Bar Mitzva
Mientras el verano termina de morirse, van pasando cosas. Dony está instalada en Jaén, más feliz que el pipas pero con una conexión más bien inestable (no te jode, se la gorronea a los vecinos). Boeder sale por ahí con ultras y se cae de vallas de tres metros, y busca amigos ya que toda la movida con su ex le ha costado todos los que tenía allí. Iturri finalmente no se va a Granada, pero igualmente deja el hogar familiar, huyendo de una madre cuasiloca, para irse a vivir con su novio.
Perséfone viaja al sur unos días (otra vez) para encontrarse con su chica (otra vez). Se lo ha contado a su madre, y las cosas le van bien. Glassy sigue como siempre (aunque el otro día tuve un sueño en el que ella se me tiraba al cuello y yo le decía que naranjas de la China). Osano también sigue igual. Sospecho que aún está enchochado de Perséfone.
Y yo intento dar un paso adelante. Planeo para Noviembre una escapada a un lugar más cálido que este. Sólo cuatro noches, pero cuatro noches importantes. Ni siquiera estoy seguro de que al final consiga hacer el viaje, pero es importante por dos motivos.
Uno. Tengo una madre castradora. Mis viajes, o la incluyen, o no son viajes, sino escapadas a sitios donde va a haber alguien que me cuide y que ella conozca, y si además puede tenerme controlado, tanto mejor. Cuando voy a cualquier sitio, es siempre bajo sus condiciones, y siempre en términos que a ella le vienen bien. No puede evitarlo, porque la mujer está acostumbrada a que las cosas se hagan a su manera, y le gusta tenernos a todos atados en corto. Este es un viaje que elijo yo, organizo yo y durante el cual soy el único responsable de lo que me ocurra. Me está costando convencerla (una vez la convencí de ir se puso a buscarme alojamiento en casa de gente que ella conoce. Maniática del control, lo que yo decía), pero es algo que necesito hacer. Se lo describí a Sísifo como un rito de adultez, y más o menos es cierto. Yéndome cuatro días en un viaje que yo organizo (aunque lo de pagarlo yo no lo encuentro indispensable, fíjate tú), reafirmo mi inestable independencia.
Dos. No voy a una ciudad desconocida a dejarme los cuartos porque sí. Voy a conocer a un amigo, que por esas fechas viaja hasta allí desde su isla. Este chico, llamémosle D, es alguien a quien conozco desde hace tiempo. Tiene un largo historial de conquistas, y el coqueteo (y lo que no es el coqueteo) es su modo de vida. Me llena de promesas indecentes, aunque sospecho que se le va toda la fuerza por la boca, o que está bromeando. Este viaje genera tonelada y media de miedos e inseguridades. Una parte de ellos provienen del punto uno, y el resto, de éste, el punto dos. Dos puntos en total. El caso es que entre que con D nunca se sabe, y yo tengo tengo entre todas mis partes una de inapetente y al menos tres de inseguro, el viaje y la posibilidad de encontrarme frente a él me provoca reacciones adversas.
Por un lado, estaría bien pasar un buen rato con alguien que me cae bien. Esto es un lado.
En la otra esquina del ring, la tribu de los Brady. Temo, entre otras cosas, que:
- No haya química (y yo SUSPENDÍA química, en tercero)
- No salga como se esperaba (como se esperaba -> bien)
- Simplemente que ocurra
- No estar a la altura de las circunstancias
- Hacerme caca encima o similar
Lo más probable es que le esté dando demasiadas vueltas y que sólo esté haciendo el mongo, porque el chico es muy propenso a bromear en cosas como esta. Y se refocila con todo el que puede, así que tampoco es cuestión de creerse sus cumplidos.
Y respecto a los aspectos más mundanos de mi vida... mi tele vuelve a funcionar, posiblemente contraiga la gripe y el otro día detuvieron a un hombre acusado de pedofilia (al parecer iba presumiendo por los bares de ciertas fotos de su ordenador), pero le soltaron. Ahora ya no quiero que mi hermana vaya sola al colegio.
El otro día celebre el cumpleaños de Sísifo desde mi casa, mientras el lo celebraba en la suya. Yo comí tarta de cumpleaños, y él también. Los dos celebrábamos lo mismo, pero en mi caso había algo más: celebraba la existencia de la tarta Sacher, la mayor de las delicias.
Perséfone viaja al sur unos días (otra vez) para encontrarse con su chica (otra vez). Se lo ha contado a su madre, y las cosas le van bien. Glassy sigue como siempre (aunque el otro día tuve un sueño en el que ella se me tiraba al cuello y yo le decía que naranjas de la China). Osano también sigue igual. Sospecho que aún está enchochado de Perséfone.
Y yo intento dar un paso adelante. Planeo para Noviembre una escapada a un lugar más cálido que este. Sólo cuatro noches, pero cuatro noches importantes. Ni siquiera estoy seguro de que al final consiga hacer el viaje, pero es importante por dos motivos.
Uno. Tengo una madre castradora. Mis viajes, o la incluyen, o no son viajes, sino escapadas a sitios donde va a haber alguien que me cuide y que ella conozca, y si además puede tenerme controlado, tanto mejor. Cuando voy a cualquier sitio, es siempre bajo sus condiciones, y siempre en términos que a ella le vienen bien. No puede evitarlo, porque la mujer está acostumbrada a que las cosas se hagan a su manera, y le gusta tenernos a todos atados en corto. Este es un viaje que elijo yo, organizo yo y durante el cual soy el único responsable de lo que me ocurra. Me está costando convencerla (una vez la convencí de ir se puso a buscarme alojamiento en casa de gente que ella conoce. Maniática del control, lo que yo decía), pero es algo que necesito hacer. Se lo describí a Sísifo como un rito de adultez, y más o menos es cierto. Yéndome cuatro días en un viaje que yo organizo (aunque lo de pagarlo yo no lo encuentro indispensable, fíjate tú), reafirmo mi inestable independencia.
Dos. No voy a una ciudad desconocida a dejarme los cuartos porque sí. Voy a conocer a un amigo, que por esas fechas viaja hasta allí desde su isla. Este chico, llamémosle D, es alguien a quien conozco desde hace tiempo. Tiene un largo historial de conquistas, y el coqueteo (y lo que no es el coqueteo) es su modo de vida. Me llena de promesas indecentes, aunque sospecho que se le va toda la fuerza por la boca, o que está bromeando. Este viaje genera tonelada y media de miedos e inseguridades. Una parte de ellos provienen del punto uno, y el resto, de éste, el punto dos. Dos puntos en total. El caso es que entre que con D nunca se sabe, y yo tengo tengo entre todas mis partes una de inapetente y al menos tres de inseguro, el viaje y la posibilidad de encontrarme frente a él me provoca reacciones adversas.
Por un lado, estaría bien pasar un buen rato con alguien que me cae bien. Esto es un lado.
En la otra esquina del ring, la tribu de los Brady. Temo, entre otras cosas, que:
- No haya química (y yo SUSPENDÍA química, en tercero)
- No salga como se esperaba (como se esperaba -> bien)
- Simplemente que ocurra
- No estar a la altura de las circunstancias
- Hacerme caca encima o similar
Lo más probable es que le esté dando demasiadas vueltas y que sólo esté haciendo el mongo, porque el chico es muy propenso a bromear en cosas como esta. Y se refocila con todo el que puede, así que tampoco es cuestión de creerse sus cumplidos.
Y respecto a los aspectos más mundanos de mi vida... mi tele vuelve a funcionar, posiblemente contraiga la gripe y el otro día detuvieron a un hombre acusado de pedofilia (al parecer iba presumiendo por los bares de ciertas fotos de su ordenador), pero le soltaron. Ahora ya no quiero que mi hermana vaya sola al colegio.
El otro día celebre el cumpleaños de Sísifo desde mi casa, mientras el lo celebraba en la suya. Yo comí tarta de cumpleaños, y él también. Los dos celebrábamos lo mismo, pero en mi caso había algo más: celebraba la existencia de la tarta Sacher, la mayor de las delicias.