Sáfico final
Finalmente sé que no voy a repetir curso, aunque me vaya con dos asignaturas a septiembre. Explico: el de historia me ha aprobado por la cara (que no sé cómo cojones ha sumado mis notas que a él le daban un cuatro con ocho y a mí un cuatro con cuatro), y el de gimnasia se ha portado, teniendo en cuenta que no he asistido a esa clase con asiduidad, que digamos, y que cuando he ido muchas veces me he quedado sentado rascándome la barriga.
Ahora estoy intentando meterme en la cabeza todo un curso de latín en dos horas. Sé que no voy a conseguirlo, y la certeza de no ir a conseguirlo sólo consigue frustrar mis intentos de lograr analizar oraciones (salvo las de principio de curso), y no digamos de aprenderme la teoría. Y he renunciado a aprobar griego. Supongo que dejo ambas para septiembre. Me queda explicárselo a mi madre, que todavía cree que me están yendo muy bien los estudios.
Y yo que había empezado bachillerato con ilusión... Pero he localizado el problema. No tengo hábito de estudio. Soy incapaz de concentrarme en unos apuntes. Toda mi vida he sacado notas decentes con la gorra, sin estudiar. En tercero, sacaba ochos en biología sin haber tocado un libro ni haber hecho deberes, leyéndome el tema de camino al instituto por la mañana. Nunca me ha costado aprobar, nunca me ha hecho falta estudiar. Y este año me he dado la hostia.
No sé estudiar. Me siento delante de un libro y a los cinco minutos me distraigo. Me pongo a leer a escondidas, a dar vueltas por la habitación, a trastear en el ordenador o simplemente a mirar el vacío, y aunque sé que debo estudiar, soy incapaz. Claro ejemplo de esto que digo es que en este preciso instante, debería estar estudiando. Y tengo que aprender a estudiar. Voy a aprender a estudiar, por mis cojones. Ole, ole y ole. Pero que actualmente, lo que es ahora, es muy frustrante y me siento inútil y desgraciado.
Cambiando de tema, de modo algo radical. Perséfone ha conocido a una chica, de Málaga, hace bien poco. Se gustan mucho, creo, y la verdad es que me asusta verla tan feliz y emocionada conociéndola desde hace sólo unos días. Me asusta que pueda acabar mal, como la vez anterior. Y rezo por que acabe bien, por si alguien me oye. Con muchos años felices de mujer contra mujer y tres churumbeles, un niño llamado Heliodoro y dos niñas llamadas Amagoia y Adriana (o algo así). Y me encanta verla feliz, pero recelo. Porque la anterior también la hacía reír a carcajadas.
Y también me siento muy mal por no poder alegrarme de su feliz feliz feliz estado de ánimo.
Digamos que en este momento tengo una opinión muy mala de mí mismo. Pero pasará.
Ahora estoy intentando meterme en la cabeza todo un curso de latín en dos horas. Sé que no voy a conseguirlo, y la certeza de no ir a conseguirlo sólo consigue frustrar mis intentos de lograr analizar oraciones (salvo las de principio de curso), y no digamos de aprenderme la teoría. Y he renunciado a aprobar griego. Supongo que dejo ambas para septiembre. Me queda explicárselo a mi madre, que todavía cree que me están yendo muy bien los estudios.
Y yo que había empezado bachillerato con ilusión... Pero he localizado el problema. No tengo hábito de estudio. Soy incapaz de concentrarme en unos apuntes. Toda mi vida he sacado notas decentes con la gorra, sin estudiar. En tercero, sacaba ochos en biología sin haber tocado un libro ni haber hecho deberes, leyéndome el tema de camino al instituto por la mañana. Nunca me ha costado aprobar, nunca me ha hecho falta estudiar. Y este año me he dado la hostia.
No sé estudiar. Me siento delante de un libro y a los cinco minutos me distraigo. Me pongo a leer a escondidas, a dar vueltas por la habitación, a trastear en el ordenador o simplemente a mirar el vacío, y aunque sé que debo estudiar, soy incapaz. Claro ejemplo de esto que digo es que en este preciso instante, debería estar estudiando. Y tengo que aprender a estudiar. Voy a aprender a estudiar, por mis cojones. Ole, ole y ole. Pero que actualmente, lo que es ahora, es muy frustrante y me siento inútil y desgraciado.
Cambiando de tema, de modo algo radical. Perséfone ha conocido a una chica, de Málaga, hace bien poco. Se gustan mucho, creo, y la verdad es que me asusta verla tan feliz y emocionada conociéndola desde hace sólo unos días. Me asusta que pueda acabar mal, como la vez anterior. Y rezo por que acabe bien, por si alguien me oye. Con muchos años felices de mujer contra mujer y tres churumbeles, un niño llamado Heliodoro y dos niñas llamadas Amagoia y Adriana (o algo así). Y me encanta verla feliz, pero recelo. Porque la anterior también la hacía reír a carcajadas.
Y también me siento muy mal por no poder alegrarme de su feliz feliz feliz estado de ánimo.
Digamos que en este momento tengo una opinión muy mala de mí mismo. Pero pasará.
Comentario:
Yo antes era de esos, escuchando en clase y leyéndomelo por encima aprovaba sin el menor esfuerzo, pero las cosas cambian u__u
Y respecto a lo último es comprensible, es mucho más facil alegrarse de las personales que de las ajenas, ley de vida.
Y respecto a lo último es comprensible, es mucho más facil alegrarse de las personales que de las ajenas, ley de vida.