Salvando las distancias
Hoy he pasado la mañana con uno de mis sobris, es un chaval encantador de poco más de 3 añazos. Empezó a jugar con un cacharro de esos que tiene dentro varias bolitas pequeñas y unos cuantos agujeros, el juego consiste en meter las bolitas en los agujeros. El suyo tenía 4 bolas (para sus 4 agujeros), ha intentado colocarlas unas cuantas veces y llegaba a colocar 3 más o menos rápidamente, pero cuando sólo le quedaba una se ponía nervioso y no era capaz de hacerla encajar. No sé cuántas veces lo ha intentado… al final se ha cansado y lo ha mandado a la mierda diciendo algo como “pues si no me hace caso no juego”, lo ha tirado y lo ha dejado a un lado y después de no más de 30 segundos lo ha vuelto a coger y otra vez lo mismo, era capaz de encajar 3 y con la última no podía, así que vuelta al enfado diciendo “no quiere colocarse, entonces lo guardo”, esta vez lo ha llegado a guardar en la caja de juguetes… pero a los 20 segundos ya lo tenía otra vez en la mano, viendo que ya se frustraba el pobre (y estas cosas crean traumas infantiles) le he intentado ayudar, pero él no quería, tenía que ser él quien lo consiguiera… ya se había convertido en una cuestión de orgullo (cómo cabe tanto orgullo en un cuerpecito tan pequeño?) y… otra vez lo mismo, esta vez cuando lo soltó además de echarlo en la caja la tapó, parecía que quería alejarlo todo lo que pudiera de él.
Esta mañana me he visto reflejada en mi sobri, en su afán por hacer las cosas bien, en sus nervios cuando cree que se acerca y en ese gesto repentino que lo manda todo a la mierda… y en su “nomevoyarendir” y en su “nonecesitoayuda” (o más bien no la quiero… que necesitarla es otra cosa) y, por supuesto, en su perseverancia.
Deciros que al final lo ha conseguido, aunque he de confesar que he tenido algo que ver en ello, le he sentado en una pierna y mientras yo le sujetaba las manos (bueno, vale, también las orientaba un poco) hemos conseguido que la dichosa cuarta bola entrase en el agujero. Increíble su carita …
Hace tiempo leí en un blog un post sobre la finísima línea que separa asumir que algo era de una determinada manera (lo que era síntoma de madurez) y resignarse (lo que tiene connotaciones de cobardía). Yo no sé si madurar o si luchar por lo que estoy sintiendo, lo que sé es que me he intentado engañar a mí misma diciendo que no te necesito y que fue sólo el momento lo que me hizo sentir de aquella manera y sé que no es verdad… sé que me muero por saber de ti, que aunque sepa que no llamarás y que no escribirás yo voy con mi móvil a todos los lados … por si acaso se te ocurre regresar, más raro fue aquel verano que no paró de nevar (frase de el maestro Sabina)
Esta mañana me he visto reflejada en mi sobri, en su afán por hacer las cosas bien, en sus nervios cuando cree que se acerca y en ese gesto repentino que lo manda todo a la mierda… y en su “nomevoyarendir” y en su “nonecesitoayuda” (o más bien no la quiero… que necesitarla es otra cosa) y, por supuesto, en su perseverancia.
Deciros que al final lo ha conseguido, aunque he de confesar que he tenido algo que ver en ello, le he sentado en una pierna y mientras yo le sujetaba las manos (bueno, vale, también las orientaba un poco) hemos conseguido que la dichosa cuarta bola entrase en el agujero. Increíble su carita …
Hace tiempo leí en un blog un post sobre la finísima línea que separa asumir que algo era de una determinada manera (lo que era síntoma de madurez) y resignarse (lo que tiene connotaciones de cobardía). Yo no sé si madurar o si luchar por lo que estoy sintiendo, lo que sé es que me he intentado engañar a mí misma diciendo que no te necesito y que fue sólo el momento lo que me hizo sentir de aquella manera y sé que no es verdad… sé que me muero por saber de ti, que aunque sepa que no llamarás y que no escribirás yo voy con mi móvil a todos los lados … por si acaso se te ocurre regresar, más raro fue aquel verano que no paró de nevar (frase de el maestro Sabina)