inventando nubes
historias sobre unicornios,elefantes voladores...y todo lo que cabe en los sueños
Acerca de
a veces me siento un poco tonta en este mundo de listos, a veces soy yo la lista, la que no espera, la que se aprovecha, la que no duda. otras veces soy simplemente yo, la que me equivoco para aprender, la que me pongo nerviosa sin querer, la que me rompo por lo que pasó y no fue o por lo que fue porque pasó. pero solo a veces, durante un instante lo entiendo, y se que todo tiene más sentido así, en mi mundo, donde no eres listo ni tonto, donde los sueños no acaban donde terminan las almohadas y donde las mentiras son piadosas porque las pecadoras siempre son convincentes. y donde yo no soy yo, sino lo que está dentro de mi, las tentaciones que bajo letras forman un universo.
Sindicación
 
terrazas que dan al mar
Ahí respiro. En las terrazas que dan al mar. Un mar tan inmenso que llega al cielo. Ese cielo que es una piscina artificial que me recuerda a tus ojos. Los que han perdido el sol que se bañaba en ellos al despertar. Porque el sol es el llanero solitario que alegra los corazones inquietos, los de aquellos que no duermen y se quedan a verle asomar. Los de todos los que todavía esperan a alguien aun sabiendo que cabe la posibilidad de no encontrar. Y esos cuerpos con llamas en los ojos no pueden soñar dormidos porque están agotados de vivir despiertos. Son aquellos a los que miramos de espaldas. Como enemigos porque se atreven a desafiar al tiempo. A ese tiempo que juega con ellos y les hace dar volteretas hacia atrás aunque no quieran. Y son ellos los que miran de frente y nunca de reojo, son los que caminan mirando al suelo, los que buscan con esperanzas de hallar. A todos ellos que llamamos locos, porque han crecido en la hierba y en el asfalto, porque han besado con los ojos cerrados y amado con las palmas de sus manos, con el cuerpo abierto y los ojos vendados. Porque desprenden gasas cuando andan, las que se les van callendo de las heridas que tuvieron hace mucho, las que curaron con sus dedos, las que se provocaron por volverse vulnerables.

Y en una de esas terrazas que dan al mar crecí cada verano, y desde ahí, te llamé muchas noches, solo para que no te olvidases de que la lejanía era física. En esas terrazas otros días pude robarte besos sin que te dieses cuenta de que también te robaba un poco el corazón. Sin darme yo cuenta de que tu me lo quitabas y ya era más tuyo que mio, porque hacía tiempo que a mi ni me escuchaba. Y tu te acordabas de hablarle a ratos, entre sueños, entre risas, entre besos y él sabía que nunca podría traicionarte, aunque luego hubiese en mi algo que mandaba más que ese viejo órgano en el que ya había dejado de creer.
Allí es a donde me dirijo. Allí. Aquí. Distancias. Metros que separan a las personas, kilómetros, millas, y a veces centímetros, milímetros. Otras ni eso. Entonces las matemáticas no existen. 1+1 no da siempre 2. A veces la suma de dos es tan profunda que no existen leyes racionales para describir una unión perfecta de dos en una misma forma. A veces estás más lejos de una persona en una habitación que de alguien que vive al otro lado del mundo. Y es esa la soledad. Estar rodeada de vacío. A veces la soledad es no encontrarte en los ojos de la persona que quieres. A veces eso también es tristeza o dolor. Otras veces eso no significa nada porque tu también has dejado de reflejar su mirada en tu pupila.
Algunas veces quieres mucho a una persona y no puedes hacer nada para salvarla. A veces está anclada en un pozo tan profundo que ninguna de tus cuerdas vocales llegaría a rescatarla. Y esas veces en las que sientes que has fallado no es eso, es que simplemente hay momentos en los que no puedes arreglar algo aunque lo intentes con todas tus fuerzas. Hay días en los que intentamos arreglar muñecos que nisiquiera están rotos, pero sentimos la necesidad o fobia de pensar que tenemos que hacer algo útil para lavar nuestra conciencia. Y es en ese momento cuando deberíamos darnos cuenta de que el verbo “querer” no es un cheque en blanco. Que querer no es siempre una mina sin fondo. Es un saco con descosidos y parches que se van cosiendo a lo largo del tiempo. Pero es al fin y al cabo algo con una entrada y una salida. La entrada siempre es más amplia, más fácil, más accesible. La salida no suele serlo. La salida es a veces tan pequeña que ni la ves, tan escurridiza que desearías ser un pez muy pequeñito para caber por cualquiera de esos pequeños agujeritos que se han formado en tu bolsa del amor. Esos que se formaron en el vacío que cabe en dos corazones.
Creo que son esas blosas las que ahora se reparten en el olvido. Creo que son esas las que guardo en mis cajones, llenas de recuerdos que a veces se escapan porque me olvidé de cerrarlas con nudos resistentes a la soledad de mis paredes. Pero son esos cajones los que hace mucho tiempo que no abro. Tanto, que están oxidados y no se podrán abrir más. Solo los abre mi memoria de vez en cuando para describir sus envoltorios cubiertos con palabras bellas sobre lo que fue, lo que pudo ser y ya no será. Como ahora, adornados con letras que intentan disimular que algún día me produjeron lágrimas que no pude guardar siempre dentro con ellos. Y son esas lágrimas las que oxidaron las cerraduras de los cajones y por eso aprendí que llorar podía curar, y podía enseñar. Y crecí un poco hasta llegar a todas mis estanterías y las pude mirar desde lejos pensando que ya era un poquito más fuerte y no necesitaría visitarlas de nuevo.
Y entonces me mudé de casa. A una con muebles que no tenían recuerdos. Y me acuerdo que deseé con todas mia fuerzas llevarme algunos de mi antigua habitación a esta nueva que me cubre ahora para poder sentir por las noches que no estaba sola. Pero en el fondo sabía que era mejor dejarlos allí. Nunca podría haber ordenado sola tantos cajones. Y ahora aquí todo es distinto. Tengo unas ventanas muy grandes desde las que veo mejor las nubes, y por eso escribo sobre ellas. Pero no son tan grandes como para ver la ventana de madera que tenía antes, en la que me sentaba acurrucada con un bloc de notas e intentaba escribir. Estas son más amplias y puedo estirar los pies pero me alejan más de la niña que escribía y tachaba palabras sobre otra niña con pecas en la nariz.

Pero se que es muy pronto para crear recuerdos, y en mi habitación ya tengo cuadros en las paredes, pero no son óleos, ni acuarelas, nisiquiera carboncillos. Son imágenes de momentos importantes que ya he pasado aquí. De personas que han dejado huellas que solo se ven por la noche. De música y voces que adornan mis desnudas paredes.
Echo de menos crear nuevos recuerdos, tan nuevos que no se parezcan a nada que he vivido. Paseos por mares que no hayan sido antes ni ríos, nisiquiera charcos de cristal. Risas que no hayan resonado antes entre mis oidos. Canciones que se inventen en una noche para poder guardarlas en los cajones vacíos de mi nuevo cuarto.
Te acuerdas de la niña del sillón? La que te esperaba con alas de papel? Pues hace tiempo que se fue. Y es ella la que ha inventado un nuevo mundo. La que no quiso conformarse con el gris al que te fuiste tu. Y en su mundo ha conocido cosas que son tan bellas que nunca se atrevieron a aparecer en sus sueños. Y en él, una noche que parecía cualquiera, llena de rostros amargos sin pupilas apareció uno que nunca había sido desconocido. Lleno de historias que contar y sonrisas para regalar. Con unos bolsillos enormes con ganas de guardar días y noches y cartulinas de colores. Y ella, como un personaje de un bellísimo cuento “llevaba sobre su hombro una bolsa con los colores del arcoiris, llena de artilugios para hacer reir o sonreir a la gente”. Sólo que casi nadie se fijó. Y yo tuve suerte de ver que era distinta al resto, porque apareció como una estrella fugaz cuando nadie se lo espera. Me alegré de haber estado mirando al cielo, sino nunca la hubiese visto pasar. Y así, en lo que fueron solo dos noches, la niña de naranja supo que las aceras se pintaban con los pies de dos, “en los pasos de un paseo”.

Esta noche también es distinta, esta noche nos esperan esas terrazas que dan al mar, esas que están resguardadas por el jardín secreto de los grandes sueños.
 
Comentario:
por si acaso..
yo no soy "todo puede ser..."
..que aunque pueda parecerlo por los puntos suspensivos finales y ese "donde estás?", no soy yo. Que el miercoles pasado ya comprendí que no, y que como tú has dicho hay veces que no todo es posible, aunque me duela aceptarlo.
Y que por muchas ganas que tenga de poner comentarios, este va a ser el tercero y el último, que será lo mejor, y además no sabría que decirte..que ya lo sabes todo y que lo que escribes me encanta.
un besito.
 
Comentario:
No vas a dejar que te leamos mas? Donde estas?
 
Comentario:
Me he kedao...ufff....me ha apasionado...ufff.
Yo me siento como alguien que está intentando arreglar un muñeco que no está roto...pero creo que es mi única misión en esta vida :(

Salu2.
 
Comentario:
Precioso... Sabes acariciar a las palabras.
 
Comentario:
Precioso... Sabes acariciar a las palabras.
No