La vida nueva
Mi vida, tal como es
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"L´amore quando arriva è come un camion che ti prende in pieno e tu puoi soltanto morire" (Mina)
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El amor y lo cotidiano

Hace un instante estaba sentada en mi sofá, viendo una peli. De pronto, una escena de cama me ha hecho sentir triste, melancólica. Los protagonistas despiertan por la mañana, en una habitación en penumbra, desnudos y abrazaditos... He sentido nostalgia de esa sensación, de ese momento que todos hemos vivido: después del sexo, después del sueño, despertarse con esa languidez corporal, abrazarse y dejar correr el tiempo...contar cosas intrascendentes, planear el día sin prisas. Y después ponerse cualquier cosa y desayunar un buen café, tostadas, todavía despeinadas y legañosas. Son cosas que echo de menos terriblemente. Porque es sabido que la felicidad está en las cosas cotidianas y minúsculas, el poder hacerlas con alguien que te haga sentir cómoda, aunque discutas por el sabor de la mermelada...
Las auténticas historias de amor tienen momentos sublimes, de una intensidad incluso dolorosa; pero también hay momentos hermosos y menos trascendentes, como hacer la compra, comer juntas unos espaguetis, tomar el sol en una terraza con una caña... ¿Verdad que sí?
 
Aventuras... o no.

Anoche me acosté a las seis, hablando de esto y lo otro... Una noche de copas y charla da para tocar todos los temas: sexo, relaciones, historias pasadas, deseos. Los vapores etílicos me han hecho olvidar la mitad, pero ahora me viene a la cabeza el imposible tema de las aventuras amorosas. Sí, ésas que una emprende cuando necesita el contacto físico, sentir una piel tibia y suave sobre la suya, aunque sin esperar, incluso sin desear, que se convierta en algo serio y estable. Creo que hoy me he dado cuenta de que sí me apetece tenerlas, pero soy demasiado responsable y escrupulosa para lanzarme a ello. Cuando comienzas una historia, aun meramente sexual, estás abriendo la puerta a no sabes qué, si un viento fresco y fragante, o un huracán que tire todos los muebles de casa... Soy demasiado sensible para no involucrarme de alguna manera, ya sea por parte mía o por los sentimientos que pueda provocar en la otra persona. No lo puedo evitar, el sexo es algo tan íntimo que siempre deja una huella en mí -a veces indeleble, de hecho-. Entre mujeres debe ser así, porque es un acto tierno, delicado, sensual. Necesariamente deja un poso en tu mente: el recuerdo de unos labios entreabiertos, la curva suave de un hombro desnudo, un olor, un suspiro... Mejor lo dejo aquí, ya me ha costado bastante elegir los términos sin parecer demasiado vehemente.
La cuestión es que hace unos días ni me lo planteaba, más que nada porque todavía tenía reciente el fracaso de mi última historia, y no quería acercarme a nadie con intenciones ni amorosas ni libidinosas. Pero están pasando los días, y el tiempo está haciendo su trabajo, suavizando mi postura. Casi me imagino dentro de unas semanas tomando la actitud de mi amiga P., que conoce perfectamente los riesgos del romance pasajero, pero dice: "¿Y qué más da? Sólo se vive una vez, quien no arriesga no gana".
 
A C. le va bien.

Mi amiga C. ya tiene pareja. Puede parecer una noticia banal, pero es que a C. siempre le ha costado, y yo, en mis interminables conversaciones acerca del amor y la vida siempre me he sentido identificada con su forma de ser, con los problemas que apuntaba para encontrar a alguien que le acomodara. Tengo que preguntarle si su chica es tal como ella imaginaba: dulce, tierna por una parte, y con personalidad definida, capaz de imponerse cuando es necesario. Lo que me ha dicho de ella dice mucho en su favor, y es muy atractiva... Me alegro mucho por ella, y egoístamente pienso: "si ella lo tiene, a mí también me llegará".
Cualquiera que me lea pensará que me contradigo, porque anteriormente apuntaba a que me gustaba estar sola. Pero no lo es: estoy bien así, pero como a todas me gusta divagar con lo que será algún día. Y en cierto modo, estas reflexiones me hacen bien. Me ayudan a entender lo que me pasa, y sobre todo a saber lo que no quiero en una mujer, en una relación. Pero eso merecerá capítulo aparte, y por extenso.
 
Gli uomini

Esta tarde me ha llamado un amigo para quedar el viernes. Es un amigo que quiere ser más que eso, me lo ha dejado claro varias veces. Me gusta su compañía, me halaga su interés pero... no me gustan los hombres. Claro que esto él no lo sabe. Así que declinaré amablemente su propuesta, aunque siento mucho perder su amistad.
Es una realidad contrastada que las lesbianas sólo podemos tener amigos gay. Los hombres hetero suelen tener en la cabeza otras cosas (como tus tetas, por ejemplo), y les cuesta pasar la frontera entre el sexo y la amistad. Me he acostado con algunos en el pasado, pero nunca llegaron a hacerme sentir una emoción distinta a la simpatía. Siempre digo que técnicamente soy bi, y sé que en realidad no lo soy, porque el sexo, sin amor, me deja fría. Puedo admirar un cuerpo masculino bien hecho sin pensar otra cosa que lo bello que es. Nada más.
 
Sola otra vez, naturalmente...
Aquí estamos, "on the road again"... aunque curiosamente no tengo necesidad ni ganas de embarcarme en otra relación, ni siquiera tengo ganas de aventurillas excitantes, sexo sin complicaciones. Tengo ganas de disfrutar de mi propia compañía, de mi tiempo libre en soledad (mis lecturas, mi música, mi blog... ) y de las amistades, viejas o recientes.
Siempre he creído ser muy racional y reflexiva, pero a la vez no desprecio lo que la mente tiene de misterioso e intuitivo. Por eso sé que esta desgana mía tiene un sentido; creo que por fin algo dentro de mí ha captado el mensaje: tengo que reordenar mi vida antes de saber si quiero a alguien dentro de ella. No digo que viva en un caos, de hecho mi vida es bastante estable, con esas rutinas que te hacen tener los pies en la tierra. Lo que ocurre es que han sido demasiados años metida en una relación que fue agonizando poco a poco, y ahora tengo que saber cómo hacer para que la próxima sea más sana, más divertida, más satisfactoria. ¿Lo conseguiré?
Lean el final de este blog, y lo descubrirán.