<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1" ?><rss version="2.0"><channel><title><![CDATA[veintitres]]></title><link><![CDATA[http://blogs.chueca.com/jesilee/rss20.xml]]></link><description><![CDATA[de como recuperar mi suerte]]></description><language><![CDATA[ES]]></language><generator><![CDATA[http://www.chueca.com]]></generator><item><title><![CDATA[The Last Resort]]></title><link><![CDATA[http://blogs.chueca.com/jesilee/c_34.htm]]></link><description><![CDATA[Me habló la primera noche de "oírse a uno mismo pensar”.<br/><br/>Yo había dicho “¿nos tomamos un café”? Y él dijo que sí. Y tres días después, en una de las noches más calurosas que ha visto Madrid éste año, escuché su historia, estudié sus gestos, me dejé aturdir de a poco hasta que empecé a hervir por dentro. Dejé un momento la mesa del pub y me fui al baño mientras de fondo Bob Dylan cantaba “Knocking On Heaven´s Door”. Me senté un momento, mareada por las emociones que llevaban ya un rato asaltándome y con el corazón a mil. Cerré los ojos. Los abrí, y allí estaba el graffiti, en letras negras y gordas de marcador indeleble:<br/><br/>“¿Y ahora que?”<br/><br/>Abajo, cuatro personas habían contestado a la pregunta…<br/><br/>La primera: <br/><br/>“Y ahora, a follar, guapa”.<br/>Muy simple, muy poco, muy inapropiado. Si hubiera querido eso de él, lo habría tenido hace tiempo. Pero con él no quiero solo una relación efímera.  Con él quiero mucho más.<br/><br/>La segunda respuesta me removió por dentro:<br/><br/>“O a aprender a vivir sin aire”.<br/><br/>Llevaba horas escuchándole. Casi no le había contado nada sobre mí y sabía bastante sobre él. Bastante como para preguntarme que estaría pensando de mí; ¿estaría considerando la idea de volver a verme, de acercarse más? ¿Acabaría ésta noche sin más, como una anécdota nueva que recordar y listo? ¿Me despertaría mañana teniendo que elaborar de nuevo un “No, gracias”?<br/>Y en cuanto a mí… no me sentía capáz de pensar en mí. Al igual que no supe que decir cuando aceptó sin más salir conmigo, tampoco había pensado qué haría si surgía la posibilidad de algo más…  hasta donde estaba dispuesta a apostar… aunque el corazón lo pidiera a gritos.<br/><br/>La tercera respuesta era más práctica:<br/><br/>“Practicar el onanismo.”<br/><br/>Ya está bien de soledad.<br/><br/>Y la cuarta, la que Rocío más aplaudió por lo mordaz:<br/><br/>“A tragar”.<br/><br/>De un tiempo a ésta parte, mi cómoda y aburrida situación de mujer soltera e independiente empezó a saber a poco; los ratos de sol poniente en casa después del trabajo, insípidos. Los fines de semana ya no se llenaban con solo trabajar en el jardín, sacar a las perras y visitar a mis amigas. De pronto, me pareció que me oía pensar... demasiado. <br/>Así, como si nada, me acordé de mi "lista blanca". Alex me habló hace tiempo, cuando recién me divorcié, de éstas listas. Una, negra, llena de nombres que van y vienen y no dejan mas que un rastro insustancial. La otra, blanca. Con nombres rodeados de signos de interrogación. Mi lista negra se cerró hace poco tiempo de forma tan tajante como inesperada. Nunca tuvo muchos nombres, pero sí unos cuantos. Yo soy bicho de costumbres, después de todo. <br/>La lista blanca, en cambio, seguia entreabierta, y con un solo nombre, apuntado allí desde hace meses, enterrado en el misterio de haberle hablado solo una vez; amparado por la relativa seguridad de mi soltería.<br/>Averigué lo que pude sobre él. No había forma de orquestar un encuentro casual, así que tuve que juntar valor un par de días y empujar la primera puerta. Me la encontré entreabierta. Aplaudí mi osadía, traté de bajar un poco a tierra y me fuí por la noche al cumpleaños de Rocío. <br/>Durante los dos días que siguieron, retomé algunos rituales oxidados por el desuso; arreglarme, pensar que ropa usar para resultar agradable en una primera cita, hablar con las amigas de algo que no sea el problema de mi carnet de conducir, las babosas en la huerta o el perro que se escapó, para variar, y mencionarles que estoy entusiasmada, que es un chico interesante y que me siento un poco ridícula de solo pensar en que puedo estar por tener otro romance. Romance y yo nunca fueron de la mano... aunque Rocío no estuvo de acuerdo con eso cuando le conté al día siguiente cómo me había ido en mi cita. <br/>Ni cuando, a raíz de ese primer éxito, me vi desbordada por un estado de ánimo ya olvidado, mezcla de incredulidad, dudas, expectativas, una alegría absurda que a su vez, me asustaba.<br/>Rocío se portó como la perfecta psicóloga aficionada y atendió mis tribulaciones hasta devolverme un poco de tranquilidad.<br/>Con cada hora que pasa me siento un poquito más cerca de David. De a ratos me asaltan de nuevo las dudas, el profundo temor al rechazo del que Rocío me habló. Sergio fué más explícito: "Tienes pánico de empezar otra relación". <br/>Tenían razón. Estaba tan espantada que estuve a punto de borrar todos sus datos y  dejar correr el asunto. Llegué a casa esa tarde, luego de casi 30 horas sin dormir, hecha un desastre. Me desplomé en los escalones del jardín y me eché a llorar a moco tendido, firmemente dispuesta a sentirme miserable y perdida.  Sergio se agachó a mi lado, me abrazó flojamente y se rió por lo bajo de mi escena dramática. Mi cara debía de parecer la máscara de la tragedia mientras me preguntaba en voz alta cómo había podido ser tan estúpida.  La última respuesta del grafitti me amenazaba con otra negra temporada de amargura y decepción. ¿Apostar y caer de nuevo? ¿Volver a darme el golpe contra el suelo de siempre? ¿Meter la pata de nuevo hasta darme cuenta un día de que otra vez estoy trangando y tragando sin ver la salida? Todavía no era muy tarde para cerrar de nuevo la puerta. Pero entonces, ¿volver a mi apacible soledad hasta desquiciarme pensando en lo que dejé marchar? ¿No volver a sentir su mano cálida en mi cara en la penumbra del amanecer? <br/>Sería más tranquilo, sí, pero infinitamente más triste. Y después de todo, así lo marcó el destino: ésto pasó ahora porque tenía que pasar ahora. No en unos meses. No hace meses atrás. Ahora.<br/><br/>Al final, fue Sergio el que me convenció: “Tu problema es que estás pretendiendo la perfección, y la perfección no existe. Lo que quieras ganar o perder, lo sabes tú, pero ya sea para ganar o para perder, tendrás que apostar. El tío vale la pena. No le pierdas por ésta estupidez”. <br/><br/>No me había dado cuenta hasta entonces de lo gruesos que levanté los muros alrededor de mi corazón en éste año y medio de reflexiva soledad. Tampoco echaba de menos conscientemente el despertar al lado de alguien, el tocar una mano amiga sin reparos, el mirar a alguien a los ojos sin pensar en nada más que en lo dulces que son…  Ahora, de a poco, todo va volviendo. Y con cada oleada de nueva realidad, el miedo va quedando un poquito más enterrado. <br/> <br/>Como dice la canción de Calamaro, “hoy no estoy adentro mío”. Esta no soy yo. O tal vez sí… <br/>Tal vez llegó la hora de lanzar otra apuesta, intentar otra aventura, saltar otra vez del puente y con el corazón abierto. Tal vez ésta sí soy yo. Tal vez encontré mi suerte, o por lo menos, otra forma de seguirla buscando. Y si no, como dijo Rocío: “que te quiten lo bailao”.<br/><br/>Es tiempo de cerrar éste blog. Vendrán otros, y contaré otras historias. Esta etapa está completa.]]></description><author><![CDATA[blogs@ya.com(jesilee)]]></author></item><item><title><![CDATA[Dancing In The Dark]]></title><link><![CDATA[http://blogs.chueca.com/jesilee/c_33.htm]]></link><description><![CDATA[Hacía tiempo que no la escuchaba...<br/><br/>I get up in the evening and I ain´t got nothing to say.<br/>I come home in the morning,<br/>I go to bed feeling the same way.<br/>I´m nothing but tired,<br/>Man, I´m just tired and bored with myself.<br/>Hey, there, baby!<br/>I could use just a little help.<br/><br/>You can´t start a fire,<br/>you can´t start a fire without a spark<br/>This gun´s for hire<br/>Even if we´re just dancing in the dark.<br/><br/>Message keeps getting clearer,<br/>Radio´s on and I´m moving ´round the place.<br/>I check my look in the mirror,<br/>Wanna change my clothes, my hair, my face.<br/>Man, I ain´t gettin´nowhere just living in a dump like this<br/>There´s something happening somewhere.<br/>Baby, I just know that there is.<br/><br/>You can´t start a fire,<br/>You can´t start a fire without a spark.<br/>This gun´s for hire<br/>Even if we´re just dancing in the dark.<br/><br/>You sit around getting older.<br/>There´s a joke here somewhere and it´s on me.<br/>I´ll shake this world off my shoulder,<br/>Come on, baby, the laugh´s on me.<br/>Stay on the streets of this town.<br/>And they´ll be carving you up, all right.<br/>You say you gotta stay hungry.<br/>Hey, baby, I´m just about starving tonight.<br/>I´m dying for some action,<br/>I´m sick of sitting ´round here trying to write this book<br/>I need a love reaction.<br/>Come on now, baby, gimme just one look.<br/><br/>You can´t start a fire sitting ´round, crying over a broken heart.<br/>This gun´s for hire,<br/>Even if we´re just dancing in the dark<br/>You can´t start a fire<br/>Worrying ´bout your little world falling apart.<br/>This gun´s for hire,<br/>Even if we´re just dancing in the dark.<br/><br/><i>Bruce Springsteen.</i>]]></description><author><![CDATA[blogs@ya.com(jesilee)]]></author></item><item><title><![CDATA[Hoy]]></title><link><![CDATA[http://blogs.chueca.com/jesilee/c_32.htm]]></link><description><![CDATA[¿Se puede casi echar de menos a alguien a quien apenas conoces? ¿Se puede tejer una tela entera de sueños compartidos con alguien con quien pasaste dos momentos? ¿Se pueden aparcar incluso en segundo plano los problemas que siempre te quitaron el sueño sólo con empezar una fantasía nueva?<br/>Se puede.<br/>Hoy tengo una ilusión nueva. Y se llama...]]></description><author><![CDATA[blogs@ya.com(jesilee)]]></author></item><item><title><![CDATA[Losing my religion]]></title><link><![CDATA[http://blogs.chueca.com/jesilee/c_31.htm]]></link><description><![CDATA[Ya está. "Mi nuevo mejor amigo" ya no es mío. Ayer entregué mi coche a Rocío y David y mañana me toca de nuevo empezar a recorrer a pié los 3 km que separan mi casa de la Estación de Renfe, ida y vuelta.<br/><br/>Cuando Rocío me dijo que querían comprar mi coche fué un alivio. Después de mis semanas de reflexión en Uruguay entendí que hay prioridades y situaciones que no son tales, y que tenía que vender ese coche cuanto antes y asumir que obtener un permiso de conducir es imposible para mí.<br/><br/>Así que vuelta a las mismas. Prefiero no pensar en el dinero perdido por el camino. Por suerte el dinero viene y va, y no puedo quejarme de que me falte. Pero en cuanto a mi situación personal, vuelvo al punto de partida. Andando de aquí a todas partes, llueva, truene, nieve o haga un sol de justicia. <br/><br/>Mientras tanto, en los informativos el Gobierno anuncia endurecimientos varios en el Reglamento de Tráfico, índices de accidentes mortales y problemas medioambientales graves que se solucionarían en gran medida si la gente recurriera más al transporte público que al coche privado. Luego viene el corte publicitario: 25 minutos de anuncios en los cuales te enteras del catálogo completo de últimos modelos de coches salidos al mercado de todas las marcas imaginables y disponibles. Todos por "sólo" cinco cifras en euros. Cada vez ofrecen más caballos de potencia. ¿Por qué, si la velocidad máxima permitida en autopistas es de 120 km/h, se siguen vendiendo coches cada vez más potentes y nadie le pone coto a eso? Cada vez ofertan coches menos contaminantes. Y si son "menos" contaminantes significa que, en definitiva, contaminan. El combustible está cada vez más caro. Y uno se pregunta, ¿cuánto tiempo más tiene que pasar antes de que por fin se de una migración a una tecnología más limpia y sostenible? Los coches eléctricos ya existen. La solución ya está inventada. ¿Por qué no se aplica?<br/>Somos muchos los que no tenemos ningún problema en utilizar el transporte público... pero ¿qué hacemos si no lo hay disponible en la zona donde vivimos?<br/><br/>A éstos últimos se nos termina creando una necesidad que nunca tuvimos: disponer de un vehículo privado. Y para poder utilizarlo, otra necesidad adicional: disponer de un permiso administrativo para utilizarlo. Que por supuesto, tampoco es gratis. Ni siquiera accesible a la mayoría.<br/><br/>Llevo mucho tiempo dándole vueltas en mi cabeza a todo ésto. Desde todos los ángulos posibles. ¿Cómo llegué a semejante disposición de espíritu? En toda mi vida, nada me ha amargado tanto la existencia como ésta situación. Siempre fuí una persona de hábitos frugales. No soy amante de la moda ni de la ostentación. Todo éste barullo publicitario de coches de última moda me suena a consumismo barato, y el doble discurso del Gobierno sobre los accidentes o el medio ambiente una pura demostración de hipocresía, falta de sentido común y sobre todo, de coraje para legislar como es debido.<br/>Y sin embargo, me veo forzada a buscar una solución que pase por la disponibilidad de un vehículo privado. Algo que atenta contra todo principio mío: contamina, obliga al consumo de servicios sobrevalorados que existen gracias a que la gente sigue dispuesta a pagar por ellos y demás.<br/><br/>Me propongo dejar de hablar con la gente de éstos temas. Todos los que me rodean conocen mi situación y lo que me ha supuesto la aventura de la autoescuela. Así que cuando hablamos parecen comprender, pero en el fondo me huelo que están pensando que debo de ser una imbécil para no ser capáz de pasar ese exámen; que carezco de inteligencia comercial si hablo de comprar un coche sin carnet para poder por fin moverme sin tener que seguir en la faena del exámen de mierda; se preguntan cuándo maduraré, si lo haré algún día, cuando planteo la posibilidad de volver a moverme en bicicleta en las distancias cortas como hacía en Uruguay. Una bici se puede meter en el tren, y te soluciona el resto de trayectos... No contamina, es saludable...<br/>En mi trabajo, la caída económica que pasa España se está notando. Están despidiendo personal porque no cierran los números. Y buscan la polivalencia ante todo a la hora de decidir quien se queda y quien se va. Fernando lleva dos semanas disfrutando de excursiones pagadas por la empresa que le suponen que, en lugar de pasar el día encerrado en el taller aguantando a los jefes, tenga que ir a pueblos perdidos en provincias lejanas a dejar un ordenador, disfrutar luego de una comida pagada por la empresa y volverse a casa a las cinco de la tarde mientras el resto (o sea, yo) seguimos en el tajo hasta el final de la jornada. ¿Y por qué Fernando puede disfrutar eso y yo no? Porque tiene su permiso de conducir. Soy la única del taller que no puede salir a atender clientes in situ por ésta razón. El jueves, Fernando y Miguel repartían equipos por media Castilla-La Mancha; Iván los repartía por medio Cáceres y yo aguantaba solita el chaparrón en el taller. Chaparrón originado por el hecho de que había que visitar a dos clientes con problemas y no había quien pudiese ir. Acabé encarando al encargado del taller para ofrecerme a ir andando hasta una de las empresas a cambiar una tarjeta de red. ¿Para qué mover un coche si queda a diez calles?, razoné. Al final, fuí. Pero sigo pensando que, pese a que resolví el problema del cliente, la empresa sigue pensando en la "mala imágen" que da ante éste el hecho de que el técnico llegue a pié a la visita, con las herramientas en un maletín en vez de hacerlo en el coche rotulado de la empresa...<br/><br/>A veces pienso que son cosas mías, que la gente realmente no piensa así. Pero entonces llega algún comentario del tipo: "tú lo que tienes que hacer es sacarte el carnet de una vez y dejarte de tonterías", y ahí es donde la hilacha se ve bien clarita. <br/>Si no entras de lleno en el sistema, el consumo arbitrario e injustificado y la tontería comercial de moda, eres un tonto. Lisa y llanamente.<br/><br/>Pues no. Viéndolo así, hoy decido dos cosas: la primera, se acabó ir por la vida contando el marrón de la autoescuela. A partir de ahora, tema tabú. Ya que de momento no puedo pasar esa página definitivamente, vamos al menos a dejar de dar la brasa con el asunto. La segunda: la semana próxima le pediré a Sergio que me acerque al Decathlon de Las Rozas a comprar una bici. Seguiré buscando coches sin carnet de segunda mano hasta que aparezca alguno que pueda pagar y luego lo conduciré con orgullo y la humildad de siempre. Quizás no pueda ir por ahí presumiendo de que puse el coche a 200 km/h en una recta, pero seguro que podré describir con mucho más detalle que cualquiera los paisajes que se ven por las carreteras secundarias y caminos, por las vías pecuarias y los lugares recónditos por los que jamás se les ocurre pasar a los prisioneros de las autopistas.<br/><br/>Y si mi empresa decide prescindir de mí porque no puedo conducir, la verdad es que sería un palo duro de roer. El vivir conforme a las ideas de uno está muy bien, pero la realidad golpea: la mayoría de las ofertas de empleo en Informática son para personas con permiso de conducir. Si a eso le sumamos que tengo 34 años y soy mujer, cierra y vámonos. Pero ésto, al igual que el dichoso exámen, no puedo solucionarlo. Sólo queda seguir dando lo mejor de una profesionalmente y confiar en que la experiencia tenga otra sorpresa por ahí reservada; la de enseñarme que a lo mejor aquí están valorandome por algo más; que quizás, a fuerza de espíritu rebelde, acabé demostrando yo solita que cuando la actitud de uno se basa en ideas bien fundamentadas, aunque el método difiera de la corriente general, el resultado puede ser igualmente positivo. <br/><br/>Y es que, filosofías aparte, ¿qué otra cosa se puede hacer?]]></description><author><![CDATA[blogs@ya.com(jesilee)]]></author></item><item><title><![CDATA[¿Que hay de nuevo, viejo?]]></title><link><![CDATA[http://blogs.chueca.com/jesilee/c_30.htm]]></link><description><![CDATA[Hace unos cuantos días llamé a Sergio desde Buenos Aires para ver como andaba todo por aquí. Por allá todo iba bien, la visita transcurría alegremente y Julieta era un encanto. La expectativa frente a mi cita pendiente con Leo me tenía en ascuas y sólo enturbiaba un poco las cosas la actitud de papá. De alguna forma siempre se las arregla para derivar cualquier situación hacia un análisis de su desastrosa economía y esa mañana me había tocado ponerle en su sitio antes de que hiciera estallar los nervios de Damián.<br/>Así que cuando Sergio me atendió el teléfono y preguntó como estaba pasándolo, le bastó mi tono, y no lo que dije para preguntar, algo alarmado:<br/><br/>-¿Te pasa algo?<br/><br/>Le hice un comentario al pasar sobre que papá tenía un día malo y le pregunté cómo iba todo en casa.<br/><br/>-Bueno... hay una sorpresa. -contestó, creando misterio.<br/><br/>En menos de un segundo mil razonamientos rondaron mi cabeza: nos volvió a citar Hacienda por alguna declaración mal hecha, se cayó una rama de pino en el techo de casa, alguna perra se comió algo incomestible y está mala, se volvió a escapar la tortuga, una vaca se comió mi jardín... o mi jardín murió por completo sin intervención bovina, solo con la de Sergio... o bien...<br/><br/>-... son preciosos, te van a gustar! -terminaba Sergio su frase.<br/><br/>-¿Que dijiste? ¡¡¿Conejos?!! Pero Sergio, ¡¡yo soy alérgica a los conejos!!<br/><br/>-...<br/><br/>-¡Por lo menos decíme que son los dos del mismo sexo!<br/><br/>-No, uno es macho y la otra hembra. -contestó alegremente. Y se lanzó a una descripción pormenorizada de los nuevos roedores.<br/><br/>-¡¡¿Cómo no se te ocurrió preguntarme antes?!! -grité. A esas alturas, los que hablaban en las cabinas vecinas miraban hacia la mía sin disimular. -¡¡Yo no puedo tener esos animales, dan un trabajo tremendo...<br/><br/>Sergio no me escuchaba. Seguía compenetrado en su análisis positivo de la situación:<br/><br/>-...comen como pirañas. Y mean...<br/><br/>-...y paren cada dos meses!!! Lo más probable es que la coneja ya esté preñada...<br/><br/>-¡Ah! ¡Seguramente! -La alegría de Sergio no tenía límites. Su suerte tampoco. Suerte de que yo estuviera a 15000 km de él y su cuello. -¡Se pasan todo el día follando!<br/><br/>Me intenté calmar y tomarme el asunto con tanta filosofía como me había tomado lo del coche de Leo. Casi lo conseguí, pero Sergio contraatacó contándome que los conejos habían llegado a casa luego de que su amigo Victor (que da para un blog aparte) le pidiera conseguirle un conejo enano para su hija; Sergio, servicial (y gilipollas, pensaba yo en ese momento) habló con una criadora y consiguió dos; pero como no eran enanos el tal Victor no los quiso. Y entonces, a mi casa con los conejos.<br/><br/>-... pensé yo que como estabas triste por lo de las chinchillas...<br/><br/>Mis adoradas chinchillas, adoptadas a la madre de Victor, que no las quería, habían muerto extrañamente justo el día antes de mi viaje, y cuando salí de Madrid iba de luto por ellas.<br/><br/>Por fin parecí entender que despotricar telefónicamente no solucionaría el asunto y Sergio tampoco lo solucionaría, y dejé de gritar. Me quedé con que lo hizo con buena intención y con que ya buscaría la forma de resolver el percal cuando volviese a España.<br/><br/>Hace una hora llevé los conejos al Agricentro de Villalba para que los vendan.<br/><br/>A éstas alturas ya tengo bien aprendido que Sergio se encargará siempre de traerme problemas para que yo los arregle, ofreciéndome al mismo tiempo soluciones que sabe que no aceptaré, como por ejemplo, llevar los conejos a la carnicería. <br/><br/>Sin embargo, al menos ésta vez no me quedé con los conejos, mi alergia y el trabajo que me darían sólo porque Sergio los trajo y "ahora ya está". Esta vez me deshice del fardo ajeno sin más.<br/><br/>Algo debo de estar aprendiendo...<br/>]]></description><author><![CDATA[blogs@ya.com(jesilee)]]></author></item><item><title><![CDATA[Otra vez, Avril]]></title><link><![CDATA[http://blogs.chueca.com/jesilee/c_22.htm]]></link><description><![CDATA[<i>"La destrucción total toma su tiempo.<br/>Uno se llega a acostumbrar.<br/>Quedan solo pintadas las paredes,<br/>y mil cosas para llorar.<br/>Una pintura se borra,<br/>lo otro no se borra más."<br/><br/>Los Estómagos</i><br/><br/><br/>I<br/><br/>Conocí éste lugar, a sus almas directivas, Any y Andrés, y también a Fernando, hace ya 21 años.<br/>Yo tenía 13 por entonces, y la crisis que acabaría con mi familia poco más tarde ya había empezado a gestarse, imparable.<br/>Siempre amante de la música y pegada a la radio, escuché un día el anuncio de éste lugar, donde daban cursos para Operadores de Radiodifusión y Técnicos de Sonido y me acerqué para informarme. <br/>El Instituto lleva casi 30 años funcionando. Hablábamos de todo ésto el otro día, Any y yo, y ella me decía que en todo éste tiempo, son muy pocos los alumnos de los cuales recuerda el día de la inscripción; la primera vez que los vió. Yo soy una de ellas.<br/>Me entusiasmé con los cursos, me convertí con el tiempo en la instructora más joven que pasó por aquí y Andrés y Any se convirtieron en mis mentores y en una suerte de "padres adoptivos" cuando en casa las cosas se pusieron imposibles.<br/>Tenía 14 años cuando mi madre decidió "vivir su vida" y nos dejó a Flor y a mí con papá en medio del caos. Papá hizo lo que pudo, Flor se retrajo en sí misma y yo me refugié en el Instituto y su gente, en mis cursos, mis alumnos, las actividades de éste lugar.<br/>Mis primeros amores juveniles me encontraron aquí, con gente de aquí. Los dolores que trajeron, también. La maduréz que aportaron, compartida y aconsejada siempre con la sabiduría de Any y la buena voluntad de Andrés, perdura hasta hoy.<br/>Las primeras experiencias laborales importantes, que empezaron como profesora de aquí y culminaron con mi carrera frustrada de funcionaria de la Radiodifusión Pública, fueron recomendadas y respaldadas por el Instituto. <br/>Los primeros errores de la vida adulta, los amigos de toda la vida, las fiestas, mis ideas políticas y mi primer ejercicio de ciudadanía en una Elección Nacional, mi vocación técnica... todo nació aquí, creció aquí y seguramente sigue rondando por aquí como el Fantasma de Canterville.<br/>Fernando tenía unos años mas que yo cuando venía a mis clases. Eramos inseparables. El venía de Minas, yo sufría Montevideo. Nos acompañamos en todo. Se enamoró de mí cuando yo era niña todavía; el adolescente ya.<br/>Se me declaró una tarde, al acompañarme a casa, sentados en el escalón de entrada del viejo Manzanares que había detrás de la Intendencia. Le dije que sólo amigos. Lo aceptó; no se rindió.<br/>Le llevó años conseguirlo. Nos fuimos a vivir juntos cuando yo tenía 23 años. 23, claro, ni uno más, ni uno menos.<br/>Me regaló a Jessie cuando cumplí 24, a medias con otro amigo.<br/><br/>En todo idilio surgen problemas alguna vez, y así llegó un día en que la mala influencia de gente de mala fé minó mi relación con Andrés. Dejé mi puesto en el Instituto convencida de que era lo mejor, y de que el tiempo me daría la razón. Me la dió.<br/><br/>Fernando y yo nos separamos un par de años después de estar viviendo juntos; y vine a volcar mi aflicción al Instituto, como siempre. No hizo falta aclarar los viejos puntos oscuros del pasado. Todos teníamos claro que, como fuera, la amistad seguía. Con Fernando, igual.<br/>Rehizo su vida, rehice la mía.<br/>Fernando no sabía que yo iba a emigrar cuando volvimos a estar juntos. Se lo conté poco antes del viaje, cuando lo comuniqué a todos.<br/>Las últimas semanas, cada momento era una despedida. Las primeras en España, cada carta una promesa de reencuentro.<br/>Cada visita mía a Uruguay, una fiesta.<br/>Hasta ésta.<br/><br/>II<br/><br/>Hace dos años que supe de tu vida por última vez. Conocí tu casa, a tu nueva pareja.<br/>Me abriste un poco tus ventanas, pero no del todo. No como antes. <br/>Y no volviste a contestar los mails, no preguntaste cómo me sentía cuando supiste de mi divorcio, aunque me lo habías anunciado cuando nos vimos, meses antes. <br/>"No te veo felíz", me dijiste. Te diste cuenta de que nada marchaba como yo lo contaba, sin más. <br/>Dejaste el puesto en Cinemateca que te había conseguido yo en mi segunda visita. Dejaste de ver a los amigos comunes, de llamar a todo el mundo.<br/>Estabas enamorado de nuevo. Lo entendí, pero ¿era motivo para olvidarte de todo?<br/>Supongo que sí. Ojalá valga la pena.<br/><br/>III<br/><br/>Cuatro días antes de irme de Uruguay, llamé al Sodre con cualquier excusa y contestó Fernando. Parecía el de siempre, y un extraño a la vez.<br/>No podía irme sin preguntarle al menos qué pasó. Me dijo que hoy vendría a verme.<br/><br/>Por varias horas me enterré en el depósito de cachivaches de Andrés, donde tiene guardado todo lo que papá no pudo llevarse a su nueva casa, haciendo montones de cosas para tirar, para guardar y para trasladar a España.<br/>Y esperando.<br/>Pero Fernando no vino. <br/><br/>Escribo ésto sintiéndolo como una despedida que nunca esperé. Venir a Montevideo y no ver a Fer es como morir un poco.<br/>Me voy deseando que, al igual que aquellos años en que estuve alejada del binomio Any-Andrés por un motivo estúpido, éste también sea un paréntesis que el tiempo se encargue de cerrar.]]></description><author><![CDATA[blogs@ya.com(jesilee)]]></author></item><item><title><![CDATA[Julieta]]></title><link><![CDATA[http://blogs.chueca.com/jesilee/c_28.htm]]></link><description><![CDATA[¡Por fin llegó el día!<br/>Te esperamos 10 años; te soñamos con locura, con dolor, con ilusión. Mil historias han pasado en éste tiempo, el que te tomaste para llegar hasta nosotros.<br/>Tu mamá me dijo los otros días "Por algo se hizo esperar". <br/>Flor siempre confió, aunque a veces la esperanza flaqueara un poco.<br/>Me daba un poquito de miedo conocerte, porque yo no soy una sentimental de los niños. No sé tratarlos, ni hablarles... me siento ridícula ante tanta dosis de inocencia.<br/>Sin embargo, contigo fué natural. Tenerte en brazos, jugar contigo, vigilar que no hicieras alguna picardía, darte de comer... hacerte miles de fotos.<br/>¿Te acordarás de mí cuando vaya a verte de nuevo? ¿Cuántos años pasarán?<br/>Cuando vuelva a mirar de cerca tus ojazos celestes ya caminarás, hablarás y a lo mejor tendrás hermanos.<br/>Ojalá te vuelva a ver antes.<br/>Mientras tanto, juega, vive, alborota y aprende. Sigue alegrando el día a todos los que se cruzan contigo y haciendo felices a tus papis, que te esperaron pacientemente todos éstos años. Estoy segura de que, traiga lo que traiga la vida, no les defraudarás.<br/>Un abrazo de tu tía de lejos.]]></description><author><![CDATA[blogs@ya.com(jesilee)]]></author></item><item><title><![CDATA[Top Feria]]></title><link><![CDATA[http://blogs.chueca.com/jesilee/c_27.htm]]></link><description><![CDATA[Hace años que adopté la "religión" de pasarme por la feria de Tristán Narvaja los domingos a media mañana y cotillear entre las curiosidades que se ven por allí.<br/>Cuando vine a Montevideo con Sergio, recién casada, papá y yo no resistimos la tentación de llevar al pobre visitante a nuestra excursión dominical. Sin malicia alguna, se nos olvidó avisarle lo que podría llegar a ver allí, limitándonos a responderle, cuando preguntó, que "ahí hay de todo".<br/>Sergio sobrevivió a su primer paseo por la feria con un asombro que le dura hasta el día de hoy.<br/><br/>-Pero ¡¿alguien realmente compra esas cosas?! -preguntaba con la boca tan abierta como los ojos.<br/>La respuesta de papá fué la misma que, ésta mañana, escuché a un señor al pasar:<br/>-Yyyy... si está ahí es porque alguien lo compra.<br/><br/>La mescolanza de fierros oxidados, piezas de máquinas que fueron algo alguna vez, ropa o zapatos usados, electrodomésticos antiquísimos, animalitos de compañía o de granja y comestibles traídos de Brasil de contrabando es embutida domingo a domingo en destartalados carromatos y llevada a la feria para intentar ser vendida. De la capacidad de esos vehículos para desplazarse por sus propios medios no pudimos convencer a Sergio hasta que vió con sus propios ojos a uno de ellos emprender viaje.<br/><br/>Esa vez yo llevaba muy poco tiempo en España y ni mis ojos ni mi mentalidad estaban aún del todo afinados al paisaje del Primer Mundo; no notaba las diferencias y por tanto no entendía el asombro desmesurado de Sergio.<br/>Con cada visita a Uruguay y cada reencuentro con la feria, le comprendo más. <br/>Otra señal de que el tiempo pasa y mi nueva realidad se afianza un poquito cada día.<br/><br/>Ayer de mañana no pensaba perderme mi oficio dominical por nada del mundo, así que, con dos horas de sueño encima después de la juerga con l@s loc@s, volví a casa de papá para limpiarme los restos de maquillaje, cambiarme de ropa y cargar las pilas de la cámara de fotos.<br/><br/>La realidad montevideana ha cambiado para mal en cuanto a seguridad ciudadana desde que yo emigré. De unos años a ésta parte ha surgido un fenómeno social que, según todo el mundo, es un peligro: los "planchas". Según entendí, se trata de jóvenes o niños de bajos recursos que amparados en su minoría de edad, cometen toda clase de robos y hurtos, muchos con violencia o armas de por medio, con el fin de conseguir dinero para comprar pasta base de cocaína, la droga de moda. Se les reconoce por su vestimenta particular, por el hecho de que van siempre en grupo y, según Luis, también por su jerga. <br/>Llevaba menos de dos días en Uruguay cuando Luis y papá ya se habían encargado de meterme el miedo en el cuerpo respecto a los planchas". <br/><br/>-No lleves nada encima, ni dinero, ni móviles, ni joyas, y no vayas mostrando esa cámara por todos lados. -aleccionó papá cuando salíamos para la feria.<br/><br/>-Te roban en segundos sin que te des cuenta. A mí me amenazaron con un cuchillo unos pibes de 12 años con los brazos llenos de cortes. Si están duros de pasta base, no les importa nada, te matan por 20 pesos. -los describió Luis.<br/><br/>Según me aclaró, tanto el nombre de éstos personajes como el asunto de los cortes en los brazos son de origen carcelario. Todos han pasado por la cárcel, y al ficharlos les hacen una foto con una pizarra llena de números a la que llaman "plancha". Esta es la versión de Luis. La de papá...<br/><br/>-...claro, antes les ponían colchones, pero los prendían fuego para protestar, ¡¡hacían cualquier cosa!! Ahora directamente los hacen dormir en una plancha de hormigón pegada a la pared. ¡¡¡Por eso se llaman "planchas"!!!<br/><br/>Los cortes en los brazos, según Luis, son una práctica que hacen en la cárcel para demostrar "quien es más macho". Se hacen cortes profundos en el músculo de los brazos con un cristal afilado a ver quien aguanta más cortes. Es una especie de derecho de piso que les da estatus cuando salen de allí.<br/><br/>Quitando el IVA y el descuento a los cuentos de papá y de Luis, consulté a Gabriel acerca de ésto.<br/><br/>-Mucho de eso son cosas de los informativos. No interesa que la gente conozca la realidad. Mejor que se queden en casa mirando la tele y no piensen. No te olvides que es año de campaña electoral. ¡¡Si hacés caso a todo lo que dicen en el informativo salís a la calle con una escopeta!! Los "planchas" de ahora son los "terrajas" de antes.<br/><br/>Con "planchas" o sin ellos, hice miles de fotos de la feria, sus personajes y sus vehículos. Papá parecía tener ojos en la nuca para detectar ladrones por todas partes cada vez que yo intentaba hacer una foto, pero al final conseguí mi colección y volvimos a casa sin ningún incidente. ¡¡Cuando edite todo ese material en un vídeo, no quiero perderme la cara de Sergio!!<br/><br/>Terminamos el recorrido comprando el almuerzo de papá a un señor que, sin reparo alguno, vendía asado y chorizos recién cocinados en una parrilla clandestina.<br/><br/>Siempre me voy con pena de la feria. Con ganas de volver y con el consuelo de pensar que si vuelvo en dos o tres años a recorrer las calles atestadas de gente y puestos de venta callejera tal vez lo haga en compañía de Sergio, más preparado ya; y que encontraremos los mismos fierros retorcidos, quizá algo más oxidados, las mismas radios antiguas que todavía no encontraron comprador, las mismas mascotas pero de una sexta o séptima generación... <br/><br/>Mientras tanto, en la sierra de Madrid reina, plácida e ignorante de que ha viajado más que muchos, mi Jessie, adquirida en la feria de Tristán Narvaja hace casi 12 años.<br/><br/><br/><br/>]]></description><author><![CDATA[blogs@ya.com(jesilee)]]></author></item><item><title><![CDATA[Ciudad de Locos Corazones]]></title><link><![CDATA[http://blogs.chueca.com/jesilee/c_21.htm]]></link><description><![CDATA[<i>MASS MEDIA<br/><br/>De los medios de comunicacion<br/>en este mundo tan codificado<br/>con internet y otras navegaciones<br/>yo sigo prefiriendo<br/>el viejo beso artesanal<br/>que desde siempre comunica tanto<br/><br/>Mario Benedetti</i><br/><br/>I<br/><br/>Llegar a Montevideo en una visita siempre me despierta la misma sensación: urgencia. Quiero retomar al mismo tiempo todos mis viejos rituales abandonados y reencontrar cada cara conocida, querida y extrañada.<br/>La primera de éstas caras siempre es la de papá, claro, cuando salgo del área de desembarque del aeropuerto de Carrasco. Religiosamente me espera en la terminal  y se echa a llorar cuando me abraza. Con cada visita tengo más tendencia a acompañarle en el llanto, pero enseguida se nos pasa.<br/>Emprendemos entonces el primer ritual: viajar hasta el Centro con las maletas a cuestas en un autobús vetusto, ruidoso y atestado de gente. <br/>En ese recorrido empiezo a ver de nuevo Montevideo; empiezo a preparar mentalmente la respuesta a lo que todos me preguntarán:  "¿y?  ¿cómo encontrás el país?".<br/>Voy haciendo inventario de negocios que sobreviven a la crisis persistente...<br/><br/>-¡¡Todavía existe ese bazar!!<br/><br/>...de los que pasaron a la historia...<br/><br/>-¿¿Ahí no era El Palacio de la Música?? <br/>-Claro, pero se fundió.<br/><br/>...y de los que mutaron...<br/><br/>-¡¡¡No me digas que ese cine también es ahora una iglesia trucha!!!<br/><br/>En el trayecto, prolongado y cansino, voy observando y memorizando diferencias con lo que ví en la última visita e interrogando a papá acerca de cada cosa.<br/><br/>Todavía no me aclaro mucho respecto a lo que siento sobre éste viaje.<br/>Llevaba meses deseando venir, conocer a Julieta y ver como estaba todo  por aquí, pero algo que no puedo definir está velando el  entusiasmo que me acompañó en las visitas anteriores.<br/>Hace tiempo que dejé de leer compulsivamente los periódicos uruguayos por Internet, de intentar sintonizar alguna emisora que transmita por la red desde aquí y en general, de mantenerme al día de la realidad uruguaya.<br/> En vez de eso, gracias a la maravilla de los sistemas de voIP, llamo casi todas las semanas a papá, le tiro de la lengua y escucho: si papá está en uno de sus días buenos, me cuenta las genialidades del gobierno para con los más desfavorecidos y la dinámica con la que se está recuperando el país  "ahora que gobierna la izquierda".<br/>Si es uno de sus días malos, me detalla cada uno de sus nuevos dolores y malestares y luego me suelta un catálogo de las quejas que sucita el hecho de que todas las jubilaciones suban menos la suya porque "ahora la cosa marcha, pero todo se va haciendo de a poco".<br/>Ya sea que papá haya tenido un día de los buenos o uno de los otros, a lo que me cuenta le quito el iva, como se dice por acá, y de paso le aplico otro descuento de un 30% más o menos para así tener una idea aproximada de la realidad. En cuanto a los asuntos personales, contrasto versiones con Florencia, con la que también hablo una vez a la semana, amen de largas sesiones de messenger.<br/>Por ésto, el viaje del aeropuerto al centro de ésta vez no dió para<br/> mucho interrogatorio, porque poco había por preguntar.<br/>La verdad es que temía un poco la llegada ésta vez. Me costó tanto como me dolió el prepararme para llegar a Montevideo y no al barrio Sur, donde vivía papá hasta hace dos años. Mi vieja habitación de soltera con vistas a la Rambla Sur y al faro de Punta Carretas ya no estaría allí esperándome con sus paredes lilas, los metros y metros de film de 35 mm colgando de los muebles y aquel olor a hogar. El piso fué vendido de mala manera cuando papá se enfermó y él vive ahora en lo que antes fué su peluquería, convenientemente reconvertido en vivienda.<br/>Tampoco estarían a tiro de piedra los puntos de encuentro con mis amigos de toda la vida: la madre de Cecilia también vendió el piso de la Rambla y ya no vive en el barrio Sur; Roberto no aparecería inesperadamente a la vuelta de la esquina para verme bajar con<br/>mi bicicleta oxidada y con Jessie para dar una vuelta por la Rambla como la segunda vez que vine; y ya no encontraría a Ramiro tras el escritorio de recepción de La Linterna Mágica, porque la crisis caló hondo también en Cinemateca y cerró la vieja sala del barrio. Ahora que lo pienso, quizás por ésto me siento así. Ya van para siete años desde que me fuí de Uruguay, y aquí la vida sigue, cambiante, como sigue allá en España para mí.<br/>Mientras pudiera venir y encontrar todo como lo había dejado, el olvido no sería de obligado cumplimiento; ni el cambio irreversible, el compromiso de la emigración irrevocable. Esta vez todo parece haberse esfumado. Mi realidad actual de inmigrante extranjera está consolidada en el corazón de la gente que me conoce, en el mío y en todo lo cotidiano.<br/><br/>No obstante, algunas cosas (benditas sean) permanecen.<br/><br/>Papá vive en un local chico, ubicado sobre una calle espantosamente ruidosa donde yo no podría llegar a pegar ojo en toda la noche. <br/>En su casa actual ya no se notan vestigios de la antigua peluquería donde trabajó tantos años. Sólo un par de espejos empañados con pegatinas de productos de estética. La transformación ha dado lugar a un piso espacioso para una persona; mi temor a que papá viviera incómodo aflojó bastante.<br/>No obstante, convivir con papá, aunque solo sea durante unos días, puede llegar a ser altamente estresante para mi actual estado de ánimo. Conque antes de viajar había arreglado utilizar como dormitorio mi viejo y querido Instituto de Radiodifusión. Andrés me recogió con mis bártulos y me ayudó a instalarme nada más llegar al Centro.<br/>Y aquí estoy ahora, a las 23:15, escribiendo mi blog en el<br/>mismo lugar que albergó los momentos más felices y también los más duros de toda mi vida.<br/><br/>II<br/><br/>Nada más instalarme volví con papá a su casa y empecé a llamar a gente. <br/>Andy por fin consiguió trabajo (empresa más que loable en éste país de vacas flacas) y cuenta con el privilegio de ganarse el pan haciendo lo que más le gusta: reina bajo el nombre de DJ Andy Sparks en Alexander, una disco de ambiente gay que abrió hace seis meses en los bajos del Palacio Salvo. Hablamos tres minutos; lo suficiente para que me apuntara en su lista de invitados para anoche y luego me fuí a la feria del barrio con papá.<br/>Me reencontré con los viejos sabores de la infancia. Los dulces caseros, los higos en almíbar, los quesos picantes de acá, la fruta madurada en el árbol, las tortas fritas...<br/>Y con los ruidos, los antiquísimos camiones que usan los feriantes para transportar la mercadería, el barullo insufrible de 18 de Julio atiborrado de autobuses y motos con el escape libre.<br/>Después me arreglé y me fuí de fiesta por primera vez en 2 años.<br/>Mis loc@s amig@s, como se llaman a sí mism@s, han evolucionado lo indecible en materia de maquillaje, vestuario y malas costumbres. En menos de cinco minutos me hallé rodeada de un heterogéneo grupo de personajes divertidos y llenos de energía y curiosidad por saber de mi vida en España. <br/>En intachable respeto a la normativa anti-tabaco que rige en Uruguay, mil veces más sencilla y efectiva que la española, salimos todos afuera para que, quienes lo desearan, pudieran fumar tabaco. El resto nos pasamos un par de porros y un par de tragos y adentro de nuevo todo el mundo. <br/>En éste tipo de discos no falta nunca el cuarto oscuro. Como su nombre lo indica, se trata de un hueco sin iluminación donde cada cual entra a su propio riesgo y sale como puede... o quiere. Para una chica, entrar ahí sola es de alto riesgo, así que pasé del asunto.<br/>Mientras Nestor y compañía se dirigían allí alegremente, empecé a dar vueltas por la pista donde pinchaba Andy, estudiando a la multitud con ojos alucinados. <br/>Me sentía flotando, contenta, confiada, a gusto, la música era perfecta y el ambiente multicolor. <br/>Apareció de la nada. Era alto, de ojos oscuros y pelo por los hombros. Me dijo un piropo acerca del pendiente que llevo en la naríz. Intercambiamos frases. Después nos besamos, y por esos segundos la nube en la que flotaba me pareció más densa, elevándose sobre los flashes de luz y los hilos verdes que trazaba el laser por toda la sala. Largo, profundo, suave... perfecto. Olía a colonia fresca... Sonreímos y cada cual siguió su propia fiesta. <br/>Nestor y los demás aparecieron justo cuando empezaba a bajar a tierra. A las cinco y media, ya con sueño y pocas ganas de bailar, volví a cruzarme con mi perfecto desconocido.<br/>¿Llegó a decirme su nombre? Creo que sí. Creo que hasta le dije el mío.<br/>Nada de mails, ni teléfonos ni direcciones. Sólo el primer recuerdo bonito de éste viaje.<br/>Llegué al Instituto un rato después, y mientras el sol empezaba a entrar por las claraboyas de mi viejo nido, me dormí sintiendo cómo la incertidumbre que rodeaba a ésta visita se esfumaba de a poco, como la gloria del THC.]]></description><author><![CDATA[blogs@ya.com(jesilee)]]></author></item><item><title><![CDATA[En la niebla]]></title><link><![CDATA[http://blogs.chueca.com/jesilee/c_20.htm]]></link><description><![CDATA[Algunas cosas no se ven con los ojos.<br/>Por culpa de un accidente laboral de hace meses, casi no toleraba la lente de contacto del ojo derecho, así que, aprovechando mi visita en Montevideo, decidí ir a ver a la oftalmóloga que hace años me recetó mis primeras lentes de contacto. <br/>Así fué como tuve que pasar un día entero sin lentillas para que luego las mediciones que tenía que hacerme la doctora fueran exactas. <br/>Con cinco dioptrías y media de miopía y algo de astigmatismo, estar sin lentillas es prácticamente incapacitante. Habría sido más fácil de tener unas gafas comunes para salir del paso, pero resulta que no las tenía.<br/>Así que me recluí ese día en casa de papá para aguantar estoicamente la situación y de paso abrir un poco más el resto de sentidos a ver si captaba igualmente mi entorno.<br/>Lo que capté fué que el Uruguay que todos soñaron cuando ganó el gobierno de izquierdas está tardando mucho en materializarse y no parece que ésto esté ocurriendo en igualdad de condiciones para todos.<br/>Así, mientras los que antes del Plan de Emergencia vivían en la miseria extrema usan ahora dinero cedido por el gobierno para comprarse teléfonos móviles y ordenadores (pero siguen sin trabajar porque así se está mejor), la clase trabajadora que hace siete años todavía podía sobrevivir gracias a su trabajo, hoy ya no puede más. Los impuestos se llevan casi el 50% de su entrada, los precios de los alimentos y bienes de consumo en general superan en algunos casos a los que yo pago en España por el mismo artículo y los salarios medios rondan los 150 euros... para los afortunados que tienen salario.<br/>Me dí cuenta en mi día en la niebla de que mis amigos tienen que hacer listas de lo que van a comprar en el mes para decidir qué se quitan a fin de que les llegue el dinero; de que mi padre mide casi con una regla cada porción de alimento que come para que le quede para otra comida; de que mi viejo Instituto de Radiodifusión ya casi no tiene alumnos y se mantiene abierto de milagro; de que la gente te da su número de móvil en vez del de casa porque el teléfono de casa lo tuvieron que dar de baja por no poder pagarlo, y el móvil lo cargan con saldo cada seis meses, con lo cual tienes que llamarles tú y cuesta la llamada a un móvil 1 euro por minuto; que hay que bañarse con agua tibia y en 5 minutos porque si no no hay quien pague la factura de la luz...<br/>Me dí cuenta de que mientras los políticos de turno hablan durante 12 horas seguidas en el Parlamento acerca del nuevo IRPF y de cómo los ciudadanos "tienen que acostumbrarse a la idea de que hay que pagar impuestos", no se dan cuenta de que la gente no puede más; de que los precios suben cada día, los salarios bajan o se quedan estancados si hay suerte y los puestos de trabajo son cada vez menos y más precarios. "Baja el desempleo", dicen en las noticias. A continuación, "éste mes ha crecido en un x% el número de ciudadanos que abandonan el país". Casualmente, la cifra porcentual coincide bastante en ambas noticias...<br/>Con la receta en mano y papá de compañía, recorro tres ópticas para averiguar cuánto me cuestan mis gafas. Lo más sencillo y barato posible. En la primera, me dicen que 1590 pesos; en la segunda que 890 y en la tercera, que 540. Ahí las encargo y hasta hoy me pregunto por qué, ya que no se puede arreglar a corto plazo el mercado laboral, no se establecen regulaciones de los precios al consumo; por qué tienen los comerciantes la libertad de cobrar lo que les venga en gana incluso en los productos más básicos...; por qué en un país ganadero y agrícola como éste, donde hay unas 30 vacas por cada habitante, cuesta un litro de leche de pésima calidad lo mismo que se paga en España por la leche entera, sin cortes; el queso es prohibitivo para la mayoría y el gobierno pretende vender con precio regulado el arroz que yo compraba hace siete años para alimentar a los perros ¡¡para consumo de las personas!!<br/>Luego vamos a Buenos Aires, donde la realidad económica siempre supera a la ficción y aún así encuentro que Flor y Damián las pasan canutas pero consiguen superar el mes a mes y criar a Julieta sin tener que pasar privaciones. Todo el mundo me dice que la bonanza argentina tocará fin muy pronto, pero por lo menos por ahora, van tirando. Luego de la crisis del 2002 los salarios se han casi cuadruplicado y los precios se mantienen relativamente estables. La gente puede respirar.<br/>Vuelvo a Montevideo y empiezo a replantearme cosas. <br/>Llevo más de un año intentando sacarme el carnet de conducir en España. Ilusa de mí, y conociendo el paño por gente que acaba de vivirlo, empecé pensando que si hacía bien las cosas no me dejaría una fortuna y todos mis nervios en esa empresa pero como y dije, fué una ilusión. Un año, 2500 euros y cuatro exámenes suspendidos por estupideces. Y a renovar expediente, a pagar 800 euros más cada mes por clases obligatorias, a amargarme la vida otro poco... Después del cuarto suspenso decidí dejarlo por un tiempo hasta aclarar mis ideas. Temo que se han aclarado del todo. No puedo dejar que mi padre pase privaciones en Uruguay mientras yo sigo regalando el fruto de mi trabajo a la Dirección General de Tráfico. A veces en la vida hay que tomar decisiones que no resultan cómodas, y creo que me ha tocado. El lío mental está volviendo. Estando acá y tras varias semanas con la cabeza alejada de la rutina de España soy consciente de que la objetividad está algo nublada, pero habrá que decidir. Está claro que no puedo seguir costeando el proceso para obtener el carnet, así que no tiene sentido conservar mi coche. Si lo vendo, perderé dinero y tendré que seguir pagando el préstamo con el que lo compré... y seguiré dependiendo de Sergio o de los vecinos caritiativos hasta para lo más mínimo. En el pueblo donde vivo, el transporte público escasea. ¿Como voy a hacer, si no llego a fin de mes casi nunca, para cubrir mis cuentas y enviar a papá algo de comida todos los meses?? En momentos así quiero hablar con Sergio. Luego me arrepiento; ya sé que me dirá que pida préstamos o saque dinero de tarjetas que luego no podré pagar y la frustración posterior a la charla será peor que la actual, pero sucede que Sergio es el único español que conozco capáz de entender y sobre todo creerme lo que está pasando aquí. Y a lo mejor me llevo la sorpresa y se le ocurre algo que yo no haya pensado todavía...<br/>También podría aplicar una solución que ví estampada ayer en un graffiti: "Carestía y miseria: cambio Ford del 29 por colita de cuadril". ¿Cuántas colitas de cuadril me darán por un Opel Astra del 2000 y con el embrague hecho polvo?!? ...]]></description><author><![CDATA[blogs@ya.com(jesilee)]]></author></item></channel></rss>
