El minuto
Suena mi reloj, como siempre, a la misma hora, en el mismo minuto, como cada noche desde hace semanas.
Me recuerda un momento, me trae una sensación, me da palpitaciones, se acelera la sangre bombeada por mi corazón, me lleva de nuevo al lugar concreto en el que mi vida se transformó, en el que la suerte palpó mi puerta y decidió descubrir lo que se encontraba al otro lado.
Mis manos vuelven a sentirse nerviosas, vuelven a entrelazarse como aquella noche lo hicieron para no mirar de manera convulsiva el reloj que marcaría el instante en que estaría delante de mi con esos ojos que consiguen hacer que mi razón prefiera la locura a la cordura, con esa mirada que me atraviesa cual cuchillo caliente la mantequilla pero que lo hace sin dolor, sin presión, con una delicadeza que nunca pensé.
Esa mirada que aguanto sin temor, sin miedo a que vea algo en mi interior que no le guste, pues todo está a la vista.
Esa breve aspereza que ocultaba las caricias más suaves que se han posado en mi piel.
Vuelvo a los minutos que se hicieron tan largos antes de ese momento y que se han convertido en algo demasiado breve a partir de entonces, me dan la razón al acusar de antojadizo al tiempo…
Cierro los ojos y vuelvo a cruzarme con esa mirada, con ese gesto serio que se ha transformado en el más dulce y tierno que se pueda imaginar. Ese gesto de enfado que ha cedido su lugar al más compresivo que se ha dado en la historía
A veces me gustaría tener la oportunidad de ceder mi espacio interior para que lo visitaran las personas que quiero, para que observaran lo que mueve mi corazón en cada uno de sus latidos.
Sigue sonando el reloj, sigue pasándome malas pasadas el tiempo al quitármela de vez en cuando, pero ahora lo comprendo, el tambíen necesita su presencia.
Me recuerda un momento, me trae una sensación, me da palpitaciones, se acelera la sangre bombeada por mi corazón, me lleva de nuevo al lugar concreto en el que mi vida se transformó, en el que la suerte palpó mi puerta y decidió descubrir lo que se encontraba al otro lado.
Mis manos vuelven a sentirse nerviosas, vuelven a entrelazarse como aquella noche lo hicieron para no mirar de manera convulsiva el reloj que marcaría el instante en que estaría delante de mi con esos ojos que consiguen hacer que mi razón prefiera la locura a la cordura, con esa mirada que me atraviesa cual cuchillo caliente la mantequilla pero que lo hace sin dolor, sin presión, con una delicadeza que nunca pensé.
Esa mirada que aguanto sin temor, sin miedo a que vea algo en mi interior que no le guste, pues todo está a la vista.
Esa breve aspereza que ocultaba las caricias más suaves que se han posado en mi piel.
Vuelvo a los minutos que se hicieron tan largos antes de ese momento y que se han convertido en algo demasiado breve a partir de entonces, me dan la razón al acusar de antojadizo al tiempo…
Cierro los ojos y vuelvo a cruzarme con esa mirada, con ese gesto serio que se ha transformado en el más dulce y tierno que se pueda imaginar. Ese gesto de enfado que ha cedido su lugar al más compresivo que se ha dado en la historía
A veces me gustaría tener la oportunidad de ceder mi espacio interior para que lo visitaran las personas que quiero, para que observaran lo que mueve mi corazón en cada uno de sus latidos.
Sigue sonando el reloj, sigue pasándome malas pasadas el tiempo al quitármela de vez en cuando, pero ahora lo comprendo, el tambíen necesita su presencia.
Ya vuelvo
Echaba de menos escribir.
Pido perdón por… (como Antonio Orozco), va, en serio, pido perdón por haber estado ausente durante tantos días y es que cuando estás de viaje es difícil encontrar minutos para escribir. Sé que esta es la típica excusa que siempre se utiliza para estos casos y, no me seáis muy críticos al respecto que sé de sobra que muchos de vosotros habéis hecho lo mismo en algún momento.
Como os he dicho, he estado de viaje. He visitado lugares que hacía tiempo no visitaba, he vuelto a sentir cosas que durante años no he sentido y aun ahora, de vuelta a casa, me parece increíble el haber descubierto que la persona que creía haber perdido, sigue dentro de mi.
Supongo que durante ciertos periodos de tu vida, se pierde el norte, se pierde la perspectiva de lo que puedes conseguir, de lo que te mereces, de lo que te pueden ofrecer y te conformas con lo que tienes, con las limitaciones que tú misma o en algunas ocasiones otros te imponen.
Me siento relajada, me siento libre y ante todo, me siento querida y eso para mi, lo es todo.
Ahora, lo que me queda después de viajar, es realizar el resto de viajes que durante meses me han alegrado los días y han conseguido que no me sintiera sola al llegar a casa, los viajes por vuestras letras, esas que también se han convertido en muchas ocasiones en las mías.
Muchos besos.
Pido perdón por… (como Antonio Orozco), va, en serio, pido perdón por haber estado ausente durante tantos días y es que cuando estás de viaje es difícil encontrar minutos para escribir. Sé que esta es la típica excusa que siempre se utiliza para estos casos y, no me seáis muy críticos al respecto que sé de sobra que muchos de vosotros habéis hecho lo mismo en algún momento.
Como os he dicho, he estado de viaje. He visitado lugares que hacía tiempo no visitaba, he vuelto a sentir cosas que durante años no he sentido y aun ahora, de vuelta a casa, me parece increíble el haber descubierto que la persona que creía haber perdido, sigue dentro de mi.
Supongo que durante ciertos periodos de tu vida, se pierde el norte, se pierde la perspectiva de lo que puedes conseguir, de lo que te mereces, de lo que te pueden ofrecer y te conformas con lo que tienes, con las limitaciones que tú misma o en algunas ocasiones otros te imponen.
Me siento relajada, me siento libre y ante todo, me siento querida y eso para mi, lo es todo.
Ahora, lo que me queda después de viajar, es realizar el resto de viajes que durante meses me han alegrado los días y han conseguido que no me sintiera sola al llegar a casa, los viajes por vuestras letras, esas que también se han convertido en muchas ocasiones en las mías.
Muchos besos.