mañana es demasiado tarde pero hoy es muy temprano
Mañana es demasiado tarde, y hoy es muy temprano. La semana que viene habrá pasado una eternidad y hace un mes yo era pequeña. El tiempo..¿que es? Partículas de arena que no puedes dejar en tu mano sin que se escurran entre tus dedos. Aunque intentes congelar el reloj y no quieras darle la vuelta. Y tu puedes danzar a favor del viento o intentar correr en contra y caer por el camino como si intentaras subir por unas escaleras mecánicas que solo bajan. Y puedes intentar subir con todas tus fuerzas y agarrarte a la barandilla con los diez dedos, pero hay veces que esas escaleras simplemente quieren llevarte al sótano hagas lo que hagas. Y eso quiere decir que a veces es inutil intentar luchar contra un enemigo tan fuerte. Eso no quiere decir que valga rendirse. Quiere decir que tienes que saber hacia donde van las nubes y colgarte en el extremo de una y subirte a la cima para algún día estar sentada al frente con la rienda en las manos. Y ese día no muy lejano podrás viajar al lado de alguien que debe ser especial.
La semana pasada fui al cine y vi una película china. En ella, un chino okupa vivía contento con la independencia que su vida le proporcionaba hasta que un día conoció a una chica que sufría en manos de su marido. Entonces se la llevó para que viviese con él. Rechazó su independencia por alguien que le necesitaba y que le había estado buscando sin darse cuenta. Y fue así como vivieron dos donde antes solo había uno. Y así fue como cenaron dos donde antes solo se veía comida para uno.
Y es así como me di cuenta de que a veces crees que no necesitas a nadie porque llenas tus espacios, pero no sabes que quizás llenar tus espacios no es suficiente. Que a veces también se pueden llenar corazones, y que eso te completa más que rellenar el tiempo que te sobra.
Y es entonces cuando me miro en el espejo y me veo ojeras, y nose si es porque no duermo o porque no tengo sueños. Creo que es porque no duermo. Todavía conservo sueños de escaparme muy lejos sin que el tiempo me desenmascare, sin que se de cuenta de que quiero burlarme de él. Entonces, cuando ya esté escondida debajo de los arrecifes de coral, daré la vuelta al reloj de arena para que corra sin mi.
Hace dos años, un día cualquiera desperté en un mundo que no estaba pensado para mi. Se unieron dos mundos que simplemente no eran compatibles. Yo no lo entendía. Ahora lo veo. ¿Sabeis esas muñecas de porcelana tan frágiles que se guardan en vitrinas de cristal para que no se rompan? Pues eso es lo que pasó. Esa muñeca se calló. Llevaba meses en la vitrina segura del mundo hasta que llegó alguien que torpemente la dejó caer. Y no lo vi venir. Y solo quería tumbarme en la cama. Y mis ojos se secaron tanto que no los podía cerrar por las noches. Silencio. Solo oía ese ruido. Tenía miedo. Miedo de ese destino que había querido que sufriese. Y me di cuenta de que durante tanto tiempo siempre sólo había sido una palabra. Esa noche trajo diez más en las que seguía pidiendo alguna salida, que algo me llevase muy lejos de allí. Iba todas las tardes a la orilla buscando una respuesta que nunca llegaba. Me fui al mar donde los días de tormenta mi furia se desbocaba y los días en los que el mar estaba en calma, mi dolor se mecía suavemente como un bote sin rumbo en medio de esa inmensidad. Conocí a alguien que me quiso se verdad pero no podía abrir un corazón que había sido herméticamente cerrado por la incomprensión. En cambio me dejé querer aunque nunca correspondiese a ese amor tan sincero. Y a veces le miraba fijamente intentando entender por qué que quería si no podía darle nada a cambio. Mientras me tumbaba entre sus brazos en la arena pensaba que estaría haciendo esa niña rubia que tan lejos estaba de mi playa. A veces me imaginaba que era ella la que me acariciaba la espalda, entonces le sonreía con el corazón hasta que encontraba unos ojos oscuros que no se parecían nada a aquellos con los que soñaba. Y me dolía verle feliz cuando yo reía. Y me odiaba profundamente por engañarme a mi y engañarle a él. Algunos días me sentaba frente a él y le preguntaba que si era feliz cuando estaba a mi lado. Él siempre sonreía con porro en la mano y me decía con su voz ronca: como no iba a serlo. Y lo decía tan serio y con tanto amor que acababa creyéndole. Y lo que más me dolía era que no se alejase de mi aun sabiendo que yo nunca le querría ni la mitad que él a mi. Estaba segura de que el dolor me había acogido en su hombro para siempre, harto de aparecer y desaparecer en los corazones de enamorados que nunca duermen, se había enamorado de la calma del mio.
Cuando volví de la playa decidí no seguir haciéndole daño. Desde ese día somos muy buenos amigos. A veces creo que se pregunta qué pudo fallar, pero todavía no tengo fuerzas para explicárselo.
Y hoy pienso también en esa niña rubia que me miraba aquel día en el patio. Y ahora me resulta gracioso acordarme de esos días en los que nos escondíamos en los baños; y sonrío para mi cuando recuerdo ese día que mi madre descolgó el teléfono para llamar mientras yo hablaba con ella y la oyó decirme lo mucho que me quería; y la cara que me puso después cuando entró en el salón; y las excusas tontas que puse yo mientras no podía evitar reirme por la pillada. Y aunque sus cartas volaron de mi habitación algunas noches siento como si todavía me las leyese al oído. Y puedo recordar frases llenas de besos y olores. Y sueño con los besos por debajo de las sábanas azules de su habitación encima de los árboles. Y me acuerdo de una época en la que sólo éramos amigas; aunque yo no pudiese evitar mirarla durante horas mientras dormía a mi lado; aunque nos cogiésemos de la mano en el teatro sin saber por qué; aunque nos sintiésemos incopletas durmiendo juntas sin abrazarnos. Y pienso que ahora ya no duermo a su lado como amiga ni como almohada, que no cojo su mano cuando quedo con ella ni para cruzar la calle, ni la miro durante minutos cuando hace sus cosas delante de mi. Ahora cuando estoy con ella soy aquella niña morena que la llevó volando a otro lugar más bello que donde ahora habita. Y me mira con ojos de: lo siento mi niña, sabes que todo es mejor así. Y no puedo evitar llegar a casa y sentirme estúpida porque nose si tiene razón, o si todo es peor así. Pero ahora se porque sigo pensando en ella. Porque mi cuento no tuvo final, como ya conté una vez. Mi cuento se cerró bruscamente y la causa no fue la falta de amor, sino la lógica humana, la sociedad, la nomalidad o como pueda llamarse ese mundo gris al que ella volvió.
Y la niña morena está indecisa, y no sabe si el camino por el que anda la lleva al lugar donde quiere estar; y quiere correr muy rápido y dejar atrás a todos los que no la entienden; y quiere saltar hasta esa ventana que dejarás abierta algún día para que pueda darte un beso de buenas noches. Pero tiene que ser pronto; mañana es demasiado tarde, y hoy es muy temprano.
La semana pasada fui al cine y vi una película china. En ella, un chino okupa vivía contento con la independencia que su vida le proporcionaba hasta que un día conoció a una chica que sufría en manos de su marido. Entonces se la llevó para que viviese con él. Rechazó su independencia por alguien que le necesitaba y que le había estado buscando sin darse cuenta. Y fue así como vivieron dos donde antes solo había uno. Y así fue como cenaron dos donde antes solo se veía comida para uno.
Y es así como me di cuenta de que a veces crees que no necesitas a nadie porque llenas tus espacios, pero no sabes que quizás llenar tus espacios no es suficiente. Que a veces también se pueden llenar corazones, y que eso te completa más que rellenar el tiempo que te sobra.
Y es entonces cuando me miro en el espejo y me veo ojeras, y nose si es porque no duermo o porque no tengo sueños. Creo que es porque no duermo. Todavía conservo sueños de escaparme muy lejos sin que el tiempo me desenmascare, sin que se de cuenta de que quiero burlarme de él. Entonces, cuando ya esté escondida debajo de los arrecifes de coral, daré la vuelta al reloj de arena para que corra sin mi.
Hace dos años, un día cualquiera desperté en un mundo que no estaba pensado para mi. Se unieron dos mundos que simplemente no eran compatibles. Yo no lo entendía. Ahora lo veo. ¿Sabeis esas muñecas de porcelana tan frágiles que se guardan en vitrinas de cristal para que no se rompan? Pues eso es lo que pasó. Esa muñeca se calló. Llevaba meses en la vitrina segura del mundo hasta que llegó alguien que torpemente la dejó caer. Y no lo vi venir. Y solo quería tumbarme en la cama. Y mis ojos se secaron tanto que no los podía cerrar por las noches. Silencio. Solo oía ese ruido. Tenía miedo. Miedo de ese destino que había querido que sufriese. Y me di cuenta de que durante tanto tiempo siempre sólo había sido una palabra. Esa noche trajo diez más en las que seguía pidiendo alguna salida, que algo me llevase muy lejos de allí. Iba todas las tardes a la orilla buscando una respuesta que nunca llegaba. Me fui al mar donde los días de tormenta mi furia se desbocaba y los días en los que el mar estaba en calma, mi dolor se mecía suavemente como un bote sin rumbo en medio de esa inmensidad. Conocí a alguien que me quiso se verdad pero no podía abrir un corazón que había sido herméticamente cerrado por la incomprensión. En cambio me dejé querer aunque nunca correspondiese a ese amor tan sincero. Y a veces le miraba fijamente intentando entender por qué que quería si no podía darle nada a cambio. Mientras me tumbaba entre sus brazos en la arena pensaba que estaría haciendo esa niña rubia que tan lejos estaba de mi playa. A veces me imaginaba que era ella la que me acariciaba la espalda, entonces le sonreía con el corazón hasta que encontraba unos ojos oscuros que no se parecían nada a aquellos con los que soñaba. Y me dolía verle feliz cuando yo reía. Y me odiaba profundamente por engañarme a mi y engañarle a él. Algunos días me sentaba frente a él y le preguntaba que si era feliz cuando estaba a mi lado. Él siempre sonreía con porro en la mano y me decía con su voz ronca: como no iba a serlo. Y lo decía tan serio y con tanto amor que acababa creyéndole. Y lo que más me dolía era que no se alejase de mi aun sabiendo que yo nunca le querría ni la mitad que él a mi. Estaba segura de que el dolor me había acogido en su hombro para siempre, harto de aparecer y desaparecer en los corazones de enamorados que nunca duermen, se había enamorado de la calma del mio.
Cuando volví de la playa decidí no seguir haciéndole daño. Desde ese día somos muy buenos amigos. A veces creo que se pregunta qué pudo fallar, pero todavía no tengo fuerzas para explicárselo.
Y hoy pienso también en esa niña rubia que me miraba aquel día en el patio. Y ahora me resulta gracioso acordarme de esos días en los que nos escondíamos en los baños; y sonrío para mi cuando recuerdo ese día que mi madre descolgó el teléfono para llamar mientras yo hablaba con ella y la oyó decirme lo mucho que me quería; y la cara que me puso después cuando entró en el salón; y las excusas tontas que puse yo mientras no podía evitar reirme por la pillada. Y aunque sus cartas volaron de mi habitación algunas noches siento como si todavía me las leyese al oído. Y puedo recordar frases llenas de besos y olores. Y sueño con los besos por debajo de las sábanas azules de su habitación encima de los árboles. Y me acuerdo de una época en la que sólo éramos amigas; aunque yo no pudiese evitar mirarla durante horas mientras dormía a mi lado; aunque nos cogiésemos de la mano en el teatro sin saber por qué; aunque nos sintiésemos incopletas durmiendo juntas sin abrazarnos. Y pienso que ahora ya no duermo a su lado como amiga ni como almohada, que no cojo su mano cuando quedo con ella ni para cruzar la calle, ni la miro durante minutos cuando hace sus cosas delante de mi. Ahora cuando estoy con ella soy aquella niña morena que la llevó volando a otro lugar más bello que donde ahora habita. Y me mira con ojos de: lo siento mi niña, sabes que todo es mejor así. Y no puedo evitar llegar a casa y sentirme estúpida porque nose si tiene razón, o si todo es peor así. Pero ahora se porque sigo pensando en ella. Porque mi cuento no tuvo final, como ya conté una vez. Mi cuento se cerró bruscamente y la causa no fue la falta de amor, sino la lógica humana, la sociedad, la nomalidad o como pueda llamarse ese mundo gris al que ella volvió.
Y la niña morena está indecisa, y no sabe si el camino por el que anda la lleva al lugar donde quiere estar; y quiere correr muy rápido y dejar atrás a todos los que no la entienden; y quiere saltar hasta esa ventana que dejarás abierta algún día para que pueda darte un beso de buenas noches. Pero tiene que ser pronto; mañana es demasiado tarde, y hoy es muy temprano.
hoy quería escribir un cuento
Hoy quería escribir un cuento. Un cuento de esos que hacen reir y llorar. Uno de esos que se graban por dentro y se agarran tan fuerte que lo recuerdas cuando te subes al coche, cuando paseas por la calle o cuando te vas a dormir. Uno que hasta te acompañe en los sueños más bellos que tengas. Pero no encuentro final para mi cuento y he pensado que por qué existe un final en los cuentos, si los finales son muchas veces el principio de algo más hermoso. Los sueños no tienen final. Hay quien cree que si, pero yo no lo creo. Hay quien piensa que el final es al despertarse, pero yo siempre me despierto en lo mejor del sueño, y luego, en clase, sigo soñando y buscando finales, y me doy cuenta ahora de que los finales son inciertos. Como en Lucía y el sexo, los mejores finales son un tunel que te llevan al centro de la historia otra vez. Y en el fondo eso es lo que son. Cuando una historia acaba y pasa el tiempo recuerdas los detalles del medio. Recuerdas un café al que solias ir de la mano, o un banco donde te sentabas a contar cuentos a un par de oidos que nunca dejaban de escuchar, o una manta que compartías bajo las estrellas pintadas en su techo. No recuerdas el final. Quizás sea porque no quieras hacerlo.
Pero mi cuento si tiene un principio. En un colegio donde había muchos niños. Había una niña que se apoyaba el los barrotes del patio mirando a la nada. No sabía que alguien llevaba una hora obsarvándola hasta que alzó la vista. Era ella. Lo sabía. y sabía que desde entonces no volvería a querer a nadie tanto, y sabía que algún día tendría una llaga tan profunda que la dolería al besar otros labios. Pero entonces nada de eso la hizo retroceder. Ya era tarde. Todavía no habían hablado, pero era tarde. La niña rubia se acercó y no se separó de ella en dos años. Dos años que guardaron el amor y el dolor, la pasión y el deseo, la sinceridad y la decepción. La decepción pesaba demasiado y ya no la pudieron guardar. La niña morena sonreía cada día y la rubia que la amaba, luchaba por cuidar una imagen que ya no podía seguir ocultando. La quería y le dolía el alma de esconder tanto y lloraba, como si repartiendo cada lágrima pudiese explicar a la gente lo que pasaba sin que la señalasen con el dedo. Y su morena seguía a su lado porque no veía un sueño sin ella y quería arroparla cada noche y velar por su sueño, pero las pesadillas la retorcían por las noches. Y los días eran pesadillas animadas, con personajes malévolos que no entendían nada, que la rodeaban con los ojos en blanco y los oidos bendados. Pero su morena seguía ahí al anochecer. Y antes de dormir podía soñar a su lado y entonces no había nada que la hiciese caer. Volaban las dos en una nube tan alta que la incomprensión quedaba muy por debajo de ellas y asomadas en su nube de azucar reían y aplaudían contentas. Hasta que un día hizo mucho mucho viento y su nube se fundió en medio de un océano de dudas. Cada vez más olas querían llevarse a la rubia hacía un lugar donde la gente no soñaba ni veía nubes de colores, donde vestían con mocasines negros y corbatas grises, donde todos eran útiles y perfectos. Y su corazón no quería bajarse de su nube, pero ella creía que eso es lo que debía hacer y a veces como decía ella: había que hacer lo correcto y esconder algunos sentimientos. Y la morena que no sabía como esconder los sentimientos, intentó jugar al escondite con ellos y no buscarlos después, pero siempre volvían. Y la niña rubia si sabía y además lo hacía tan bien que parecía que ya no estaba jugando. Era tan real que parecía que nunca hubiese subido en una nube. Y la morena vió que su nube a partir de ese día sólo sería para ella porque la rubia ya no quería volar más. Había jugado tanto al escondite que se olvidó de donde empezó a jugar. Y la morena que había dejado de ser su morena, no voló más allí. Pero no porque no quiso, sino porque una nube de dos la parecía demasiado grande para ella solita. Había empequeñecido un poco desde que dormía sola. Así que se inventó una nube más pequeña que la llevase muy lejos de ese mundo donde se había quedado su rubia. Podía haber intentado traerla de vuelta, pero no hubiese sido igual. Ya no soñaban lo mismo. La rubia había dejado de soñar con el mar, ahora pensaba en lo que piensa la gente normal. y la morena dejó de creer en ella. Y no lo hizo porque ya no la quisiera, lo hizo porque ya no la creía de verdad. Sabía que una pose no podía durar eternamente, y ella no quería ser igual. No quería vivir en ese cielo de mentiras siempre. Pensó que la rubia se cansaría y no podría evitar volver a su nube, pero se equivocó como tantas otras veces. Y la rubia pidió por última vez a su morena que no se apartase de su lado, que serían amigas para ir de compras juntas, pero ella se negó. La miró a los ojos y entonces no hubo nada más que preguntar. Se fue muy lejos, tan lejos que ninguna carta podría romper la distancia. Se fue tan lejos que ni su nube se acordaría de regresar. Pero sus sueños volvieron a aparecer y la pequeña morena siguió su camino. Lo siguió con esa herida que supo que tendría cuando la vió en el patio, pero siguió. Y a veces sangraba, pero bastaba con una venda, y otras, se tumbaba en la cama y lloraba su incomprensión hacia fuera. Y estas lágrimas eran de decepción, que eran las más crueles de todas. Eran las más afiladas, las que caían al suelo haciendo ruido, las que cortaban sus mejillas como sucios cristales que la recordaban a ella con cada punzada de dolor. Ese camino de rosales con espinas la llevó a los brazos de muchos desconocidos que la intentaron querer, pero ella no quería que la amasen desconocidos que no sabían contar cuentos. Había silenciado su corazón con los tapones del rencor. Y así pasó el tiempo y la niña morena creció un poco y aprendió a abrazar de nuevo y se enamoró de distintas personas que la enseñaron a sonreir con los ojos. había aprendido algo, y era que contra el amor no había nada. Que no tenía que luchar contra el. La persona de la que se enamorase llegaría algún día. Quizás fuese un moreno marinero que la viniese a recoger en su barco fantasma, o un hada encantada que volase junto a ella.. pero sabía que seguría buscando..
Por eso no hablo de finales, porque todos los finales son abiertos. Algunos creerán que esa niña morena acabará casada en el mundo gris, otros que conseguirá que un hada la lleve el cielo para siempre..
pero yo creo que esa morena seguirá esperando en su nube hasta que divise una mirada que la vuelva a hacer descender..
Pero mi cuento si tiene un principio. En un colegio donde había muchos niños. Había una niña que se apoyaba el los barrotes del patio mirando a la nada. No sabía que alguien llevaba una hora obsarvándola hasta que alzó la vista. Era ella. Lo sabía. y sabía que desde entonces no volvería a querer a nadie tanto, y sabía que algún día tendría una llaga tan profunda que la dolería al besar otros labios. Pero entonces nada de eso la hizo retroceder. Ya era tarde. Todavía no habían hablado, pero era tarde. La niña rubia se acercó y no se separó de ella en dos años. Dos años que guardaron el amor y el dolor, la pasión y el deseo, la sinceridad y la decepción. La decepción pesaba demasiado y ya no la pudieron guardar. La niña morena sonreía cada día y la rubia que la amaba, luchaba por cuidar una imagen que ya no podía seguir ocultando. La quería y le dolía el alma de esconder tanto y lloraba, como si repartiendo cada lágrima pudiese explicar a la gente lo que pasaba sin que la señalasen con el dedo. Y su morena seguía a su lado porque no veía un sueño sin ella y quería arroparla cada noche y velar por su sueño, pero las pesadillas la retorcían por las noches. Y los días eran pesadillas animadas, con personajes malévolos que no entendían nada, que la rodeaban con los ojos en blanco y los oidos bendados. Pero su morena seguía ahí al anochecer. Y antes de dormir podía soñar a su lado y entonces no había nada que la hiciese caer. Volaban las dos en una nube tan alta que la incomprensión quedaba muy por debajo de ellas y asomadas en su nube de azucar reían y aplaudían contentas. Hasta que un día hizo mucho mucho viento y su nube se fundió en medio de un océano de dudas. Cada vez más olas querían llevarse a la rubia hacía un lugar donde la gente no soñaba ni veía nubes de colores, donde vestían con mocasines negros y corbatas grises, donde todos eran útiles y perfectos. Y su corazón no quería bajarse de su nube, pero ella creía que eso es lo que debía hacer y a veces como decía ella: había que hacer lo correcto y esconder algunos sentimientos. Y la morena que no sabía como esconder los sentimientos, intentó jugar al escondite con ellos y no buscarlos después, pero siempre volvían. Y la niña rubia si sabía y además lo hacía tan bien que parecía que ya no estaba jugando. Era tan real que parecía que nunca hubiese subido en una nube. Y la morena vió que su nube a partir de ese día sólo sería para ella porque la rubia ya no quería volar más. Había jugado tanto al escondite que se olvidó de donde empezó a jugar. Y la morena que había dejado de ser su morena, no voló más allí. Pero no porque no quiso, sino porque una nube de dos la parecía demasiado grande para ella solita. Había empequeñecido un poco desde que dormía sola. Así que se inventó una nube más pequeña que la llevase muy lejos de ese mundo donde se había quedado su rubia. Podía haber intentado traerla de vuelta, pero no hubiese sido igual. Ya no soñaban lo mismo. La rubia había dejado de soñar con el mar, ahora pensaba en lo que piensa la gente normal. y la morena dejó de creer en ella. Y no lo hizo porque ya no la quisiera, lo hizo porque ya no la creía de verdad. Sabía que una pose no podía durar eternamente, y ella no quería ser igual. No quería vivir en ese cielo de mentiras siempre. Pensó que la rubia se cansaría y no podría evitar volver a su nube, pero se equivocó como tantas otras veces. Y la rubia pidió por última vez a su morena que no se apartase de su lado, que serían amigas para ir de compras juntas, pero ella se negó. La miró a los ojos y entonces no hubo nada más que preguntar. Se fue muy lejos, tan lejos que ninguna carta podría romper la distancia. Se fue tan lejos que ni su nube se acordaría de regresar. Pero sus sueños volvieron a aparecer y la pequeña morena siguió su camino. Lo siguió con esa herida que supo que tendría cuando la vió en el patio, pero siguió. Y a veces sangraba, pero bastaba con una venda, y otras, se tumbaba en la cama y lloraba su incomprensión hacia fuera. Y estas lágrimas eran de decepción, que eran las más crueles de todas. Eran las más afiladas, las que caían al suelo haciendo ruido, las que cortaban sus mejillas como sucios cristales que la recordaban a ella con cada punzada de dolor. Ese camino de rosales con espinas la llevó a los brazos de muchos desconocidos que la intentaron querer, pero ella no quería que la amasen desconocidos que no sabían contar cuentos. Había silenciado su corazón con los tapones del rencor. Y así pasó el tiempo y la niña morena creció un poco y aprendió a abrazar de nuevo y se enamoró de distintas personas que la enseñaron a sonreir con los ojos. había aprendido algo, y era que contra el amor no había nada. Que no tenía que luchar contra el. La persona de la que se enamorase llegaría algún día. Quizás fuese un moreno marinero que la viniese a recoger en su barco fantasma, o un hada encantada que volase junto a ella.. pero sabía que seguría buscando..
Por eso no hablo de finales, porque todos los finales son abiertos. Algunos creerán que esa niña morena acabará casada en el mundo gris, otros que conseguirá que un hada la lleve el cielo para siempre..
pero yo creo que esa morena seguirá esperando en su nube hasta que divise una mirada que la vuelva a hacer descender..
hay ojos que buscan una isla..
hoy es uno de esos días en lo que el sol ha salido para recordame que me ponga la camiseta naranja que guardaba para el día en que te volviese a ver. y puede que ese día nunca llegase, o quizás si llegase, tu nisiquiera te fijases en la camiseta que separaba de las demás en el fondo del armario. así que me he puesto mi camiseta naranja y he pensado en la niña que me puso el nombre de "la niña de naranja" y entonces lo he entendido todo. a veces llevas mucho tiempo esperando algo que nunca pasa y cuando dejas de creer, ocurre cierta cosa que te hace ver que el destino juega de tu parte. eso es lo que me ha pasado a mi. y puede que no lo creais, pero la niña de las nubes lo sabe. ahora se pintar las paredes. antes solo eran garabatos, pero ahora se dibujar sonrisas, arcoiris y mil cosas más. y es porque ella se ha empeñado en enseñarme, aunque no sepa que es gracias a ella.
asi que aquí sigo, con mi camiseta naranja, y sin saber que escribir, porque hoy es otro de esos días en los que escribo y escribo sin parar y al final acabo hablando del cielo, de las nubes.. y no creo que importe mucho.
hoy he llegado a casa y he encendido la radio, un locutor de esos que modulan su voz para parecer más sexys (y nunca lo consiguen!) me saludaba desde ese aparato inmovil que se ha convertido en una buena compañía, en la única que no te hace esas preguntas que tanto odias contestar. pero no hablaba de los colores anaranjados del cielo. hablaba de cosas que no me parecían tan importantes esta tarde. así que he apagado ese aparato que tanta rabia me estaba dando escuchar y me he sentado en la ventana de mi habitación, respirando el aire fresco que cortaba mis mejillas, las cuales ingenuas, se han ruborizaso. la he vuelto a cerrar y he salido a dar un paseo por la ciudad. he viajado al fondo de la tierra por ese tunel artificial de ruidos ensordecedores y codos que te empujan y me he dejado llevar por la corriente humana que me ha llevado por las calles del centro. mientras caminaba, por un momento me he sentido protegida dentro de ese océano de caras vacías. he mirado al cielo y entonces me pareció mas lejano. decidí volver a casa. recorriendo camines grises de asfalto, saludando a gente sin rostro que no me devolvía la mirada, perdiéndome en abrigos que escondían innumerables secretos paseando por las calles de Madrid.
cuando he llegado a casa, me he puesto los calcetines que me regalaste, los de las ranitas sonrientes. y por un momento he querido que me llamases y me dijeses que eras infeliz porque no estaba a tu lado. lo he deseado tanto que me he dormido pensando en ti y me he despertado cuando te daba un beso en la frente intentando absorber de tu mente lo que te ponía triste. y luego me he dado cuenta de que no quería que fueses infeliz, y tampoco que me necesitases. he sabido que lo que de verdad quería es que alguien me necesitase. pero no un recuerdo, y eso es en lo que tu te has convertido. se que antes me dolía pensar eso, pero ahora se que es lo que queda. el viento del desierto esparce la arena y los granitos se van haciendo montañas, y empiezan a pertenecer a ellas. y yo ya estoy muy lejos de la tuya. y ahora no me ahogo en este mar. puede que a veces me cueste nadar sin ayuda, pero nunca me ha gustado pedirla. y si alguien ve una manchita en mis ojos, entonces contaré nuestra historia. pero ya no será una historia triste, es solo una historia sobre un ojo que estaba harto de ser mar. un día se encontro con unos ojos de arena y quiso ser parte de ellos. asi fue como en el mar se creo una isla, y como en la tierra de mis ojos apareció un lago.
me gustaria susurrar esta historia una madrugada y recibir a cambio una sorisa que me haga ver que soñar con volar no es una tontería y que buscar otra manchita en mis ojos tampoco lo es..
asi que aquí sigo, con mi camiseta naranja, y sin saber que escribir, porque hoy es otro de esos días en los que escribo y escribo sin parar y al final acabo hablando del cielo, de las nubes.. y no creo que importe mucho.
hoy he llegado a casa y he encendido la radio, un locutor de esos que modulan su voz para parecer más sexys (y nunca lo consiguen!) me saludaba desde ese aparato inmovil que se ha convertido en una buena compañía, en la única que no te hace esas preguntas que tanto odias contestar. pero no hablaba de los colores anaranjados del cielo. hablaba de cosas que no me parecían tan importantes esta tarde. así que he apagado ese aparato que tanta rabia me estaba dando escuchar y me he sentado en la ventana de mi habitación, respirando el aire fresco que cortaba mis mejillas, las cuales ingenuas, se han ruborizaso. la he vuelto a cerrar y he salido a dar un paseo por la ciudad. he viajado al fondo de la tierra por ese tunel artificial de ruidos ensordecedores y codos que te empujan y me he dejado llevar por la corriente humana que me ha llevado por las calles del centro. mientras caminaba, por un momento me he sentido protegida dentro de ese océano de caras vacías. he mirado al cielo y entonces me pareció mas lejano. decidí volver a casa. recorriendo camines grises de asfalto, saludando a gente sin rostro que no me devolvía la mirada, perdiéndome en abrigos que escondían innumerables secretos paseando por las calles de Madrid.
cuando he llegado a casa, me he puesto los calcetines que me regalaste, los de las ranitas sonrientes. y por un momento he querido que me llamases y me dijeses que eras infeliz porque no estaba a tu lado. lo he deseado tanto que me he dormido pensando en ti y me he despertado cuando te daba un beso en la frente intentando absorber de tu mente lo que te ponía triste. y luego me he dado cuenta de que no quería que fueses infeliz, y tampoco que me necesitases. he sabido que lo que de verdad quería es que alguien me necesitase. pero no un recuerdo, y eso es en lo que tu te has convertido. se que antes me dolía pensar eso, pero ahora se que es lo que queda. el viento del desierto esparce la arena y los granitos se van haciendo montañas, y empiezan a pertenecer a ellas. y yo ya estoy muy lejos de la tuya. y ahora no me ahogo en este mar. puede que a veces me cueste nadar sin ayuda, pero nunca me ha gustado pedirla. y si alguien ve una manchita en mis ojos, entonces contaré nuestra historia. pero ya no será una historia triste, es solo una historia sobre un ojo que estaba harto de ser mar. un día se encontro con unos ojos de arena y quiso ser parte de ellos. asi fue como en el mar se creo una isla, y como en la tierra de mis ojos apareció un lago.
me gustaria susurrar esta historia una madrugada y recibir a cambio una sorisa que me haga ver que soñar con volar no es una tontería y que buscar otra manchita en mis ojos tampoco lo es..
a veces el tiempo no es suficiente..
a veces el tiempo no es suficiente. y a veces el tiempo no cura todo como prometen los refranes. y es, a veces, cuando te das cuenta de que quieres irte pronto a la cama porque no te gusta lo que hay fuera de tus sueños. esas veces son las que me hacen pensar en tu mirada, las que me hacen abrazar la almohada y dar un beso al aire antes de dormir. a veces, me traiciono yo sola y sueño contigo. sueño que todavía puedo tocarte sin que te escurras al abrir los ojos. sueño que todavía tenemos 17 años y nos abrazamos en la playa debajo de una toalla. pero me despiertan las olas y no tus besos. me despierta el viento y no tu voz. algunas veces quedamos para tomar un café o ir al cine, como hoy, y sin que nadie se de cuenta, te miro de reojo y acaricio la butaca porque no me atrevo a llegar hasta tu mano.
hoy hemos hablado de "Olvídate de mi" y me has preguntado si borraría algo de mi pasado, de nuestro pasado. no me lo he pensado y he dicho que no. si me lo hubieses preguntado hace un año no dudaría en decir que si. pero no podía explicarte eso hoy. no podía decirte que tus heridas cicatrizaron mucho antes de lo que tardaron en curar las mías. aunque ya lo sabes, pero no quiero retroceder en el tiempo. aunque piense de vez en cuando como sería si estuvieses a mi lado, se que en el fondo ya no lo quiero. necesitaba aire, y ahora lleno mis pulmones cada día. hablamos de la gente que nos rodea y ya no me siento vacía cada vez que nombras a esa persona tan especial. ahora sonrío para mi y pienso: ojalá encuentres a alguien que te de lo que yo nunca pude darte. porque sé que fue feliz, y sé que me quiso como poca gente hará, pero soy demasiado inestable. ojalá hubiese podido abrazarte muy fuerte hasta hoy y protegerte de todas las pesadillas que te perseguían. ojalá hubiese ido a tu casa cada noche vigilando haber si podía atrapar a los monsturos que perturbaban tus sueños. pero no lo hice. quizás porque estaba pendiente de crear los míos. por eso ahora se que estamos mejor así, en el recuerdo. se quedó en los besos a escondidas debajo de las mesas de los laboratorios del colegio, en los labios que se escondían en mi almohada para ahogar las voces que no podían oir mis padres en la habitación de al lado, en las manos cogidas en el cine sin que nadie fuese testigo de nuestro secreto. fue eso, un secreto. un secreto que me quitó el aliento, que me mostró el doble filo del amor y me castigó por retar a Cupido. pero lo más importante es que porfín sé que fue, ni es ni será. tu serás por tu lado y yo por el camino que elegí.
a veces el tiempo no es suficiente.. y otras veces si
hoy hemos hablado de "Olvídate de mi" y me has preguntado si borraría algo de mi pasado, de nuestro pasado. no me lo he pensado y he dicho que no. si me lo hubieses preguntado hace un año no dudaría en decir que si. pero no podía explicarte eso hoy. no podía decirte que tus heridas cicatrizaron mucho antes de lo que tardaron en curar las mías. aunque ya lo sabes, pero no quiero retroceder en el tiempo. aunque piense de vez en cuando como sería si estuvieses a mi lado, se que en el fondo ya no lo quiero. necesitaba aire, y ahora lleno mis pulmones cada día. hablamos de la gente que nos rodea y ya no me siento vacía cada vez que nombras a esa persona tan especial. ahora sonrío para mi y pienso: ojalá encuentres a alguien que te de lo que yo nunca pude darte. porque sé que fue feliz, y sé que me quiso como poca gente hará, pero soy demasiado inestable. ojalá hubiese podido abrazarte muy fuerte hasta hoy y protegerte de todas las pesadillas que te perseguían. ojalá hubiese ido a tu casa cada noche vigilando haber si podía atrapar a los monsturos que perturbaban tus sueños. pero no lo hice. quizás porque estaba pendiente de crear los míos. por eso ahora se que estamos mejor así, en el recuerdo. se quedó en los besos a escondidas debajo de las mesas de los laboratorios del colegio, en los labios que se escondían en mi almohada para ahogar las voces que no podían oir mis padres en la habitación de al lado, en las manos cogidas en el cine sin que nadie fuese testigo de nuestro secreto. fue eso, un secreto. un secreto que me quitó el aliento, que me mostró el doble filo del amor y me castigó por retar a Cupido. pero lo más importante es que porfín sé que fue, ni es ni será. tu serás por tu lado y yo por el camino que elegí.
a veces el tiempo no es suficiente.. y otras veces si
relatos abstractos; mentes caóticas
Nose como he empezado a escribir aqui. quizás haya sido por una niña que he conocido hace poco: la niña de las nubes, la que quiere escanciar la luna, la que crea un mundo entre cuatro paredes y ayuda a los demás a escapar del que les rodea. También tengo más razones. Creo que necesito escribir lo que pasa por mi cabeza y no solo escribirlo en un papel, sino en forma de mensaje para quien quiera leerlo. No prometo dar consejos útiles, ni recetas de tartas deliciosas, ni tan siquiera experiencias tan bellas que parezcan cuentos. solo quiero sacar fuera lo que llevo mucho tiempo ocultando dentro. por que existen las mentiras? yo de pequeña era muy mentirosa. me gustaba jugar a ser Estrella de fuego, la novia de Spider Man, y me lo tomaba tan en serio que en los cuadernos del colegio escribía ese nombre en lugar del mio. claro, que a veces lo pasaba mal cuando un profesor me pedía mi cuaderno para corregir algo, porque cuando lo devolvía iba diciendo en alto cada nombre para que fuesemos uno a uno a recogerlo a su mesa. me acuerdo todavía del rubor que subió a mis mejillas cuando después de oir: Alejandra Rodriguez, Jorge Hernandez..oí que decía: Estrella de fuego?? por supuesto no levante la mirada de mi falda, hasta que ya estaban repartidos los cuadernos y era mi mesa la única vacía y en la del profesor sólo quedaba el cuaderno de la novia de Spider Man. así que allí, frente a todos mis pequeños compañeros de clase, tuve que reconocer que yo era la super woman de clase.
ya nunca miento. ya no invento poderes con telas de araña, ni ladrones de los que defenderme por las noches. ahora lo único que invento son sueños que adorno un poco más cada día. ahora solo imagino mundos llenos de palmeras que llegan hasta el cielo y nubes que se deshacen en mi pelo.
a veces salgo a pasear por fuencarral sólo para sentirme parte de ese gran mar de caras vacías que se desliza por las aceras, y otras miro desde mi ventana y me siento más segura allí desde las alturas.
nose si es esto lo que quería escribir. al principio pensé en escribir un cuento sobre una isla de un océano perdido donde habitan duendes, doncellas, príncipes encantados y brujas con verrugas en la nariz , pero pensé que eso ya lo habría echo alguien. y luego empecé a contar algo sobre mi infancia y los superhéroes; y luego volví a lo de esa mima isla, pero esta vez con duendes drogadictos, doncellas ninfómanas, príncipes con verrugas y brujas con encanto. pero al final me di cuenta de que era mejor dejar que mi mano se deslizase por las teclas y crease un pequeño mundo abstracto que definiese un poco lo que sentía. supongo que he conseguido ser lo suficientemente abstracta para que se parezca ligeramente a mi cerebro, pero mentiría si dijese que esto es más caótico.
ahora me voy a volar un rato hasta mañana. a volar por la ciudad, entre pestañas rizadas y luces de neón, entre chaquetas amarillas y zapatos de tacón.
ya nunca miento. ya no invento poderes con telas de araña, ni ladrones de los que defenderme por las noches. ahora lo único que invento son sueños que adorno un poco más cada día. ahora solo imagino mundos llenos de palmeras que llegan hasta el cielo y nubes que se deshacen en mi pelo.
a veces salgo a pasear por fuencarral sólo para sentirme parte de ese gran mar de caras vacías que se desliza por las aceras, y otras miro desde mi ventana y me siento más segura allí desde las alturas.
nose si es esto lo que quería escribir. al principio pensé en escribir un cuento sobre una isla de un océano perdido donde habitan duendes, doncellas, príncipes encantados y brujas con verrugas en la nariz , pero pensé que eso ya lo habría echo alguien. y luego empecé a contar algo sobre mi infancia y los superhéroes; y luego volví a lo de esa mima isla, pero esta vez con duendes drogadictos, doncellas ninfómanas, príncipes con verrugas y brujas con encanto. pero al final me di cuenta de que era mejor dejar que mi mano se deslizase por las teclas y crease un pequeño mundo abstracto que definiese un poco lo que sentía. supongo que he conseguido ser lo suficientemente abstracta para que se parezca ligeramente a mi cerebro, pero mentiría si dijese que esto es más caótico.
ahora me voy a volar un rato hasta mañana. a volar por la ciudad, entre pestañas rizadas y luces de neón, entre chaquetas amarillas y zapatos de tacón.