inventando nubes
historias sobre unicornios,elefantes voladores...y todo lo que cabe en los sueños
Acerca de
a veces me siento un poco tonta en este mundo de listos, a veces soy yo la lista, la que no espera, la que se aprovecha, la que no duda. otras veces soy simplemente yo, la que me equivoco para aprender, la que me pongo nerviosa sin querer, la que me rompo por lo que pasó y no fue o por lo que fue porque pasó. pero solo a veces, durante un instante lo entiendo, y se que todo tiene más sentido así, en mi mundo, donde no eres listo ni tonto, donde los sueños no acaban donde terminan las almohadas y donde las mentiras son piadosas porque las pecadoras siempre son convincentes. y donde yo no soy yo, sino lo que está dentro de mi, las tentaciones que bajo letras forman un universo.
Sindicación
 
Buenas noches
Y te desvistes entre las paredes que te vieron crecer, sin darte cuenta que ya no eres la misma niña que subía las escaleras para hacer los deberes. Aunque muchas veces no abrías los libros, simplemente te limitabas a ponerlos encima de la mesa para que de vez en cuando pesara en tu conciencia la falta de ganas de seguir una vida planificada. Te desvistes y ya no eres la niña que corría hacia la puerta cuando llegaban sus padres cargados de regalos y de viajes que después narraban en la cena improvisada del mantel de cuadros. Te desnudas y ya no se descubre ese cuerpo que ansiaba vivir deprisa y buscar continuamente. Dejas la ropa junto a la mesilla y ya no encuentras esa falta de responsabilidad, esas ganas de ser rebelde y tirar todo al suelo aunque fuese solo para demostrarte que estabas creciendo. Te acercas a la ventana y miras hacia fuera. La ventana de enfrente ya no tiene las cortinas azules con elefantes dibujados. La ventana de enfrente ahora tiene unas cortinas color salmón de Ikea que odias ver ahí colocadas. Ahí. Ahí no. En cualquier lugar menos ahí. Ella las hubiese odiado. Intentas bajar la persiana para huir de ese atroz espejismo, de esos recuerdos que se quieren colar por las rendijas de lo que querías olvidar. Pero la persiana sigue estropeada. Hacía mucho tiempo que no dormías ahí y nadie se dio cuenta de que había que arreglarla. Esta vez no te enfadas, ni siquiera te arrepientes de haber vuelto a esa habitación de la que huiste hace un par de años. Los suficientes para que la indiferencia quiera hacerse un hueco en tu corazón. En vano. Tu corazón nunca dejó que ese sentimiento entrase. Por eso te marchaste. No pudiste irte antes. Ella te hubiese odiado. Era más fácil dejarla marchar a ella y odiarla tú.

Desnuda miras tu reflejo en la ventana. Ya no eres una niña y no sabes porque has vuelto si ya no hay nada ahí. Casi no te reconoces en ese mismo lugar donde observabas como cambiaba tu cuerpo cada año. Sin darte cuenta sigues mirando las cortinas color salmón de la ventana de enfrente. Ya no se enciende una linterna a media noche, ya no hay códigos secretos envueltos en palabras bonitas, ya no hay miradas a través de sus cristales ni oscuridades bruscas al abrirse la puerta. Te das la vuelta y abres el armario. Ahí siguen tus pantalones de campana, tus chapas de colores, tus bufandas y tus gorros. En sus puertas siguen las entradas de conciertos que pegaste con esmero. Algunas de ellas están rotas por la mitad, recordándote el día que las arrancaste con toda tu furia, como si al hacerlo fueses a olvidar más rápido. Coges la primera camiseta que hay doblada encima de los cajones, no tienes ganas de abrirlos y dejar salir todo lo que no te llevaste de ahí. Casi sin mirarla te la pones y con su tacto recuerdas donde la compraste. Fue la primera vez que quedasteis a tomar un café. Después de pasear decidisteis entrar en la tienda que tanto le gustaba. Te miras al espejo y sonríes al ver el dibujo estampado en medio de tu pecho. Mazinger Z te reta a un duelo que ya no es el tuyo. Cierras el armario y te sientes cansada pero no tienes sueño. En realidad no te apetece nada estar ahí. Ya no.

Te acercas otra vez a tu ventana casi esperando que la de enfrente vuelva a tener sus cortinas azules de elefantes. Pero siguen colgadas las de color salmón. Tú empiezas también a odiarte por tus ingenuas ilusiones. Decides intentar dormir. Vas hacia la cama en la que te escondías del resto del mundo cuando ya no te entendían. La abres y te gusta ver tus sábanas tal y como las dejaste, con sus lunares azules en el mismo sitio que antes. Entras en ella como cuando te aislabas del mundo, como cuando ella se fue. Apagas la luz de la mesilla y ves el reflejo de las farolas contra el techo. Como antes. Como cuando el insomnio recorría tu cuerpo y sus besos no se iban en la oscuridad. Intentas no pensar y lo consigues.

Te duermes. Duermes como cuando eras una niña que cansada volvía a casa con un secreto que guardar. Duermes mientras en las demás casas otras niñas sueñan sin secretos debajo de sus almohadas. Duermes enfrente de otra casa con cortinas de color salmón. Duermes mientras alguien corre las cortinas de color salmón y mira hacia tus cortinas blancas con barcos rojos. Duermes mientras ella llora mirando tu ventana, mirando como sigue intacta a través de los años. Duermes cuando ella cierra sus cortinas pensando que no hay nadie en la casa de los barcos rojos. Duermes mientras ella piensa que tú odiarías que todo siguiese igual sin ti. Te has dormido y ella apaga la luz de su cuarto y coge el bolso de la mesilla. Duermes mientras ella vuelve hacia la ventana esperando que estés ahí, aunque sea la última vez. Pero tú ya estás dormida y no ves el reflejo de su ventana, el que hace tiempo te hubiese despertado corriendo a su encuentro. Tú sueñas ahora con sus cortinas de elefantes y ella apaga la luz antes de cerrar la puerta. Y mientas duermes como una niña no sabes que ha venido a buscarte, que solo ha venido esperando que hoy estuvieses mirando hacia su ventana. No sabes que ha estado con la linterna en la mano sintiéndose estúpida y siendo feliz al mismo tiempo. No sabes nada porque duermes cuando ella sale a la calle y mira por última vez hacia tu ventana antes de marcharse. No sabes nada porque si lo supieses al día siguiente te odiarías. Y ella también.