El segundo sexo
Archivos
Sindicación
 
Otra vez...
Vuelvo otra vez a caer en la espiral de miedo, otra vez a redimirme entre cuajadas de grasa… El ciclo se vuelve a repetir. Mis pies se están consumiendo entre la carcoma de la desidia, pesan demasiado… Llevan demasiado tiempo embadurnados en la nostalgia, en palabras inservibles… Me declaro una constante inconstante… El otro día me dijeron que sin disciplina no llegaría a nada… Quizá tuviera razón… quizá ya soy NADA.
 
Otra vez...
Vuelvo otra vez a caer en la espiral de miedo, otra vez a redimirme entre cuajadas de grasa… El ciclo se vuelve a repetir. Mis pies se están consumiendo entre la carcoma de la desidia, pesan demasiado… Llevan demasiado tiempo embadurnados en la nostalgia, en palabras inservibles… Me declaro una constante inconstante… El otro día me dijeron que sin disciplina no llegaría a nada… Quizá tuviera razón… quizá ya soy NADA.
 
¿Qué somos?
¿Qué somos? Somos el legado de nuestros antecesores. El verbo pretérito. Un pasado de tradiciones y costumbres que vamos repitiendo otra vez. Pautas, normas y leyes… Cultura. Y es a partir de aquí dónde se genera la diferencia entre el hombre y la mujer, donde se inicia nuestra opresión, y nuestra incapacidad para ejercer nuestra libertad como personas. ¿Por qué? En el anterior post, comenté que las personas trascendemos a partir de los proyectos que realizamos, que se nos puede definir a partir de nuestras acciones y del objetivo que queremos llevar a cabo. Pues bien, a lo largo de la historia, el destino de la mujer era dar vida, ofrecer al mundo bellos y maravillosos retoños, mientras que el hombre se divertía cazando mamuts (entiéndase en la época prehistórica), o conquistando nuevos mundos. Es, por lo tanto, el hombre, el macho quien se compromete, quien afronta peligros de la naturaleza, quien encara los desafíos de las guerras, mientras que la mujer se “limitaba” a esperarlo en casa para celebrar su retorno, y la victoria de sus hazañas. Así que la mujer, y su papel de reproducción quedaba relegado en un segundo plano, era desdeñado por la valúa del hombre, el que verdaderamente estaba trascendiendo en la historia, el que verdaderamente estaba haciendo algo, aunque fuera descuartizar a otros de su especie, pero estaba actuando, mientras que la mujer… esperaba. Y así fue como se fue creando la dominación del hombre. (Más información en próximas entregas.)

 
Balance en el tiempo
Miro la vista atrás. Las efemérides que cuelgan en mis pies están vacías. Llevo tres años sin sueños. Aborté la felicidad, y apadriné con desgana a la calavera blanca. Ahora, con fuerzas escuálidas, y con un aliento consumido por empacharse de pesares, pretendo luchar, encontrar mi sino. Me sabía perdida, desorientada en este mundo. He buscado refugio en otras tierras. He intentando luchar contra mi ausencia de voluntad poniéndome etiquetas con palabras alentadoras, con gritos de lucha que me ayudaran a continuar por mi senda, pero ya dicen que no puedes pedir peras al olmo… Y así volvía a caer nuevamente. Una y otra vez. Inténtalo con el diván de los locos, me dije. Y a partir de ese momento, era yo, mi libreta y mis pensamientos, pero no surgió efecto. Me continuaba disolviendo, disgregando en lágrimas moradas, escondiéndome en sonrisas acartonadas… Y ya nada me quedaba. Nada. Y fue entonces cuando volví a casa. Entre en mi habitación, y cogí un libro: “El segundo sexo”, de ahí el título del blog, y empecé a leer aquel libro que me tendría que haber leído en otro tiempo, pero eso es lo de menos, la cuestión es que empecé a comerme sus letras, y saber lo que dicen los existencialistas, saber que somos lo que hacemos, lo que realizamos… y fue entonces cuando entre en contacto con mi conciencia, con mi pensamiento vacío, y saber que no estaba siendo nada, que no me diferenciaba en nada respecto a los objetos. Era “una mera existencia sin esencia, sin entidad, arrojada en el mundo”. Y sé que si no ejercito la posibilidad de ser, de convertirme en algo es una “falta moral”. Por eso, ahora quiero dejar de pecar.
 
El primer paso
Empiezo una nueva misión, y me asigno el deber de investigarme, de averiguar cuáles son las infracciones que cometen mis pasos, y las penalidades que cuelgan en los humores de mi alma. Quiero indagarme. Descubrirme. Quiero saber quién soy, saber qué es lo que quiero, conocer cuál es el impulso de mis ojos para desplegarse por el péndulo del tiempo… Llevo demasiado tiempo peregrinando sobre el asfalto sin rumbo fijo, con tropiezos irreflexivos, con mentiras que se adhieren en mi piel, con silencios que amputan brazos…Estoy demasiado cansada de que mis pasos sean empujados por el viento, y por eso, ahora me encuentro aquí. No sé cuál será el rumbo que adoptará este nuevo engendro, pero quiero alimentarle de curiosidades, de las esencias del alma, de palabras…. Y es que llevaba demasiado tiempo muerta, marchita de ilusiones, y ahora tú, ahora mi pequeño hijo, espero susurrarte las nanas de la sangre roja… Espero, espero ante todo, llegar a descubrirme, y si veo que mi otredad no me gusta, entonces me inventaré nuevamente.