La Cubana: Mamá quiero ser famoso
Nunca se sabe hacia dónde se dirigen los días ni las horas. Y entretando se va pasando el tiempo y se planifican los proyectos. Pero ayer yo quería disfrutar, olvidarme de las cosas, especialmente las que molestan, y observar algo que siempre me ha inquietado: el mundo del teatro.
Cuando tenía 16 años me apunté a un grupo. Pronto me di cuenta que yo no tengo habilidades de teatro que el teatro es para personas que se esfuerzan y que son capaces de cambiar de carcasa e incluso de sentimientos para hacer brotar a otras nuevas sensaciones o sensaciones que ya tenían dentro y al identificarse brotan.
Así que fui con pocas ideas predeterminadas. Decidí ir porque escuché en la Cadena Ser hará un año una entrevista a algun@ de los personajes de la obra “Mamá quiero ser famoso” de La Cubana. Me estuve riendo.
Ayer me di cuenta de los afilados cuchillos con que trabajaron l@s guionistas las letras. Si, me reía pero con solo pensarlo un poco me daba pena ver cómo una crónica burlesca de lo que yo llamo “la prensa del intestino” pueda ser tan real.
Mi amiga Mar me comentó que más o menos eran así los programas. Te hacían aplaudir, te hacian gritar e incluso te hacían sonrojarte. Pero todo por obligación incluido el “yo soy el pastor y vosotr@s el rebaño”. Cómo se puede utilizar la televisión para denigrar. Y la duda ¿Acaso estamos tan vacíos cómo para sentirnos mejor ante la degradación del Otro que aparece cómo objeto en la televisión? Afortunadamente no hay respuesta si no respuestas y subjetividades.
La obra tiene un ritmo frenético. La mezcla entre castellano, catalán acento catalán, castellano acento inglés, ingles, ingles acento catalán. Todo muy castizo, con mucho “lolailoleo” y una buena muy buena pronunciación de los acentos que pueblan Andalucia una comunidad autónoma a la que le tengo cariño y respeto (no en vano nació allí mi padre).
Luego hacia la mitad empieza a desinflar la cosa, la sensación. No porque la obra no siga su ritmo yo creo que más bien uno se da cuenta del títere del que ha sido objeto. Francamente iba con la ilusión de ser “el famoso por un día”. Quería salir al escenario, codearme con las vedettes, con la chica del acordeón, con la niña prodigio del corazón, quería ser uno más de los personajes. Y sin embargo todo ese glamour de plástico, esa brillantina y esa purpurina deseada luego se torna en lo que realmente es: Un espectáculo que tritura y mezcla a partes iguales humor y crítica. Una crítica que me recordó, en versión más extendida, a la maravillosa crítica que logra Pedro Almodóvar en su última película Volver cuyo guiñó es evidente. Cuyo artículo he publicado en Dos Manzanas. Y sin más os animo a que no juzguéis y no os preguntéis cuando salgáis de ver algo artístico “¿Qué te ha parecido?”. Mi cerebro quizá puede responder rápido pero mi cuerpo necesita un tiempo y un espacio. Prefiero sentir a “fuego lento”.
pd: La foto la he hecho directamente de la revista que nos entregaron en el teatro
pd2: Si estáis interesados en ir la hacen en el Teatro Novedades de Barcelona
Glamour en cada esquina roja

Yo nunca pensé que pudiera tener glamour. Ni me gustó la palabra por resultarme pedante y sin sentido. El hombre más glamouroso del mundo, el hombre con más estilo, la mujer más guapa del planeta. Tampoco pensé que entre mis incoherencias máximas estuviera prevista la visión cada año de los Oscars a tiempo real. Año tras año con Jaume Figueres y Ana Siñeriz. Este año un pequeño cambio se produjo. Ana Siñeriz fue sustituida por Angels Barceló y su flamante melena para compensar la “no melena” de Jaume Figueres. Bueno más o menos esto que acabo de ejemplificar es lo que hacen muchas personas profesionales cuando van a la gala. Mirar vestidos, preguntar por las películas y hablar de la perfección una y otra vez.
Y perfección no hubo pero si hubo verano, mucho verano. Una vez más la dictadura de la mujer se ejemplificó en forma de vestidos, escotes y pelos repeinados. El objeto sexual, la atracción, la seducción pasiva o activa según se mire. Los hombres por ahí pululaban nombres cómo George Clooney que tenían que cargar con el peso de ser un sexymbol. Es un peso, las etiquetas pesan, duelen, molestan y encima ensucian frivolizan y superficializan. A ese ideal quieren llegar algunas personas, quizá más de las que nos imaginamos. Querer pasear, sonreír y hablar una y otra vez de los mismos temas. Ayer lo pensé. ¿Qué sentido tiene agradecer a la familia todo el esfuerzo? ¿Acaso no tenemos días para hacerlo? ¿Acaso es más veraz a través de la cámara? ¿Acaso ya estamos en el Gran Hermano?
Luego los chistes burdos, baratos que consistían en atacar de forma más correcta, menos correcta y definitivamente incorrecta a las personas presentes las cuáles se tenían que reír de ocurrencias que quizá no les hacían gracia.
Todo este teatro para entretener a muchos espectadores y aquí estoy escribiendo de algo que tiene poco sentido con el espíritu de la vida aunque por otro lado este año fue especial. No tanto por las películas si no porque yo contemplé el rostro de Charline Zeron que sabía que su papel era ese y que por más que se empeñara si quería seguir en la lista tenía que seguir poniendo cara de perfección. La perfección mata cada vez a más gente. El modelo se agota. La extrema delgadez de la mayoría de las presentes contrasta con las caras más redondeadas y graciles de muchas acompañantes de ganadores. A veces lo pienso. El matrimonio engorda. Quizá el amor engorde. Quizá estoy delgado porque no me he casado o porque no tengo amor.
Y llegando a la recta final estuve a punto de gritar por Felicity Hoffman una mujer que no conozco, y también quise gritar por Phillip Senior y por más personas pero no lo hice. Porque el anonimato tiene peso pero lo público desequilibra. Cualquier acto que hagas juzgado por millones de personas que lo recordarán para olvidarlo con el siguiente acto que hagas. Estar en la cuerda de la aprobación, en el juego de la creatividad vendida y comprada. El cine cómo negocio pero el cine no es para entretener si no para trasladarnos a esa persona que viviendo algo ficticio nos recuerda algún sentimiento que nosotros vivimos a través de nuestra realidad.
Así que siento un sabor agridulce pero confío en que habrá un cambio. Cada vez más personas toman conciencia de lo duro que es aparentar y que no es el vestido el que hace a la persona si no la persona la que destella desde una parte que no localiza ese carisma que no tiene marca, ni se puede comprar o vender.
Carnavales, Sentimientos y la Novia Cadáver
La fiesta inundó mi mente y se abrieron las compuertas y todo aquello que temí pues se realizó porque cuando más dejo de controlar más descontrolado se vuelve todo y más en libertad me siento.
No podría hablar eternamente sobre la niña de “V” ni estar elucubrando sobre mis clases de inglés en lambdaweb Sencillamente un aprendizaje detrás de otro. Hay personas que lucharon mucho para que hoy “homosexuales y homosexualas” tengan un espacio y un hueco de expresión.
Es bonito poder conocer gente nueva. Es bonito y es necesario poder mirar a alguien a los ojos y sentir algo que no se sabe exactamente que es pero realmente quieres más.
Yo iba disfrazado de novia cadáver. (no pondré la foto de mi cara estilo calavera pero alguna cosa pondré), un disfraz muy bonito he de decir, gracias a la inestimable ayuda de Paula que me maquilló la cara. Muchos chicos pensaban que era una chica de verdad y me pidieron matrimonio insofacto. Eso es lo que ocurrió el sábado por la noche en La Paloma (al módico precio de 8€ sin consumición). Y yo que estoy ahora muy abierto al amor les dije a todos que no, que para casarse con la novia cadáver es mejor estar muerto.
Así que me cogió el cansancio y sobre las 2:30 de la mañana decidí irme a casa con la cara pintada y hacerme fotos con mi ramito de flores. (Con la paparazzi Paula, la que me maquilló demasiado bien).
Me he dado cuenta una vez más que lo mío no son las discotecas de música alta, ni las drogas ni las fiestas eternas. Que yo lo que quiero es un lugar dónde pueda acudir la gente y hacer un personaje y salir del propio rol. Me encanta no ser yo mismo y ser otra persona que me invente por el camino. Las discotecas tienen algo muerto y decadente. Y ahora solo quiero abrazar y abrazar y abrazar mi camino e irme a dormir soñando. Estoy muy edulcorado con fructosa. Es curioso, después de mucho tiempo cerrado al mundo de las relaciones sentimentales (me encanta poner distancia) ahora estoy agustito conmigo mismo. Parecen dos temas que no están relacionados pero si lo están. Y me doy cuenta que quiero patinar y que mañana me dejarán una bicicleta una temporada y podré “biciclatear” por Barcelona y estar conmigo mismo y no pensar. Es fantástico no pensar ( a mí que me encantan los discursitos) no pensar me relaja. Y os emplazo el tema del próximo post que podéis consultar aquí “Centre Dona i literatura”: Homoerotismos Literarios. Solo puedo decir que estoy completamente impresionado por lo que aprendí el viernes pasado y que este viernes habrá segunda entrega de este curso. ¿Habré encontrado un espacio de lucha constructivo?