inventando nubes
historias sobre unicornios,elefantes voladores...y todo lo que cabe en los sueños
Acerca de
a veces me siento un poco tonta en este mundo de listos, a veces soy yo la lista, la que no espera, la que se aprovecha, la que no duda. otras veces soy simplemente yo, la que me equivoco para aprender, la que me pongo nerviosa sin querer, la que me rompo por lo que pasó y no fue o por lo que fue porque pasó. pero solo a veces, durante un instante lo entiendo, y se que todo tiene más sentido así, en mi mundo, donde no eres listo ni tonto, donde los sueños no acaban donde terminan las almohadas y donde las mentiras son piadosas porque las pecadoras siempre son convincentes. y donde yo no soy yo, sino lo que está dentro de mi, las tentaciones que bajo letras forman un universo.
Sindicación
 
decía
Decía que la vida era corta, que los sentimientos también, que no duraban, que no se podían envolver y guardar, que eran de usar y tirar. Yo me enfadaba y decía que no, que lo que tenía de corta la vida, lo tenía de intensa. Que los sentimientos eran elásticos, imposibles de medir, de clasificar, de describir. Que las sonrisas no se pedían, se regalaban. Que las miradas duraban siempre. No en su cara, sino en el corazón. Que no era sólo un órgano, que era mucho más, y que la eternidad no existía para hacernos más valientes. Ella se reía de mí como se ríen los padres cuando sus niños les hablan de sueños, de ganas de volar, de ser bailarines, cantantes o bomberos con coraje para poder salvar vidas. Y yo como nunca entendí porque se reían los padres, tampoco entendí porque se reía ella. No sabía porque no entendían que salvar vidas, no significa ser médico, significa tener un bisturí de sentimientos tan reales que puedas llenar a otra persona. Que muchas veces no puedes salvar a nadie, pero que eso no tiene por qué quitarte las ganas de intentar salvarte a ti. Y lo que más me molestaba es que su risa fuera bonita. Porque no hallaba la conexión entre la belleza de su sonrisa y la crueldad de sus palabras. Y por eso yo me hacía un poco más pequeña cuando sus ojos me quitaban la coraza que me había puesto esa mañana. Y me sentía tan pequeña como las chapas de su sudadera. Tanto, que podría estar mi cuerpo entero dentro de una de ellas y me sobraría espacio. Y así por lo menos estaría a su lado sin que se enterase.

Quizás escriba todo esto porque es domingo. Es un domingo tonto y nublado. De los que traen recuerdos cuando mi cabeza lo único que pide es no acordarse. Me sentía un poco como el Principito, en busca de tierras inhabitadas, de habitantes sin inquilinos en el corazón. Intentando encontrar algo en su misterioso mundo de lágrimas. Y lo único que hallaba eran paisajes tan desiertos como mis sentimientos hacia ella. Y eso dolía más que cualquier herida. Dolía no ser lo que algún día pretendí ser. Dolía darme cuenta de que las noches eran más frías desde que me abrazaba a la almohada. Dolía saber que me quería, que lo sigue haciendo, pero que no puede estar conmigo. Que sus ojos son mucho más profundos de lo que eran antes, porque esconden más mentiras de las que pueden abarcar. Que su corazón ya no es un puerto, que ya no tiene amarrado el bote en el que llegué. Que ahora es un aeropuerto desolador que acoge a innumerables viajeros que pasan sin dejar maletas ni promesas. Y ella se ha convertido en la más temible enemiga que se pudo buscar. En la que esconde, en la que recoge sus lágrimas al pensar en mí, en la que no las deja caer al suelo para que no dejen huellas de que sigue sintiendo algo. Porque así es más fácil, porque así no tiene miedo, porque así puede sobrevivir. No vivir. Sobrevivir. Y ella lo sabe. Y yo lo sé. Y sabe que lo sé. Pero también sabe que estas palabras nunca llegarán a sus oídos. Sabe que son tan silenciosas como las sílabas de las excusas que nunca se atrevió a dar. Pero da igual, da igual que me quieras entre tus cuatro paredes, porque yo nunca te escucharé desde las mías. Da igual que llores o que sonrías al recordar. Ya no estoy detrás de tu espejo. No estoy cogiéndote la mano al pasear, y no estoy detrás del portal para darte un susto, ni entre tus sábanas al amanecer. Ni siquiera en tus sueños al anochecer. Fue tan lejos donde nos perdimos. Tardaríamos años en encontrarnos, y quizás ni en ese tiempo podríamos comprender lo que no sabemos explicar ni a través de los cuentos.
 
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wow... me encanta lo que escribes!
 
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Un cuento triste, pero verdaderamente bonito, quizás por lo sincero, porque nuestra vida esta lelna de historias tristes de niñas con zapatitos de charol que se miran lso pies mojados un dia de lluvia sentadas en un columpio
 
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hola guapa
si es que a veces las relaciones son muy dificiles. Pero si la echas tantisimo de menos, date una segunda oportunidad
besos
 
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No sé como he llegado hasta aquí, sólo sé que me quedo...si no te importa.
 
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confieso, se man caído un par de lágrimas.
 
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Olvidé el nombre
 
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Las cosas duran para toda la vida, aunque se nos olviden, se quedan en rincones llenos de polvo.
Al leer el final un escalofrío me ha recorrido la espalda.
:)
saludos
 
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Yo también estoy sufriendo eso de que no "pueden" estar conmigo, aun creyendo ocmo creo, que me quieren..y no se si es rabia o impotencia, la verdad....
 
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inventando nubes,
jugando con las palabras...
me tienes enganchada sin remedio a tus sensaciones, a esa forma de expresarlas
que me atraviesa el alma sin ningún filtro,
me tiene engancghada esa única forma de decribir algo único

"dicen que melancolía debería de dejar,
yo no se vivir sin ti y tu sin mi espero que igual,
kiero perderme en tu palacio de cristal,
que ni en soledad en esta triste urbe espero que no nos perturbe..."
RAPSUS KLEI( el niño de la selva...)
muchiiisimo amor en dosis gigantes para ti.....
por ser una pekeña muyyyy grande
No