Fábula de un viajero rezagado.
Hay un viajero sentado en el andén de una estación, ya no es un niño. Ve pasar todos los trenes casi sin recordar ya la última vez que se subió a uno, quizá piense que ya no habrá lugar para él en ningún tren, que todos los trenes que tenían que pasar han pasado y que ha dejando marchar todos, llegará a pensar incluso que no hay trenes, que es mentira, que la gente en realidad no viaja, que lo que cuentan son viajes de ciencia ficción.
Puede ocurrir incluso que llegue a pensar que lleva mucho tiempo en el andén equivocado, claro que también piensa que el otro andén es más pequeño, más incomodo, no está del todo bien visto, y además allí no acaba de verse.
El resultado es que termina en la cafetería. Si, de acuerdo, no pasan trenes, pero no se está mal, está resguardado de las inclemencias del tiempo, puede tomar algo incluso hay algunos entretenimientos que ayudan a pasar el rato. Algunos días al ver por las ventanas como la gente sube y baja de sus trenes siente envidia, pero bueno, al fin y al cabo son días.
Afortunadamente, a veces, ocurren casualidades, un día se asoma un poco mas al andén nunca visitado, solo asomarse, y resulta que hay gente, y se puede hablar con esa gente, y los pasajeros que van y vienen cuentan sus historias, y el eternamente rezagado de la cafetería, cuenta la suya, y a base de hablar, por fin un día el rezagado decide poner un pie en el andén desconocido y luego el otro. Aunque sea sólo de visita no se está tan mal, puede que mereciera la pena intentarlo.
Y en esto está nuestro eterno rezagado, no puede, no sabe, o no quiere subirse al primer tren que pase, no quiere tampoco subirse a la carrera para tirarse enseguida en marcha sólo por experimentar la sensación de velocidad.
Por fin un día aparece un tren al que de verdad le gustaría subirse, pero tiene miedo, teme no estar a la altura, aunque de dentro le hacen señas que suba. Aun no lo ha hecho, apenas ha puesto el pie en la escalerilla, de cerca el tren le gusta incluso más, tampoco sabe exactamente donde podrá llevarle. Pero sólo con eso, el rezagado está feliz.
Puede ocurrir incluso que llegue a pensar que lleva mucho tiempo en el andén equivocado, claro que también piensa que el otro andén es más pequeño, más incomodo, no está del todo bien visto, y además allí no acaba de verse.
El resultado es que termina en la cafetería. Si, de acuerdo, no pasan trenes, pero no se está mal, está resguardado de las inclemencias del tiempo, puede tomar algo incluso hay algunos entretenimientos que ayudan a pasar el rato. Algunos días al ver por las ventanas como la gente sube y baja de sus trenes siente envidia, pero bueno, al fin y al cabo son días.
Afortunadamente, a veces, ocurren casualidades, un día se asoma un poco mas al andén nunca visitado, solo asomarse, y resulta que hay gente, y se puede hablar con esa gente, y los pasajeros que van y vienen cuentan sus historias, y el eternamente rezagado de la cafetería, cuenta la suya, y a base de hablar, por fin un día el rezagado decide poner un pie en el andén desconocido y luego el otro. Aunque sea sólo de visita no se está tan mal, puede que mereciera la pena intentarlo.
Y en esto está nuestro eterno rezagado, no puede, no sabe, o no quiere subirse al primer tren que pase, no quiere tampoco subirse a la carrera para tirarse enseguida en marcha sólo por experimentar la sensación de velocidad.
Por fin un día aparece un tren al que de verdad le gustaría subirse, pero tiene miedo, teme no estar a la altura, aunque de dentro le hacen señas que suba. Aun no lo ha hecho, apenas ha puesto el pie en la escalerilla, de cerca el tren le gusta incluso más, tampoco sabe exactamente donde podrá llevarle. Pero sólo con eso, el rezagado está feliz.
Comentario:
Un probervio árabe dice que quien no vuela, no sube a contemplar las nubes desde las alturas.
Trenes hay que van y vienen. Y algunos que sólo hacen un único recorrido. Si yo fuera tú, ahora mismo me diría: ¡Atrápalo!
Abrazos!
Trenes hay que van y vienen. Y algunos que sólo hacen un único recorrido. Si yo fuera tú, ahora mismo me diría: ¡Atrápalo!
Abrazos!
Comentario:
A ver si ahora se oye entera.
Comentario:
No te olvides de los expresos, que a pesar de su nombre paraban en mil y un sitios. como el “Sudexpreso” de Lisboa o del “Rias Baixas” con encantador aunque sorprendente acento galaico.
Martim Codax
Ai ondas que eu vin veer,
se me saberedes dizer
por que tarda meu amigo
sen mí?
Ai ondas que eu vin mirar,
se me saberedes contar
por que tarda meu amigo
sen mí?
Martim Codax
Ai ondas que eu vin veer,
se me saberedes dizer
por que tarda meu amigo
sen mí?
Ai ondas que eu vin mirar,
se me saberedes contar
por que tarda meu amigo
sen mí?
Comentario:
Hay gente que tiene suerte y coge el AVE que le lleva directo y a gran velocidad pero no disfruta del paisaje, otros tienen que coger regionales, más lentos e incómodos pero interesantes; otros cogen el FEVE, lento, tortuoso, incómodo... pero el viaje se disfruta de otra manera. Hay quien se baja en la siguiente estación, quien se tira en marcha, quien coge billete de ida y vuelta, quien no quiere bajarse y estaría dando vueltas siempre...
Lo importante es subir, porque para viajar en este tipo de trenes, no hace falta billete.
Un abrazo.
Lo importante es subir, porque para viajar en este tipo de trenes, no hace falta billete.
Un abrazo.
Comentario:
Hay un chiste en el que el profesor pregunta que parte del cuerpo humano es capaz de alcanzar no se cuantas veces su tamaño. Una de las alumnas contesta: EL PENE, a lo que el profesor continúa dando la respuesta correcta. No señorita, es la pupila, pero felicite a su novio de mi parte. Pues eso: que felicite al maquinista de mi parte. Abrazos.