Éramos pocos..... y parió la abuela
Desvaríos y comeduras de tarro
Acerca de
Dicen que soy un desastre con patas, pero la culpa no es mía. Es de la genética. E-mail: dreora@yahoo.es (esta cuenta también funciona con el msn!!)
Sindicación
 
La vecina del tercero
Como en todos los bloques, donde vivo hay también una vecina cotilla.
Es la típica abuelilla a la que le falta la mitad de la dentadura y que camina un poco encorvada. ¡Pero menuda velocidad lleva la jodía!
Cuando me mudé hace un año intenté ser buena chica: no poner la música demasiado alta, nada de cenas escandalosas hasta altas horas de la noche, cosillas para llevarse bien con el vecindario. Pero claro, la cotilla empezó a meterse donde no la llaman y yo empecé a ponerme borde.
Lo primero que me dijo fue:
-¿y te vienes a vivir tu sola? ¿y el novio que te dice?
- (eso, la primera en la frente) - Pues si, vengo a vivir sola, y el novio no dice nada porque no tengo. Oiga, ese hijo que tiene que es de la quinta de mi padre, ¿aún vive con usted?
- Mira, que no le caso y por demás. - que no lo pilló vamos

Y como éstas, una detrás de otra. Ella me dice y yo le contesto. Pero todo le hace gracia. Que si me acuesto muy tarde porque tengo la luz hasta las cuatro de la mañana (yo le digo que ella tambien tiene que estar despierta para verme), Que si qué sábanas más bonitas tengo que me las ha visto tendidas (yo le dije que me a mí las suyas no me gustaban porque cuando las tendía me tapaban la ventana; por lo menos ahora las pliega un poco.) Pero la última fue de órdago:
- hija, van a venir los del gas y como tu estarás trabajando no podrán entrar a hacerte la revisión. Si quieres me dejas las llaves y cuando vengan yo les abro.
¡Si hombre! ¡Y si quiere se hace una copia y cuando no pueda dormir y vea la luz encendida se baja a mi casa, se toma un colacao y se mete en mi cama con esas sábanas que tanto le gustan!
Así que dejé de tener miramientos. Ahora pongo la música bien alta y las cenas empalman con el desayuno.

Esta tarde me ha pillado sin remedio. Yo la he visto desde lejos, y he frenado el paso para no tenerme que cruzar con ella en el portal. Pero resulta que se ha encontrado con otro pobre y desgraciado vecino, un marroquí que no entiende ni papa de español. Pero ella insistía e insistía, y el otro pobre sólo hacía que decir que si con la cabeza y sonreir. Cuando he llegado al portal (no he calculado bien), le tenía cojido del codo y le estaba contando el pánico que tiene al ascensor. Así que he pasado rápidamente por su lado, he saludado muy educadamente y me he decidido a subir rauda y veloz las escaleras. Pero no he sido bastante ágil.
- Uy zagala, que poco te dejas ver el pelo. Sólo sé que estás porque en cuanto llegas pones esa música tan rara. Por cierto, no es que me importe, pero es que te oigo hablar con alguien por la noche ¿ es que tienes una compañera de piso?
- Pues no señora. No le importa.
Y ahí he logrado subir hasta mi casa y cerrar con cuatro vueltas de llave. En cuanto he entrado le he dicho a mi gata que a partir de ahora tendría que aprender a contestarme cuando le hablo.
No