Mi chico
Acabo de venir del cine. He visto “Fuera de carta”, una comedia protagonizada por Javier Cámara. Su personaje, Maxi, es el propietario y cocinero de un restaurante con pretensiones. Y es gay. No os voy a contar el argumento, por otro lado bastante previsible, pero os diré que es una comedia fácil de ver, de esas que no te hacen pensar demasiado. Con todo lo que tiene de bueno y de malo a la vez el hecho de pasarte dos horas en un cine sin pensar.
He ido con una amiga, porque mi chico está estudiando para sus exámenes de la próxima semana (suerte ratoncito, seguro que lo vas a hacer muy bien). Y ahora acabo de llegar y estoy pensando en él. Me ha dado por pensar qué es lo que me gusta tanto de su personita. Os cuento...
Mi chico mide un metro noventa. Es un tiarrón. Es guapo a raviar (coño, qué guapo es el condenao). Y tiene una sonrisa.... ufff, me quita el hipo cuando lo veo. El odia su cuerpo. Es cierto que ha cogido unos kilitos, pero qué narices, le sientan tan bien.... Lo demás de su cuerpo me lo guardo para mí, sólo os diré que me derrito sólo de pensarlo.
Mi chico es divertido. Es un payaso, me hace reir como nadie lo ha conseguido. Y hacer reir es, para mí, una gran virtud. La vida a su lado pasa alegre y entretenida. Demasiado rápido, diría yo. Tanto que cuando estoy junto a él siento que el tiempo se me escapa entre los dedos.
Mi chico es cariñoso. Me come a besos, claro que yo no le ando a la zaga. Me mima, me dice las cositas más dulces que os podáis imaginar. Tanto que a veces recordamos aquel anuncio ... “demasiada azúcar, pom”.
Mi chico es responsable. Cuida de su casa, cuida de su padre, cuida de mí, y todavía tiene tiempo para trabajar. Mi chico es bueno, quizás demasiado bueno, pero lo prefiero así. Ya me encargaré yo de que no le hagan daño, pero quiero a una persona buena a mi lado.
No sabría decir qué es lo que más me gusta de él. Yo creo que va a ser todo. Si no ya no sería mi chico.
He ido con una amiga, porque mi chico está estudiando para sus exámenes de la próxima semana (suerte ratoncito, seguro que lo vas a hacer muy bien). Y ahora acabo de llegar y estoy pensando en él. Me ha dado por pensar qué es lo que me gusta tanto de su personita. Os cuento...
Mi chico mide un metro noventa. Es un tiarrón. Es guapo a raviar (coño, qué guapo es el condenao). Y tiene una sonrisa.... ufff, me quita el hipo cuando lo veo. El odia su cuerpo. Es cierto que ha cogido unos kilitos, pero qué narices, le sientan tan bien.... Lo demás de su cuerpo me lo guardo para mí, sólo os diré que me derrito sólo de pensarlo.
Mi chico es divertido. Es un payaso, me hace reir como nadie lo ha conseguido. Y hacer reir es, para mí, una gran virtud. La vida a su lado pasa alegre y entretenida. Demasiado rápido, diría yo. Tanto que cuando estoy junto a él siento que el tiempo se me escapa entre los dedos.
Mi chico es cariñoso. Me come a besos, claro que yo no le ando a la zaga. Me mima, me dice las cositas más dulces que os podáis imaginar. Tanto que a veces recordamos aquel anuncio ... “demasiada azúcar, pom”.
Mi chico es responsable. Cuida de su casa, cuida de su padre, cuida de mí, y todavía tiene tiempo para trabajar. Mi chico es bueno, quizás demasiado bueno, pero lo prefiero así. Ya me encargaré yo de que no le hagan daño, pero quiero a una persona buena a mi lado.
No sabría decir qué es lo que más me gusta de él. Yo creo que va a ser todo. Si no ya no sería mi chico.