La vida nueva
Mi vida, tal como es
Acerca de
"L´amore quando arriva è come un camion che ti prende in pieno e tu puoi soltanto morire" (Mina)
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Sindicación
 
Los trabajos del amor
Hoy hace tres meses que Ella entró en mi vida. Es mi relación más larga del último año, y la prueba de que existe alguien hecho para mí cuando ya pensaba en que era demasiado exigente, o demasiado rara. Todo entre nosotras ha sido bueno, más que bueno. Nos vamos conociendo día a día, interpretando nuestras reacciones, encajando las diferencias e intentando comprender lo que sentimos. Lo normal cuando empiezas algo con la intención de que sea para siempre, cuando quieres que dure.
Nuestra historia, ahora lo sabemos, no es idílica. Ya hemos tenido algún enfado por malentendidos no demasiado importantes, si tenemos en cuenta que nos ha costado poco aclararlos. En el futuro habrá más, porque viviremos situaciones nuevas en la que ella no me entenderá, o bien yo me sentiré triste... Pero hay algo fundamental cuando esto sucede, y es que no perdemos la confianza en la otra, y sabemos, incluso antes de aclararlo, que tiene su explicación y que no hay intencionalidad ni falta de interés. Se trata simplemente de que somos personas distintas con vivencias y actitudes diferentes en la vida.
El amor tiene también que trabajarse, que construirse. No basta el sentimiento, es necesaria también la voluntad. Como todas las cosas importantes de la vida, hay que cuidarlo; y eso exige tiempo, atención, entrega. Incluso tenemos que asumir que no siempre existirá acuerdo, porque cada una tenemos elementos propios que no se pueden variar: un temperamento, una manía, una reacción tan nuestra que no seríamos quien somos sin ella. Entonces se impone la comprensión, la paciencia a veces; en definitiva, aceptarnos como somos.
No sé qué rumbo tomarán nuestras vidas, si podremos vivir juntas algún día más o menos cercano. Lo que sí sé ya es que no tengo miedo al viaje.
 
Una prosista insatisfecha
Nunca seré poetisa, y qué rabia me da. Porque por dentro me siento capaz, pero no delante de un papel, o de un teclado. Tengo sentimientos de sobra, el amor me corre por las venas como una droga potente, pero no me salen las palabras, aparte de esta prosa seca y descarnada. Ella me escribe y me sobrecoge, me conmueve; me gustaría contestarle igual, poder decirle lo que siento sin encadenar frases tibias y razonadas. Nunca seré poetisa, esa es la verdad.
Suelo escribir sobre nuestro tiempo juntas, sobre lo que haremos cuando nos reencontremos, de cómo la extraño... pero poco de cómo es, de por qué me ha cautivado. La pasada noche, mientras cenábamos con unos amigos, yo a veces me abstraía de la conversación y la miraba fugazmente. Ella hablaba, sonreía, comía... y yo sólo sentía que la amaba en cada pequeño movimiento de su mano, en sus gestos de asentimiento, en su mirada firme. Y pese a intentarlo concentradamente no fui capaz de saber exactamente por qué la quiero. Durante un breve instante sentí que lo entendía todo, como en una revelación… pero el momento pasó, y no fui capaz de aferrar la idea, la razón final y definitiva de mi amor por ella. Continuó contando sus cosas y yo seguí allí, queriéndola sencillamente sin saber porqué, ni falta que hace. Lo único que sentí fue no poder besarla despacio, dulcemente en ese momento, aunque sí que le rocé la pierna debajo de la mesa, y me pareció adivinar una sombra de sonrisa en sus ojos. La conversación seguía, con sus lindes, posesiones y dominios… Yo entendía la mitad de lo que comentaban, y eso dejaba ociosa una parte de mi cerebro, que divagaba, se perdía en el recuerdo de su cuerpo, pocas horas antes… Tan cerca, tan lejos, dicen… pero no, yo la sentía profundamente mía, absolutamente parte de mí, incluso mientras daba o quitaba la razón a sus amigos, queso manchego en ristre. Yo sonreía para mí, y posiblemente era un gesto extraño dentro de la conversación general… Pero es que pensaba en otra cosa, en el juego de las apariencias, de hacer creer que somos las mejores amigas del mundo cuando todavía tengo su sabor en mi boca, su olor en la punta de los dedos.

 
No todo es rosa
A veces estoy melancólica. A veces quisiera tener cosas que no tengo, disfrutar en cada momento de lo que más quiero. Y no es posible. Son la una y media de la mañana y no puedo dormir. Estoy vagamente triste, necesito estar con ella ahora.
Escucho a Mina, mi infatigable compañera. No sé si es buena idea oir sus canciones cuando estoy así, pero me ayuda a evocarla con más intensidad. "Per averti qui, e sentirti tra la mani, dio mio, cosa inventerei..."
Tan racional, tan romántica a la vez. Esa soy yo, y me gusta. Bebo Southern Comfort, mi licor favorito, y miro fijamente la pared de enfrente. La imagino entrando por la puerta, por absurdo e imposible que sea. La veo acercándose, acariciándome el cuello mientras escribo esto. Siento sus labios suaves y llenos en mi piel, sus manos abriendo mi camisa, botón a botón. No quiero volverme, quiero que siga así, tocándome, haciendo crecer el deseo en mí. Me susurra, me envuelve con palabras que hacen que me eleve alto.
Yo sonrío de medio lado, con un gesto pícaro que la incita más... No me vuelvo porque sé que no está, que es sólo mi imaginación. Pero es lo único que me queda, este viernes noche, imaginarla y sentirla cerca, pegada a mí...
La distancia es así, una dulce tortura cuando quieres a alguien desesperadamente. Resulta hermoso saber que me ama, que se habrá dormido pensando en mí, esperando el día para verme una vez más. En este momento de la noche invoco todo mi optimismo para soportar su ausencia. "Bésame, bésame mucho..." canta Mina. Así la besaría yo, "como si fuera esta noche la última vez", con pasión, con devoción, con entrega absoluta.
Mañana me despertaré feliz, contando las escasas horas que quedan para vernos. Abriré la ventana y el sol entrará a raudales porque ya es primavera, por fín, aunque en mi corazón el buen tiempo se instaló en pleno febrero, cuando la besé en aquel cine y supe que la amaba. "Moriró per te", me cuenta Mina, y estoy de acuerdo: esta noche moriría por ella, moriría entre sus brazos.
Me gustó desde que la ví, al lado del coche, mucho más segura que yo, con mis andares de pato, tan nerviosa. Me gustó cómo me hablaba, cómo la sentía ausente y cercana a un tiempo; me desconcertaba, era un rompecabezas que no sabía interpretar... Tuve que besarla, que pedirle un beso, para saber si yo le gustaba, algo que nunca había hecho antes. "Strangers in the night", dice Mina, y tiene razón, esa noche éramos extranas, pero yo quería conocerla y desentrañarla a toda costa, aunque sólo me diera una noche, una sola noche de dulzura y pasión. No pedía más, no creía que hubiera más, como siempre que algo te supera. Me encontraba perdida, estupefacta por sentirme así con una desconocida misteriosa e incitante... "Vorrei che fosse amore, amore quello vero la cosa che io sento e che mi fa pensare a te"... Así fue, aunque no quería sentirlo, no. Creía que al día siguiente se desvanecería como un sueño, y que sólo me quedaría recordar aquella noche como una ilusión irrepetible, una historia que contaría a otras que vinieran después, con melancolía.
Pero los encuentros se fueron sucediendo, una noche y otra... Y yo seguía sin creérmelo, sin ver un futuro para nosotras.
Entonces llegó aquel sábado, aquel cine y un cambio en ella. Dejó de ser misteriosa y se mostró cual es, como yo quería. "Una come te, io non la troverò mai più una come te...". Sí, Mina: nunca encontraré una como ella.

Ormai

Amore mío che strano efetto
trovarme sola dentro al letto
Pensare che non tornerai
che dico mai, ne morirei
Ormai sei entrato nelle vene
e la mia vita ti appartiene.
Ecco perchè se non ci sei
non vivo più ormai.
Amore mío, la lontananza
mi rende odiosa questa stanza
un giorno solo che cos´è
ma non sono io senza te
Ormai sei entrato nelle vene
e la mia vita ti appartiene
Ecco perchè se non ci sei
non vivo più ormai.

 
Y pasa el tiempo...
Pronto hará tres meses que Ella entró en mi vida. Ha sido un periodo intenso, como corresponde a la pasión y el amor que nos tenemos. Es poco tiempo, pero tengo la sensación de haberlo aprovechado como nunca, y en estos días hemos vivido muchas cosas juntas: viajes, noches, comidas, paseos, conversaciones, familia... todo lo necesario para conocernos mejor.
Ahora tengo la sensación de entrar en una etapa de normalidad, de asumir su presencia en mi vida como algo lógico, algo necesario. El momento de hacer planes a medio plazo, de organizar un poco nuestra existencia contando con la otra de forma natural, no meditada. No estoy hablando de decisiones trascendentales, sino de buscar la manera de pasar más tiempo juntas de acuerdo a nuestro modo de vida. Y esto me demuestra, como tantas otras cosas, que este amor es real, no una ilusión pasajera, o una atracción breve y superficial.
No estoy diciendo que la pasión haya desaparecido. Cada cita es como la primera; el ansia por tenernos enfrente, la alegría de reencontrarnos permanece igual, salvaje y vivificadora. Pero junto a eso existe también la tranquilidad que nos da sentirnos unidas más allá de los momentos de sensualidad o romanticismo; el compartir problemas cotidianos y tareas anodinas. También entonces nos sentimos bien, resguardadas la una en la otra, como si siempre hubiéramos estado juntas. Y para ello era necesario compartir más que el cuerpo: compartir una manera de amar, una forma de vivir las relaciones. Antes de conocerla ya entendía que mi error anterior consistía en no ver más allá de la atracción inicial, en no prestar atención a los signos que me decían si esa mujer me complementaba. Por eso preferí estar sola antes de embarcarme en otra aventura de final incierto. No me equivoqué. Y por suerte para mí ahora recojo los frutos.
 
Internet y sus encantos
Desde que tengo novia apenas visito el Messenger. Hasta que la conocí era un modo de contacto con afines, ya fuera amistad o algo más. De hecho todas mis parejas las he conocido por este medio, incluso tengo un par de amigas cibernéticas a las que cuento mis cosas.
Ahora siento que ese ciclo ha terminado; me alegra y me alivia que así sea, que no tenga necesidad de seguir usando este instrumento para conocer mujeres, porque ya he conocido la que me ajusta como un guante. Lo he usado demasiado tiempo, y temía estar un poco enganchada a este mundo. No es así.
Es increíble cómo ha cambiado nuestra vida desde que existe internet. En todos los aspectos: ahora tenemos información inmediata de cualquier tema, podemos realizar reservas y compras de cualquier clase, y podemos contactar con gente afín, por muy extraño que sea el vínculo que nos una. Y claro, en el mundo lésbico esto supone una enorme ventaja, dada la clandestinidad con la que todavía se viven las relaciones entre mujeres. Recuerdo los años ochenta, primeros noventa. Entonces para conocer chicas había que acudir a los locales de ambiente, y muchas lesbianas no los frecuentaban, ya fuera por temor a encasillarse o porque no les gustaran los ghettos, la sensación de pertenecer a un grupo cuasi marginal. Yo los visité poco, lo justo para desencantarme del tipo de mujeres que veía, mayoritariamente masculinas, y mucho. Incluso ahora, casi veinte años después, siguen sin gustarme estos sitios, y sólo voy cuando me apece tener gestos cariñosos con mi novia sin tener que mirar por encima del hombro.
Sé que nunca hubiera conocido a Ella en un local de ambiente, porque no los frecuenta y porque vivimos en ciudades distintas. Mis opciones en un mundo analógico serían muy limitadas, y probablemente seguiría sola a estas alturas de mi vida. Pero he tenido la suerte que nacer en la era de la tecnología, y eso me ha dado la posibilidad de conocer una mujer inteligente, guapa, sensata y discreta sin salir de casa.