inventando nubes
historias sobre unicornios,elefantes voladores...y todo lo que cabe en los sueños
Acerca de
a veces me siento un poco tonta en este mundo de listos, a veces soy yo la lista, la que no espera, la que se aprovecha, la que no duda. otras veces soy simplemente yo, la que me equivoco para aprender, la que me pongo nerviosa sin querer, la que me rompo por lo que pasó y no fue o por lo que fue porque pasó. pero solo a veces, durante un instante lo entiendo, y se que todo tiene más sentido así, en mi mundo, donde no eres listo ni tonto, donde los sueños no acaban donde terminan las almohadas y donde las mentiras son piadosas porque las pecadoras siempre son convincentes. y donde yo no soy yo, sino lo que está dentro de mi, las tentaciones que bajo letras forman un universo.
Sindicación
 
tinta roja
Hay noches en las que se reparten lacasitos naranjas por la calle. Y el viernes fue una de esas noches. En las que se oía el mar desde una terraza en el centro de Madrid.
Una noche de caras que lanzaban fuego por la boca y seres con los ojos achinados que vendían peces fosforitos. De conversaciones bajo el canto de dos pájaros transnochadores. Y me di cuenta de que hay niñas que saben ver figuras donde el resto sólo ve azulejos, y que saben lo importante que es que alguien comparta contigo lo que sentía cuando era una niña pequeña y soñaba con elefantes que volaban y se escondían debajo de su cama. Y ahora creo un poquito más en las personas, y nose si ha sido por esa noche. Pero estoy un poco más contenta. Contenta con la gente y conmigo. Ojalá hubiese podido inventarme algún cuento viejo de esos que a veces recuerdo el principio, pero supongo que el silencio era lo único que me acompañaba y que las palabras las tenía por dentro haciendo una montaña de pensamientos. Y al llegar a casa lo único que sentía era el vacío de las palabras que no dije. Y sentía la necesidad de irme a la playa y volver a contar esas historias que dejan de interesar a las personas. Y quería escaparme para volver a repetir todas esas tonterías que hacía de pequeña en el patio de mi casa y saber si a alguien le producían algún sentimiento, aunque fuera de aburrimiento. Hace tiempo que me di cuenta de que hay personas que nisiquiera sienten aburrimiento.

La niña de naranja, la de tantas emociones rotas y miradas perdidas. La que se esconde cuando tiene vergüenza y da la cara por causas tan perdidas para el resto del mundo como el amor. La niña que tiene rotos los pantalones de andar por un desierto sucio y lleno de mentiras. La que siempre se desliza por un camino y lleva su cabeza por otro. La que no puede evitar mirar hacia atrás de vez en cuando y desear tiempos pasados. La misma niña que cuando tiene miedo escribe como si al sacar palabras de su interior fuese a desalojar los fantasmas que la cubren por dentro.
Y esa niña es la que escribe hoy. La que se ha dado cuenta de que no puede seguir engañándose, la que tiene todos los hilos enredados de intentar ordenar algo que siempre ha estado cruzado y hoy más que nunca.
Y quiere soltar esa cuerda que la sujeta y lanzarse al único mar por el que siempre quiso navegar. Y poder reconocer que sus ojos siempre se han fijado en personas de las que su mente ha huido. Y darse cuenta de que a veces no hay lugares donde esconderse en una casa vacía. Y que los muebles no se van solos, que a veces el vacío se lo provoca ella con el eco de las palabras que no siente. Y sabe mentirse porque no se puede mirar a los ojos. Por eso nunca se mira en los espejos, porque sabe que no se puede enfrentar a esa mirada herida de tanto esconder. Sus ojos ya están difuminados de tanto evitar su reflejo. Pero a veces cuando los ve, lo único que siente es odio por seguir adelante con la máscara más artificial que ha podido crear.
Por eso hoy la niña de naranja escribe desde el corazón, y por eso la tinta de sus palabras es roja como los sentimientos que nacen ahora en su piel. Pero no está triste. Creo que está más contenta que nunca porque sabe que ya no necesita encajar en ningún lugar. Hace poco una niña muy especial le contó un cuento sobre un niño que paseaba al lado de un muro por el que desde una ventana se asomó una niña. Él, se enamoró de ella y quiso atravesar el muro para encontrarla. Al final, vió una puerta que daba al otro lado pero era demasiado pequeña. Aun así, el niño que sentía que tenía su corazón al otro lado, se amputó cada miembro de su cuerpo que le retenía lejos de ella. Y así llegó a su ventana. Ella cuando le vió se quedo horrorizada y le explicó que ella también se había enamorado, pero no de lo que había quedado de él. Que hubiesen sido felices si hubiesen encontrado la puerta por la que cupiesen los dos y su amor, pero no había sido así. Y así, en esa noche de lacasitos, la niña de naranja se dio cuenta de que no hacía falta mutilarse para llegar a algún lugar. Que no hay que forzar los sentimientos ni ocultar las emociones. Que a veces hay un puente entre dos personas y otras veces no. Y no hace falta constuir murallas de papel que se van a derrumbar con el desprecio de los dos. No hace falta inventar túneles que nos lleven cerca de personas que no nos van a llenar más que de palabras superficiales que ni rozan la piel. La niña de naranja solo camina, sin saber hacia donde. Ya ha dejado de mirar hacia atrás y esa cadena que llevada atada al pie ya se aflojó y no lleva la carga de dos, sino de una niña con sueños de aire.

Así que nose, que siempre acabo aquí, sentada en mi ventana blanca mirando lo azul que está el cielo hoy, tan limpio, que da vergüenza dibujar nubes. Y dejo de imaginar porque en mi pequeño cerebro esta tarde no queda mucho espacio para inventar. A veces es mejor dejar cerrado el frasco de pensamientos rotos y abrir el de los deseos. Y ese es el que dejo abierto hoy en mi barandilla. Con deseos nuevos para esparcir, y lamentos viejos para olvidar en el fondo. Hoy si que me siento una nueva niña de naranja, con ilusiones azules tan profundas como el mar y tristes recuerdos tan lejanos como las nubes grises que no quieren volver a aparecer.
Así que se despide la niña de la playa, la que tiene ojos de arena y huesos de sal.
 
Comentario:
"...apenas dices nada y nada es suficiente...",a veces no hacen falta palabras, de hecho a veces sobran, las miradas... las caricias, las sonrisas... los silencios,a veces son mucho más efectivos, por eso ahí va un enorme abrazo niña
 
Comentario:
...

las palabras que no dices...
crees que no se dicen... pero no es así, se quedan escritas en el aire, con tu pensamiento... a veces cuando piensas muy fuerte hasta las palabras silenciosas pueden ser oidas..

un beso
Elena
 
Comentario:
yo tambien quiero conocerte de verdad niña de naranja..
pero de verdad..
 
Comentario:
yo kiero q la niña de naranja me mande un mail, xq me gustaría conocer más a la niña de naranja,.....
No