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No lo entiendes y te habría gustado que fuera de otra manera. También a mí, no te equivoques. El problema es que no lo es o que no lo son, para mí el problema es que no lo son, quiero creer que para ti también, aunque empiezo a dudarlo.
Tú crees que yo soy una egoísta, aunque no lo dices y eso lo hace aún más duro. Me gustaría poder enfadarme contigo pero ya ves, soy incapaz. Me gustaría acabar chillándote para que la rabia se escapara por ahí. Y a veces me parece que me gustaría que no me importase tanto lo que piensas, no buscarte a cada paso, no necesitar tu consejo y tu aprobación. Otras veces simplemente creo que es una suerte contar contigo, que siempre tienes esa visión diferente que te hace tan imprescindible en mi vida.
Comprendo tus argumentos, ¿acaso crees que no pasaron antes por mi cabeza? Pero, ¿cuál es la alternativa? No voy a renunciar a ello, no voy a renunciar a ser feliz, si eso es ser egoísta entonces lo soy. No voy a amargarme la vida y amargársela de paso a los que tengo al lado, ¿sería mejor eso?
No te imaginas cuánto necesitaba contar con tu apoyo, pensé que sería cuestión de tiempo tenerlo (qué paradójico, tú también esperabas que fuese cuestión de tiempo). No sé por qué he puesto esa frase en pasado, en el fondo sigo esperando que sea cuestión de tiempo, aunque me temo que sólo estemos huyendo hacia delante, sólo evitamos y posponemos (¿cuánto?) el problema.
El otro día te preguntabas por qué hay tanta gente que escribe blogs, no sé por qué lo hacen los demás, yo lo hago por momentos de necesidad como éste.
Más vale que no tengas que elegir
entre el olvido y la memoria,
entre la nieve y el sudor.
Será mejor que aprendas a vivir
sobre la línea divisoria
que va del tedio a la pasión.
No dejes que te impidan galopar
ni los ladridos de los perros
ni la quijada de Caín.
Que no te dé el insomnio por contar
las gaviotas del destierro,
las amapolas de París.
Te engañas si me quieres confundir
esta canción desesperada
no tiene orgullo ni moral;
se trata sólo de poder dormir
sin discutir con la almohada
dónde está el bien, dónde está el mal.
La guerra que se acerca estallará
mañana lunes por la tarde
y tú en el cine sin saber
quién es el malo mientras la ciudad
se llena de árboles que arden
y el cielo aprende a envejecer.
Y sal ahí
a defender el pan y la alegría.
Y sal ahí
para que sepan que
ESTA BOCA ES MÍA.
(Sabina)
No suelo poner canciones enteras, pero no fui capaz de quitar ninguna estrofa
Tú crees que yo soy una egoísta, aunque no lo dices y eso lo hace aún más duro. Me gustaría poder enfadarme contigo pero ya ves, soy incapaz. Me gustaría acabar chillándote para que la rabia se escapara por ahí. Y a veces me parece que me gustaría que no me importase tanto lo que piensas, no buscarte a cada paso, no necesitar tu consejo y tu aprobación. Otras veces simplemente creo que es una suerte contar contigo, que siempre tienes esa visión diferente que te hace tan imprescindible en mi vida.
Comprendo tus argumentos, ¿acaso crees que no pasaron antes por mi cabeza? Pero, ¿cuál es la alternativa? No voy a renunciar a ello, no voy a renunciar a ser feliz, si eso es ser egoísta entonces lo soy. No voy a amargarme la vida y amargársela de paso a los que tengo al lado, ¿sería mejor eso?
No te imaginas cuánto necesitaba contar con tu apoyo, pensé que sería cuestión de tiempo tenerlo (qué paradójico, tú también esperabas que fuese cuestión de tiempo). No sé por qué he puesto esa frase en pasado, en el fondo sigo esperando que sea cuestión de tiempo, aunque me temo que sólo estemos huyendo hacia delante, sólo evitamos y posponemos (¿cuánto?) el problema.
El otro día te preguntabas por qué hay tanta gente que escribe blogs, no sé por qué lo hacen los demás, yo lo hago por momentos de necesidad como éste.
Más vale que no tengas que elegir
entre el olvido y la memoria,
entre la nieve y el sudor.
Será mejor que aprendas a vivir
sobre la línea divisoria
que va del tedio a la pasión.
No dejes que te impidan galopar
ni los ladridos de los perros
ni la quijada de Caín.
Que no te dé el insomnio por contar
las gaviotas del destierro,
las amapolas de París.
Te engañas si me quieres confundir
esta canción desesperada
no tiene orgullo ni moral;
se trata sólo de poder dormir
sin discutir con la almohada
dónde está el bien, dónde está el mal.
La guerra que se acerca estallará
mañana lunes por la tarde
y tú en el cine sin saber
quién es el malo mientras la ciudad
se llena de árboles que arden
y el cielo aprende a envejecer.
Y sal ahí
a defender el pan y la alegría.
Y sal ahí
para que sepan que
ESTA BOCA ES MÍA.
(Sabina)
No suelo poner canciones enteras, pero no fui capaz de quitar ninguna estrofa
Comentario:
Creo que a veces nos pasa que necesitamos la aprobación de los demás (y más si son personas imprescindibles) que necesitamos que nos comprendan, que nos apoyen... y muchas veces no nos pueden comprender porque no están en nuestra piel.
Al final, yo si creo que es cuestión de tiempo, quizá nunca lo comprenda, pero al fin y al cabo, baste que normalice ese algo que quieres que comprenda.
Animo chiqui.
Un besito
Al final, yo si creo que es cuestión de tiempo, quizá nunca lo comprenda, pero al fin y al cabo, baste que normalice ese algo que quieres que comprenda.
Animo chiqui.
Un besito