transmitir y recibir
Recuerdo vívamente el día en que el jefe de estudios del conservatorio me llamó a su despacho. Hasta ese día mi vida allí había sido bastante feliz, pero él me abrió los ojos a la realidad: vivía engañado.
Mi visión:
Aparte de las clases instrumentales tenía canto coral, donde ensayábamos sobretodo pequeñas piezas renacentistas a varias voces, cámara, donde una compañera al piano y yo luchábamos por desentrañar un tango de Piazzola mientras nos reíamos a carcajadas con cada equivocación, piano complementario donde estudiábamos las bases de la armonía para hacer nuestras propias composiciones...
La explicación:
Me explicó lo que yo ya sabía, que trabajaba mucho, que me esforzaba... pero que no tenía dotes musicales. "Has llegado al tope. Es imposible que mejores tu técnica. Debes pensar también en tus compañeros".
Y es que la realidad era:
En clases de cámara mi compañera sufría porque yo me equivocaba bastante, se reía conmigo pero luego echaba pestes porque su nota dependía en buena medida de lo bien que lo hiciésemos en conjunto. En canto coral estaban hasta el gorro de mí. Cantaba demasiado alto (de volumen) y desafinaba si cantaba solo. En piano complementario sudaban para conseguir que usase apropiadamente la mano izquierda...
En aquel mismo momento me di de baja.
Meses más tarde, en el concierto de fin de curso (os aconsejo vivamente ir a los conciertos de fin de curso del conservatorio, una forma gratuita de escuchar buena música en directo), me senté en la grada al lado de mi profesora de instrumental mientras mis excompañeros tocaban como los ángeles. Casi ni nos miramos. Ella estaba un poco avergonzada y seguramente pensaba que yo estaba cabreado o triste. Sin embargo no era así. En cierto modo estaba aliviado. Cogí aire, me relajé, disfruté del concierto, y pensé que no hay gente que nazca únicamente para transmitir y gente para recibir, si no que todos, absolutamente todos tenemos momentos en que hay que echarle huevos y colocarse en el escenario e interpretar, y otras sentarse en platea y mirar.
Esto me ha venido a la mente porque he estado reorganizando mis links en el blog y me he sentido triste porque veo que hay gente que comenzó sus blogs a la vez que el mío y no ha seguido escribiendo. Gente que tendría mucho que contar y se ha dado por vencida. Esta web está llena de blogs huérfanos, de un sólo post. Es desolador. Me entristece también que gente que me hace disfrutar piense que se agotan sus ideas, sus vivencias, que ya lo ha contado todo... y sin embargo yo no lo vea así, ¡hay tantos como yo deseando fervientemente sentarse en platea y leer lo que tienen que contar!. Por mi parte, y al mismo tiempo que triste, me siento halagadísimo y muy contento de saber, no sólo que hay gente que lee esto, si no de ver que la hay incluso que comenta también su parecer. Y eso corrobora mi idea de que todos tenemos muchos momentos y algo que transmitir y algo que aprender. De todos y de todo.
Mi visión:
Aparte de las clases instrumentales tenía canto coral, donde ensayábamos sobretodo pequeñas piezas renacentistas a varias voces, cámara, donde una compañera al piano y yo luchábamos por desentrañar un tango de Piazzola mientras nos reíamos a carcajadas con cada equivocación, piano complementario donde estudiábamos las bases de la armonía para hacer nuestras propias composiciones...
La explicación:
Me explicó lo que yo ya sabía, que trabajaba mucho, que me esforzaba... pero que no tenía dotes musicales. "Has llegado al tope. Es imposible que mejores tu técnica. Debes pensar también en tus compañeros".
Y es que la realidad era:
En clases de cámara mi compañera sufría porque yo me equivocaba bastante, se reía conmigo pero luego echaba pestes porque su nota dependía en buena medida de lo bien que lo hiciésemos en conjunto. En canto coral estaban hasta el gorro de mí. Cantaba demasiado alto (de volumen) y desafinaba si cantaba solo. En piano complementario sudaban para conseguir que usase apropiadamente la mano izquierda...
En aquel mismo momento me di de baja.
Meses más tarde, en el concierto de fin de curso (os aconsejo vivamente ir a los conciertos de fin de curso del conservatorio, una forma gratuita de escuchar buena música en directo), me senté en la grada al lado de mi profesora de instrumental mientras mis excompañeros tocaban como los ángeles. Casi ni nos miramos. Ella estaba un poco avergonzada y seguramente pensaba que yo estaba cabreado o triste. Sin embargo no era así. En cierto modo estaba aliviado. Cogí aire, me relajé, disfruté del concierto, y pensé que no hay gente que nazca únicamente para transmitir y gente para recibir, si no que todos, absolutamente todos tenemos momentos en que hay que echarle huevos y colocarse en el escenario e interpretar, y otras sentarse en platea y mirar.
Esto me ha venido a la mente porque he estado reorganizando mis links en el blog y me he sentido triste porque veo que hay gente que comenzó sus blogs a la vez que el mío y no ha seguido escribiendo. Gente que tendría mucho que contar y se ha dado por vencida. Esta web está llena de blogs huérfanos, de un sólo post. Es desolador. Me entristece también que gente que me hace disfrutar piense que se agotan sus ideas, sus vivencias, que ya lo ha contado todo... y sin embargo yo no lo vea así, ¡hay tantos como yo deseando fervientemente sentarse en platea y leer lo que tienen que contar!. Por mi parte, y al mismo tiempo que triste, me siento halagadísimo y muy contento de saber, no sólo que hay gente que lee esto, si no de ver que la hay incluso que comenta también su parecer. Y eso corrobora mi idea de que todos tenemos muchos momentos y algo que transmitir y algo que aprender. De todos y de todo.
mi primer amor
Se llamaba Miguel y éramos compañeros de habitación en la Universidad. Yo tenía 19 años.
Una noche él estaba enfermo (gripe) y me acosté a su lado (éramos muy amigos) y luego de hablar un rato le di un beso en la mejilla. Dejé la cara apoyada en la almohada, al lado de la suya; entonces el se giró y me plantó un beso en la boca. El resto ya os lo podeis imaginar.
Duró tres años en los que vivimos un amor oculto en nuestra habitación de dos camas, demasiado basado en el sexo pero bonito en cualquier caso. Allí jugamos a creernos bisexuales, él, un hetero confundido y yo, un gay cobarde.
Siempre tuve claro que él era heterosexual. Es de esas cosas que se notan (cuando ya has tenido más experiencias) por el modo de tocarte, de besarte, de hablar... Creo que él no estaba realmente enamorado si no que sufría una mezcla de admiración y fascinación (yo era sólo un año mayor pero llevaba mucha más 'vida' a mis espaldas y tenía una personalidad más fuerte que la suya)
Al final, la vida nos distanció (más bien nos dejamos distanciar). Él tenía que vivir sus propias experiencias y descubrir quien era, y yo estaba harto de contentarme con migajas mientras a mi alrededor todo el mundo hundía el hocico en el merengue.
Mirando hacia atrás pienso que quizás perdí el momento de mi despertar en una habitación compartida donde pasé tres años somnoliento; ¿Qué podría haber sucedido si después de la primera noche con él hubiese salido al mundo en lugar de constreñirlo a una cama de 90cm en una cutre pensión estudiantil?
Nunca lo sabré... y como escribió Pessoa:
Si en cierta altura
Hubiese girado para la izquierda en vez de para la derecha;
Si en cierto momento
Hubiese dicho sí en vez de no, o no en vez de sí;
Si en cierta conversación
Hubiese tenido las frases que sólo ahora, en la somnolencia elaboro,
Si todo eso hubiese sido así,
Sería otro hoy, y tal vez el universo el universo entero
Sería insensiblemente llevado a ser otro también.
Pero no giré para el lado irreparablemente perdido,
No giré ni pensé en girar, y sólo ahora lo percibo;
Pero no dije no o no dije sí, y sólo ahora veo lo que no dije;
Pero las frases que faltaron decir en ese momento me surgen todas,
Claras, inevitables, naturales,
La conversación cerrada concluyentemente
La materia toda resuelta
Pero sólo ahora lo que nunca fue, ni será para atrás,
me duele.
P.D. Por el precio de un sólo post, os regalo mi prototipo de chico ideal. Para vosotros los Brad Pitts, modelos de pasarela, cuerpos perfectos... todos para vosotros... pero dejadme un tipo así para mí: con ese atractivo, con esa boca, con esos ojos, con esa boca, con esa pinta, con esa boca, con ese talento, con esa boca.... ¡Pero como me pone Pahud! No sé si lo tendría todo el día tocando... o tocándome :)
Una noche él estaba enfermo (gripe) y me acosté a su lado (éramos muy amigos) y luego de hablar un rato le di un beso en la mejilla. Dejé la cara apoyada en la almohada, al lado de la suya; entonces el se giró y me plantó un beso en la boca. El resto ya os lo podeis imaginar.
Duró tres años en los que vivimos un amor oculto en nuestra habitación de dos camas, demasiado basado en el sexo pero bonito en cualquier caso. Allí jugamos a creernos bisexuales, él, un hetero confundido y yo, un gay cobarde.
Siempre tuve claro que él era heterosexual. Es de esas cosas que se notan (cuando ya has tenido más experiencias) por el modo de tocarte, de besarte, de hablar... Creo que él no estaba realmente enamorado si no que sufría una mezcla de admiración y fascinación (yo era sólo un año mayor pero llevaba mucha más 'vida' a mis espaldas y tenía una personalidad más fuerte que la suya)
Al final, la vida nos distanció (más bien nos dejamos distanciar). Él tenía que vivir sus propias experiencias y descubrir quien era, y yo estaba harto de contentarme con migajas mientras a mi alrededor todo el mundo hundía el hocico en el merengue.
Mirando hacia atrás pienso que quizás perdí el momento de mi despertar en una habitación compartida donde pasé tres años somnoliento; ¿Qué podría haber sucedido si después de la primera noche con él hubiese salido al mundo en lugar de constreñirlo a una cama de 90cm en una cutre pensión estudiantil?
Nunca lo sabré... y como escribió Pessoa:
Si en cierta altura
Hubiese girado para la izquierda en vez de para la derecha;
Si en cierto momento
Hubiese dicho sí en vez de no, o no en vez de sí;
Si en cierta conversación
Hubiese tenido las frases que sólo ahora, en la somnolencia elaboro,
Si todo eso hubiese sido así,
Sería otro hoy, y tal vez el universo el universo entero
Sería insensiblemente llevado a ser otro también.
Pero no giré para el lado irreparablemente perdido,
No giré ni pensé en girar, y sólo ahora lo percibo;
Pero no dije no o no dije sí, y sólo ahora veo lo que no dije;
Pero las frases que faltaron decir en ese momento me surgen todas,
Claras, inevitables, naturales,
La conversación cerrada concluyentemente
La materia toda resuelta
Pero sólo ahora lo que nunca fue, ni será para atrás,
me duele.
P.D. Por el precio de un sólo post, os regalo mi prototipo de chico ideal. Para vosotros los Brad Pitts, modelos de pasarela, cuerpos perfectos... todos para vosotros... pero dejadme un tipo así para mí: con ese atractivo, con esa boca, con esos ojos, con esa boca, con esa pinta, con esa boca, con ese talento, con esa boca.... ¡Pero como me pone Pahud! No sé si lo tendría todo el día tocando... o tocándome :)
mal rollo
Cafetería en Fuencarral. Sábado. 16:30.
Dos bollos entran cargados con bolsas de las rebajas, se sientan y piden café.
(Bollo1) - Me rallas tío, no sé por qué tenemos que ir hoy a casa de Loli. Me dan asco tus amigas.
(Bollo2) - ..... (cabizbajo)
(Bollo1) - Eres gilipollas
(Bollo2) - ¿Cuál es tu problema?
(Bollo1) - Tú eres mi problema
El camarero trae los cafés
(Bollo1 mirándose la muñeca donde lleva una muñequera de cuero marrón) - Está guapísima esta pulsera...
Me quedé mirando los ojos tristes de aquel chico. Él levantó la vista y miró hacia mi. ¿Cómo hacerle comprender la ironía de que siendo él el problema de uno, seguramente sería la solución a los problemas de otros muchos?
Dos bollos entran cargados con bolsas de las rebajas, se sientan y piden café.
(Bollo1) - Me rallas tío, no sé por qué tenemos que ir hoy a casa de Loli. Me dan asco tus amigas.
(Bollo2) - ..... (cabizbajo)
(Bollo1) - Eres gilipollas
(Bollo2) - ¿Cuál es tu problema?
(Bollo1) - Tú eres mi problema
El camarero trae los cafés
(Bollo1 mirándose la muñeca donde lleva una muñequera de cuero marrón) - Está guapísima esta pulsera...
Me quedé mirando los ojos tristes de aquel chico. Él levantó la vista y miró hacia mi. ¿Cómo hacerle comprender la ironía de que siendo él el problema de uno, seguramente sería la solución a los problemas de otros muchos?
el gimnasio
De toda la fauna que puebla mi gimnasio (que es mucha y muy variada, ya os contaré) el animal más increíble es el cachasperoquebuenoquestoy (fauna autóctona donde las haya). Se caracteriza porque deambula entre serie y serie por todo el recinto fichando al personal (un gym es lo más parecido a una playa nudista, está mal visto mirar a los demás pero todo el mundo nos tenemos más que escaneados los unos a los otros), dando consejos, levantándose la camiseta para rascarse el ombligo delante de cada espejo y de paso mirarse los abdominales, etc.
Cada vez que hablo con uno, la conversación (más bien su monólogo es más surrealista):
- Que estás haciendo… ¿Superseries?
- No…- digo yo tímidamente- es que no consigo levantar más peso.
- Tienes que cambiar el press inclinado por las mancuernas porque seguro te tira del cuadriceps en lugar de trabajar aquí (y se toca la parte superior del pecho con la palma extendida)
Y aquí se abren varias opciones:
a) Mirar con cara de idiota y/o confesar que no tienes ni pajolera idea de lo que te ha dicho.
b) Asentir con una frase de afirmación totalmente neutra, que no aporta información, pero que parezca que controlas el tema:
- Sí, es que con las mancuernas trabajas mejor, tiran más y llegas a sitios que con el press ni de coña.
Y la has cagado, ya no te libras de él.
c) Confesarle tu vida:
- Yo verás, antes estaba más fibrado y eso, cuando tenía veintitantos, pero llega un momento en que la japuta de la gravedad hace su curro (que no sólo afecta a las manzanas) y ahora, la verdad, intento mantener lo que tengo, porque si hiciese como tú, donde tú ganas 100g de músculo, yo gano unas agujetas que tendría que colocar los artículos de primera necesidad en los estantes inferiores de las alacenas de la cocina para poder cogerlos sin estirar los brazos.
Ni que decir tiene que escojo la opción a)
Todo esto viene porque tenía una inquietud (ya os contaré las otras, que para eso el blog se llama así) ¿Qué sentirá uno creyéndose tan maravilloso físicamente? ¿Notarás una oleada de confianza como las oleadas de adrenalina en un parque de atracciones? ¿Qué sentirá uno acercándose a un espejo, levantando disimuladamente la camiseta y mirandose los abdominales como hacen los supercachas? Y entonces, no pude evitarlo, tenía que experimentar lo que se siente, y siiiiiiiiiii,¡ lo hice! Dios, cada vez que lo pienso ¡se me ponen los pelos como escarpias!
Me acerqué a una columna con espejo, así como quien no quiere la cosa. Puse pose chulesca (culo a un lado y pierna doblada al lado opuesto) con aire despistado colé la mano por debajo de la camiseta… hacia arriba… más…. más arriba todavía mientras me miraba el ombligo y tiraba con disimulo de la camiseta fingiendo naturalidad. Deslicé la mano más arriba todavía ………… y me rasqué una teta.
Ahhhhhhhhhhhhhhhhhhh que sensación más indescriptible……. Siiiiiiiiiiiiiiiiiiiii
¿Pero es que hay algo mejor que rascarse cuando te pica?
Cada vez que hablo con uno, la conversación (más bien su monólogo es más surrealista):
- Que estás haciendo… ¿Superseries?
- No…- digo yo tímidamente- es que no consigo levantar más peso.
- Tienes que cambiar el press inclinado por las mancuernas porque seguro te tira del cuadriceps en lugar de trabajar aquí (y se toca la parte superior del pecho con la palma extendida)
Y aquí se abren varias opciones:
a) Mirar con cara de idiota y/o confesar que no tienes ni pajolera idea de lo que te ha dicho.
b) Asentir con una frase de afirmación totalmente neutra, que no aporta información, pero que parezca que controlas el tema:
- Sí, es que con las mancuernas trabajas mejor, tiran más y llegas a sitios que con el press ni de coña.
Y la has cagado, ya no te libras de él.
c) Confesarle tu vida:
- Yo verás, antes estaba más fibrado y eso, cuando tenía veintitantos, pero llega un momento en que la japuta de la gravedad hace su curro (que no sólo afecta a las manzanas) y ahora, la verdad, intento mantener lo que tengo, porque si hiciese como tú, donde tú ganas 100g de músculo, yo gano unas agujetas que tendría que colocar los artículos de primera necesidad en los estantes inferiores de las alacenas de la cocina para poder cogerlos sin estirar los brazos.
Ni que decir tiene que escojo la opción a)
Todo esto viene porque tenía una inquietud (ya os contaré las otras, que para eso el blog se llama así) ¿Qué sentirá uno creyéndose tan maravilloso físicamente? ¿Notarás una oleada de confianza como las oleadas de adrenalina en un parque de atracciones? ¿Qué sentirá uno acercándose a un espejo, levantando disimuladamente la camiseta y mirandose los abdominales como hacen los supercachas? Y entonces, no pude evitarlo, tenía que experimentar lo que se siente, y siiiiiiiiiii,¡ lo hice! Dios, cada vez que lo pienso ¡se me ponen los pelos como escarpias!
Me acerqué a una columna con espejo, así como quien no quiere la cosa. Puse pose chulesca (culo a un lado y pierna doblada al lado opuesto) con aire despistado colé la mano por debajo de la camiseta… hacia arriba… más…. más arriba todavía mientras me miraba el ombligo y tiraba con disimulo de la camiseta fingiendo naturalidad. Deslicé la mano más arriba todavía ………… y me rasqué una teta.
Ahhhhhhhhhhhhhhhhhhh que sensación más indescriptible……. Siiiiiiiiiiiiiiiiiiiii
¿Pero es que hay algo mejor que rascarse cuando te pica?
amor en el trabajo
Durante meses he estado enamorado de un compañero de trabajo, bueno, más bien colgado por él. Fue muy bonito porque así me imagino que debe enamorarse la gente heterosexual (que hay más y todo el mundo supone a priori que eres hetero) sin tener que acudir a chats, contactos, ambientes....
Siempre me pareció ideal enamorarse de alguien así: lo conoces, te cae bien, pasa el tiempo y poco a poco te das cuenta de que se está convirtiendo para tí en algo más (habida cuenta que el flirteo también tiene lo suyo)
En mi caso, el muchacho en cuestión es bastante feo, tampoco es muy simpático… pero a mi me gustaba. Al principio iba por su despacho con indiferencia, luego, poco a poco fui hablando con él más y más, hasta que me di cuenta de que estaba cómodo con él y que adelantaba curro para ir a su lado. Su nariz torcida, la veía yo interesante y los dientes no muy perfectos hacían que me fijase en su sonrisa. Me di cuenta de que estaba enamorado de él una noche que pensé que nunca encontraría a nadie mejor, que era mi única oportunidad. ¡Cómo nos atonta el amor!. Y es que hoy todavía no sé si realmente estaba enamorado de él o de la posibilidad de estar con él.
Así que comencé a insinuarle muy sutilmente la sospecha que yo pudiese ser gay: comentarios sobre lo bien que le queda tal camiseta, que si el sábado pasado salí por tal pub de Chueca con unos amigos... cosas poco comprometedoras pero… si entiendes, entiendes.
Él entonces comenzó a hacer lo mismo pero al revés (que mira la secretaria tal que buena está, que fíjate este sábado salí con unos amigos y vi una rubia imponente…)
Cuando llegas a este punto, tienes tres opciones: cortar por lo sano (se nota mucho y pierdes un posible amigo/compañero y en el curro hay que tener cuidado), decírselo (peor, lo pierdes seguro y no ganas nada, es hetero, no es que esté confundido ni se haga el estrecho) Yo tomo el camino del medio: lentamente y con constancia vuelvo a dejar las cosas como estaban, en estado de equilibrio: reduzco poco a poco las alusiones a lo gay y las reemplazo con conversaciones generalistas (que si el Madrid ahora sí que da juego, no como con Capello, que mira Zapatero que se le ocurre, que si tal película, que si tal libro/disco), y sobre todo… poner a parir a los compañeros de trabajo, que para eso es deporte nacional, sano, estrecha relaciones y en seguida se olvida todo lo demás.
Ahora cuando le veo, todavía creo que es guapo, todavía tiene la mirada fresca cuando me sonríe, pero para mí es como mirar una foto. Tierna, bonita pero borrosa.
Siempre me pareció ideal enamorarse de alguien así: lo conoces, te cae bien, pasa el tiempo y poco a poco te das cuenta de que se está convirtiendo para tí en algo más (habida cuenta que el flirteo también tiene lo suyo)
En mi caso, el muchacho en cuestión es bastante feo, tampoco es muy simpático… pero a mi me gustaba. Al principio iba por su despacho con indiferencia, luego, poco a poco fui hablando con él más y más, hasta que me di cuenta de que estaba cómodo con él y que adelantaba curro para ir a su lado. Su nariz torcida, la veía yo interesante y los dientes no muy perfectos hacían que me fijase en su sonrisa. Me di cuenta de que estaba enamorado de él una noche que pensé que nunca encontraría a nadie mejor, que era mi única oportunidad. ¡Cómo nos atonta el amor!. Y es que hoy todavía no sé si realmente estaba enamorado de él o de la posibilidad de estar con él.
Así que comencé a insinuarle muy sutilmente la sospecha que yo pudiese ser gay: comentarios sobre lo bien que le queda tal camiseta, que si el sábado pasado salí por tal pub de Chueca con unos amigos... cosas poco comprometedoras pero… si entiendes, entiendes.
Él entonces comenzó a hacer lo mismo pero al revés (que mira la secretaria tal que buena está, que fíjate este sábado salí con unos amigos y vi una rubia imponente…)
Cuando llegas a este punto, tienes tres opciones: cortar por lo sano (se nota mucho y pierdes un posible amigo/compañero y en el curro hay que tener cuidado), decírselo (peor, lo pierdes seguro y no ganas nada, es hetero, no es que esté confundido ni se haga el estrecho) Yo tomo el camino del medio: lentamente y con constancia vuelvo a dejar las cosas como estaban, en estado de equilibrio: reduzco poco a poco las alusiones a lo gay y las reemplazo con conversaciones generalistas (que si el Madrid ahora sí que da juego, no como con Capello, que mira Zapatero que se le ocurre, que si tal película, que si tal libro/disco), y sobre todo… poner a parir a los compañeros de trabajo, que para eso es deporte nacional, sano, estrecha relaciones y en seguida se olvida todo lo demás.
Ahora cuando le veo, todavía creo que es guapo, todavía tiene la mirada fresca cuando me sonríe, pero para mí es como mirar una foto. Tierna, bonita pero borrosa.
Mis amigos
Hay cientos de definiciones de lo que se supone que es un amigo de verdad, sobre todo en las horteradas de las tarjetas de cumpleaños (que si sabe todo de ti y sin embargo te quiere, que si te comprende sin pedir nada a cambio, que si siempre está ahí cuando lo necesitas...). Si eso fuese cierto, yo tendría los peores amigos del mundo.
Creo que la mejor definición que se me ocurre para un amigo es: "el hermano al que perdonas no haber vivido en tu casa todo este tiempo". Cuando yo le pido un favor a uno de mis hermanos posiblemente me manden a la mierda, si se lo pido a uno de mis amigos... posiblemente también. No pienso en si mi hermano me conoce y me quiere, tampoco de un amigo, simplemente lo sé. Si le pido algo a mi hermano aprovechará para chantajearme... mi amigo igual. Nunca he dicho a mis hermanos que soy gay (aunque lo suponen, creo) y a mis amigos tampoco.
Y es que, al igual que hay cosas que hago y digo con mis hermanos y otras no, con mis amigos pasa lo mismo.
Hay amigos para salir de copas, para llorar, para reír, para viajar, para tomar un café, para confidencias, para preocupaciones, para banalidades. Y hay amigos para hablar del hecho de ser gay. Y yo de estos últimos carezco.
Eso no quiere decir que mis amigos sean peores ni triviales, ni que yo sea culpable por ocultarles parte de mi vida... simplemente no funciona: hay complicidades, guiños, entendimientos que no son posibles siendo de mundos tan separados. He llegado a la conclusión todos estos años que puedo vivir perfectamente sin tener que hablar con ellos de mi homosexualidad, al igual que ellos viven perfectamente sin contarme... lo que sea que no me cuenten.
Sin embargo, hay cosas que guardas dentro, que aunque las sabes, necesitas verbalizarlas para entenderlas en toda su dimensión, necesitas oírtelas decir, que salgan de tu boca y escuchar tu propia voz retroalimentando tu cerebro. Sólo así sabes que puedes emitir un dictamen.
Es por eso que a veces ando por casa y hablo solo. Mantengo conversaciones interesantísimas, no creais, sé escucharme muy bien y no me canso :)
Sin embargo algo falta: el juicio ajeno. Y no es que necesite a nadie que me distinga el bien del mal, si no que al escribir y abrirme al mundo, en cierto medida, me arranco lo que, de otro modo acabaría enquistándose. Y por eso si me pregunto: ¿hasta cuando dudará este blog? La respuesta es sencilla: Hasta que arrancando llegue a la parte sana.
Creo que la mejor definición que se me ocurre para un amigo es: "el hermano al que perdonas no haber vivido en tu casa todo este tiempo". Cuando yo le pido un favor a uno de mis hermanos posiblemente me manden a la mierda, si se lo pido a uno de mis amigos... posiblemente también. No pienso en si mi hermano me conoce y me quiere, tampoco de un amigo, simplemente lo sé. Si le pido algo a mi hermano aprovechará para chantajearme... mi amigo igual. Nunca he dicho a mis hermanos que soy gay (aunque lo suponen, creo) y a mis amigos tampoco.
Y es que, al igual que hay cosas que hago y digo con mis hermanos y otras no, con mis amigos pasa lo mismo.
Hay amigos para salir de copas, para llorar, para reír, para viajar, para tomar un café, para confidencias, para preocupaciones, para banalidades. Y hay amigos para hablar del hecho de ser gay. Y yo de estos últimos carezco.
Eso no quiere decir que mis amigos sean peores ni triviales, ni que yo sea culpable por ocultarles parte de mi vida... simplemente no funciona: hay complicidades, guiños, entendimientos que no son posibles siendo de mundos tan separados. He llegado a la conclusión todos estos años que puedo vivir perfectamente sin tener que hablar con ellos de mi homosexualidad, al igual que ellos viven perfectamente sin contarme... lo que sea que no me cuenten.
Sin embargo, hay cosas que guardas dentro, que aunque las sabes, necesitas verbalizarlas para entenderlas en toda su dimensión, necesitas oírtelas decir, que salgan de tu boca y escuchar tu propia voz retroalimentando tu cerebro. Sólo así sabes que puedes emitir un dictamen.
Es por eso que a veces ando por casa y hablo solo. Mantengo conversaciones interesantísimas, no creais, sé escucharme muy bien y no me canso :)
Sin embargo algo falta: el juicio ajeno. Y no es que necesite a nadie que me distinga el bien del mal, si no que al escribir y abrirme al mundo, en cierto medida, me arranco lo que, de otro modo acabaría enquistándose. Y por eso si me pregunto: ¿hasta cuando dudará este blog? La respuesta es sencilla: Hasta que arrancando llegue a la parte sana.
Etiquetas: amigos confidencias
Mi madre
No tengo hijos... pero he sido uno.
Cuando mi madre con casi ochenta años nos presentó a su novio, reunió a todos sus hijos a su alrededor y avergonzada confesó su pecado. Todos nos quedamos sin habla. Y aunque sabíamos que no era justo que, aquella que nos limpió el culo, nos aguantó los lloros, nos curó las heridas y perdonó los disgustos que le dimos en nuestra adolescencia, pidiese permiso para hacer algo con su vida privada; la noticia nos resultó chocante, o bien nos preocupaban las explicaciones que tendríamos que dar al vecindario (quien es ese hombre, etc.) o incluso por el hecho de tener un individuo desconocido (nos lo presentó de repente) deambulando por casa, durmiendo en casa...
Durante un tiempo mi madre pensó que nuestro silencio había sido implícitamente un rechazo a su novio y se dedicaba una y otra vez a relatarnos lo feliz que era con él, lo bien que la trataba, lo acompañada que se sentía... y mis hermanos y yo nos sentíamos peor.
Visto así, podría parecer que yo era el hijo modelo y abanderado de la tolerancia... pero no. Yo sí tengo que confesar (y no me lo perdonaré nunca) que una vez metido en casa, me daba reparo ver a mi nuevo padre por allí, que me costó tiempo hablar de él con naturalidad con mis hermanos, que bromeaba con ellos en plan 'mira la vieja que moderna', que ponía excusas para no ir con ellos por el barrio. (Lo sé, no tengo perdón, pero es así)
Sin embargo, siempre nos comportamos con ellos de forma natural, muy asquerosamente progres y modernos que somos, ayudados porque él nunca se portó como padre sustitutivo, siempre estuvo en tercer o cuarto plano: nunca nos regaló ni intentó comprarnos con nada, ni intentó ser gracioso ni nos regaló los oídos con charlas... sólo se comportó como él es, el novio de mi madre. Punto.
Poco a poco las cosas se han ido normalizando, estamos tan acostumbrados a verle que nos dolería que así no fuese, le tenemos un gran cariño. Aún así, él no forma parte de nuestra familia, él es sólo el novio de mi madre, el que la hace feliz, pertenece a su intimidad, no a la nuestra.
Un día tuve una conversación muy seria con ella. Le expliqué que no tenía que pedirnos permiso para ser feliz, que una persona no puede supeditarse a los padres para luego supeditarse a los hijos, que .... tantas cosas (egoístamente le ofrecía lo que quizás yo tendría que pedirle más adelante: que no se metiera en mi alcoba). Y comprendí por qué la gente no puede evitar sentirse incómoda con algo que no comprende, que se sale de la imagen que hemos dado y tienen de nosotros. La expiación de mi culpa es que he perdonado de antemano a todos aquellos que abran los ojos como platos cuando presente a mi novio de improviso, a todos los que dejen de invitarme a dormir en su casa, de tratarme como siempre, de avisarme para salir de marcha, y a todos los que pensando así internamente, actúen de otra forma porque sepan que es lo correcto.
Mi madre es militante del PP (y todos sus hijos somos rojos como el sorgo), hace un mes, hablando de política por las elecciones me dice que el PSOE no lo ha hecho tan mal como ella había pensado.
- ¿Por la ley de dependencia?- le dije- ¿Pensando ya en que te cuidemos?
- No, por lo de los homosexuales, pobrecicos, deben tener los mismos derechos, Dios los ha hecho así.
Yo la miré atónito (si, ya sé que las madres lo saben todo)... y en aquel momento, supe que teníamos un pacto.
Cuando mi madre con casi ochenta años nos presentó a su novio, reunió a todos sus hijos a su alrededor y avergonzada confesó su pecado. Todos nos quedamos sin habla. Y aunque sabíamos que no era justo que, aquella que nos limpió el culo, nos aguantó los lloros, nos curó las heridas y perdonó los disgustos que le dimos en nuestra adolescencia, pidiese permiso para hacer algo con su vida privada; la noticia nos resultó chocante, o bien nos preocupaban las explicaciones que tendríamos que dar al vecindario (quien es ese hombre, etc.) o incluso por el hecho de tener un individuo desconocido (nos lo presentó de repente) deambulando por casa, durmiendo en casa...
Durante un tiempo mi madre pensó que nuestro silencio había sido implícitamente un rechazo a su novio y se dedicaba una y otra vez a relatarnos lo feliz que era con él, lo bien que la trataba, lo acompañada que se sentía... y mis hermanos y yo nos sentíamos peor.
Visto así, podría parecer que yo era el hijo modelo y abanderado de la tolerancia... pero no. Yo sí tengo que confesar (y no me lo perdonaré nunca) que una vez metido en casa, me daba reparo ver a mi nuevo padre por allí, que me costó tiempo hablar de él con naturalidad con mis hermanos, que bromeaba con ellos en plan 'mira la vieja que moderna', que ponía excusas para no ir con ellos por el barrio. (Lo sé, no tengo perdón, pero es así)
Sin embargo, siempre nos comportamos con ellos de forma natural, muy asquerosamente progres y modernos que somos, ayudados porque él nunca se portó como padre sustitutivo, siempre estuvo en tercer o cuarto plano: nunca nos regaló ni intentó comprarnos con nada, ni intentó ser gracioso ni nos regaló los oídos con charlas... sólo se comportó como él es, el novio de mi madre. Punto.
Poco a poco las cosas se han ido normalizando, estamos tan acostumbrados a verle que nos dolería que así no fuese, le tenemos un gran cariño. Aún así, él no forma parte de nuestra familia, él es sólo el novio de mi madre, el que la hace feliz, pertenece a su intimidad, no a la nuestra.
Un día tuve una conversación muy seria con ella. Le expliqué que no tenía que pedirnos permiso para ser feliz, que una persona no puede supeditarse a los padres para luego supeditarse a los hijos, que .... tantas cosas (egoístamente le ofrecía lo que quizás yo tendría que pedirle más adelante: que no se metiera en mi alcoba). Y comprendí por qué la gente no puede evitar sentirse incómoda con algo que no comprende, que se sale de la imagen que hemos dado y tienen de nosotros. La expiación de mi culpa es que he perdonado de antemano a todos aquellos que abran los ojos como platos cuando presente a mi novio de improviso, a todos los que dejen de invitarme a dormir en su casa, de tratarme como siempre, de avisarme para salir de marcha, y a todos los que pensando así internamente, actúen de otra forma porque sepan que es lo correcto.
Mi madre es militante del PP (y todos sus hijos somos rojos como el sorgo), hace un mes, hablando de política por las elecciones me dice que el PSOE no lo ha hecho tan mal como ella había pensado.
- ¿Por la ley de dependencia?- le dije- ¿Pensando ya en que te cuidemos?
- No, por lo de los homosexuales, pobrecicos, deben tener los mismos derechos, Dios los ha hecho así.
Yo la miré atónito (si, ya sé que las madres lo saben todo)... y en aquel momento, supe que teníamos un pacto.
inteligencia
Era yo pequeño cuando vino un psicólogo al colegio midiendo los CI (coeficiente intelectual), y ni corto ni perezoso no se le ocurre otra cosa que dictaminar que yo era superdotado (de esos nooooo, de los otros :)
Aunque supuestamente los resultados eran secretos, en el cole llamaron a mis padres y se lo contaron. Yo tenía 10 años.
Tras el contento inicial, que duró unos dos o tres años, en los que me recordaban constantemente la necesidad de aprovechar mi 'don', no se volvió a hablar de ello en mi familia, creo que por la vergüenza de ver que yo nunca destacaba en nada.
Y puesto que mis padres tenían un hijo superdotado que no era especialmente brillante en aboslutamente en nada de lo que hacía, me propuse a mí mismo destacar en algo para que estuviesen orgullosos de mí: Estudié música, artes, letras, ciencias... pero nada, seguía siendo bastante mediocre en todo.
A cada paso que daba, sin embargo, veía poseedores de mentes huecas que eran en el fondo auténticos genios: tocaban el piano o dibujaban de vicio, escribían con la facilidad que yo me rasco las orejas, entendían complicadas ecuaciones... ¿y yo?. ¡fracaso tras fracaso!
Tenía 18 años y cero amigos cuando decidí romper con todo y llevar una doble vida: aparentar ser normal, superficial e incluso algo tonto para pasar desapercibido (en eso de fingir los gays estamos de vuelta de todo) en público, mientras me dedicaba a cultivarme en la intimidad. Fue perfecto: hice amigos, era el alma de las fiestas, hacía locuras... aunque mis amigos más íntimos sospechan que no soy tan tonto ni superficial como aparento.
Con el tiempo ha ido aflorando mi verdadera forma de ser en algunos ámbitos, lo que me ha permitido conocer personas muchísimo más inteligentes e infinitamente más cultas que yo; sin embargo el precio que pago es que ahora hay gente que me encuentra resabido y altivo. Es por eso que en la mayoría de las ocasiones no doy opiniones (aunque tengo tanto que contar...), temo que pudieran ser tomadas como vagas muestras de vanagloria.
Hace ya un tiempo que he descubierto que para mis padres lo de mi sobredotación no tuvo importancia, que simplemente saben que 'el niño es listo' sin más, que no es importante cómo te vean, si no cómo te veas, y que el mayor signo de inteligencia es saber sobrevivir cada día, estar dispuesto a cambiar, analizar tu vida y decidir según los factores que la condicionan. Leyendo lo que me voy encontrando es estos blogs, me doy cuenta de que en el fondo, soy un zoquete.
Aunque supuestamente los resultados eran secretos, en el cole llamaron a mis padres y se lo contaron. Yo tenía 10 años.
Tras el contento inicial, que duró unos dos o tres años, en los que me recordaban constantemente la necesidad de aprovechar mi 'don', no se volvió a hablar de ello en mi familia, creo que por la vergüenza de ver que yo nunca destacaba en nada.
Y puesto que mis padres tenían un hijo superdotado que no era especialmente brillante en aboslutamente en nada de lo que hacía, me propuse a mí mismo destacar en algo para que estuviesen orgullosos de mí: Estudié música, artes, letras, ciencias... pero nada, seguía siendo bastante mediocre en todo.
A cada paso que daba, sin embargo, veía poseedores de mentes huecas que eran en el fondo auténticos genios: tocaban el piano o dibujaban de vicio, escribían con la facilidad que yo me rasco las orejas, entendían complicadas ecuaciones... ¿y yo?. ¡fracaso tras fracaso!
Tenía 18 años y cero amigos cuando decidí romper con todo y llevar una doble vida: aparentar ser normal, superficial e incluso algo tonto para pasar desapercibido (en eso de fingir los gays estamos de vuelta de todo) en público, mientras me dedicaba a cultivarme en la intimidad. Fue perfecto: hice amigos, era el alma de las fiestas, hacía locuras... aunque mis amigos más íntimos sospechan que no soy tan tonto ni superficial como aparento.
Con el tiempo ha ido aflorando mi verdadera forma de ser en algunos ámbitos, lo que me ha permitido conocer personas muchísimo más inteligentes e infinitamente más cultas que yo; sin embargo el precio que pago es que ahora hay gente que me encuentra resabido y altivo. Es por eso que en la mayoría de las ocasiones no doy opiniones (aunque tengo tanto que contar...), temo que pudieran ser tomadas como vagas muestras de vanagloria.
Hace ya un tiempo que he descubierto que para mis padres lo de mi sobredotación no tuvo importancia, que simplemente saben que 'el niño es listo' sin más, que no es importante cómo te vean, si no cómo te veas, y que el mayor signo de inteligencia es saber sobrevivir cada día, estar dispuesto a cambiar, analizar tu vida y decidir según los factores que la condicionan. Leyendo lo que me voy encontrando es estos blogs, me doy cuenta de que en el fondo, soy un zoquete.
Etiquetas: inteligencia psicologia
contactos
Siempre he pensado que era un tipo de lo más normal, vulgar incluso. Por eso creía que, (dejándome llevar por la soberbia que todos los gays tenemos) en el fondo, no me sería difícil ligar en una sección de contactos si tampoco me cuesta hacerlo en persona. Por ello me di un paseo por una.
Un tipo muy atractivo buscaba pareja que fuese ‘casero y deportista’. ¡Qué contradicción! ¿Cómo puede alguien deportista quedarse en casa un domingo en vez de arrastrarse a que el sol caliente su piel? Si salgo con él… ¿Me tendría haciendo jogging alrededor del sofá?
Un segundo solicitante (de mi edad) buscaba a alguien rubio y de ojos azules, aunque puntualizaba que, de estar suficientemente bueno, le valían morenos. El caso es que buscaba sólo sexo… Dan ganas de follártelo y en la mitad del polvo quitarte las lentillas de colores a ver que cara pone.
El caso es que no encontré a nadie que buscase a alguien ni remotamente parecido a mí: que le guste salir pero no viva para la noche, que haga algo de deporte sin obsesionarse, que se cuide sin deprimirse por no tener nada que ponerse, que le guste el cine y la lectura sin ir de progrecultolistillo, pasear, tomar un café sin parecer un jubilado… Pues nadie. Y sin embargo, el que lea esta descripción seguro que piensa ‘pues yo también soy así’.
Creo que todos somos, en el fondo normalitos y seríamos felices con alguien tan vulgar como nosotros, puede que simplemente nos sea difícil admitirlo.
Por fin encontré un anuncio claro y directo, buscaba simplemente a alguien ‘que me guste’. Iba a contestar pero… ¡mierda! ¡Tenía 23 años!
Un tipo muy atractivo buscaba pareja que fuese ‘casero y deportista’. ¡Qué contradicción! ¿Cómo puede alguien deportista quedarse en casa un domingo en vez de arrastrarse a que el sol caliente su piel? Si salgo con él… ¿Me tendría haciendo jogging alrededor del sofá?
Un segundo solicitante (de mi edad) buscaba a alguien rubio y de ojos azules, aunque puntualizaba que, de estar suficientemente bueno, le valían morenos. El caso es que buscaba sólo sexo… Dan ganas de follártelo y en la mitad del polvo quitarte las lentillas de colores a ver que cara pone.
El caso es que no encontré a nadie que buscase a alguien ni remotamente parecido a mí: que le guste salir pero no viva para la noche, que haga algo de deporte sin obsesionarse, que se cuide sin deprimirse por no tener nada que ponerse, que le guste el cine y la lectura sin ir de progrecultolistillo, pasear, tomar un café sin parecer un jubilado… Pues nadie. Y sin embargo, el que lea esta descripción seguro que piensa ‘pues yo también soy así’.
Creo que todos somos, en el fondo normalitos y seríamos felices con alguien tan vulgar como nosotros, puede que simplemente nos sea difícil admitirlo.
Por fin encontré un anuncio claro y directo, buscaba simplemente a alguien ‘que me guste’. Iba a contestar pero… ¡mierda! ¡Tenía 23 años!
Predico con el ejemplo y hoy salgo (de marcha)
Capitax:
Hombre sí, estaba en un grupo llamado Blue (que no me gustaba nada) pero, veamos: el tío está bien (muy pero que muy bien), tiene buena voz, la música es alegre, la letra chula, y vamos... si no he leído mal a ti te viene bien ponerte al día en temas de adolescentes, nunca se sabe (broma :)
Tambien me gusta Robbie Williams y no me gustaba take that. Por cierto, ya me dirás grupos que te gustan y te los pongo verdes en un momentito :) la próxima va de clásica u ópera (que es más gay :)
El caso es que voy a predicar con el ejemplo y hoy salgo pediré cita con la ITV para el domingo.
En cuanto a lo del armario y las confesiones... a ver, hay una gran diferencia entre 'estoy dentro, sé que estoy dentro y vivo feliz así' y 'no estoy ni dentro ni fuera, intento vivir con naturalidad sin hacer de mi preferencia sexual el centro de mi vida, conversaciones o comportamiento social'.
El primer caso, normalmente es un pensamiento falso (no me lo tomes a mal no quiero ofender), es como las frases 'estoy gordo pero soy feliz así, no me crea traumas ni problemas'. Falso. Cada vez que te presentan una tía para que te la ligues y te escabulles, cada vez que te preguntan ¿y de tías que tal? y tú contestas 'voy tirando', cada vez que tus padres te recuerdan en fin de año que no estás casado y ya tienes 36.... es una piedrecita más que aumenta el fardo que cargas, y no, no se es más feliz con más peso.
Las nuevas generaciones no es que tengan más necesidad de salir del armario, es que lo tienen más fácil, al hacerse los gays más visibles, es más fácil salir del escondrijo y vivir con naturalidad; a medida que cargas años, cargas piedrecitas, cargas mentiras, cargas disimulos, el día que vas a desprenderte de ellos cuesta mucho más y te defiendes, te mientes, y te dices que así gordito eres feliz, que pasas de lo que opine la gente, que encontrarás a alguien que te quiera así, cargado de piedras... Dios que depresión, disculpa, hoy me agarro una mierda como un piano.
Por ejemplo, a mi personalmente, la gente con pluma (sean gays o no) me resultan enternecedores. No sé… me dan buen rollo y me resultan simpáticos (no atractivos, pero sí simpáticos). Debo ser un bicho raro, porque la mayoría de la gente no opina así (incluso entre gays, que ya tiene narices que nos discriminemos los unos a los otros). El caso es que el gay con pluma tiene un problema añadido: se le nota. Y no es un problema baladí. Él sufre el doble las burlas y humillaciones que otros, que hemos pasado desapercibimos, no tuvimos la desgracia de sufrir. Al hacernos mayores, ese inconveniente se convierte, irónicamente en una ventaja: no necesita salir del armario porque nunca ha estado dentro; no tiene que pasar por el trago de ‘confesar’ su orientación sexual. Si por el contrario tienes la mala suerte, por añadidura, de ser bisexual (u homosexual que se ha enrollado con tías o llamadlo como queráis) la cosa se complica: tus amigos, tus ex, etc. sienten que han sido engañados/as y a la lista de pecados a purgar debes añadir el más grave de todos: haber mentido reiteradamente. Y es que seguramente no había intención de mentir, es que simplemente es difícil explicar que en el fondo tienes miedo, eres humano y por lo tanto cobarde.
Pirado:
Sí, se trata de semántica pero no sólo se trata del significado, se trata de la acción, del hecho, y sobretodo de la necesidad. Se trata de algo interno, íntimo, personal: se trata de tu infancia, de tus recuerdos... se trata de estar feliz a los 16 por haber tocado una teta a una tía y empalmarte como tus amigos, se trata de ir de camping con tus colegas del instituto y que quieran dormir contigo en la tienda porque no saben que eres gay, se trata de querer ser como los demás, se trata de querer y ser querido, se trata de pertener a un grupo, se trata de soledad, de sociedad y de suciedad, se trata chistes, bromas y chascarrillos, se trata de desnudarte en el vestuario con tranquilidad, de que te den una palmada en el culo cuando encestas al baket como a todos, se trata, en definitiva, de vergüenza, de decir tía cuando sientes tío, se trata, en resumen, de vivir o no con una arroba y decir ti@.
Tienes mucha razón, si me fijo en 'salir' y 'confesar' significan dos cosas contrapuestas pero complementarias, salir es liberarse del armario, confesar es sentir la vergüenza de estar dentro.
Puede que la solución no sea salir ni estar dentro, si no quemar el puto armario y/o fingir que no existe.
Dedicado a Capitax para compensar frivolidad del vídeo anterior :)
Hombre sí, estaba en un grupo llamado Blue (que no me gustaba nada) pero, veamos: el tío está bien (muy pero que muy bien), tiene buena voz, la música es alegre, la letra chula, y vamos... si no he leído mal a ti te viene bien ponerte al día en temas de adolescentes, nunca se sabe (broma :)
Tambien me gusta Robbie Williams y no me gustaba take that. Por cierto, ya me dirás grupos que te gustan y te los pongo verdes en un momentito :) la próxima va de clásica u ópera (que es más gay :)
El caso es que voy a predicar con el ejemplo y hoy salgo pediré cita con la ITV para el domingo.
En cuanto a lo del armario y las confesiones... a ver, hay una gran diferencia entre 'estoy dentro, sé que estoy dentro y vivo feliz así' y 'no estoy ni dentro ni fuera, intento vivir con naturalidad sin hacer de mi preferencia sexual el centro de mi vida, conversaciones o comportamiento social'.
El primer caso, normalmente es un pensamiento falso (no me lo tomes a mal no quiero ofender), es como las frases 'estoy gordo pero soy feliz así, no me crea traumas ni problemas'. Falso. Cada vez que te presentan una tía para que te la ligues y te escabulles, cada vez que te preguntan ¿y de tías que tal? y tú contestas 'voy tirando', cada vez que tus padres te recuerdan en fin de año que no estás casado y ya tienes 36.... es una piedrecita más que aumenta el fardo que cargas, y no, no se es más feliz con más peso.
Las nuevas generaciones no es que tengan más necesidad de salir del armario, es que lo tienen más fácil, al hacerse los gays más visibles, es más fácil salir del escondrijo y vivir con naturalidad; a medida que cargas años, cargas piedrecitas, cargas mentiras, cargas disimulos, el día que vas a desprenderte de ellos cuesta mucho más y te defiendes, te mientes, y te dices que así gordito eres feliz, que pasas de lo que opine la gente, que encontrarás a alguien que te quiera así, cargado de piedras... Dios que depresión, disculpa, hoy me agarro una mierda como un piano.
Por ejemplo, a mi personalmente, la gente con pluma (sean gays o no) me resultan enternecedores. No sé… me dan buen rollo y me resultan simpáticos (no atractivos, pero sí simpáticos). Debo ser un bicho raro, porque la mayoría de la gente no opina así (incluso entre gays, que ya tiene narices que nos discriminemos los unos a los otros). El caso es que el gay con pluma tiene un problema añadido: se le nota. Y no es un problema baladí. Él sufre el doble las burlas y humillaciones que otros, que hemos pasado desapercibimos, no tuvimos la desgracia de sufrir. Al hacernos mayores, ese inconveniente se convierte, irónicamente en una ventaja: no necesita salir del armario porque nunca ha estado dentro; no tiene que pasar por el trago de ‘confesar’ su orientación sexual. Si por el contrario tienes la mala suerte, por añadidura, de ser bisexual (u homosexual que se ha enrollado con tías o llamadlo como queráis) la cosa se complica: tus amigos, tus ex, etc. sienten que han sido engañados/as y a la lista de pecados a purgar debes añadir el más grave de todos: haber mentido reiteradamente. Y es que seguramente no había intención de mentir, es que simplemente es difícil explicar que en el fondo tienes miedo, eres humano y por lo tanto cobarde.
Pirado:
Sí, se trata de semántica pero no sólo se trata del significado, se trata de la acción, del hecho, y sobretodo de la necesidad. Se trata de algo interno, íntimo, personal: se trata de tu infancia, de tus recuerdos... se trata de estar feliz a los 16 por haber tocado una teta a una tía y empalmarte como tus amigos, se trata de ir de camping con tus colegas del instituto y que quieran dormir contigo en la tienda porque no saben que eres gay, se trata de querer ser como los demás, se trata de querer y ser querido, se trata de pertener a un grupo, se trata de soledad, de sociedad y de suciedad, se trata chistes, bromas y chascarrillos, se trata de desnudarte en el vestuario con tranquilidad, de que te den una palmada en el culo cuando encestas al baket como a todos, se trata, en definitiva, de vergüenza, de decir tía cuando sientes tío, se trata, en resumen, de vivir o no con una arroba y decir ti@.
Tienes mucha razón, si me fijo en 'salir' y 'confesar' significan dos cosas contrapuestas pero complementarias, salir es liberarse del armario, confesar es sentir la vergüenza de estar dentro.
Puede que la solución no sea salir ni estar dentro, si no quemar el puto armario y/o fingir que no existe.
Dedicado a Capitax para compensar frivolidad del vídeo anterior :)
melancolía
Ahora estoy un poco deprimido, bueno, más bien tristón (no hay que frivolizar con el tema, una depresión es algo más serio). Me he levantado normal, he ido al súper y he subido en el ascensor con una vecina que olía muy bien (una colonia floral). Luego me he puesto a trabajar un rato y… poco a poco he notado como mi ánimo ha ido decayendo y me han venido a la mente imágenes de enfermedades e incluso de muerte. Luego de pensar un rato me he acordado del olor de la colonia de mi vecina y llegué a una conclusión: olía a funeral.
Es curioso lo que los sentidos despiertan en nosotros. Un simple olor a jazmín o clavel, que se supone agradable, te afecta en tu inconsciente durante toda la mañana.
Yo cuando estoy así, triste, siempre tengo la duda de decidir si luchar contra ello saliendo de marcha, escuchando música alegre, dando un paseo al sol; o bien si dejarme arrastrar y recrearme en el sentimiento, caer, caer profundo, meditar, intentar llorar un rato, no salir de casa y acostarme pronto. La primera opción a veces es efectiva y por lo menos lo paso bien, la segunda es una cura de salud mental; al día siguiente me levanto anímicamente nuevo y durante bastante tiempo no vuelvo a caer en tristezas extrañas. Eso sí, el proceso es costoso y doloroso, muy doloroso.
Creo que voy a dejarme llevar por la melancolía, al fin y al cabo ya necesitaba un par de ajustes y una ITV mental de vez en cuando nunca sobra. Mañana me levantaré con esta canción que es muy alegre y renovadora (pongo la letra en castellano y perdón por la traducción, he perdido algo de oído para el inglés y ya sabéis lo que me gusta elucubrar con las letras de las canciones :)
Por cierto, no me diréis que no es el tío más bueno del mundo!!!
Estaba sentado en la oscuridad,
pero el sol comenzó a entrar gradualmente,
ahora el hielo se derrite lentamente
en mi alma y en mi piel
todos los buenos momentos, amigo mío,
están renaciendo de nuevo.
He estado pensando y recreándome
en mejores noches y días pasados,
escondiéndome en el refugio
de recuerdos que he creado,
pero tengo ahora un sentimiento en mi interior
que está renaciendo de nuevo.
Llevamos mucho tiempo esperando
por los buenos tiempos,
y tenemos una jodida buena razón
para que dejes tus problemas a un lado,
y toda tu tristeza invernal: tiéndela fuera a secar
tírala, vamos!, deshazte de ella!
todos los días coloridos, amigo mío
están renaciendo de nuevo.
Tengo a alguien esperándome,
hace tiempo que nos conocimos,
y puede que yo no sea tu salvación
pero no te ofrezco menos.
Y si, como yo, quieres aprovechar esta oportunidad
está renaciendo de nuevo.
Puedo sentir un cambio en la suerte,
no me anclo más, mi amor,
siento que el peso sobre mis hombros desaparece
a medida que mis pies se liberan,
y todos los buenos momentos que nos sostienen
están renaciendo de nuevo.
Es curioso lo que los sentidos despiertan en nosotros. Un simple olor a jazmín o clavel, que se supone agradable, te afecta en tu inconsciente durante toda la mañana.
Yo cuando estoy así, triste, siempre tengo la duda de decidir si luchar contra ello saliendo de marcha, escuchando música alegre, dando un paseo al sol; o bien si dejarme arrastrar y recrearme en el sentimiento, caer, caer profundo, meditar, intentar llorar un rato, no salir de casa y acostarme pronto. La primera opción a veces es efectiva y por lo menos lo paso bien, la segunda es una cura de salud mental; al día siguiente me levanto anímicamente nuevo y durante bastante tiempo no vuelvo a caer en tristezas extrañas. Eso sí, el proceso es costoso y doloroso, muy doloroso.
Creo que voy a dejarme llevar por la melancolía, al fin y al cabo ya necesitaba un par de ajustes y una ITV mental de vez en cuando nunca sobra. Mañana me levantaré con esta canción que es muy alegre y renovadora (pongo la letra en castellano y perdón por la traducción, he perdido algo de oído para el inglés y ya sabéis lo que me gusta elucubrar con las letras de las canciones :)
Por cierto, no me diréis que no es el tío más bueno del mundo!!!
Estaba sentado en la oscuridad,
pero el sol comenzó a entrar gradualmente,
ahora el hielo se derrite lentamente
en mi alma y en mi piel
todos los buenos momentos, amigo mío,
están renaciendo de nuevo.
He estado pensando y recreándome
en mejores noches y días pasados,
escondiéndome en el refugio
de recuerdos que he creado,
pero tengo ahora un sentimiento en mi interior
que está renaciendo de nuevo.
Llevamos mucho tiempo esperando
por los buenos tiempos,
y tenemos una jodida buena razón
para que dejes tus problemas a un lado,
y toda tu tristeza invernal: tiéndela fuera a secar
tírala, vamos!, deshazte de ella!
todos los días coloridos, amigo mío
están renaciendo de nuevo.
Tengo a alguien esperándome,
hace tiempo que nos conocimos,
y puede que yo no sea tu salvación
pero no te ofrezco menos.
Y si, como yo, quieres aprovechar esta oportunidad
está renaciendo de nuevo.
Puedo sentir un cambio en la suerte,
no me anclo más, mi amor,
siento que el peso sobre mis hombros desaparece
a medida que mis pies se liberan,
y todos los buenos momentos que nos sostienen
están renaciendo de nuevo.
Etiquetas: melancolia tristeza
Salir del armario
He leído uno de los últimos blogs creados.
En él un tío cuenta su preocupación por estar dentro del armario y las dudas/ganas de salir de él y confesarle al mundo su homosexualidad para vivir con normalidad.
Éste es un chico que aparentemente lo tiene todo: es culto, seguramente atractivo, tiene novio, se quieren, su historia de amor es preciosa, tiene un buen trabajo (aunque ahora con la LOU vete tú a saber)… pero sin embargo, el que sus vecinos, amigos, familia, compañeros no sepan con quien se acuesta o se levanta le produce desazón.
Y ello me hace reflexionar lo siguiente: ¿Por qué tenemos esa necesidad? Queremos vivir con normalidad y por supuesto que nuestra homosexualidad sea ‘normal’ (entiéndase normal no como habitual si no como tener una característica más, irrelevante para el mundo)
Supongamos que nosotros mismos considerásemos nuestra homosexual ‘normal’ como por ejemplo ser hetero o tener el pie cavo. Nadie va diciendo por ahí que es hetero o cómo tiene los pies. Es más… nadie está especialmente orgulloso de sus pies. Sin embargo en cuanto un gay sale del armario, comienza a forzar situaciones y conversaciones para ‘confesarlo’; cualquier comentario es válido para dejar claro que tiene novio y no novia, que seguramente no tendrá hijos, que tal tío está buenísimo… y por supuesto, está orgullosísimo de ser gay, en cierto modo, sobreactuamos.
¿Por qué entonces debemos salir del armario? Para demostrar que los ataques no nos dan miedo, que queremos vivir nuestra vida al margen de lo que la sociedad piense, y sobre todo… debemos hacerlo por los demás gays. Gracias a la gente que sale del armario, a otros les es más fácil salir, y así sucesivamente. Por eso, a todos los que salen del armario, ¡gracias!
Lo que ya no paso ni de coña es el tema de la ‘confesión’. La conversación típica que tienes con tu familia o tu mejor amigo es realmente una confesión de tu homosexualidad y una petición implícita de aceptación. Tus allegados, en el mejor de los casos, suelen contestar con un ‘no te preocupes, yo te quiero igual’, ‘Ya sé que no es culpa tuya, has nacido así’, ‘no me importa, nada cambiará entre nosotros…’. Las cosas ‘normales’ no necesitan ser aceptadas, sólo los defectos, y ser gay no debería ser considerado así. ¿Cómo podemos pedirle a la sociedad que nos considere normales si nosotros mismos pedimos ser ‘aceptados’ y no nos creemos esa normalidad?. Nadie le pide a su familia que le acepte por ser moreno o tener pelos en las piernas.
Muchos Dicen que salen del armario para ‘aceptarse a ellos mismos’ y tienen razón, son tantas las capas de mierda que la sociedad nos ha echado en los hombros desde el jardín de infancia que llega un momento en que de una u otra forma necesitamos expiar ese complejo de culpa que nos ahoga, necesitamos que nuestra gente nos diga precisamente que les da igual, que nos quieren igual, que no es culpa nuestra. Realmente creo que no estamos pidiendo su aceptación, si no reforzando la nuestra, corroborando lo que ya sabemos: nadie que nos quiera nos va a rechazar.
Por eso creo que salir del armario sí, pero 'confesarse'… eso sí que no.
En él un tío cuenta su preocupación por estar dentro del armario y las dudas/ganas de salir de él y confesarle al mundo su homosexualidad para vivir con normalidad.
Éste es un chico que aparentemente lo tiene todo: es culto, seguramente atractivo, tiene novio, se quieren, su historia de amor es preciosa, tiene un buen trabajo (aunque ahora con la LOU vete tú a saber)… pero sin embargo, el que sus vecinos, amigos, familia, compañeros no sepan con quien se acuesta o se levanta le produce desazón.
Y ello me hace reflexionar lo siguiente: ¿Por qué tenemos esa necesidad? Queremos vivir con normalidad y por supuesto que nuestra homosexualidad sea ‘normal’ (entiéndase normal no como habitual si no como tener una característica más, irrelevante para el mundo)
Supongamos que nosotros mismos considerásemos nuestra homosexual ‘normal’ como por ejemplo ser hetero o tener el pie cavo. Nadie va diciendo por ahí que es hetero o cómo tiene los pies. Es más… nadie está especialmente orgulloso de sus pies. Sin embargo en cuanto un gay sale del armario, comienza a forzar situaciones y conversaciones para ‘confesarlo’; cualquier comentario es válido para dejar claro que tiene novio y no novia, que seguramente no tendrá hijos, que tal tío está buenísimo… y por supuesto, está orgullosísimo de ser gay, en cierto modo, sobreactuamos.
¿Por qué entonces debemos salir del armario? Para demostrar que los ataques no nos dan miedo, que queremos vivir nuestra vida al margen de lo que la sociedad piense, y sobre todo… debemos hacerlo por los demás gays. Gracias a la gente que sale del armario, a otros les es más fácil salir, y así sucesivamente. Por eso, a todos los que salen del armario, ¡gracias!
Lo que ya no paso ni de coña es el tema de la ‘confesión’. La conversación típica que tienes con tu familia o tu mejor amigo es realmente una confesión de tu homosexualidad y una petición implícita de aceptación. Tus allegados, en el mejor de los casos, suelen contestar con un ‘no te preocupes, yo te quiero igual’, ‘Ya sé que no es culpa tuya, has nacido así’, ‘no me importa, nada cambiará entre nosotros…’. Las cosas ‘normales’ no necesitan ser aceptadas, sólo los defectos, y ser gay no debería ser considerado así. ¿Cómo podemos pedirle a la sociedad que nos considere normales si nosotros mismos pedimos ser ‘aceptados’ y no nos creemos esa normalidad?. Nadie le pide a su familia que le acepte por ser moreno o tener pelos en las piernas.
Muchos Dicen que salen del armario para ‘aceptarse a ellos mismos’ y tienen razón, son tantas las capas de mierda que la sociedad nos ha echado en los hombros desde el jardín de infancia que llega un momento en que de una u otra forma necesitamos expiar ese complejo de culpa que nos ahoga, necesitamos que nuestra gente nos diga precisamente que les da igual, que nos quieren igual, que no es culpa nuestra. Realmente creo que no estamos pidiendo su aceptación, si no reforzando la nuestra, corroborando lo que ya sabemos: nadie que nos quiera nos va a rechazar.
Por eso creo que salir del armario sí, pero 'confesarse'… eso sí que no.
Sueños
He entrado en el foro ‘te vi’. Es una terapia de grupo perfecta. Un chico escribió un mensaje del tipo ‘me vuelven loco tus ojos’ o similar, sin explicar nada más. Enseguida llovieron los mensajes pidiendo más datos sobre el poseedor de tales ojos. Gracias a Dios no contestó, así todos los soñadores pudimos pensar que era por nosotros. Yo desde luego me imaginé que era por mí y me sentí genial. Como aquel día que entré en una de las tiendas Zara de mi ciudad y vi a un chico guapísimo en el ascensor: alto, castaño, complexión normal, ojos azules (y eso que a mi los ojos azules no suelen atraerme nada). Si llega siquiera a sonreír, salto sobre él y le arranco la ropa a mordiscos. Seguro que él ni se dio cuenta pero yo me imaginé que había pensado lo mismo de mí. Menos mal que soñar es gratis.
Durante años (en los que no tenía ni idea de inglés) escuchaba las canciones e imaginaba lo que decían, las adaptaba a mí, incluso creía reconocer alguna que otra palabra y reconstruía en mi mente frases completas hasta completar la letra. Cuando andando el tiempo, ya pude entender lo que el autor realmente quería decir, nunca tuve claro si prefería vivir en la ignorancia de mis sueños o en la realidad.
Ahí va un ejemplo de una de mis canciones favoritas.
Durante años (en los que no tenía ni idea de inglés) escuchaba las canciones e imaginaba lo que decían, las adaptaba a mí, incluso creía reconocer alguna que otra palabra y reconstruía en mi mente frases completas hasta completar la letra. Cuando andando el tiempo, ya pude entender lo que el autor realmente quería decir, nunca tuve claro si prefería vivir en la ignorancia de mis sueños o en la realidad.
Ahí va un ejemplo de una de mis canciones favoritas.
pero... ¿dónde se meten los gays a los 30?
Este sábado pasado salí solo de marcha.
Estaba en uno de los locales más 'in' de la ciudad, apoyado en la barra, copa en mano.
En la pista unos jóvenes se agitaban (literalmente) y un tío de unos 40 años deambulaba yendo y viniendo por todo el local moviendo los pies al ritmo de la música.
De pronto, miré atentamente alrededor... Dios mío, ¿Es que no hay nadie de 30 años?
Y es que parece que al cumplir treinta se nos trague la tierra. ¿Cogerán novio y se quedarán en casa? ¿Estarán en pubs especiales para treintañeros donde juegan al trivial y discuten de política?
Se me acerca un joven bailando sinuoso. Lo ignoro. Me mira con hastío y se larga. Al momento me arrepiento, no debería ser tan desagradable, y más teniendo en cuenta que no va con mi carácter.
Pero es que una duda me absorbe... ¿Donde narices se meten los gays a partir de los treinta años?
Estaba en uno de los locales más 'in' de la ciudad, apoyado en la barra, copa en mano.
En la pista unos jóvenes se agitaban (literalmente) y un tío de unos 40 años deambulaba yendo y viniendo por todo el local moviendo los pies al ritmo de la música.
De pronto, miré atentamente alrededor... Dios mío, ¿Es que no hay nadie de 30 años?
Y es que parece que al cumplir treinta se nos trague la tierra. ¿Cogerán novio y se quedarán en casa? ¿Estarán en pubs especiales para treintañeros donde juegan al trivial y discuten de política?
Se me acerca un joven bailando sinuoso. Lo ignoro. Me mira con hastío y se larga. Al momento me arrepiento, no debería ser tan desagradable, y más teniendo en cuenta que no va con mi carácter.
Pero es que una duda me absorbe... ¿Donde narices se meten los gays a partir de los treinta años?