diario de una bivaca en apuros
feminista sin ataduras, petarda y reivindicativa. no se va a salvar nadie.
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Bisex independiente. Combativa y con ideas claras. Humor muy ácido y muy mala leche. Nada que ocultar desde hace tiempo. Convencida de que hay un sitio para todos y todas. Adicta al chocolate. Se aceptan donativos
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VOLTERETAS E INVISIBILIDAD
Hace un año yo tenía que buscarme la vida trabajando de vigilanta en un hospital privado de Madrid.
Los viernes por tarde no había nadie en la planta de Dirección médica porque todos se iban a las tres y tenían un sofá gigante de cuero rojo realmente tentador. Así que yo subía un ratito todos los viernes (a mí me quedaban lo menos 6 o 7 horas de trabajo) ¿ Y qué hacía yo en ese sofá? Pues dar volteretas para desestresarme. Cogía carrerilla desde el despacho del director, saltaba por encima del brazo del sofá como si se tratara de un plinton, daba una voltereta en el aire, volvía a tomar impulso y recibía impecablemente en el suelo.
Un viernes subí a hacer mis volteretas antiestrés y me encontré en uno de los despachos a alguien. Se trataba de una chica muy simpática que hacía unos meses se me había acercado porque el informático que era un cotilla le había contado que la vigilanta (o sea yo) era gótica y como ella era un fan de Depeche tuvimos una conversación remember muy divertida. También averigüé que era también del 72 (una generación maldita) y del PP, además de estar felizmente casada.
Me quedé cortada pero ella insistió en que le dijera qué quería. Al final le conté lo de las volteretas y muerta de risa se animó a probarlo porque ella también había hecho gimnasia femenina de forma que al rato estábamos corriendo en círculos, saltando y dando volteretas como dos locas ( al loro, ella con la bata blanca y yo con el uniforme). En ese momento apareció por las escaleras…! El informático! Al cual le pareció lo más normal del mundo la escena y enseguida se nos unió porque hacía judo y también sabía dar volteretas. En ese preciso instante la sala de espera de Presidencia parecía un manicomio. Y para colmo la responsable de la Seguridad era yo.
Lo de las volteretas se repitió alguna vez que otra, pero lo mas fuerte de todo es que la farmacéutica me contó que esa chica entendía.
A mí se me encogió el corazón, porque entendí de golpe por qué tenía ese aire de pájaro enjaulado, y por qué unas risas o una conversación sobre música le emocionaban de esa manera.
Me consta que siempre se portó como una señora y fue consecuente con la palabra dada a su esposo y seguirá siéndolo porque tiene una voluntad más férrea que la anoréxica más recalcitrante y se matará del hambre más horrible que existe. El hambre del no ser tú.
Pero es que a lo mejor raparse el pelo y tirar por la borda 10 años de matrimonio no va hacerle feliz. A lo mejor eligió libremente ser una mujer que entiende y no ejercerlo. Tal vez tuvo la madurez de pensar que no se puede querer todo, renunció a algo y es consecuente con ello.
El problema es que va a ser siempre una mestiza, un bicho raro, que sufrirá con la desconfianza de las Les ortodoxas y con la de su marido al que contó la verdad antes de casarse.
Porque no creo que sea muy factible plantearle a un esposo que de vez en cuando va a haber “fiesta pijama” en el domicilio conyugal y que esos días mejor de vaya a dormir a casa de su madre.
Tal vez, nos hayamos equivocado. Tal vez nos han vendido la moto de la monogamia y la aceptación social con lo del matrimonio gay. A lo mejor nos han colado un calco exacto de una institución machista como es el matrimonio o la familia. Y nos siguen vendiendo la fidelidad como valor supremo, cuando detrás de ella está la mentira, la culpabilidad y la represión.
¿Cual es el hábitat, cual es el marco de referencia, cual es la parcela de existencia de estas mujeres? Porque hay unas cuantas bastantes, si no me creéis daos una vuelta por los chats. !Ah, coño!, esas no molan, esas no hacen bonito en los debates, esas no son las activistas representativas y por supuesto esas no están invitadas al Foro de la Familia ni al Desfile del Orgullo. Pues a lo mejor todas esas mujeres invisibles sumadas suman mucho mas que las rapadas radicales del Medea y habría que ir haciéndoles sitio.
Y a todo esto...¿Qué hacía yo de vigilanta en un hospital con una carrera y un máster?...pues buscarme la vida porque me estaba divorciando pero eso es tema para otro post.

 
Este es un post triste.
Cuando era una niña, pasaba todos las veranos en la Sierra, en un pueblecito llamado Moralzarzal. Me asalvajaba completamente, y me pasaba los días montada en mi bici, cazando insectos y jugando con un montón de niños de la misma calle.
Un verano, apareció un niño nuevo. Mi madre me dijo que procurásemos jugar y ser amables con ese niño porque venía de un país en guerra y probablemente estaría muy triste. Eddie era Libanés y de nuestra edad. Enseguida aprendió los rudimentos del español y a jugar con nosotros a todos nuestros juegos. Todos excepto uno. Nunca fuimos capaces de enseñarle a jugar a "pies quietos". (te tiran una pelota y debes esquivarla sin mover los pies o atraparla sin que toque el suelo) Siempre, siempre que tirábamos la pelota hacia Eddie, por más que se lo explicábamos, él se arrojaba al suelo. Cuerpo a tierra.
Ahora entiendo lo que le sucedía a Eddie.
De nuevo caen bombas sobre Beirut, casi veinticinco años después. Y me pregunto dónde estará Eddie, ese muchachito moreno de dientes blanquísimos y sonrisa ancha. Me pregunto si seguirá lanzándose al suelo cuando algún proyectil vaya hacia él. Y lo que me pregunto con más tristeza es si ha tenido que enseñar a su hijo a hacer lo mismo.