No se puede ocultar el perfume de una flor...
El principio de la vida homosexual es como una especie de puzzle, cada pieza corresponde a una etapa y/o sentimientos sin orden; no se corresponden entre sí. Pasan los años y las piezas van encajando y teniendo cierta lógica hasta que definitivamente el puzzle se completa y ves que todo tiene sentido. Ahí es cuando te das cuenta de que eres lesbiana.
Es una puta putada. Tú, que tan inocente a los 11 años te crees que Julia es tan solo una chica a la que admiras, la chica perfecta, mayor, guapa, rubia, trinfadora con el guapito de Gustavo (agg, por cierto ¡qué mal me caias…!) Tú, que tan inocente te pones colorada cuando Julia te habla y te pregunta si tienes novio. Tú, que tan inocente te empiezas a preguntar porqué tienes ese tipo de sentimientos tan raros hacia una chica, si lo que te tienen que gustar son los chicOs… Tú, que tan inocente te preguntas a ti misma: ¿seré lesbiana? Y tan inocente te respondes a ti misma también: ¡bah! Dabidú, tú no puedes ser lesbiana, esas cosas solo ocurren en el “Diario de Patricia”…
Pasan los días, los meses, los años y ves que esos sentimientos no se van, que hasta incluso se incrementan.
A los 13 años llega “A”, una chica tremendísima del colegio en la que te fijas y te enchochas desde el primer día y que justo se tiene que hacer amiga de tu hermana y venir a tu casa a pasearse en tanga por delante tuyo (¡qué culazo tenías cabrona!).
Tú, que te adentras en la adolescencia y vas perdiendo la inocencia te vuelves a hacer la pregunta: ¿seré lesbiana? Y te vuelves a responder a ti misma: ¡bah! Dabidú, no digas tonterías, lo que sientes a las chicas no será lesbianismo para nada, ya verás como se pasa.
Y en verdad… sí, se pasa. A los 13-14 años te enamoras de un chico por el que pierdes la cabeza locamente hasta que al final lo consigues (2 días antes de verano), se va a su pueblo, te pasas el peor verano de tu puta vida y al curso siguiente el chico actúa como si no hubiera pasado nada. Así estas 3 años, suspirando por el puto pavo que no te hace ni caso (me quejo de ser homosexual, pero… ser heterosexual también tiene lo suyo…).
Bueno, hay que señalar que durante esos 3 años entremedio hay una chica de campamentos que te gusta un montón y te enchochas bastante por ella, hasta incluso llegas a llorar, y es cuando te vuelve a surgir de nuevo la pregunta: ¿seré lesbiana? Y ahora ya varía tu respuesta: joder, esto no me puede pasar a mi, será pasajero…
No obstante esta chica de campamentos no hace que olvides al chico, y cuando empieza el curso te vuelves a enchochar con él. Tienes unas ganas tremendas de olvidarle, sufres como una tonta, lloras, mueres de rabia cuando tontea con otras y no te hace caso, te preguntas cuando será el día que salga de tu cabeza, hasta que sin darte cuenta, un día llega una chica nueva al colegio (sí, Virginia) y el chico desaparece como por arte de magia de tus pensamientos.
Virginia, Virginia y Virginia; es lo único en lo que piensas y de repente, todo que habías deseado durante 3-4 largos años, es decir, gustar al chico del que te enamoraste en su día, se cumple. Te empieza a hacer un caso tremendo, a hacer tontadillas, a prestarte atención… pero a ti ya todo eso te da igual, es más, te cansa y te agobia que estén detrás de ti todo el día.
A partir de ahora es cuando ya te pones a pensar en tu cuarto y te preguntas otra vez: ¿seré lesbiana? Y ahora ya no te respondes que no, te respondes: puede que lo sea; ya han pasado los días, los meses y los años y he visto que estos sentimientos no se van, que hasta incluso se incrementan. No entiendo como me puede estar pasando esto a mi, no lo entiendo. Hay muchas personas en el mundo, y justo a mí, a Dabidú Dabidudiense. Joder, no a la vecina de enfrente, ni a la carnicera, no, a mi. ¿Qué hago? Tal vez se me pase, sí, eso, seguro que conozco a un chico que me llene y se me olvida todo esto.
Así que te dispones a fijarte en chicos y a intentar a la fuerza que te gusten, pero nada, no da resultado y Virginia sigue ahí.
Llega el verano y con él, tu mayor desgracia: Te vas de campamentos y te enamoras… de una chica. Es lo peor que has podido hacer en tu vida, sabes que no la vas a ver mas, que vas a sufrir como nunca, pero nada, no lo puedes remediar.
Tienes aceptado que te gustan las chicas además de los chicos, pero aún no lo has asimilado y sigues pensado que tal vez algún día llegue “tu príncipe azul”. Obviamente, ese príncipe azul soñado no va a llegar nunca…
Reniegas de tu homosexualidad, no te gusta ni un pelo, odias ser así, justo te tiene que tocar a ti…
Después de verano vuelve a llegar Virginia, y con ella chicas sueltas que también te gustan (bastante) aunque son tan breves… Alguna de unas horas, otras de una noche, y con suerte, alguna de unos cortos días.
Cumples los 16 años y empiezas a salir con un chico. Tu primer novio. Es una de las mejores cosas que haces, y no porque el chico fuera bueno, que va, es un hijo de puta de mucho cuidado (cortó conmigo porque no me dejaba “tocar”), sino porque gracias a él, se te quita la vergüenza de estar con el primer chico y también gracias a él, le conoces a EL (buah, que lio XD). Eso si es de las mejores cosas que te han podido pasar, el tenerle a EL.
Vuelve a llegar verano, cortas con EL y te vas a la playa. Ahí te encuentras a 2 chicas lesbianas y te rallas un montón y piensas lo felices que son y porqué no puedes ser tu así. Ahí es cuando te dices definitivamente: Sí, soy lesbiana (con un poco de bisexual)
Llega invierno, vuelves con EL y estas super bien pero siempre te queda la puta espina de tu vena lésbica, además de Virginia, que siempre está ahí recordándote lo guapa que es.
Y aquí estás, a 30 de junio de 2007, escribiendo un post reflexivo, con un lío tremendo en tu cabeza, con tu homosexualidad aceptada y asimilada, y empezándote a querer tal y como eres, porque simplemente has nacido así, eres así y no te queda otra.
Es una puta putada. Tú, que tan inocente a los 11 años te crees que Julia es tan solo una chica a la que admiras, la chica perfecta, mayor, guapa, rubia, trinfadora con el guapito de Gustavo (agg, por cierto ¡qué mal me caias…!) Tú, que tan inocente te pones colorada cuando Julia te habla y te pregunta si tienes novio. Tú, que tan inocente te empiezas a preguntar porqué tienes ese tipo de sentimientos tan raros hacia una chica, si lo que te tienen que gustar son los chicOs… Tú, que tan inocente te preguntas a ti misma: ¿seré lesbiana? Y tan inocente te respondes a ti misma también: ¡bah! Dabidú, tú no puedes ser lesbiana, esas cosas solo ocurren en el “Diario de Patricia”…
Pasan los días, los meses, los años y ves que esos sentimientos no se van, que hasta incluso se incrementan.
A los 13 años llega “A”, una chica tremendísima del colegio en la que te fijas y te enchochas desde el primer día y que justo se tiene que hacer amiga de tu hermana y venir a tu casa a pasearse en tanga por delante tuyo (¡qué culazo tenías cabrona!).
Tú, que te adentras en la adolescencia y vas perdiendo la inocencia te vuelves a hacer la pregunta: ¿seré lesbiana? Y te vuelves a responder a ti misma: ¡bah! Dabidú, no digas tonterías, lo que sientes a las chicas no será lesbianismo para nada, ya verás como se pasa.
Y en verdad… sí, se pasa. A los 13-14 años te enamoras de un chico por el que pierdes la cabeza locamente hasta que al final lo consigues (2 días antes de verano), se va a su pueblo, te pasas el peor verano de tu puta vida y al curso siguiente el chico actúa como si no hubiera pasado nada. Así estas 3 años, suspirando por el puto pavo que no te hace ni caso (me quejo de ser homosexual, pero… ser heterosexual también tiene lo suyo…).
Bueno, hay que señalar que durante esos 3 años entremedio hay una chica de campamentos que te gusta un montón y te enchochas bastante por ella, hasta incluso llegas a llorar, y es cuando te vuelve a surgir de nuevo la pregunta: ¿seré lesbiana? Y ahora ya varía tu respuesta: joder, esto no me puede pasar a mi, será pasajero…
No obstante esta chica de campamentos no hace que olvides al chico, y cuando empieza el curso te vuelves a enchochar con él. Tienes unas ganas tremendas de olvidarle, sufres como una tonta, lloras, mueres de rabia cuando tontea con otras y no te hace caso, te preguntas cuando será el día que salga de tu cabeza, hasta que sin darte cuenta, un día llega una chica nueva al colegio (sí, Virginia) y el chico desaparece como por arte de magia de tus pensamientos.
Virginia, Virginia y Virginia; es lo único en lo que piensas y de repente, todo que habías deseado durante 3-4 largos años, es decir, gustar al chico del que te enamoraste en su día, se cumple. Te empieza a hacer un caso tremendo, a hacer tontadillas, a prestarte atención… pero a ti ya todo eso te da igual, es más, te cansa y te agobia que estén detrás de ti todo el día.
A partir de ahora es cuando ya te pones a pensar en tu cuarto y te preguntas otra vez: ¿seré lesbiana? Y ahora ya no te respondes que no, te respondes: puede que lo sea; ya han pasado los días, los meses y los años y he visto que estos sentimientos no se van, que hasta incluso se incrementan. No entiendo como me puede estar pasando esto a mi, no lo entiendo. Hay muchas personas en el mundo, y justo a mí, a Dabidú Dabidudiense. Joder, no a la vecina de enfrente, ni a la carnicera, no, a mi. ¿Qué hago? Tal vez se me pase, sí, eso, seguro que conozco a un chico que me llene y se me olvida todo esto.
Así que te dispones a fijarte en chicos y a intentar a la fuerza que te gusten, pero nada, no da resultado y Virginia sigue ahí.
Llega el verano y con él, tu mayor desgracia: Te vas de campamentos y te enamoras… de una chica. Es lo peor que has podido hacer en tu vida, sabes que no la vas a ver mas, que vas a sufrir como nunca, pero nada, no lo puedes remediar.
Tienes aceptado que te gustan las chicas además de los chicos, pero aún no lo has asimilado y sigues pensado que tal vez algún día llegue “tu príncipe azul”. Obviamente, ese príncipe azul soñado no va a llegar nunca…
Reniegas de tu homosexualidad, no te gusta ni un pelo, odias ser así, justo te tiene que tocar a ti…
Después de verano vuelve a llegar Virginia, y con ella chicas sueltas que también te gustan (bastante) aunque son tan breves… Alguna de unas horas, otras de una noche, y con suerte, alguna de unos cortos días.
Cumples los 16 años y empiezas a salir con un chico. Tu primer novio. Es una de las mejores cosas que haces, y no porque el chico fuera bueno, que va, es un hijo de puta de mucho cuidado (cortó conmigo porque no me dejaba “tocar”), sino porque gracias a él, se te quita la vergüenza de estar con el primer chico y también gracias a él, le conoces a EL (buah, que lio XD). Eso si es de las mejores cosas que te han podido pasar, el tenerle a EL.
Vuelve a llegar verano, cortas con EL y te vas a la playa. Ahí te encuentras a 2 chicas lesbianas y te rallas un montón y piensas lo felices que son y porqué no puedes ser tu así. Ahí es cuando te dices definitivamente: Sí, soy lesbiana (con un poco de bisexual)
Llega invierno, vuelves con EL y estas super bien pero siempre te queda la puta espina de tu vena lésbica, además de Virginia, que siempre está ahí recordándote lo guapa que es.
Y aquí estás, a 30 de junio de 2007, escribiendo un post reflexivo, con un lío tremendo en tu cabeza, con tu homosexualidad aceptada y asimilada, y empezándote a querer tal y como eres, porque simplemente has nacido así, eres así y no te queda otra.
Comentario:
relajate y goza muxaxa,lo q tnga q ser sera,disfruta lo q tienes