sábanas que echan de menos
Hoy cuando me he despertado he sentido el tacto frío de unas sábanas que echaban de menos esconder el calor de otros días pasados. Y he querido abrazarme a mi misma para protegerme de ese vacío que amenazaba con llevarme a un lugar al que no quería regresar. Y me he abrazado muy fuerte y quizás hasta haya pensado que eras tu que me recogía por detrás para acunarme una vez más. Pero mis manos no son como las tuyas y no me he podido mentir por mucho tiempo. No he podido perderme en ninguna mirada, sino en el cielo azul que entraba en mi habitación y que era más oscuro que tus ojos. Y entonces he deseado ser una estrella para acariciarte cada noche sin que te des cuenta. He deseado ser una estrella fugaz para que cuando me vieses pudiese oir el deseo que suspirases. Luego me he sentado en la cama y he desayunado con el sol que también entraba por mi ventana. Pero el sol no brillaba tanto como tus ojos al despertar, así que he bajado las persianas porque así sería más facil imaginar lo que estarías haciendo en esos momentos. ¿Habrías desayunado tu también con el sol? Seguro que si. Y seguro que le sonreirías pensando que tus ojos guardan muchas más cosas que su ácida luz.
Y todavía me acuerdo de cuando te sentaron a mi lado en clase. Nunca me había fijado en ti hasta ese día en el que yo estaba entrelazada con los barrotes de metal del colegio. Y al día siguiente no quería sentarme en la última fila en mi sitio. Me daba miedo estar tan cerca de ti. Me daba miedo que llegase hasta mi tu olor, o encontrarme con tus ojos si miraba hacia la derecha, o rozar tu mano al coger un lapiz. Y miraba sin querer hacia donde sabía que iba a encontrar tu mirada, y la encontraba. Y las dos mirábamos hacia otro lado como si al mantener la mirada nos fuesemos a quemar. Y es verdad que nos quemaba por dentro. Y no podía evitar pasar por detrás de ti para ir a la puerta en lugar de ir por mi lado que estaba más cerca. Y no podía evitar ponerme camisetas que sabía que te gustaban, o quedarme dormida en clase porque sabía que me observarías de reojo. Y no me atrevía a mirarte a los ojos cuando te contaba algo sobre ese rubito que quería salir conmigo. Y cuando lo hacía, tu escondías tu mirada herida. Yo torpemente cambiaba de tema y te hacía reir quitando importancia a la necesidad que tenía de que me dijeras porque tenías los ojos llorosos. Y te miraba cuando hablaba con algún chico de clase y te veía disimular simulando que te divertías con conversaciones que no te interesaban nada. Y me dormía a tu lado mirándote en la oscuridad y te oía respirar al ritmo que respiraba yo. Me acuerdo de las mini camisetas que me ponía cuando dormías en mi casa, o de los calzoncillos-pijama de cuadros que se me caían cuando hacíamos en tonto en la cama. Recuerdo el día que me preguntaste si besaría alguna vez a una chica y te respondí que si. Recuerdo tu cara ilusionada cuando preguntaste sabiendo la respuesta que a quien elegiría para probar. Y te dije que nunca te besaría a ti porque tenía miedo de lo que pasaría si lo hiciese. Tu me miraste con el alma inocéntemente dolido y me besaste. Desde ese día no pude separarme de ti, y tal y como te había dicho, cada día tenía más miedo de que nos acabásemos abrasando con el juego que nos incitaba cada día a cruzar los límites de la entrega. Y aun así yo no me daba cuenta de que te hacía daño con mi rebeldía infantil. Y no me daba cuenta los primeros meses de que llorabas muchas veces por mi culpa. Un día te llevé lejos de Madrid porque quería estar sólamente contigo. En un colchón en el desván de esa casa tan grande a la que nos escapamos estuvimos una semana entera. Y allí me dijiste todo, y por primera vez escuche con todos los sentidos las palabras que abrían el alma. Y supe que te quería tanto que no podía soportarlo. Y luché contra las lágrimas que se derramaban por mis mejillas. Porque ellas mostraban que era vulnerable a tu lado, mostraban que ante ti estaba desprotegida. Y me arañaban la cara como puñales traicioneros que escondían un destino injusto. Pero tus labios me curaron como harían durante muchos meses más. Y tus hombros siempre me recibirían como aquel día. No fue la última vez que lloré en tus brazos, y tampoco fue la primera que llorabas tu. Como dos niñas pequeñas nos acurrucamos en el colchón desgastado que nos recogía desde hacía una semana. Me abrazaste por detrás y supe que ya no podría despertar sola nunca más sin echarte de menos. Y es así como me he despertado hoy.
Debería dejar de escribir sobre esa niña rubia que me miraba sin cesar, de esa niña rubia que me enseño a querer, a desear, a llorar de felicidad y de dolor, a reir por vergüenza y por ilusión, a besar de mil maneras.. a sentir, que es al final lo que queda. Haber sentido. Porque hay días en los que desearía no haber mirado a esa niña rubia en el patio, porque así no la echaría en falta. Pero me doy cuenta de que es lo mejor que me pudo pasar, porque ahora se lo que vale una sonrisa, y lo que miden cien palabras, se lo que me dice un abrazo y lo que se calla una mirada. Y también se que la persona que esté a mi lado será igual de especial que ella o un poco más. Y puede que no sienta lo mismo por mi que lo que sentía la niña rubia, pero yo intentaré contar cuentos cada noche y me inventaré nubes en las que volar antes de dormir; y dibujaré amaneceres nuevos cada día y estrellas más brillantes cada noche. Y así, poco a poco puede que llegue un día en el que se despierte a mi lado con una mirada más radiante que la del sol, y entonces puede que el sol se enfade tanto que esté lloviendo un mes sobre la ciudad. Y ese mes podremos navegar desde mi ventana con el mar en sus ojos y una barca en los míos.
Te esperaré justo aquí, en la calle que recordarás algún día, en un número apuntado entre los papeles de tu bolsillo. Y estaré sentada en el portal con una canción en los labios y el cielo en los ojos. Cuando llegues pregúntame por las nubes, y así sabré que eres tu.
Y todavía me acuerdo de cuando te sentaron a mi lado en clase. Nunca me había fijado en ti hasta ese día en el que yo estaba entrelazada con los barrotes de metal del colegio. Y al día siguiente no quería sentarme en la última fila en mi sitio. Me daba miedo estar tan cerca de ti. Me daba miedo que llegase hasta mi tu olor, o encontrarme con tus ojos si miraba hacia la derecha, o rozar tu mano al coger un lapiz. Y miraba sin querer hacia donde sabía que iba a encontrar tu mirada, y la encontraba. Y las dos mirábamos hacia otro lado como si al mantener la mirada nos fuesemos a quemar. Y es verdad que nos quemaba por dentro. Y no podía evitar pasar por detrás de ti para ir a la puerta en lugar de ir por mi lado que estaba más cerca. Y no podía evitar ponerme camisetas que sabía que te gustaban, o quedarme dormida en clase porque sabía que me observarías de reojo. Y no me atrevía a mirarte a los ojos cuando te contaba algo sobre ese rubito que quería salir conmigo. Y cuando lo hacía, tu escondías tu mirada herida. Yo torpemente cambiaba de tema y te hacía reir quitando importancia a la necesidad que tenía de que me dijeras porque tenías los ojos llorosos. Y te miraba cuando hablaba con algún chico de clase y te veía disimular simulando que te divertías con conversaciones que no te interesaban nada. Y me dormía a tu lado mirándote en la oscuridad y te oía respirar al ritmo que respiraba yo. Me acuerdo de las mini camisetas que me ponía cuando dormías en mi casa, o de los calzoncillos-pijama de cuadros que se me caían cuando hacíamos en tonto en la cama. Recuerdo el día que me preguntaste si besaría alguna vez a una chica y te respondí que si. Recuerdo tu cara ilusionada cuando preguntaste sabiendo la respuesta que a quien elegiría para probar. Y te dije que nunca te besaría a ti porque tenía miedo de lo que pasaría si lo hiciese. Tu me miraste con el alma inocéntemente dolido y me besaste. Desde ese día no pude separarme de ti, y tal y como te había dicho, cada día tenía más miedo de que nos acabásemos abrasando con el juego que nos incitaba cada día a cruzar los límites de la entrega. Y aun así yo no me daba cuenta de que te hacía daño con mi rebeldía infantil. Y no me daba cuenta los primeros meses de que llorabas muchas veces por mi culpa. Un día te llevé lejos de Madrid porque quería estar sólamente contigo. En un colchón en el desván de esa casa tan grande a la que nos escapamos estuvimos una semana entera. Y allí me dijiste todo, y por primera vez escuche con todos los sentidos las palabras que abrían el alma. Y supe que te quería tanto que no podía soportarlo. Y luché contra las lágrimas que se derramaban por mis mejillas. Porque ellas mostraban que era vulnerable a tu lado, mostraban que ante ti estaba desprotegida. Y me arañaban la cara como puñales traicioneros que escondían un destino injusto. Pero tus labios me curaron como harían durante muchos meses más. Y tus hombros siempre me recibirían como aquel día. No fue la última vez que lloré en tus brazos, y tampoco fue la primera que llorabas tu. Como dos niñas pequeñas nos acurrucamos en el colchón desgastado que nos recogía desde hacía una semana. Me abrazaste por detrás y supe que ya no podría despertar sola nunca más sin echarte de menos. Y es así como me he despertado hoy.
Debería dejar de escribir sobre esa niña rubia que me miraba sin cesar, de esa niña rubia que me enseño a querer, a desear, a llorar de felicidad y de dolor, a reir por vergüenza y por ilusión, a besar de mil maneras.. a sentir, que es al final lo que queda. Haber sentido. Porque hay días en los que desearía no haber mirado a esa niña rubia en el patio, porque así no la echaría en falta. Pero me doy cuenta de que es lo mejor que me pudo pasar, porque ahora se lo que vale una sonrisa, y lo que miden cien palabras, se lo que me dice un abrazo y lo que se calla una mirada. Y también se que la persona que esté a mi lado será igual de especial que ella o un poco más. Y puede que no sienta lo mismo por mi que lo que sentía la niña rubia, pero yo intentaré contar cuentos cada noche y me inventaré nubes en las que volar antes de dormir; y dibujaré amaneceres nuevos cada día y estrellas más brillantes cada noche. Y así, poco a poco puede que llegue un día en el que se despierte a mi lado con una mirada más radiante que la del sol, y entonces puede que el sol se enfade tanto que esté lloviendo un mes sobre la ciudad. Y ese mes podremos navegar desde mi ventana con el mar en sus ojos y una barca en los míos.
Te esperaré justo aquí, en la calle que recordarás algún día, en un número apuntado entre los papeles de tu bolsillo. Y estaré sentada en el portal con una canción en los labios y el cielo en los ojos. Cuando llegues pregúntame por las nubes, y así sabré que eres tu.
Comentario:
Estoy de acuerdo con todas, seguro que aquella niña recordará los instantes que habéis compartido. Te lo dice otra rubia ;)
No pierdas ese "agustito" que llevan tus dedos, con los que pintas paisajes, que son vocales, que son mil formas de sentir.
Y aquí estoy, para encontrarte un día, para reír contigo, para inventarnos un cuento en las calles de Madrid, hasta entonces.. un besazo!
No pierdas ese "agustito" que llevan tus dedos, con los que pintas paisajes, que son vocales, que son mil formas de sentir.
Y aquí estoy, para encontrarte un día, para reír contigo, para inventarnos un cuento en las calles de Madrid, hasta entonces.. un besazo!
Comentario:
Me encanta tu forma de escribir.. dices tantas cosas con tan pocas palabras, q es muy fácil dejarse llevar y soñar leyéndote..hace tiempo q recorro a diario mi playa esperándo q aparezca "ella" y me siento identificada contigo. Un besazo y suerte!!
Comentario:
Igual que dice gatazul...
la niña rubia te quiere mucho muchisimo, seguro...
pero a veces las nubes dan vueltas...y como un pinypon viajero te envian hacía otro lado, pero allí también surgen nubes...
un abrazo grandote
elena
la niña rubia te quiere mucho muchisimo, seguro...
pero a veces las nubes dan vueltas...y como un pinypon viajero te envian hacía otro lado, pero allí también surgen nubes...
un abrazo grandote
elena
Comentario:
Me puedes llevar a las nubes?;)
Es broma, se que no te merezco, eres demasiado especial...esa niña rubia que no apartas de tu retina te guarda en el corazón seguro...no puede ser de otra manera...
Es broma, se que no te merezco, eres demasiado especial...esa niña rubia que no apartas de tu retina te guarda en el corazón seguro...no puede ser de otra manera...