diario de una bivaca en apuros
feminista sin ataduras, petarda y reivindicativa. no se va a salvar nadie.
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Bisex independiente. Combativa y con ideas claras. Humor muy ácido y muy mala leche. Nada que ocultar desde hace tiempo. Convencida de que hay un sitio para todos y todas. Adicta al chocolate. Se aceptan donativos
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Lavapies
Es un hecho constatado que lo que pasa en mi barrio, Lavapiés no ocurre en ninguna parte. La prensa dice que es un barrio multicultural y un modelo de convivencia. Es cierto. Hay más de 100 nacionalidades distintas, cada una con sus peculiaridades. Y lo cierto es que, no se cómo, pero nos las arreglamos para llevarnos. Creo que esto es así porque no tenemos mas remedio. Somos tantos y tan diferentes que estamos condenados a entendernos.
Aquí hay de todo, como en botica. Cuando salgo de casa, me da los buenos días un marroquí enorme que vigila la obra junto a mi casa. Después el chino de al esquina me dice que el negocio de las carátulas de móvil está de capa caída y se aburre en su tienda porque no entra nadie. Mas arriba hay una pensión donde pernoctan un nutrido grupo de manteros africanos, casi todos francófonos y aunque son amables van bastante a lo suyo, yo suelo coincidir con ellos en un bar de unos viejitos donde desayunan café con croasán y mermelada. Nunca beben alcohol, ni fuman ni molestan a las chicas. Probablemente porque se toman muy en serio su religión. Las compras de última hora las hago en una tienda de conveniencia regentada por tres muchachos de Bangla Desh que siempre están riéndose. La carne y el cuc-cus lo compro en una carnicería árabe porque la carne árabe nunca lleva aditivos.
El tema de los bares es otra cosa. Como los tres pequeños parques del barrio están en obras, nos tenemos que llevar a los perros de bares en vez de paseo. Mi perro ya se los conoce todos y entra solo a saludar a sus amiguitos, porque en cada bar suele haber tres o cuatro perros jugando.
En este barrio es frecuente acabar en una fiesta en un piso sin conocer a nadie, simplemente porque te han invitado desde el balcón a subir. Curiosamente en muchos balcones se ven tiestos con plantas de Marihuana y cd´s colgados de hilos para ahuyentar a los pájaros.
De unos años para acá se está produciendo una importante corriente migratoria de Chueca a Lavapiés. Tal vez los precios tengan algo que ver, pero presumo que también influye que muchos gays que no encajan con el estereotipo de cuerpo escultural, depilado, loft de diseño, y traje de marca y Lavapiés es un lugar donde eso importa un bledo. Es habitual ver a chicos de la mano, chicas de la mano, parejas interraciales, o una señora paseando un pato (verídico). También residen algunos góticos, entre ellos yo y resulta sorprendente porque al atravesar el barrio, pasamos desapercibidos, pero nada mas dejar Tirso de Molina atrás, empezamos a notar las miradas de la gente. Tal vez ese sea el problema, que me he acostumbrado de tal manera a vivir en el barrio mas surrealista de Madrid, que cuando salgo de el me siento extraña.
 
Pasos del tempo
En estos días extraños
las horas se han puesto en fila
para marcar la distancia
En esta calle desierta
los pasos se vuelven tempo,
tu ausencia, parrilla extraña,
va cuarteando mis días
va cuarteando mi cara,
y las horas, militares,
no contestan cuanto falta.
-Responden mis pies cansados-
¿cuanto falta?
-¡cuanto faltas!-

 
girasoles
Cada jamba oscurecida
tu sombra te precede.
Cada escorzo a contraluz
ella esculpe tu perfil.
Cada risa en claroscuro
tu negativo inconsciente.

Hoy no es tiempo de colores,
los tiene todos guardados
un cuadro de girasoles.