Las cabezas no están buenas
Son las 2 de la mañana, me siento al teclado intentando hacer el menor ruido posible. Este año hace demasiado calor, un calor fuera de lo normal, el aire no corre y la humedad de la costa me sume en un cansancio casi crónico. Llevo un rato dándole vueltas a una idea: “Este no va ser el último traslado de este año” y tanta inestabilidad me va a precipitar en brote psicótico de un momento a otro. Pienso en hacerme un porro, desde hace una semana tengo un pedrolo por obra y gracia de mi jefe, jeje, como en los viejos tiempo Goi, un porro y la madrugada por delante...lo que pasa es que los porros ya no me sientan igual, a la tercera calada me entra un empane que pa que, me quedo un rato mirando el fondo blanco sobre el que intento escribir y me quedo así hasta que me doy cuenta de que llevo mirando nada demasiado tiempo, dispersa perdía. Antes me fumaba un porro y me ponía a escribir como una bala, escribiendo gilipolleces e idas de olla variadas, pero ahora...no se, no se que me quedo quieta con las ideas comprimidas y el resto de la mente ausente. Que pena con lo bien que me sentaban antes, eso va a ser como la caida de los pechos, irremediable. Oigo los ronquidos de la peña de la casa y como está tan oscuro mi imaginación me está torturando con imágenes de una niña con cara de susto que me aparece por el pasillo y se me acelera el corazón, ya ves la tontería, me entra algo así como miedo, ese miedo absurdo que nos inoculamos nosotros mismos con imágenes de pelis o de historias que os han contado.
Si ya lo decía mi abuela Las cabezas no están buenas
Si ya lo decía mi abuela Las cabezas no están buenas
Seismo
Hija mía no des que hablar fue lo que me dijo mi madre después de la primera conversación que tuvimos sobre el hecho evidente de que estaba saliendo con una mujer, María (llamémosla así) siempre fue demasiado dramática y excéntrica, acostumbrada a fumar porros y a intercambiarse el consolador con su madre, su actitud, más que cariñosa durante la semana que pasó aquel agosto en casa de mis padres, delató lo que llevada mucho tiempo siendo obvio. Creo que a ellos les preocupó más el hecho que estuviera viviendo con una persona así, que que fuera una chica.
Evidentemente estaba totalmente pillada, y ella era una princesita egoísta, salvaje y caprichosa disfrazada de alternativa pseudointelectual.
En estas circunstancias una semana más tarde ya sin María en casa fue como se produjo mi salida del armario. Una tarde mi madre cogió dos cervezas y me llevo al lugar más apartado de la casa, encendió un cigarro y me preguntó directamente si estaba con María. Entonces se produjo la temida conversación que me rondaba por la cabeza durante años con una naturalidad inesperada.
Durante esa semana de agosto de vacaciones en mi pueblo apareció S. si, esa compañera de piso de la que llevo varios post hablando
S fue al mismo colegio que yo, nos hemos emborrachado en los mismos lugares y pertenecía al círculo de amistades de mi hermana. S Llevaba 7 años viviendo en la misma ciudad que yo, una vez coincidimos en el tren, pero nunca nos pusimos en contacto. Durante aquel verano, S fue varias tardes a mi casa, acababa de salir de una quimio y mi hermana es quiromasajista. María se iba del piso definitivamente, aunque las cosas estuvieran mal, la opción de María era no hablar del tema y aun no estaba fijado el cuándo. No recuerdo si durante esa semana hicimos algún día el amor. No recuerdo casi ninguna de las noches que pasamos juntas.
Y surgió la conversación.
-Todavía sigues viviendo allí?-. Dijo S – Ah pues yo tengo un piso y me quedo sola.-
No me apetecía mudarme y la idea de vivir sola cada vez me resultaba más necesaria. – Pero tenéis habitaciones?- S dejó caer la posibilidad de venir a mi casa a vivir, pero yo no entré al trapo. Una semana más tarde, ya en casa, S llamó para pedirme un hueco donde vivir, sus compañeras se habían ido y la casera les subía el alquiler, ella no podía hacerse cargo de todo y tampoco quería esperar a que le cobraran el alquiler de septiembre, me pedía una especie de salida de emergencia, yo tenía sitio de sobra en casa, ya fuese para quedarse o para tener un sitio y mientras buscar piso. Al día siguiente ya estaba en mi casa. Al principio me molestaba un poco la idea de que ella fuera de mi mismo pueblo, pero al fin y al cabo S era una persona que directamente te daba buen rollo, con una risa contagiosa y con una pluma que por más que intentase recoger se le iba desparramando a cada paso que daba, pero nunca, nunca imaginé que pasaría lo que está pasando en estos momentos.
Después de cambiarnos de piso he tenido que volverme a ir...dios! ya llevo tres mudanzas...y eso desetabiliza a cualquiera. S tenía problemas con la empresa, nunca cobraba a tiempo hasta que llegó un momento en que ni cobraba, viviendo de mi maltrecho sueldo, eso si a todo lujo y pasando dos quimioterapias que al final han resultado ser una más de todas sus mentiras, así va, de casa en casa mintiendo y dando pena para que la otra persona le pague el alquiler, llena de embargos y con un juicio perdido por desahucio. No si tengo mala suerte o un imán en el culo para los problemas. Yo me digo Goi, Goi...relajasión!!! pero me enervo, me enervo, me ha dejado la cuenta corriente vacía y llena de deudas, y lo peor (o no) es lo que se divierte aireando mi vida sexual por el pueblo, que digo yo ¿por qué coño no habla de la suya?
Hija mía no des que hablar...
Evidentemente estaba totalmente pillada, y ella era una princesita egoísta, salvaje y caprichosa disfrazada de alternativa pseudointelectual.
En estas circunstancias una semana más tarde ya sin María en casa fue como se produjo mi salida del armario. Una tarde mi madre cogió dos cervezas y me llevo al lugar más apartado de la casa, encendió un cigarro y me preguntó directamente si estaba con María. Entonces se produjo la temida conversación que me rondaba por la cabeza durante años con una naturalidad inesperada.
Durante esa semana de agosto de vacaciones en mi pueblo apareció S. si, esa compañera de piso de la que llevo varios post hablando
S fue al mismo colegio que yo, nos hemos emborrachado en los mismos lugares y pertenecía al círculo de amistades de mi hermana. S Llevaba 7 años viviendo en la misma ciudad que yo, una vez coincidimos en el tren, pero nunca nos pusimos en contacto. Durante aquel verano, S fue varias tardes a mi casa, acababa de salir de una quimio y mi hermana es quiromasajista. María se iba del piso definitivamente, aunque las cosas estuvieran mal, la opción de María era no hablar del tema y aun no estaba fijado el cuándo. No recuerdo si durante esa semana hicimos algún día el amor. No recuerdo casi ninguna de las noches que pasamos juntas.
Y surgió la conversación.
-Todavía sigues viviendo allí?-. Dijo S – Ah pues yo tengo un piso y me quedo sola.-
No me apetecía mudarme y la idea de vivir sola cada vez me resultaba más necesaria. – Pero tenéis habitaciones?- S dejó caer la posibilidad de venir a mi casa a vivir, pero yo no entré al trapo. Una semana más tarde, ya en casa, S llamó para pedirme un hueco donde vivir, sus compañeras se habían ido y la casera les subía el alquiler, ella no podía hacerse cargo de todo y tampoco quería esperar a que le cobraran el alquiler de septiembre, me pedía una especie de salida de emergencia, yo tenía sitio de sobra en casa, ya fuese para quedarse o para tener un sitio y mientras buscar piso. Al día siguiente ya estaba en mi casa. Al principio me molestaba un poco la idea de que ella fuera de mi mismo pueblo, pero al fin y al cabo S era una persona que directamente te daba buen rollo, con una risa contagiosa y con una pluma que por más que intentase recoger se le iba desparramando a cada paso que daba, pero nunca, nunca imaginé que pasaría lo que está pasando en estos momentos.
Después de cambiarnos de piso he tenido que volverme a ir...dios! ya llevo tres mudanzas...y eso desetabiliza a cualquiera. S tenía problemas con la empresa, nunca cobraba a tiempo hasta que llegó un momento en que ni cobraba, viviendo de mi maltrecho sueldo, eso si a todo lujo y pasando dos quimioterapias que al final han resultado ser una más de todas sus mentiras, así va, de casa en casa mintiendo y dando pena para que la otra persona le pague el alquiler, llena de embargos y con un juicio perdido por desahucio. No si tengo mala suerte o un imán en el culo para los problemas. Yo me digo Goi, Goi...relajasión!!! pero me enervo, me enervo, me ha dejado la cuenta corriente vacía y llena de deudas, y lo peor (o no) es lo que se divierte aireando mi vida sexual por el pueblo, que digo yo ¿por qué coño no habla de la suya?
Hija mía no des que hablar...