inventando nubes
historias sobre unicornios,elefantes voladores...y todo lo que cabe en los sueños
Acerca de
a veces me siento un poco tonta en este mundo de listos, a veces soy yo la lista, la que no espera, la que se aprovecha, la que no duda. otras veces soy simplemente yo, la que me equivoco para aprender, la que me pongo nerviosa sin querer, la que me rompo por lo que pasó y no fue o por lo que fue porque pasó. pero solo a veces, durante un instante lo entiendo, y se que todo tiene más sentido así, en mi mundo, donde no eres listo ni tonto, donde los sueños no acaban donde terminan las almohadas y donde las mentiras son piadosas porque las pecadoras siempre son convincentes. y donde yo no soy yo, sino lo que está dentro de mi, las tentaciones que bajo letras forman un universo.
Sindicación
 
hoy quería escribir un cuento
Hoy quería escribir un cuento. Un cuento de esos que hacen reir y llorar. Uno de esos que se graban por dentro y se agarran tan fuerte que lo recuerdas cuando te subes al coche, cuando paseas por la calle o cuando te vas a dormir. Uno que hasta te acompañe en los sueños más bellos que tengas. Pero no encuentro final para mi cuento y he pensado que por qué existe un final en los cuentos, si los finales son muchas veces el principio de algo más hermoso. Los sueños no tienen final. Hay quien cree que si, pero yo no lo creo. Hay quien piensa que el final es al despertarse, pero yo siempre me despierto en lo mejor del sueño, y luego, en clase, sigo soñando y buscando finales, y me doy cuenta ahora de que los finales son inciertos. Como en Lucía y el sexo, los mejores finales son un tunel que te llevan al centro de la historia otra vez. Y en el fondo eso es lo que son. Cuando una historia acaba y pasa el tiempo recuerdas los detalles del medio. Recuerdas un café al que solias ir de la mano, o un banco donde te sentabas a contar cuentos a un par de oidos que nunca dejaban de escuchar, o una manta que compartías bajo las estrellas pintadas en su techo. No recuerdas el final. Quizás sea porque no quieras hacerlo.
Pero mi cuento si tiene un principio. En un colegio donde había muchos niños. Había una niña que se apoyaba el los barrotes del patio mirando a la nada. No sabía que alguien llevaba una hora obsarvándola hasta que alzó la vista. Era ella. Lo sabía. y sabía que desde entonces no volvería a querer a nadie tanto, y sabía que algún día tendría una llaga tan profunda que la dolería al besar otros labios. Pero entonces nada de eso la hizo retroceder. Ya era tarde. Todavía no habían hablado, pero era tarde. La niña rubia se acercó y no se separó de ella en dos años. Dos años que guardaron el amor y el dolor, la pasión y el deseo, la sinceridad y la decepción. La decepción pesaba demasiado y ya no la pudieron guardar. La niña morena sonreía cada día y la rubia que la amaba, luchaba por cuidar una imagen que ya no podía seguir ocultando. La quería y le dolía el alma de esconder tanto y lloraba, como si repartiendo cada lágrima pudiese explicar a la gente lo que pasaba sin que la señalasen con el dedo. Y su morena seguía a su lado porque no veía un sueño sin ella y quería arroparla cada noche y velar por su sueño, pero las pesadillas la retorcían por las noches. Y los días eran pesadillas animadas, con personajes malévolos que no entendían nada, que la rodeaban con los ojos en blanco y los oidos bendados. Pero su morena seguía ahí al anochecer. Y antes de dormir podía soñar a su lado y entonces no había nada que la hiciese caer. Volaban las dos en una nube tan alta que la incomprensión quedaba muy por debajo de ellas y asomadas en su nube de azucar reían y aplaudían contentas. Hasta que un día hizo mucho mucho viento y su nube se fundió en medio de un océano de dudas. Cada vez más olas querían llevarse a la rubia hacía un lugar donde la gente no soñaba ni veía nubes de colores, donde vestían con mocasines negros y corbatas grises, donde todos eran útiles y perfectos. Y su corazón no quería bajarse de su nube, pero ella creía que eso es lo que debía hacer y a veces como decía ella: había que hacer lo correcto y esconder algunos sentimientos. Y la morena que no sabía como esconder los sentimientos, intentó jugar al escondite con ellos y no buscarlos después, pero siempre volvían. Y la niña rubia si sabía y además lo hacía tan bien que parecía que ya no estaba jugando. Era tan real que parecía que nunca hubiese subido en una nube. Y la morena vió que su nube a partir de ese día sólo sería para ella porque la rubia ya no quería volar más. Había jugado tanto al escondite que se olvidó de donde empezó a jugar. Y la morena que había dejado de ser su morena, no voló más allí. Pero no porque no quiso, sino porque una nube de dos la parecía demasiado grande para ella solita. Había empequeñecido un poco desde que dormía sola. Así que se inventó una nube más pequeña que la llevase muy lejos de ese mundo donde se había quedado su rubia. Podía haber intentado traerla de vuelta, pero no hubiese sido igual. Ya no soñaban lo mismo. La rubia había dejado de soñar con el mar, ahora pensaba en lo que piensa la gente normal. y la morena dejó de creer en ella. Y no lo hizo porque ya no la quisiera, lo hizo porque ya no la creía de verdad. Sabía que una pose no podía durar eternamente, y ella no quería ser igual. No quería vivir en ese cielo de mentiras siempre. Pensó que la rubia se cansaría y no podría evitar volver a su nube, pero se equivocó como tantas otras veces. Y la rubia pidió por última vez a su morena que no se apartase de su lado, que serían amigas para ir de compras juntas, pero ella se negó. La miró a los ojos y entonces no hubo nada más que preguntar. Se fue muy lejos, tan lejos que ninguna carta podría romper la distancia. Se fue tan lejos que ni su nube se acordaría de regresar. Pero sus sueños volvieron a aparecer y la pequeña morena siguió su camino. Lo siguió con esa herida que supo que tendría cuando la vió en el patio, pero siguió. Y a veces sangraba, pero bastaba con una venda, y otras, se tumbaba en la cama y lloraba su incomprensión hacia fuera. Y estas lágrimas eran de decepción, que eran las más crueles de todas. Eran las más afiladas, las que caían al suelo haciendo ruido, las que cortaban sus mejillas como sucios cristales que la recordaban a ella con cada punzada de dolor. Ese camino de rosales con espinas la llevó a los brazos de muchos desconocidos que la intentaron querer, pero ella no quería que la amasen desconocidos que no sabían contar cuentos. Había silenciado su corazón con los tapones del rencor. Y así pasó el tiempo y la niña morena creció un poco y aprendió a abrazar de nuevo y se enamoró de distintas personas que la enseñaron a sonreir con los ojos. había aprendido algo, y era que contra el amor no había nada. Que no tenía que luchar contra el. La persona de la que se enamorase llegaría algún día. Quizás fuese un moreno marinero que la viniese a recoger en su barco fantasma, o un hada encantada que volase junto a ella.. pero sabía que seguría buscando..
Por eso no hablo de finales, porque todos los finales son abiertos. Algunos creerán que esa niña morena acabará casada en el mundo gris, otros que conseguirá que un hada la lleve el cielo para siempre..
pero yo creo que esa morena seguirá esperando en su nube hasta que divise una mirada que la vuelva a hacer descender..
 
Comentario:
precioso...

 
Comentario:
me gusta llevarme frases para ir a dormir...
ahora que me enseñaron que dormir en pijama no es nada práctico, pues decidi dormir con frases...

si me dejas me guardo una tuya...
contra el amor no hay nada.

El cielo esta lleno de nubes.
un besito

elena
No