Bachillerato-ato-ato
Este año, me gusta mi clase, porque este año somos pocos, y como que nos lo tomamos (se lo toman, más bien) más en serio. Igual es por que ahora que estoy en bachillerato, ha desaparecido misteriosamente gran parte de toda esa gente que iba a módulos de grado medio. Gran parte.
Hay unas chicas con las que me río mucho, porque están como malditas cabras. Están Glassy y Perséfone, y también Dony en psicología y latín. Eso sí, apenas hay chicos. En mi clase, de dieciocho o diecinueve somos seis chicos, creo. Y en humanidades puras soy el único.
Además, está ÉL. El carabesugo, al que llamaremos Carabesugo, por si se da el improbable caso de que vuelva a ser mencionado en posteriores publicaciones de este mi blog. Es un chico alto, con una expresión vacía y unos ojos aparentemente desprovistos de toda inteligencia. No tiene conversación, ni personalidad. Y es un repelente. Llevo yendo a clase con él unos años, y no sé si fue en segundo o en tercero acabamos, por avatares del destino, sentados juntos en lengua. Pues un día cualquiera, de repente me chistó y tiró de la goma de su pantalón de chándal, ofreciéndome una visión de sus genitales que por mí se podía haber ahorrado. Yo le miré levantando las cejas y pensando "Tío, ¿cómo se puede ser tan tremendamente imbécil?". Lo curioso es que ese mismo día volvió a exhibir orgullosamente su asta frente a mí... en pleno patio. Reforzando mi opinión acerca de él. Ahora se sienta en el fondo de la clase haciendo cosas raras con la lengua mientras contempla en infinito.
Por lo demás, mis clases consisten en atender ocasionalmente y jugar mucho al ahorcado.
A mí me gustaría prestar más atención en clase, pero es superior a mí. Y eso que siempre quise ir por letras. Pero desde tercero, cuando redescubrí las ciencias naturales en forma de biología, tengo una espinita clavada. Me encanta la biología, sobretodo la anatomía, que dí con más detalle en cuarto. Los problemas de genética se convirtieron en un gran pasatiempo, y las células, los tejidos, los órganos y los aparatos lograban que sacara ochos sin estudiar más de una hora. Uno de cada dos lunes iba al laboratorio a buscar pequeños bichillos vivientes en la piel de una cebolla, siendo el portaobjetos mi espada, la caja de Petri mi escudo y el microscopio mi regio corcel. No hablaré de aquella camiseta que me estropeó el tinte azul ese de cuyo nombre me he olvidado por completo. Azul de nosequé. O nosequé de azul. O algo así. De azul iba la cosa.
Por eso últimamente me he estado planteando cambiarme de bachillerato, pero no a Ciencias Sociales, no no no no no (como diría Patito), sino a Ciencias de la Salud. Pero es un cambio muy radical, y además tendría que recuperar Biología, Matemáticas y Física y Química de primero, porque me quedarían suspensas. Y eso sin contar con que en segundo tendría que lidiar con las matemáticas y la química, mis dos grandes enemigas. Además, no estaría en clase con mis amigos. Argh.
Estoy pensando en dejar de ver series de médicos. Así quizá decrezca mi interés por las ciencias.
P.D.: He puesto etiquetas de esas. No sé para qué sirven, pero yo las pongo. Y yastá.
Hay unas chicas con las que me río mucho, porque están como malditas cabras. Están Glassy y Perséfone, y también Dony en psicología y latín. Eso sí, apenas hay chicos. En mi clase, de dieciocho o diecinueve somos seis chicos, creo. Y en humanidades puras soy el único.
Además, está ÉL. El carabesugo, al que llamaremos Carabesugo, por si se da el improbable caso de que vuelva a ser mencionado en posteriores publicaciones de este mi blog. Es un chico alto, con una expresión vacía y unos ojos aparentemente desprovistos de toda inteligencia. No tiene conversación, ni personalidad. Y es un repelente. Llevo yendo a clase con él unos años, y no sé si fue en segundo o en tercero acabamos, por avatares del destino, sentados juntos en lengua. Pues un día cualquiera, de repente me chistó y tiró de la goma de su pantalón de chándal, ofreciéndome una visión de sus genitales que por mí se podía haber ahorrado. Yo le miré levantando las cejas y pensando "Tío, ¿cómo se puede ser tan tremendamente imbécil?". Lo curioso es que ese mismo día volvió a exhibir orgullosamente su asta frente a mí... en pleno patio. Reforzando mi opinión acerca de él. Ahora se sienta en el fondo de la clase haciendo cosas raras con la lengua mientras contempla en infinito.
Por lo demás, mis clases consisten en atender ocasionalmente y jugar mucho al ahorcado.
A mí me gustaría prestar más atención en clase, pero es superior a mí. Y eso que siempre quise ir por letras. Pero desde tercero, cuando redescubrí las ciencias naturales en forma de biología, tengo una espinita clavada. Me encanta la biología, sobretodo la anatomía, que dí con más detalle en cuarto. Los problemas de genética se convirtieron en un gran pasatiempo, y las células, los tejidos, los órganos y los aparatos lograban que sacara ochos sin estudiar más de una hora. Uno de cada dos lunes iba al laboratorio a buscar pequeños bichillos vivientes en la piel de una cebolla, siendo el portaobjetos mi espada, la caja de Petri mi escudo y el microscopio mi regio corcel. No hablaré de aquella camiseta que me estropeó el tinte azul ese de cuyo nombre me he olvidado por completo. Azul de nosequé. O nosequé de azul. O algo así. De azul iba la cosa.
Por eso últimamente me he estado planteando cambiarme de bachillerato, pero no a Ciencias Sociales, no no no no no (como diría Patito), sino a Ciencias de la Salud. Pero es un cambio muy radical, y además tendría que recuperar Biología, Matemáticas y Física y Química de primero, porque me quedarían suspensas. Y eso sin contar con que en segundo tendría que lidiar con las matemáticas y la química, mis dos grandes enemigas. Además, no estaría en clase con mis amigos. Argh.
Estoy pensando en dejar de ver series de médicos. Así quizá decrezca mi interés por las ciencias.
P.D.: He puesto etiquetas de esas. No sé para qué sirven, pero yo las pongo. Y yastá.
Comentario:
Antes que nada hagas lo que hagas ni se te ocurra cambiarte de bachillerato, hay gente que lo ha hecho este año (en mi curso) y las han pasado canutas.
Yo desde 4º de ESO estoy en letras, fue curioso y divertido, mientras todo el curso estaba estudiando logaritmos y funciones, los de letras (que eramos solo 13) hacíamos ecuaciones de primer grado (aunque así ha pasado ahora, recuperando todo el curso en mayo), luego ya me hice el bachilletato de cc sociales y gestión de empresas y no es tan complicado, en fin, te seguiré leyendo.
Yo desde 4º de ESO estoy en letras, fue curioso y divertido, mientras todo el curso estaba estudiando logaritmos y funciones, los de letras (que eramos solo 13) hacíamos ecuaciones de primer grado (aunque así ha pasado ahora, recuperando todo el curso en mayo), luego ya me hice el bachilletato de cc sociales y gestión de empresas y no es tan complicado, en fin, te seguiré leyendo.