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Marquitos
Siempre he celebrado mi cumpleaños solo. Estoy acostumbrado. Desde que era pequeño nunca lo celebré por lo que es raro incluso que la gente sepa el día exacto.

El día que cumplí los 35 decidí ir a una disco gay. Era la primera vez que salía solo. Allí conocí a Marquitos. Sólo hablamos una vez; estábamos ambos apoyados en la barra, con medio pedo.

Marquitos es alto, sobrebronceado, media barba, cuadrado, patilla larga... nada de lo que se lleva ahora, salvo por la ropa: Marquitos viste como un joven de 20 años, es un estereotipo con camiseta ajustada de D&G anclado en los 80's.

Todo el mundo le llama Marquitos aunque tenga algo más de 50 años, y no porque sea bajito, o cariñoso, o dulce... es que a Marquitos le gustan los chicos muy jóvenes.

Al segundo gin & tonic, Marquitos me confesó cómo conoció a la que es su mujer, divorciada con dos niños, como se encandiló con la vida 'familiar' que le ofrecía, tan normal, tan aceptable, como un día increiblemente algo cambió en él y necesitó liarse con chicos, como pasó, sin darse cuenta, de ligar en las aulas de la Universidad, a ligar en el aparcamiento del Campus de la Universidad y de ahí a acecharlos en la disco. "Cuando ya van muy puestos, puede caer alguno" me dijo con una sonrisa amarga.

Tomamos tres cubatas y se largó a la pista a buscar una presa, dejó la cuenta sin pagar y no volvimos a hablar aunque yo sigo viéndolo a veces. Sé que tiene un arreglo con su mujer: él hace su vida sin hacerla pública y ella obtiene seguridad económica y posición social para ella y sus hijos.

Ese año, cada vez que paseaba por una alameda o un parking de noche y veía a otros tíos, me acordaba de Marquitos: culto, inteligente, profesor universitario, con dinero; un tipo al que un día un resorte le hizo tirarse a la calle a buscar amor cuando seguramente si le hubieses dicho unos meses antes que su vida iba a ser así se habría echado a reir pensando que le tomabas el pelo.

Comencé a imaginarme a mí mismo en esa situación, y durante unos meses pasé una crisis bastante fuerte: comencé a cuidarme sobremanera, a matarme en el gimnasio más de lo habitual. Tenía prisa, no quería llegar a la edad de Marquitos y que me saltase el resorte a mí. Quería ser yo quien controlase ese resorte. Cada día que pasaba era una lucha contra el reloj: me veía demasiado bajo, demasiado alto, demasiado gordo o delgado, demasiado blanco o moreno, veía arrugas, odiaba mis gafas, las carnes colgantes, la papada incipiente, la... y si quería vivir en el mundo gay asquerosamente movido por la belleza, tenía que acelerar o me quedaría atrás, como Marquitos.

Sin embargo, tuve suerte, mi crisis, tal como vino, se fue, y fui aceptando poco a poco cada una de las partes que no me gustaban de mi cuerpo. Levanté el pie del acelerador y me prometí a mi mismo ser honesto y realista.
Ya no tengo miedo de ser como Marquitos.

Hoy en día, cada vez que entro en una disco gay veo el mismo cuadro: jovencitos que se agitan en la pista, cincuenteros que no les quitan ojo, y luego los treintañeros, apoyados en la barra, como faros, moviendo la cabeza a un lado y a otro buscando algo y no saben qué.

Eso sí, todos son muy felices, todos se ríen mucho, todos muy colocados. Porque para escapar de nuestras monótonas, aburridas y grises vidas, todos tenemos una de reemplazo, del color del arcoiris.



Solía pensar que nunca llegaría el día
en que viese placer en la sombra del amanecer.
Mi amanecer es la droga que me acerca
a la infancia perdida y reemplazada por el miedo.
Solía pensar que nunca llegaría el día
en que mi vida dependiese del amanecer.



 
Comentario:
Hola!
Fíjate que al leer este post me ha venido a la cabeza un poema que hace poco encontré en un libro para niños. Se titula "El elefante elegante", y aunque es un poco largo, no puedo resistir la tentación:

"El elefante elegante
se ha probado un pantalón;
como le queda muy grande
se coloca un cinturón.

Se mira al espejo enorme
de arriba abajo,
pensándolo bien,
y el amable dependiente
le pregunta sonriente
si le gusta y se ve bien.

- Creo que me hace un poco gordo,
démelo corto mejor...
- Éste me hace paticorto,
a ver si de otro color...

Pasan dos, tres y seis horas;
se ha probado pantalones,
cazadoras, chaquetones,
camisas de flores verdes,
camisetas, camisones,
corbatas, guantes, bufandas,
calcetines, bañadores...

Todo le queda pequeño
o le cuelga, le hace gordo,
no le sienta, no se ve...
¡Qué exigente este elefante
que con nada se ve bien!
Creo que lo que le pasa
es que no se gusta él..."

¿Quién no ha tenido un Marquitos en su vida? ¿Y quién no se ha sentido elefante alguna vez? Por lo menos, espero que no quedarme sin recuerdos, incluidos los de la infancia, para seguir aprendiendo.

Abrazos!
 
Comentario:
me has cautivado con tu forma de escribir ya quisiera yo expresarme asi
 
Comentario:
He estado leyendo tus últimos posts, la verdad he pasado un rato muy divertido y me has arrancado hasta carcajadas.

Lo de marquitos lo he vivido en mis carnes, no por cincuentón, sino por ese resorte que tiene diferentes formas y te ves inmerso en una dinámica de la que a la vez quieres salir y no puedes. Afortunadamente salí poniendo patas arriba mi vida y recolocandola totalmente, bueno todavía busco el tornillo faktum ....

Saludos
 
Comentario:
Entiendo que te refieres a cuantitativamente. Mira... no me provoques y no hagas que le eche más piropos a tu blog que sabes que me lanzo y no hay quien me pare. ¡Avisado estás!
Por cierto, me vendrían bien unos tomates. ¿tienes?
 
Comentario:
Es que ahora mi "producción intelectual",de por si cualitativamente siempre escasa, ahora se ve reducida drásticamente, salgo de trabajar, me voy corriendo a montar en bici y después a una nueva actividad que he añadido ahora, jardineria y bricolaje, asi que cuando llego a casa estoy molido.

En realidad tampoco es que tenga mucho que contar, porque con semejantes aficiones mucha vida social no es que tenga.

Abrazos
 
Comentario:
Pues no sé... no lo había pensado. Supongo que asimilo a la gente de cuarenta con la de treinta (tampoco voy preguntando la edad por ahí) o que unos beban y otros miren, mitad mitad :)
Yo espero que entrados bien los cuarenta no esté en ningún sitio de esos, la verdad, son un poco deprimentes.
Un abrazo.
PS. Me tenías preocupado ya, que no actualizas nada, y no tengo qué leer, y no leer aborrega un huevo.
A punto estuve de mandarte un mail para saber si ya te había fichado Nike para su nueva campaña de primavera-verano :)
beeeeeeeeee beeeeeeeee (joder! pues sí que estoy aborregado sí...)
 
Comentario:
Los 20añeros bailan
Los 30añeros beben
Los 50añeros miran
Y
¿los 40añeros? ¿qué se supone que tenemos que hacer?

No sólo es una pregunta retórica, es que como nunca he ido a un "antro de perdición" de esos, si me da por ir es para no estar fuera de lugar.

Abrazos.

PS: Pensar eso del resorte con efectos retardados no deja de preocuparme, no te creas.
No