundo para entregar su ofrenda azul, frente a un cielo oscuro y solitario, indeciso de estrellas.
Al cerrar los ojos imagino que esta noche, junto a mí, duerme otro chico al que desconozco, le abrazo mientras duerme; y por la mañana le beso en los párpados aún cerrados, siento el tembloroso tacto de sus labios dormidos cerca de los míos que los buscan.
© Adrián S.
Comentario:
la verdad es que lo que dices es bastante bonito
pero, al menos en mi caso, debo matizarlo
antes de salir del armario, en el que mis propias limitaciones mentales me mantenían, siempre deseé dormir arropado por un cuerpo amoroso, masculino y viril, con sus aromas y sus bellos vellos
pero cuando salí de mi enclaustramiento
comprobé que no siempre es bueno dormir acompañado
la compañía que solo busca carne
y no da amor
es mejor que me deje solo en la camita
que mi almohada me acompaña mejor
pero, al menos en mi caso, debo matizarlo
antes de salir del armario, en el que mis propias limitaciones mentales me mantenían, siempre deseé dormir arropado por un cuerpo amoroso, masculino y viril, con sus aromas y sus bellos vellos
pero cuando salí de mi enclaustramiento
comprobé que no siempre es bueno dormir acompañado
la compañía que solo busca carne
y no da amor
es mejor que me deje solo en la camita
que mi almohada me acompaña mejor