La férrea incertidumbre
Si es que donde no hay mata... no hay patata
Acerca de
Joven e inexperto, sediento de experiencia vital. Y de zumo. Mi vida es una petardada hilarante entremezclada con algunos indeseables momentos de bajón. Y un montón de gente viviendo una telenovela a mi alrededor. Sigo queriendo zumo. Para el que quiera preguntarme qué se siente cuando un avestruz te roba el bocadillo: delpanteonalacuna@gmail.com
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Me gustan los patos
Oh, uhm. Vaya. Sí, vaya. Está esto un poco abandonado. Bueno, es que estoy en el pueblo con mis abuelos. Allí no tengo internet. Vale, estoy a diez minutos en bus de casa, y bajo dos veces por semana para ir a clase de griego y latín. Pero es que las ganas son escasas, y la pereza poderosa.

Pero aquí estoy. Ha venido mi "prima" de Roma, y Glassy está en el pueblo también. Nos falta otra amiga, que desaparece todos los años. La echamos de menos porque necesitamos cuatro para jugar al cuadrado con las cartas. Mis días allí se reducen a dormir, ver la tele hasta las tantas y jugar a las cartas. La verdad es que no hago otra cosa. Pero me lo paso muy bien, y es muy agradable estar allí. Aunque no me llevo muy bien con los del pueblo. Son bastante imbéciles, la mayoría. Pero bueno, ya lo decían los romanos: stultorum infinitus est numerus. Y el otro día estuve jugando con un niño majísimo, que creo que es familia lejana mía. Se llama Alberto, tiene seis años, y le gusta Pressing Catch. Menuda llave que me hizo el cabroncete. Pero es un amor. Eso sí, huele un poco raro.

Anoche me desperté yo a las tres de la madrugada o así, en mi cutrecama-sillón, y vi un enorme monstruoso saltamontes. Impasible, me levanté y fui a la cocina a por un vaso de leche. Luego quise volver, lo vi encima de mi cama, apagué la luz y fui al salón a ver la tele. No me dan miedo los insectos, y he convivido con bichitos varios, pero es que ese bicho era bestialmente grande. Como un gato. Bueno, vale, igual no tanto. La cosa es que no quise volver a la cama, y cuando tuve sueño, manta, cojín y al sofá. Es patético: me torea un puto saltamontes.

De vez en cuando vuelvo a casa como un perruco, con ganas de charlar con Sísifo. Ese hombre me tiene enamorado. En un plano no emocional, claro. Dejémoslo en admiración, un poco menos ciega que antes. Además me inspira mucha ternura. Y me saca los colores con facilidad.

También vengo a particular y hago frases en griego y latín. El que escribió mis ejercicios de griego, es para coronarle por su sabiduría. La oración "Esa mujer es hermosa, pero no todas las mujeres son hermosas" hace ver la enorme capacidad del sujeto para decir obviedades. O a lo mejor es que he analizado la frase mal, que es posible. Probable, incluso.

El resto del tiempo paseo por el pueblo y me harto de jugar a la brisca y al chinchón. Estoy de hacer menosdieces hasta la coronilla. No, miento. Estoy de que LOS DEMÁS hagan menosdieces hasta la coronilla.

Ah, y el otro día estuve hablando con un tomate. Pero luego Carmen lo mató.

Esta noche he vuelto porque mañana por la mañana emprendo un viaje hasta Zaragoza, donde está Dony pasando el mes antes de ir a Jaén, y donde me encontraré con ella, Boeder y Lilith, que llegan después de mí. Voy a pasar un calor increíble y acabaré durmiendo en el suelo de la cocina. Como si lo viera. Pero lo estoy deseando.

Y puede que hasta encuentre un nuevo tomate con el que charlar. Uno que no termine siendo brutalmente asesinado contra un muro de piedra.
 
Comentario:
Los patos son amor. A mí hace años me llamaban Ducky, es una historia muy muy larga...

No están del todo mal tus vacaciones, ¿no?
Mantenos informados si el saltamontes te sigue acosando.

Un beso!
No