Mala uva
Estoy de mala leche. Mi madre se marcha a las siete de la mañana, y me deja a cargo de la casa, limpiando, mientras ella va al hospital. La verdad es que no me importa. Van tres días. Yo limpiaba de buena gana, pasaba la aspiradora, el polvo, la mopa, los baños, aireaba las habitaciones, hacía las camas. Colgaba la lavadora, metía las cosas al lavavajillas. Bajaba la basura. Limpiaba el fogón. Asimismo, limpiaba caquita de gato y conejo, les daba comida y agua. Frotaba y frotaba el interior de los inodoros. Barría. Volvía a barrer. Acababa muerto matado, claro.
Y entonces, volvía mi madre. Y con su ojo crítico y todo ese mal humor del que siempre anda sobrada, empezaba a sacar fallos. A comentar así, a malas, lo sucísimo que está todo. A negar incluso que yo hubiera limpiado. Y a Gachón le daban ganas de partirle la mopa en la cabeza. Pero no. Mi abuelo (que por cierto, se está recuperando bien) está enfermo, y mi madre está muy estresada entre eso, y el trabajo. Es comprensible su mal humor. Hay que ser comprensivo y amable. Así que el joven Gachón volvía a limpiar la casa, bajo supervisión materna.
Así, durante dos días, el Gachón vago estuvo muerto. Pero al tercer día resucitó.
Esta mañana me he levantado, a las diez. Se había ido la luz. Se supone que tenía que limpiar. Me he tumbado en el sofá y me he estado rascando la barriga. Si total, iba a tener que volver a limpiarla por la tarde.
Y no, no ha ocurrido algo milagroso. Mi madre ha seguido su patrón de conducta habitual, pero quejándose más que nunca. Mopazo, ¡mopazo! No, ¡no! Suelta la mopa, sólo emperarías las cosas. ¡Que la sueltes he dicho! ¡Zasca, zasca! Venga, tú callado como una puta. A tragar y aguantar. ¡Que dejes la mopa, leñe!
Me ha faltado esto para rociarle flis de las moscas en los ojos. Supongo que en realidad no es para que me ponga así, pero es que me resulta muy exhasperante. Además, que demonios, limpiad la casa dos veces al día, dos días, y ya veréis que bien.
Y por fin, ha llegado la tarde y se ha marchado.
Hoy me he cortado el pelo. Me lo corto en una peluquería/salón de belleza que queda en mi mismo edificio, por pura comodidad. Me suele tijeretear la cabeza un homosexual malvado que me da tirones y me clava las uñas. Que bien podría cortárselas, parece que se ha atado cuchillos jamoneros en los dedos. ¿Cortar o quitar volumen? Quitar volumen, ya sabes. Sí. ¡Ay! ¿Qué? Nada. Bueno, ya está. No, quítame esos rizos de la nuca. ¿La melenita esa, los caracoles? Sí. Ah, pensé que querías que te los dejara. Pues no. Bueno, voy. Bien. Ya está, ¿quieres que te eche gomina? ¿¡Gomina!? Aléjate de mi, monstruo. ¿Qué? Nada, que prefiero que no. Como quieras. Bien, ¿cuánto es? Diez euros. Dolor en mi bolsillo. ¿Qué? Nada, que aquí tienes, adiós.
Lo bueno que tiene es que esquilado paso mucho menos calor y estoy mucho más cómodo. Lo malo, que si agredo a mi madre con la mopa, habré perdido mi casco natural de pelo.
Estoy de muy mal humor. Hoy, odio al mundo en general y a mi progenitora en particular como sólo un adolescente puede hacerlo.
Y entonces, volvía mi madre. Y con su ojo crítico y todo ese mal humor del que siempre anda sobrada, empezaba a sacar fallos. A comentar así, a malas, lo sucísimo que está todo. A negar incluso que yo hubiera limpiado. Y a Gachón le daban ganas de partirle la mopa en la cabeza. Pero no. Mi abuelo (que por cierto, se está recuperando bien) está enfermo, y mi madre está muy estresada entre eso, y el trabajo. Es comprensible su mal humor. Hay que ser comprensivo y amable. Así que el joven Gachón volvía a limpiar la casa, bajo supervisión materna.
Así, durante dos días, el Gachón vago estuvo muerto. Pero al tercer día resucitó.
Esta mañana me he levantado, a las diez. Se había ido la luz. Se supone que tenía que limpiar. Me he tumbado en el sofá y me he estado rascando la barriga. Si total, iba a tener que volver a limpiarla por la tarde.
Y no, no ha ocurrido algo milagroso. Mi madre ha seguido su patrón de conducta habitual, pero quejándose más que nunca. Mopazo, ¡mopazo! No, ¡no! Suelta la mopa, sólo emperarías las cosas. ¡Que la sueltes he dicho! ¡Zasca, zasca! Venga, tú callado como una puta. A tragar y aguantar. ¡Que dejes la mopa, leñe!
Me ha faltado esto para rociarle flis de las moscas en los ojos. Supongo que en realidad no es para que me ponga así, pero es que me resulta muy exhasperante. Además, que demonios, limpiad la casa dos veces al día, dos días, y ya veréis que bien.
Y por fin, ha llegado la tarde y se ha marchado.
Hoy me he cortado el pelo. Me lo corto en una peluquería/salón de belleza que queda en mi mismo edificio, por pura comodidad. Me suele tijeretear la cabeza un homosexual malvado que me da tirones y me clava las uñas. Que bien podría cortárselas, parece que se ha atado cuchillos jamoneros en los dedos. ¿Cortar o quitar volumen? Quitar volumen, ya sabes. Sí. ¡Ay! ¿Qué? Nada. Bueno, ya está. No, quítame esos rizos de la nuca. ¿La melenita esa, los caracoles? Sí. Ah, pensé que querías que te los dejara. Pues no. Bueno, voy. Bien. Ya está, ¿quieres que te eche gomina? ¿¡Gomina!? Aléjate de mi, monstruo. ¿Qué? Nada, que prefiero que no. Como quieras. Bien, ¿cuánto es? Diez euros. Dolor en mi bolsillo. ¿Qué? Nada, que aquí tienes, adiós.
Lo bueno que tiene es que esquilado paso mucho menos calor y estoy mucho más cómodo. Lo malo, que si agredo a mi madre con la mopa, habré perdido mi casco natural de pelo.
Estoy de muy mal humor. Hoy, odio al mundo en general y a mi progenitora en particular como sólo un adolescente puede hacerlo.
Dos generaciones más arriba
Anoche, estaba yo feliz, viendo el principio de El club de las pervertidas, en Buzz. Serían las dos de la mañana. Volvieron mis padres con fantásticas noticias. Lo de fantásticas es pura ironía, lo aclaro porque si no lo hago, pensaréis que soy una persona horrible.
A mi abuelo le ha dado un mal. Un trombo en el pulmón, al parecer. Está en urgencias. Esta mañana mi madre se ha marchado pronto con la promesa de llamarme, para ir al hospital, y no va a volver hasta la noche (por la tarde trabaja). Me ha dejado a mi a cargo de la limpieza, como otras tantas tantas tantas taaaaaaaaaaaantas veces. Y yo no me encontraba muy bien. Porque aunque estaba algo nervioso, algo preocupado, sentía que podía estarlo más. Más nervioso, más preocupado y más triste. Y me sentía bastante mal conmigo mismo por ello.
Hace un rato, no podía esperar y he llamado a mi madre. Me ha cogido mi tía, y me ha pasado con mi abuelo. Dos minutos después me he despedido y he colgado. Ha sido liberador, de repente he sentido ganas de echarme a llorar, y se puede decir que no las he reprimido. Ahora me siento mucho mejor. Porque me siento triste. Y ahora estoy preocupado por mi abuelo, y rezo a la patata del amor para que no sea nada grave.
Ahora voy a vestirme y a comprar algo de comer, porque no hemos hecho la compra. Estoy mucho más relajado y me gusta. He hablado con mi abuelo y le he hecho reír. Estoy menos preocupado, después de hablar con él. Porque es un cielo de hombre, pese a que cada vez que abre la boca dan ganas de amordazarlo.
Creo que en eso he salido a él.
A mi abuelo le ha dado un mal. Un trombo en el pulmón, al parecer. Está en urgencias. Esta mañana mi madre se ha marchado pronto con la promesa de llamarme, para ir al hospital, y no va a volver hasta la noche (por la tarde trabaja). Me ha dejado a mi a cargo de la limpieza, como otras tantas tantas tantas taaaaaaaaaaaantas veces. Y yo no me encontraba muy bien. Porque aunque estaba algo nervioso, algo preocupado, sentía que podía estarlo más. Más nervioso, más preocupado y más triste. Y me sentía bastante mal conmigo mismo por ello.
Hace un rato, no podía esperar y he llamado a mi madre. Me ha cogido mi tía, y me ha pasado con mi abuelo. Dos minutos después me he despedido y he colgado. Ha sido liberador, de repente he sentido ganas de echarme a llorar, y se puede decir que no las he reprimido. Ahora me siento mucho mejor. Porque me siento triste. Y ahora estoy preocupado por mi abuelo, y rezo a la patata del amor para que no sea nada grave.
Ahora voy a vestirme y a comprar algo de comer, porque no hemos hecho la compra. Estoy mucho más relajado y me gusta. He hablado con mi abuelo y le he hecho reír. Estoy menos preocupado, después de hablar con él. Porque es un cielo de hombre, pese a que cada vez que abre la boca dan ganas de amordazarlo.
Creo que en eso he salido a él.
¡Voto a bríos, malandrín!
Antes de nada. Cómo lograr que Gachón & cia se quieran ir de una tranquila terraza de un bar, a las once de la noche. Primero, ponemos dos simpáticas camareras colombianas. Añadimos una colombiana más, en una tienda de golosinas cercanas, pero esta en vez de simpática, procuramos que sea revoltosa: que se ponga a gritar e insultar a un hombre anónimo. Dejamos reposar unos minutos, hasta que acaben los insultos. Entonces añadimos a la Gene, lesbiana oficial de mi pueblo, junto con la colombiana y otras tres mujeres, todas en fila india. Removemos hasta que se ponen a bailar la conga de Jalisco. A estas alturas Gachón ya estará flipando en colorines. Seguimos removiendo hasta que se reanuden los gritos y los insultos. Atención todos los cocinitas, la siguiente maniobra es complicada: con sólo nuestro talento culinario debemos lograr una escena tipo far west: las colombianas llamando a sus hijos y cerrando las puertas de los bares con llaves. Si lo hemos hecho bien, la colombiana malvada gritará e insultará más al hombre, que hará lo propio. El último paso es lograr que la Gene tire una bolsa de hielo al suelo mientras insulta a una de las colombianas majas.
Si ha seguido todos los pasos correctamente, Gachón se marchará del bar.
Bien, ahora, a lo que iba.
Ayer fui a Don Bilbao a ver Shrek (o como coño se escriba) III. Hay que ver lo que le gusta a Boeder el ogro este. Yo me reí mucho también, pero no, repito, NO, me parezco a Arturo en cuanto a técnicas de persuasión. Por mucho que Boeder diga lo contrario.
También comimos en el buffé oriental. ¿Alguna vez he comentado lo muchísimo que me encantan los buffés? Pues me chiflan. Así que me supo mal no poder ponerme las botas. En realidad comí sólo para tomarme el ibuprofeno que me acababa de comprar en una farmacia futurista. En una de estas que me levanté, le toqué el culo a Boeder, que no sé qué estaba cogiendo, y más tarde cuando me preguntó me declaré inocente. Se pasó el resto del día dándole vueltas, sin saber quién c*****s le había tocado el culo.
Y por la noche, quinito con Boeder, Osano e Iturri. Debo decir que nunca había jugado al quinito, y que me lo pasé muy bien viendo a Iturri metiéndose seis vasos de golpe entre pecho y espalda. Peeeero. Pero que no estoy nada acostumbrado a beber, y que mientras otros van como flotando, yo me mareo mucho. Tuve que decirle a Boeder que parara de lamerle la oreja o íbamos a tener un problema.
Cuando volví a casa, yo, con dos mierda de cachis en el estómago pero tambaleándome como un tentetieso, me puse a jugar a la aventura gráfica que me compré en Bilbao. Estaba muy mareado, pero tenía ganas de estrenarla. Claro, hacia las cuatro, cuando en el juego provocas que un hombre sea penetrado analmente por un oso polar, decidí que era hora de irme a la cama.
Y qué bien he dormido, joder.
Si ha seguido todos los pasos correctamente, Gachón se marchará del bar.
Bien, ahora, a lo que iba.
Ayer fui a Don Bilbao a ver Shrek (o como coño se escriba) III. Hay que ver lo que le gusta a Boeder el ogro este. Yo me reí mucho también, pero no, repito, NO, me parezco a Arturo en cuanto a técnicas de persuasión. Por mucho que Boeder diga lo contrario.
También comimos en el buffé oriental. ¿Alguna vez he comentado lo muchísimo que me encantan los buffés? Pues me chiflan. Así que me supo mal no poder ponerme las botas. En realidad comí sólo para tomarme el ibuprofeno que me acababa de comprar en una farmacia futurista. En una de estas que me levanté, le toqué el culo a Boeder, que no sé qué estaba cogiendo, y más tarde cuando me preguntó me declaré inocente. Se pasó el resto del día dándole vueltas, sin saber quién c*****s le había tocado el culo.
Y por la noche, quinito con Boeder, Osano e Iturri. Debo decir que nunca había jugado al quinito, y que me lo pasé muy bien viendo a Iturri metiéndose seis vasos de golpe entre pecho y espalda. Peeeero. Pero que no estoy nada acostumbrado a beber, y que mientras otros van como flotando, yo me mareo mucho. Tuve que decirle a Boeder que parara de lamerle la oreja o íbamos a tener un problema.
Cuando volví a casa, yo, con dos mierda de cachis en el estómago pero tambaleándome como un tentetieso, me puse a jugar a la aventura gráfica que me compré en Bilbao. Estaba muy mareado, pero tenía ganas de estrenarla. Claro, hacia las cuatro, cuando en el juego provocas que un hombre sea penetrado analmente por un oso polar, decidí que era hora de irme a la cama.
Y qué bien he dormido, joder.
¿Eh? ¿Eh? ¿EEEEH?
Me siento terriblemente confuso. Esto se debe a que hasta este momento, no había logrado entrar a este mi blog en todo el día, dado que me daba aquello de 404 Not Found.
Pues bien, he descubierto la causa. He ido a la configuración del blog, sin entrar en el mismo, y he descubierto con sorpresa que mi blog se llamaba Mi Mundo Más Allá de Tí, y la dirección ya no era esa que veis arriba, sino http://blogs.chueca.com/mimundomasalla-deti. Total, que he cambiado el nombre, la dirección y la descripción del blog (que si lo comprobáis, veréis que es uno de los más recientemente creados), y ahora esa dirección ya no existe y mi blog vuelve a ser el que era.
Que alguien me explique, por favor, qué cojones ha ocurrido. Porque tengo la sensación de que he destruido el blog de alguien.
Bah, qué importa. Sientiéndolo mucho, que se aguante Silence. Lo siento por él/la, pero yo estaba aquí primero.
Pues bien, he descubierto la causa. He ido a la configuración del blog, sin entrar en el mismo, y he descubierto con sorpresa que mi blog se llamaba Mi Mundo Más Allá de Tí, y la dirección ya no era esa que veis arriba, sino http://blogs.chueca.com/mimundomasalla-deti. Total, que he cambiado el nombre, la dirección y la descripción del blog (que si lo comprobáis, veréis que es uno de los más recientemente creados), y ahora esa dirección ya no existe y mi blog vuelve a ser el que era.
Que alguien me explique, por favor, qué cojones ha ocurrido. Porque tengo la sensación de que he destruido el blog de alguien.
Bah, qué importa. Sientiéndolo mucho, que se aguante Silence. Lo siento por él/la, pero yo estaba aquí primero.
Sáfico final
Finalmente sé que no voy a repetir curso, aunque me vaya con dos asignaturas a septiembre. Explico: el de historia me ha aprobado por la cara (que no sé cómo cojones ha sumado mis notas que a él le daban un cuatro con ocho y a mí un cuatro con cuatro), y el de gimnasia se ha portado, teniendo en cuenta que no he asistido a esa clase con asiduidad, que digamos, y que cuando he ido muchas veces me he quedado sentado rascándome la barriga.
Ahora estoy intentando meterme en la cabeza todo un curso de latín en dos horas. Sé que no voy a conseguirlo, y la certeza de no ir a conseguirlo sólo consigue frustrar mis intentos de lograr analizar oraciones (salvo las de principio de curso), y no digamos de aprenderme la teoría. Y he renunciado a aprobar griego. Supongo que dejo ambas para septiembre. Me queda explicárselo a mi madre, que todavía cree que me están yendo muy bien los estudios.
Y yo que había empezado bachillerato con ilusión... Pero he localizado el problema. No tengo hábito de estudio. Soy incapaz de concentrarme en unos apuntes. Toda mi vida he sacado notas decentes con la gorra, sin estudiar. En tercero, sacaba ochos en biología sin haber tocado un libro ni haber hecho deberes, leyéndome el tema de camino al instituto por la mañana. Nunca me ha costado aprobar, nunca me ha hecho falta estudiar. Y este año me he dado la hostia.
No sé estudiar. Me siento delante de un libro y a los cinco minutos me distraigo. Me pongo a leer a escondidas, a dar vueltas por la habitación, a trastear en el ordenador o simplemente a mirar el vacío, y aunque sé que debo estudiar, soy incapaz. Claro ejemplo de esto que digo es que en este preciso instante, debería estar estudiando. Y tengo que aprender a estudiar. Voy a aprender a estudiar, por mis cojones. Ole, ole y ole. Pero que actualmente, lo que es ahora, es muy frustrante y me siento inútil y desgraciado.
Cambiando de tema, de modo algo radical. Perséfone ha conocido a una chica, de Málaga, hace bien poco. Se gustan mucho, creo, y la verdad es que me asusta verla tan feliz y emocionada conociéndola desde hace sólo unos días. Me asusta que pueda acabar mal, como la vez anterior. Y rezo por que acabe bien, por si alguien me oye. Con muchos años felices de mujer contra mujer y tres churumbeles, un niño llamado Heliodoro y dos niñas llamadas Amagoia y Adriana (o algo así). Y me encanta verla feliz, pero recelo. Porque la anterior también la hacía reír a carcajadas.
Y también me siento muy mal por no poder alegrarme de su feliz feliz feliz estado de ánimo.
Digamos que en este momento tengo una opinión muy mala de mí mismo. Pero pasará.
Ahora estoy intentando meterme en la cabeza todo un curso de latín en dos horas. Sé que no voy a conseguirlo, y la certeza de no ir a conseguirlo sólo consigue frustrar mis intentos de lograr analizar oraciones (salvo las de principio de curso), y no digamos de aprenderme la teoría. Y he renunciado a aprobar griego. Supongo que dejo ambas para septiembre. Me queda explicárselo a mi madre, que todavía cree que me están yendo muy bien los estudios.
Y yo que había empezado bachillerato con ilusión... Pero he localizado el problema. No tengo hábito de estudio. Soy incapaz de concentrarme en unos apuntes. Toda mi vida he sacado notas decentes con la gorra, sin estudiar. En tercero, sacaba ochos en biología sin haber tocado un libro ni haber hecho deberes, leyéndome el tema de camino al instituto por la mañana. Nunca me ha costado aprobar, nunca me ha hecho falta estudiar. Y este año me he dado la hostia.
No sé estudiar. Me siento delante de un libro y a los cinco minutos me distraigo. Me pongo a leer a escondidas, a dar vueltas por la habitación, a trastear en el ordenador o simplemente a mirar el vacío, y aunque sé que debo estudiar, soy incapaz. Claro ejemplo de esto que digo es que en este preciso instante, debería estar estudiando. Y tengo que aprender a estudiar. Voy a aprender a estudiar, por mis cojones. Ole, ole y ole. Pero que actualmente, lo que es ahora, es muy frustrante y me siento inútil y desgraciado.
Cambiando de tema, de modo algo radical. Perséfone ha conocido a una chica, de Málaga, hace bien poco. Se gustan mucho, creo, y la verdad es que me asusta verla tan feliz y emocionada conociéndola desde hace sólo unos días. Me asusta que pueda acabar mal, como la vez anterior. Y rezo por que acabe bien, por si alguien me oye. Con muchos años felices de mujer contra mujer y tres churumbeles, un niño llamado Heliodoro y dos niñas llamadas Amagoia y Adriana (o algo así). Y me encanta verla feliz, pero recelo. Porque la anterior también la hacía reír a carcajadas.
Y también me siento muy mal por no poder alegrarme de su feliz feliz feliz estado de ánimo.
Digamos que en este momento tengo una opinión muy mala de mí mismo. Pero pasará.
Oh, l'amour
Me he enamorado. Ha sido verla y enamorarme.
Ella se llama Miriam, y tiene unos preciosos ojos azules, ocho dientes y va en una sillita. Mañana cumplirá quince meses, y es la hija de mi ya mentada antigua profesora de dibujo. Me las he encontrado delante del supermercado, y sentía que me derretía.
Siento la imperiosa necesidad de fabricar un hijo. ¿Algún útero disponible?
Aunque visto lo visto, no sé si llegaré a su primer día de colegio, porque sufro golpes en la cabeza sistemáticamente. Hoy he abierto la puerta de la despensa, buscando guisantes, y me ha caído encima una dolorosa avalancha de tupperwares.
Y ha dolido. Siempre duele.
Ella se llama Miriam, y tiene unos preciosos ojos azules, ocho dientes y va en una sillita. Mañana cumplirá quince meses, y es la hija de mi ya mentada antigua profesora de dibujo. Me las he encontrado delante del supermercado, y sentía que me derretía.
Siento la imperiosa necesidad de fabricar un hijo. ¿Algún útero disponible?
Aunque visto lo visto, no sé si llegaré a su primer día de colegio, porque sufro golpes en la cabeza sistemáticamente. Hoy he abierto la puerta de la despensa, buscando guisantes, y me ha caído encima una dolorosa avalancha de tupperwares.
Y ha dolido. Siempre duele.
Un lunes como otro cualquiera
Lunes 11 de Junio:
04:20 aprox: Gachón se despierta. Mira a su alrededor. La luz está encendida, la persiana no ha sido bajada, está sobre la cama sin hacer y ha dormido sobre su libro de historia. Gachón cierra los ojos.
04:21 aprox: Gachón abre los ojos repentinamente y se pone a estudiar.
04:25 aprox: Gachón está dormido.
04:53: Gachón se despierta y va al baño a echar una meada. Después, sigue estudiando.
07:11: Gachón se prepara una cafetera.
07:25 aprox: La madre de Gachón se levanta, y y Gachón se pone a contarle el conflicto entre Israel y Palestina.
07:27: El tratado de Balfour...
07:29: La guerra de los Seis Días...
07:35: Se termina el café.
09:10: La madre y hermana de Gachón se marchan, y él se pone a estudiar en el salón.
10:00: Gachón se come una pera.
10:05: La guerra de Corea...
10:10: La guerra de Corea...
10:30: La guerra de Corea...
12:05: Gachón se prepara para ir a hacer el examen.
12:08: Gachón sale al rellano y llama al ascensor.
12:09: Gachón vuelve a entrar en casa porque se da cuenta de que está en pijama.
12:15: Gachón se marcha y a medio camino se da cuenta de que no se ha lavado los dientes. Gachón tiene una halitosis psicológica transitoria de tres pares de narices. (15:06 del día siguiente: Gachón se corrige porque ha escrito "pareces" en vez de "pares").
14:30: Gachón sale de dos horas de examen, sabiendo que el comentario del mapa de la descolonización de Asia le ha salido penoso.
Entre 14:30 y 22:00: Una gran laguna en mi memoria.
De 22:00 en adelante: Tampoco me acuerdo.
04:20 aprox: Gachón se despierta. Mira a su alrededor. La luz está encendida, la persiana no ha sido bajada, está sobre la cama sin hacer y ha dormido sobre su libro de historia. Gachón cierra los ojos.
04:21 aprox: Gachón abre los ojos repentinamente y se pone a estudiar.
04:25 aprox: Gachón está dormido.
04:53: Gachón se despierta y va al baño a echar una meada. Después, sigue estudiando.
07:11: Gachón se prepara una cafetera.
07:25 aprox: La madre de Gachón se levanta, y y Gachón se pone a contarle el conflicto entre Israel y Palestina.
07:27: El tratado de Balfour...
07:29: La guerra de los Seis Días...
07:35: Se termina el café.
09:10: La madre y hermana de Gachón se marchan, y él se pone a estudiar en el salón.
10:00: Gachón se come una pera.
10:05: La guerra de Corea...
10:10: La guerra de Corea...
10:30: La guerra de Corea...
12:05: Gachón se prepara para ir a hacer el examen.
12:08: Gachón sale al rellano y llama al ascensor.
12:09: Gachón vuelve a entrar en casa porque se da cuenta de que está en pijama.
12:15: Gachón se marcha y a medio camino se da cuenta de que no se ha lavado los dientes. Gachón tiene una halitosis psicológica transitoria de tres pares de narices. (15:06 del día siguiente: Gachón se corrige porque ha escrito "pareces" en vez de "pares").
14:30: Gachón sale de dos horas de examen, sabiendo que el comentario del mapa de la descolonización de Asia le ha salido penoso.
Entre 14:30 y 22:00: Una gran laguna en mi memoria.
De 22:00 en adelante: Tampoco me acuerdo.
En diez años
Yo soy idiota. Debería estar estudiando historia. Pero bueno, aprovecho que tengo que comer para alargar un poco el descanso.
El viernes me fui de cena con esta gentezuela, y con Nerva. Es una chica que iba conmigo al colegio de primaria. Fue mi novia de segundo o tercero de primaria, ya no recuerdo. Me acuerdo que la acompañaba a piano y la llevaba los libros. Y me dejaba darle un beso a la semana. Qué cosas, ¿eh? (Debo decir en mi defensa que era por compensar tres años de rompecorazones. En parvulitos tenía nueve novias). También fue el novio de Lilith, y Osano e Iturri no fueron, el uno porque vive en otra ciudad y la otra porque trabajaba.
El caso es que fuimos a una pizzeria de verdad, no tipo telepizza, que me enteré de que era de la tía de Glassy. Yo no sé si me salté la pseudodieta esta que tengo ahora, pero me da igual. Recuerdo que no puedo comer chocolate, embutido ni fritos, así que creo que mi vesícula resistirá. Y si no, seguro que alguien accede a donarme la mitad de su hígado. Preferiblemente sin hepatitis. Allí estábamos, comiendo todos felices y contentos menos Lilith, que no se la puede llevar a ningún sitio porque nunca come nada ("¡Qué asco! ¡Cómo podéis comer eso!" <- refiriéndose a cualquier cosa que no sea arroz blanco, chuletillas insípidas o tortilla de patata), y tomándonos una jarra de sangría.
Debo decir que yo bebo muy muy de vez en cuando, y cuando lo hago, bebo muy poquito. La última vez que bebí, tomé sólo un poco del vaso de una amiga y acabé manteniendo una conversación con mi exnovia que no recuerdo. Ese fue el motivo de que con sólo cos copichuelas en el cuerpo yo estuviera con el puntillo. Así que salí a tomar el aire.
Y en la calle, sentado en un portal, o en la puerta de un banco, o puede que fuera en algún otro momento de la noche, me puse a pensar.
Me he dado cuenta de que ese hambre que tenía se ha desvanecido. De que Boeder ya no me atrae. De que Glassy ya no me atrae. Ni Dony. Es algó así como un estado de iluminación. O que los ravioli al pesto bloquearon mis hormonas. Hombre, no echaría de mi cama a ninguno de ellos, pero he vuelto a ese estado anterior en el que he estado tantos años. Como si se me hubiera pasado la época de celo, vaya.
Y me parece curioso.
También, hablando el sábado con la madre de Boeder mientras me invitaba a lasaña y su hijo nos dejaba a solas en la cocina, me ha dado por pensar en el futuro. Hace un par de años tenía más o menos claro lo que quería en el futuro. Ahora que estoy fracasando en los estudios, y que soy incapaz de centrarme lo suficiente como para que me entre griego ni latín, me doy cuenta de que no tengo ni idea de lo que quiero para mi futuro. Y me da bastante miedo, sobretodo con el profesor de historia metiéndome miedo en el cuerpo al dar deliciosos discursos acerca de los alquileres y las hipotecas, y el empleo. Y ya no sé qué quiero hacer con mi vida, y me estoy viendo viviendo debajo de un puente. O acabar en un trabajo que no me guste. Lo que es bastante posible, teniendo en cuenta que ni siquiera sé qué me gusta. Verme ahogado por facturas, y no pensar en otra cosa. Y a corto plazo, no lograr centrarme y terminar el bachillerato, ni la selectividad. Acabar bajo el techo paterno por los siglos de los siglos amén. Y todo porque ahora soy incapaz de plantarme delante de un libro y aprendérmelo.
Porque necesito un dos y medio sobre cuatro en el examen de historia de mañana, y aprobar griego y latin. Y rezar para que me aprueben gimnasia habiendo entregado el trabajo de planificación deportiva una semana tarde. Y un montón de cosas.
Soy un incompetente en los estudios porque no puedo imponerme y dejar de rascarme las pelotas, y tengo miedo de que me cueste mi futuro.
El viernes me fui de cena con esta gentezuela, y con Nerva. Es una chica que iba conmigo al colegio de primaria. Fue mi novia de segundo o tercero de primaria, ya no recuerdo. Me acuerdo que la acompañaba a piano y la llevaba los libros. Y me dejaba darle un beso a la semana. Qué cosas, ¿eh? (Debo decir en mi defensa que era por compensar tres años de rompecorazones. En parvulitos tenía nueve novias). También fue el novio de Lilith, y Osano e Iturri no fueron, el uno porque vive en otra ciudad y la otra porque trabajaba.
El caso es que fuimos a una pizzeria de verdad, no tipo telepizza, que me enteré de que era de la tía de Glassy. Yo no sé si me salté la pseudodieta esta que tengo ahora, pero me da igual. Recuerdo que no puedo comer chocolate, embutido ni fritos, así que creo que mi vesícula resistirá. Y si no, seguro que alguien accede a donarme la mitad de su hígado. Preferiblemente sin hepatitis. Allí estábamos, comiendo todos felices y contentos menos Lilith, que no se la puede llevar a ningún sitio porque nunca come nada ("¡Qué asco! ¡Cómo podéis comer eso!" <- refiriéndose a cualquier cosa que no sea arroz blanco, chuletillas insípidas o tortilla de patata), y tomándonos una jarra de sangría.
Debo decir que yo bebo muy muy de vez en cuando, y cuando lo hago, bebo muy poquito. La última vez que bebí, tomé sólo un poco del vaso de una amiga y acabé manteniendo una conversación con mi exnovia que no recuerdo. Ese fue el motivo de que con sólo cos copichuelas en el cuerpo yo estuviera con el puntillo. Así que salí a tomar el aire.
Y en la calle, sentado en un portal, o en la puerta de un banco, o puede que fuera en algún otro momento de la noche, me puse a pensar.
Me he dado cuenta de que ese hambre que tenía se ha desvanecido. De que Boeder ya no me atrae. De que Glassy ya no me atrae. Ni Dony. Es algó así como un estado de iluminación. O que los ravioli al pesto bloquearon mis hormonas. Hombre, no echaría de mi cama a ninguno de ellos, pero he vuelto a ese estado anterior en el que he estado tantos años. Como si se me hubiera pasado la época de celo, vaya.
Y me parece curioso.
También, hablando el sábado con la madre de Boeder mientras me invitaba a lasaña y su hijo nos dejaba a solas en la cocina, me ha dado por pensar en el futuro. Hace un par de años tenía más o menos claro lo que quería en el futuro. Ahora que estoy fracasando en los estudios, y que soy incapaz de centrarme lo suficiente como para que me entre griego ni latín, me doy cuenta de que no tengo ni idea de lo que quiero para mi futuro. Y me da bastante miedo, sobretodo con el profesor de historia metiéndome miedo en el cuerpo al dar deliciosos discursos acerca de los alquileres y las hipotecas, y el empleo. Y ya no sé qué quiero hacer con mi vida, y me estoy viendo viviendo debajo de un puente. O acabar en un trabajo que no me guste. Lo que es bastante posible, teniendo en cuenta que ni siquiera sé qué me gusta. Verme ahogado por facturas, y no pensar en otra cosa. Y a corto plazo, no lograr centrarme y terminar el bachillerato, ni la selectividad. Acabar bajo el techo paterno por los siglos de los siglos amén. Y todo porque ahora soy incapaz de plantarme delante de un libro y aprendérmelo.
Porque necesito un dos y medio sobre cuatro en el examen de historia de mañana, y aprobar griego y latin. Y rezar para que me aprueben gimnasia habiendo entregado el trabajo de planificación deportiva una semana tarde. Y un montón de cosas.
Soy un incompetente en los estudios porque no puedo imponerme y dejar de rascarme las pelotas, y tengo miedo de que me cueste mi futuro.
Relajado estrés
Este fin de semana, yo estaba convencidísimo de que el martes tenía examen de filosofía. Así que yo iba feliz el lunes a clase, al son de System of a Down, sin preocupación alguna. Imagínense ustedes mi cara cuando entro en clase y me encuentro a la gente haciendo el examen de filosofía. Al borde del ictus, vamos.
Menos mal que mi profesora es la persona más maja del mundo y digna de una religión propia y, viendo que más gente (concretamente las que me habían dicho que era el martes, Perséfone y Glassy, que ya no me fío un pelo de ellas) pensaba que era otro día, accedió a hacérnoslo al día siguiente. Fue como volver a nacer de puro alivio.
Por cierto, ya he hecho el examen y lo he aprobado.
Ojalá pudiera hacer más de lo mismo en las demás asignaturas, porque aunque el de La vida es sueño + Sintaxsis lo llevo bien, griego y latín los llevo que para qué decir nada. En Psicología sólo tengo que sacar un uno para aprobar. Historia ya es otro cantar: o notaza o para septiembre.
Iba a ser una entrada más larga, pero tengo que ir a Bilbao a mirarme lo de la espalda. Ya la editaré a la noche.
Editado: Os alegrará saber que no tengo un tumor. El médico naturista extraño al que he ido me ha dicho que es que tengo dos vértebras inflamadas, y es porque tengo la vesícula biliar inflamada . Esto significa que nada de fritos una temporada, un masaje al mes y una bazofia de infusión que sabe a rayos. Pero al menos no ve voy a morir. De momento.
Menos mal que mi profesora es la persona más maja del mundo y digna de una religión propia y, viendo que más gente (concretamente las que me habían dicho que era el martes, Perséfone y Glassy, que ya no me fío un pelo de ellas) pensaba que era otro día, accedió a hacérnoslo al día siguiente. Fue como volver a nacer de puro alivio.
Por cierto, ya he hecho el examen y lo he aprobado.
Ojalá pudiera hacer más de lo mismo en las demás asignaturas, porque aunque el de La vida es sueño + Sintaxsis lo llevo bien, griego y latín los llevo que para qué decir nada. En Psicología sólo tengo que sacar un uno para aprobar. Historia ya es otro cantar: o notaza o para septiembre.
Iba a ser una entrada más larga, pero tengo que ir a Bilbao a mirarme lo de la espalda. Ya la editaré a la noche.
Editado: Os alegrará saber que no tengo un tumor. El médico naturista extraño al que he ido me ha dicho que es que tengo dos vértebras inflamadas, y es porque tengo la vesícula biliar inflamada . Esto significa que nada de fritos una temporada, un masaje al mes y una bazofia de infusión que sabe a rayos. Pero al menos no ve voy a morir. De momento.
Este fin de semana...
... he estado solo en casa.
...he llevado el pijama 48 horas seguidas.
... he dormido hasta las dos y media de la tarde.
... no he comido en condiciones.
... no he hecho la cama.
... he perseguido a mi gata durante una hora y media.
... he visto el Jorobado de Notre Dame.
... he sido hipnotizado por Esmeralda.
... he comido chocolate de los labios de Dony.
... he recibido palizas sistemáticas en el tenis de la Wii de mi padre.
... he golpeado a Boeder, y le he hecho una serie de llaves de lucha libre que no sabía que supiera hacer.
... no he estudiado. Pero nada.
... he hablado solo un montón.
... he perdido y encontrado mi teléfono móvil dos veces.
... he metido mano a Boeder para evitar (sin éxito) que me ganara al tenis en la Wii.
... no he limpiado nada.
... he jugado a las cartas.
... he cantado mentalmente la musiquilla de Batman durante horas.
Y fin.
...he llevado el pijama 48 horas seguidas.
... he dormido hasta las dos y media de la tarde.
... no he comido en condiciones.
... no he hecho la cama.
... he perseguido a mi gata durante una hora y media.
... he visto el Jorobado de Notre Dame.
... he sido hipnotizado por Esmeralda.
... he comido chocolate de los labios de Dony.
... he recibido palizas sistemáticas en el tenis de la Wii de mi padre.
... he golpeado a Boeder, y le he hecho una serie de llaves de lucha libre que no sabía que supiera hacer.
... no he estudiado. Pero nada.
... he hablado solo un montón.
... he perdido y encontrado mi teléfono móvil dos veces.
... he metido mano a Boeder para evitar (sin éxito) que me ganara al tenis en la Wii.
... no he limpiado nada.
... he jugado a las cartas.
... he cantado mentalmente la musiquilla de Batman durante horas.
Y fin.