La nueva Lady Orlando
Idas y venidas de una universitaria lesbiana cualquiera y desvarios frikis y literarios.
Acerca de
Caution: En este blog va a hablarse de frikadas, literatura de todos los colores, lesbianas (de esto va a haber un huevo, aviso), música, cómics, acontecimientos anecdóticos de mi muy friki vida, dados (sí, dados, esos adorables trocitos de suerte que colecciono cual psicópata), cine, rayadas (de esto va a haber casi tanto como lesbianas) y en resumen, de cualquier cosa que se me pase por la cabeza y el que me conozca ya sabe lo inquieta que mi cabeza puede llegar a ser.
Sindicación
 
Songs for Katherine
Yo tenía cosas apuntadas para el blog. Me iba a explayar en paranoyas varias y frikadas de todo pelaje. Pero llevo tres días sin comer, y los mismos días vomitando (lo que me hace preguntarme qué es lo que estoy vomitando, si no como nada...). He adelgazado tres kilos. Me ha subido fiebre y he descendido desde la cumbre de mi cama, tras dos días de sudores y total falta de comida y bebida (excepto suero). La mecánica de estos días ha sido: Beber suero, vomitar, intentar dormir sin éxito, gimotear, leer relatos de Katherine Mansfield, beber suero, vomitar (¿el suero?), planear relatos, leer Katherine Mansfield, intentar dormir sin éxito, vomitar, planear relatos, dormir diez minutos...
Repetir sucesivamente hasta completar tres días.
El libro de las obras completas de Katherine Mansfield ha permanecido todo el tiempo en mi almohada. Ha aguantado mis sudores y mis gimoteos, y mis quejidos y mis vueltas y mis revueltas. En algún momento de la noche pensé que debería escribir, como dice mi título, Songs for Katherine. Pero como no poseo arte musical ninguno, le dedicaré esta entrada de blog y los relatos que están por venir.
Bueno, al tema, resumiré lo que tenía previsto contar largamente.
-El enfado de mi madre se evaporó porque usé mi temible encanto para convencer al profesor para que me pusiera un cinco.
-Un chico creyó que mis largas miradas significaban que intentaba ligar con él, sin sospechar que lo que yo codiciaba eran sus zapatillas deportivas naranjas.
-Almorcé con mi amiga Red y sus compañeros de Pedagogía (que ahora se llamará Pedajodía) en la facultad. Luego nos tumbamos en el cesped, bajo un cielo sin nubes intensamente azul. Hacía mucho sol y soplaba una levísima brisa fresca. Me adormecí en la calma absoluta, con Red medio dormida sobre mi hombro mientras oía K's Choice con el walkman. Lo que yo llamo un momento de pura felicidad.
-Conocí a una tal Katya, una chica polaca que estudia Hispánicas, que tiene los labios como Angelina Jolie y que huele indecentemente bien. La conocí en la biblioteca y después me enteré de que todo el mundo la odia (menos el Duende de la Muerte, que es una amiga mía y de la Emperatriz). Con lo majísima que es la criatura.
-...Y a Laura, una italiana que también estudia en Hispánicas y que no sólo huele indecentemente bien, sino que además lleva dados colgados de un cordón y tiene tatuajes de Mi Pequeño Pony (es demasiado dulce, esto). También es amiga del Duende. Y tiene un deje así de acento italiano. Y hace ensaldas. En serio.
-Erinia es mi nueva diosa. Es mi actual mejor amiga de clase. También conocida (por mí) como Gotigirl. Veréis, es que ha encontrado discos originales de K's Choice aquí, en Málaga. Así que ahora ella es una deidad. Me dijo que había encontrado los discos en medio de una clase en la facultad. Me dijo que nos fuéramos al centro a por ellos. Así que nos fuimos de clase y me llevó hasta los discos. Esta niña es guuaaaayy.
-Fui a un restaurante alucinante de comida japonesa el fin de semana pasado. Me harté de sushi y me sentó increíblemente bien. Es un sitio tranquilo, bonito y la comida está tan buena que dan ganas de ir a abrazar al cocinero. Zen Art, se llama. Quiero volver, que alguien me acompañe. Quiero más maki de cangrejo y de piel de salmón asada. (Bueno, ahora no, porque quiero que se quede en mi estómago).
-He sacado mil quinientos libros de la biblioteca de la facultad. Bueno, vale, mil quinientos no. Pero nueve o diez sí. Y que alguien me explique por que hay libros de Virginia Woolf en inglés en la facultad de medicina. He pasado los últimos días laborales de esta semana metida en la biblioteca. La balda más baja de las estanterías siempre tienen libros que nadie se lleva y que son geniales. Algún día me dedicaré a recomendar libros y entonces me haréis reverencias.
Y ahora quiero volver a la cama y agonizar tranquila, así que copio aquí el párrafo inicial de un relato corto que estoy escribiendo. Estoy escribiendo dos, en realidad, pero este estaba perpetrado desde hacía más tiempo. Ahí va.

< En el silencio de la mañana, aún en ausencia de sol, Kathleen se lamía metódicamente los dedos, aún pegajosos del azúcar que había cubierto el pastelillo de crema. Recostada sobre dos almohadones en la cama, saboreaba los últimos restos dulces del pastelillo. Cuando terminó, cruzó los dedos de ambas manos sobre el estómago y emitió un diminuto suspiro satisfecho. El sol aún no aparecía, pero la oscuridad empezaba a disgregarse, a parecer luminosa, a arremolinarse es las esquinas de la habitación. Kathleen permanece quieta un instante, observando los cambios de luminosidad que se suceden a su alrededor, con la expresión absorta que sólo otorgan los pastelillos de crema. El colegio guarda un sagrado silencio, tan sólo difuminado por la respiración pesada de Violet; no la ve, pero sabe que está acurrucada en la cama junto a Victoria, satisfecha de dormir en la habitación con sus amigas sin que nadie se haya dado cuenta de la falta en la suya propia. En la cama de enfrente Virginia duerme, sin ruidos, encogida; en la cama de al lado Gabrielle disfruta de un descanso sin sueños; más allá, una cama vacía. Kathleen arrastró la mirada de la cama vacía en la penumbra luminosa hasta la suya, a su lado, donde Ida esperaba. Tumbada de lado, paciente y eterna. La mirada de Kathleen la hizo sentirse como si tuviera permiso para hablar:
-Pronto tendremos que ir a clase –susurró, temerosa de romper el silencio. Kathleen se limitó a mirarla fijamente. Ida nunca pedía nada. Siempre esperaba, mirándola con ojos tiernos. Se inclinó y dejó que Ida la besara con los labios cerrados en la comisura de los labios. Los labios de Kathleen sabían a azúcar, notó Ida mientras la otra se acomodaba entre sus brazos. Ida suspiró hondamente, con la expresión absorta que sólo otorgan los pastelillos de crema y los besos con sabor a azúcar.
-El sol va a salir ya… -dijo Kathleen, mirando hacia ninguna parte.
-Ya ha salido –murmuró Ida. >


Ahí está, el principio. Tengo más escrito pero aún a mano. Alabanzas, críticas, declaraciones de amor y amenazas de muerte son bien recibidas. Besos agonizantes.
 
Canadá se llevó el donut de oro
Este post es una prueba de amor de alto nivel. Si leéis este post entero y lo aguantáis por mí, es que me tenéis que querer mucho. Si dejáis comentario me plantearé seriamente el matrimonio. ¡Porque el lunes por la noche, Canadá se llevó el donut de oro!
Sí, porque ahora en la Olimpiadas no dan medallas. Dan donuts.



Y el donut de oro en hockey sobre hielo femenino, se lo llevó la selección de Canadá (como en las últimas Olimpiadas), mis niñas, que aunque os importe un pimiento, son Meghan Agosta (diecinueve añitos recién cumplidos y mi favorita :p ), Gillian Apps (máxima goleadora y defensa de lujo), Jennifer Botterill (la mujer de las asistencias), Cassie Campbell (la de los goles más raros de la historia xD ), Gillian Ferrari, Danielle Goyette (cuarenta años y todavía en primera línea), Jayna Hefford, Becky Kellar, Gina Kingsbury, Charline Labonte (en portería, responsable de que entre todos los partidos, Canadá sólo haya recibido cuatro goles), Carla Macleod, Caroline Oullette (esta mujer estudió criminología, es algo que me impactó por alguna razón...), Cherie Piper (lleva el siete y da suerte, en serio), Cheryl Pounder, Colleen Sostorics (la mujer que puede cometer faltas sin que se note xD ), Kim St.Pierre, Vicky Sunohara, Sarah Vaillancourt (la de los pases guays que lo flipas), Katie Weatherston y Hayley Wickenheiser (entró en la selección con quince años, tiene el disparo a puerta más potente y se emociona tanto que la penalizan como tres veces por partido, a lo cual yo me parto).
El partido contra Suecia por el oro, acabó en 4-1 a favor de Canadá. Los partidos de hockey se dividen en tres tercios. En el primer tercio Canadá marcó dos veces, la primera Gilliam Apps, a la cual amo por hacer esas cosas como marcar el primer gol en una final olímpica. El segundo lo marcó Caroline Oullette y os juro que aún no me explico como coló ese gol. Al principio ni siquiera me di cuenta de que había marcado. Tuve que ver la repetición a cámara desde dos ángulos para darme cuenta de como la había metido la puñetera.
En el segundo tercio otros dos goles. El tercero, de Cherie Piper fue limpito y claro, y además agradecido. El cuarto, menos de dos minutos después, marcado por Jayna Hefford me pilló de sorpresa (y a ella), porque colar una pastilla en una portería minúscula con dos defensas y una portera delante... En fin, milagrosa, esta chica.
En el último tercio las suecas tuvieron el mal gusto de darme un mal rato. Después de una táctica bastante sucia de distracción, Gunilla Anderson, que tiene el jodido golpe de stick más duro que he visto junto con el de Wickenheiser, consiguió marcar. Muy mal, suecas, muy mal. Wickenheiser debió pensar lo mismo, porque le dijo algo que no sonó a piropo. Así que la penalizaron con dos minutos al banquillo, que ya tardaban en penalizarla en este partido (tiene genio, la pobre mía, ella es que lo vive).
Os pongo algunas fotillos que tampoco os interesarán lo más mínimo, pero que a mí me hacen indeciblemente feliz.
Estas dos son Meghan Agosta y Charline Labonte, es decir, mi goleadora y feliz responsable de asistencias favorita, y la guardameta del equipo, que ya le vale, no se puede ir por la vida siendo tan jodidamente buena portera (te queremos, Labonte). Las fotos olímpicas tienen la virtud de restar belleza a las mujeres, aún así, mirad a los ojos de esas heroínas canadienses. Arg, no me sale, bueno, pues link. Ala, ala, pinchad ahí.

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Ahí está Meghan Agosta otra vez, saludando a las compañeras de banquillo en un cambio.



Esta de rojo es Hayley Wickenheiser, la que es penalizada varias veces por partido porque la mujer le pone demasiado entusiasmo. Como ya he dicho antes, entró en la selección con quince años, así que imagino que para ella es algo muy personal. Ahí está en la final, la de amarillo es una de las suecas malignas.



Después del partido, justo al pitar el final del último tercio, con la medalla de oro recién ganada, hicieron lo mejor que podían hacer: Lanzarse encima de Labonte, pedazo de portera sin la que seguramente no tendrían dos oros olímpicos consecutivos.



Y esta es Collen Sostorics, celebrando un gol en la primera imagen y con la bandera de Canadá tras el partido en la otra. Como véis en la segunda ya le habían dado el donut de oro. Tampoco sale foto, pincha link y la verás haciendo la canadiense feliz.

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Y la última imagen, varias componentes del equipo haciéndose la foto bonita de mira-que-guays-con-el-oro. Detrás están las suecas haciéndose la foto de mira-que-guays-con-la-plata.



Siento haceros esto, pero insisto, si después de este post me dejáis comentarios, es que realmente me amáis, así que no espero una respuesta muy viva por parte del respetable público. Pero feliz me quedo, porque, alegría, alegría, ¡Canadá vuelve a tener el oro!



 
Miscelánea y un viaje mental a Rusia.
Estos últimos días han sido buenos días, hice amago de escribir varias veces pero nunca me terminé de decidir. Haré un resumen de las noticias destacadas.
El miércoles hice el examen de Literatura Inglesa y me salió bastante bien, aunque más corto de lo que esperaba. Ya veremos como sale, porque a pesar de que la profesora es puñeteramente sexy y hace ese cruce de piernas a lo Instinto Básico encima del pupitre, parece ser que también es bastante perraca corrigiendo. El miércoles que se avecina tendré el último examen cuatrimestral, el de Lengua Española. La Emperatriz Penca me anima (azota) para que estudie y me lanza improperios varios, pero seamos sinceras: Aún no he empezado a estudiar. Que Dios nos pille confesados.
El tedioso y profundo estudio de Mistica y Destino (pareja lésbica perfecta donde las haya) que prometí, me lo guardo para más adelante, porque me apetece ir a mi bola hoy.
Ayer sábado fue el cumpleaños de Deira (patrimonio de la humanidad en el campo de Sujetos Achuchables), que cumplió la mayoría de edad en Camboya (esto es, 21 añitos). Estuvimos hablando de lo de siempre pero con bastante más profundidad que de costumbre. Puede decirse que ahogamos nuestras penas en un hipotético vaso de coca-cola doble, light por favor, que estoy de servicio. Y estuvo muy, muy bien.
La noche del jueves al viernes tuve un sueño muy raro con alguien inesperado (o tal vez no tanto) que implicaba casas en el campo, cafeterías, clases realmente extrañas y McDonalds de carretera. Tenía que contarlo, lo mío con los sueños es un tema delicado.
El viernes por la noche, antes de la conversación con Deira, estuve en mi salón ganando puntos de masculinidad, dando saltos en el sofá mientras se jugaban las semifinales femeninas de hockey sobre hielo de las Olimpiadas de Turín. Pocos conocen mi aficción por el hockey femenino (el masculino es demasiado violento para mi frágil persona). Yo estoy con el equipo de Canadá, porque son perfección hecha equipo. Así que estuve dando saltos y gritando gol (seis veces). Ganaron seis a cero. Mañana lunes, a por el oro.
El día de ayer lo pasé en la Cofradía. No soy especialmente religiosa, pero allí hay muy buen ambiente y te ríes con la gente, porque todos son muy jóvenes y tienen muchas ganas de cachondeo. Estuve limpiando los enseres de plata de la procesión quitando la cera con un secador y un destornillador (la Semana Santa se acerca y hay que dejarlo todo listo) y luego estuve de ayudante con el jefe de Contaduría. Me lo pasé pipa revisando qué portadores del trono de la Virgen de la Caridad no habían devuelto las túnicas, porque a veces surgían problemas de este tipo:
-¿Qué número de túnica lleva el del varal E número 8?
-Hay un problema.
-¿Cual?
-Que lleva el mismo número de túnica que otro.
-¡No podían llevar los dos la misma túnica! ¿Qué número es?
-Humm... la G-000.
-¡Pero si eso no es ninguna numeración de túnicas!
-¡No existía la túnica!
-¡No existía!
-¡O sea, que había dos portadores compartiendo una túnica inexistente!
Pues así toda la tarde, rayándonos mutuamente.

Y finalmente el pensamiento emparanoyado del día. Yo sé, porque es un hecho científico probado y evidente, que aunque hagan unos discos de puta madre, las T.a.t.u. son unos zorrones del quince. Pero a ver quien tiene narices de negar que Julia Volkova es una de las individualidades mejor hechas del planeta tierra. Vamos, a ver quien me niega a mí que esa tía, la morena, no está para tirar cohetes.



Es como si hubieran cogido todos mis fetiches personales y los hubieran inyectado mediante injerto en la Volkova. Cógase a una jovencita medianamente ambigua, añádase pelo oscuro y ojos claros, preferentemente azules. Aliñe con un inglés teñido de cierto acento extranjero, una sonrisa encantadora y tres kilos de indiferencia hacia el mundo en general. Y por supuesto, para terminar con mi salud mental, no se olvide de ponerle el pelo corto y de punta así:



Y si aparte de eso se siente en la necesidad de hacerme sufrir un auténtico deshidratamiento corporal, asegúrese de que su híbrido puede encajar expresiones tan increíblemente adorables como esta:



Aunque, a los hechos me remito, cualquiera que me conozca medianamente bien sabe que mi mayor enfermedad mental consiste en que cualquier mujer medianamente (Fire, deja de repetir la palabra 'medianamente') atractiva que se ponga una capucha, se convierte en un icono del morbo sexual para mí. Es uno de esos defectos de fábrica que traigo incorporados. Para mi, una capucha en una mujer es algo tan sexy que roza los límites de lo imposible. Y por supuesto, a la señorita Volkova, humanoide creado para el único fin de volverme loca, no se le pasó este detalle.



Os dejo reflexionando sobre lo enferma que está mi mente. No creíais que un ser humano pudiese acumular tantos fetiches, ¿eh? Pues eso es sólo una combinación de fetiches. Tengo más combinaciones, pero esta es mi favorita y la señorita Volkova ha hecho pleno. Viva la madre Rusia y la madre que la parió a ella.



 
The marvel and the fox
Marvel y Fox. Fox y Marvel.
Empecemos con la Fox, cadena de televisión por cable, friki como ella sola. Alguna de las series que emite: The O.C., Mujeres Desesperadas, Perdidos, (atención a lo que toca ahora y a mi ronroneo feliz), Angel y Buffy Cazavampiros. Y ahora, muy importante, y razón de mi deleite, Tru Calling. Pillad captura de los créditos de entrada:



Tru es una jovencita, interpretada por Eliza Dushku (Faith, en Buffy Cazavampiros... Sí, mujer, la cazadora morena sexy vestida de cuero apretado que por lo visto no llevaba ropa interior y que parecía que iba a tirarse a Buffy en cualquier momento, en fin, esas cosas que pasan cuando Eliza está cerca. Pues esa.)



Pues Tru trabaja en el turno de noche en una morgue para subir nota en su carrera. Allí descubre que 'percibe' que algunos cadáveres le piden ayuda. Cuando esto ocurre, ella revive el día entero, esta vez con la oportunidad de cambiar las cosas y salvar al futuro cadáver. Es decir, no para salvar al cadáver, sino para evitar que este se convierta en tal, no sé si me explico.



Pues si teneis la Fox y aún no la habeis visto, dadle una oportunidad. De lunes a viernes, a las seis menos diez. Y si no tirad del e-mule, que ya os vale.

Y después de este espacio publicitario pagado por la Fox, una ligera reflexión perpetrada por mi cabeza hace unos días al despertarme. Es que cuando me despierto mi cabeza funciona por su cuenta. Para mi despejarme no es poner el cerebro a trabajar, es ponerlo bajo control. Pues estaba yo despegando la cara de la almohada, operación que en mi persona puede alargarse a quince o veinte minutos, cuando mi cabeza empezó a hablar sola.
Que si Marvel es una editorial con mucha vista, que si Marvel saca los cómics más cuidados, que si Marvel sí que sabe hacer películas y no como los gilipinchis de DC...
(Nota de la autora: Marvel hace las películas chachi pirulis como X-Men, Spiderman o Los Cuatro Fantásticos; DC hace las patatas tipo Hellboy, Catwoman y Batman).
...que si Marvel tiene mejores personajes, que si Marvel se adapta a los tiempos. Y entonces abrí los ojos, sorprendida antes las cávilas de mi cerebro.
Joder. Ahí le has dado.
Marvel se adapta a los tiempos. Lo hace. Refleja en sus cómics los cambios y los problemas de la sociedad: La política, los avances tecnológicos, el racismo, el terrorismo... Todo lo que pasa en este mundo demencial pero relativamente cómodo, sucede en los cómics de Marvel. Y he aquí mi ejemplo favorito.
La homosexualidad.
(Yo ya avisé de que lesbianas aquí iban a haber por un tubo, no digáis que no os lo dije antes de que decidierais que leer este blog era buena idea).
Sí, damas y caballeros, Marvel lo hace. Marvel (concretamente hablo de los cómics de X-men) tiene en su plantilla a una integrante de los X-Men que es lesbiana declarada. Su nombre de guerra es Karma. Pero no hablaré de Karma aquí; ni tampoco de la sospechosa relación entre Danielle y Loba Venenosa; ni siquiera del hecho de que Rachel y Kitty duerman juntas y se llamen 'mi amor', ni del noviazgo de Fuego Solar y Spidergirl; ni tan siquiera de que la Gata Negra se haya ido a vivir con una mujer y lleven juntas ya unos años (bueno, vale, esta es de Spiderman, no de X-Men, pero no nos pongamos quisquillosas que me estoy emocionando).
No voy a hablar de ellas, no. Yo voy más allá. Voy a los comienzos de los X-Men, en los años sesenta.
Como diría el anuncio de coca-cola, ¡Un aplauso para los que en los años sesenta pusieron a una pareja de lesbianas en un cómic! ¡Diré más, una pareja que llevaban juntas toda una vida! ¡Y diré más, una pareja que adoptó y crió a una hija!
Mañana os torturaré con tediosos detalles e imágenes de la pareja de lesbianas más sólida, hermosa y compleja que ha conocido cómic alguno: Mística y Destino. O para el que prefiera los nombres de nacimiento, Raven Darkholme y Irene Adler. ( Y ya sé que ahí iba una e, no una y, pero es que con la y me queda más bonito, ala). Miradlas, cuando eran jóvenes e inexpertas. Mística es esa cosita azul y adorable que se traviste. (Qué frase más rara. Para el recuerdo.) La otra es Destino y esa imagen es de cuando se conocieron y se enamoraron perdidamente a pesar de que ninguna es demasiado sociable y de que ninguna había estado con otra mujer antes. Pincha en el enlace bonito y las verás:

Mistica_y_Destino.png

Lo dicho, mañana os guste o no, conocereis la historia de estas dos mujeres y si me lo permite mi vagancia natural, puede que escriba un par de historias cortas sobre las dos y os deleite con un poco de mi inspiración nocturna difusa y desdibujada pero eso sí, claramente lésbica por todos los lados.
 
Un poco de todo y un puñado de frikismo.
Me cago en Teoría de la Literatura.
Premio para quien adivine de qué es mi examen del miércoles.
Dividí primorosamente la materia en seis partes, para estudiar una cada día y dejar el último día de repaso. ¿A que molo?
Pues molo mucho más porque después de hacer eso no cogí los apuntes ni por casualidad. Hoy estudié tres de las seis partes, mañana haré el resto. Habría hecho las seis partes hoy, pero la proximidad de una visita muy esperada me espesa la mente.
Y os preguntaréis, ¿Qué ha hecho esta buena mujer durante todo ese tiempo que debió estudiar?
Esa me la sé. ¡Frikear!
Para empezar estuve mirando las noticias en The Leaky Cauldron sobre la quinta película de Harry Potter. Ya hay Luna Lovegood, si la quereis ver, (iba a poner link pero por alguna razón no me deja ponerlo) ahí va la dirección:
http://www.the-leaky-cauldron.org/#article:8317
Si quereis ver a Umbridge buscad imágenes en Google de Imelda Staunton; para ver a mi muy adorada Ninfadora Tonks buscad a Natalia Tena y para ver a la muy inquietante Bellatrix, dirigíos hacia imágenes de Helen McCrory. Por alguna razón sólo Tonks me convence y Bellatrix a medias, aunque reconozco que soy difícil de contentar con las adaptaciones de libros a la gran pantalla. Luna podría estar mucho mejor (sobre todo por lo de su expresión hoy-me-siento-Slytherin, cuando Luna debería tener un rostro soñador y distraído). Ya veremos cómo acaba esto.
Este sagrado tiempo de estudio también lo he desperdiciado yendo dos veces al cine. La primera fue para ver Underworld: Evolution. Estuvo entretenida a pesar de que vi más chorreones de sangre que la cara de la protagonista. Os diría si es buena o mala, pero no podría asegurarlo, porque creo que alguien olvidó meter un guión entre todas esas escenas de segundo y medio con efectos especiales.
La segunda me dejó mucho más contenta. Una comedia, Secretos Compartidos (en original, Prime), de mi primer amor cinematográfico, Uma Thurman y la siempre insuperable Meryl Streep.



Me gustó mucho, porque no es la típica película "chico encuentra chica, chico y chica tienen problema y de paso sale ella en bañador, oh que mal lo pasamos y de paso sale él sin camiseta, venga vamos a reconciliarnos, besito, vivieron felices y comieron perdices". La película tiene su fondo. Tal vez se excedió de tiempo, pero la veo como una de esas historias encantadoras que suceden, que suceden de verdad. Y cuidado, que hablo de la relación sentimental entre los protagonistas, no de la trama de la película, que es un tanto caricaturesca. Pero bueno, así ha de ser una buena comedia, ¿no?
Aparte y mucho menos científico y serio, salió Uma Thurman descalza (sí, fetiche), salió Uma Thurman comiendo sushi (sí, fetiche) ¡Y salió Uma Thurman con capucha! (Sí, fetiche grandísimo). Y mientras la veía creo que debí pensar que tiene la nariz más guay del mundo unas dos veces por minuto. Foto, para que veais que no miento.



Y creédme, NO voy a hablar sobre el tamaño de sus dedos... No, no insistais. No voy a decir que mataría por tener una de esas manos encima.
Y por último, y ya acabo con este conjunto de pensamientos, sucesos y fetiches sexuales sin orden ni concierto, noticias sobre mi diosa Amber Benson. Por lo visto va a ir a otra convención de fans. Sí, otra más. Para quien no lo sepa se pasa el día en convenciones de fans, esta mujer. Resulta casi indecente que yo aún no haya ido a ninguna para poder pensar siquiera: Sí, estuve allí y pude secuestrarla o incluso pedirle un autógrafo.
Ruego que alguien aprecie lo friki de la foto. Es decir, miradla, con amago de encaramarse a la estantería de los libros de fantasía épica y ciencia ficción. No, no sé a que viene la postura, ¿Pero no es adorable?



Y ahora es cuando la multitud me señala y dice: Oye, Fire, advertimos como una fijación con las narices grandes y rectas, ¿no?
Pues va a ser que sí.