Novia "formal"
Leo en un blog ("Mis dos vidad") que su autor ansía tener novio formal, y se pregúnta cuándo y cómo podrá conseguirlo... Curioso término, éste de "formal". Creo que en mundo lésbico hay pocas relaciones formales, aunque sí muchas estables. La formalidad está asociada a aspectos externos y estereotipados, a una serie de rituales sociales que nos están vedados por nuestra condición sexual.
Yo no tengo novia formal, pero tengo una relación estable. Nos sentimos novias porque a veces queremos darle un nombre a nuestro papel en la pareja. Pero no hacemos las cosas que suelen hacer los "novios formales":
- no comemos regularmente con nuestros suegr@s y la famila; aunque debo confesar que ya he comido con mi suegra, sólo que ella no sabía que lo era.
- no hemos pedido fecha para la boda, ni civil ni religiosa (carcajada general). Por tanto, no me preocupo de banquetes, invitaciones, vestidos, arreglos florales...
- no la presento como mi novia a mis amigos; ni cuento lo que hice con ella el fin de semana en el trabajo.
Vista la enumeración de tareas que no cumplimos, no puedo más que sentir alivio... sobre todo por el punto segundo (bodas y demás parafernalias). Prefiero mil veces tener pareja estable, que tiene las cosas buenas de un noviazgo pero que te da más libertad de movimiento:
- pasamos juntas todos los fines de semana, más algún día propicio;
- nos devoramos ferozmente en cada encuentro, porque al no existir un futuro matrimonio no existe temor al pecado: YA vivimos confortablemente instaladas en él;
- nos llamamos cada noche el tiempo que juzgamos oportuno para contarnos sucedidos y divagaciones (éstas corren a mi cargo);
- ella me regala flores sin motivo; yo le regalo... le regalo... Yo le regalaré muchas cosas. Ah!, un libro.
- puedo abstraerme, o enfadarme, o leer concentradamente mientras ella hace otra cosa, o mientras espera que se me pase.
Y muchas cosas más que me cansa detallar. Imagino que mi amigo de "Mis dos vidas" lo que desea es tener alguien con quien compartir su vida, alguien en quien apoyarse, alguien a quien querer y que sienta lo mismo... El lo llama "novio formal", pero las fomalidades son algo tan accesorio... Yo lo llamo "relación estable".
Le deseo mucha suerte.
Yo no tengo novia formal, pero tengo una relación estable. Nos sentimos novias porque a veces queremos darle un nombre a nuestro papel en la pareja. Pero no hacemos las cosas que suelen hacer los "novios formales":
- no comemos regularmente con nuestros suegr@s y la famila; aunque debo confesar que ya he comido con mi suegra, sólo que ella no sabía que lo era.
- no hemos pedido fecha para la boda, ni civil ni religiosa (carcajada general). Por tanto, no me preocupo de banquetes, invitaciones, vestidos, arreglos florales...
- no la presento como mi novia a mis amigos; ni cuento lo que hice con ella el fin de semana en el trabajo.
Vista la enumeración de tareas que no cumplimos, no puedo más que sentir alivio... sobre todo por el punto segundo (bodas y demás parafernalias). Prefiero mil veces tener pareja estable, que tiene las cosas buenas de un noviazgo pero que te da más libertad de movimiento:
- pasamos juntas todos los fines de semana, más algún día propicio;
- nos devoramos ferozmente en cada encuentro, porque al no existir un futuro matrimonio no existe temor al pecado: YA vivimos confortablemente instaladas en él;
- nos llamamos cada noche el tiempo que juzgamos oportuno para contarnos sucedidos y divagaciones (éstas corren a mi cargo);
- ella me regala flores sin motivo; yo le regalo... le regalo... Yo le regalaré muchas cosas. Ah!, un libro.
- puedo abstraerme, o enfadarme, o leer concentradamente mientras ella hace otra cosa, o mientras espera que se me pase.
Y muchas cosas más que me cansa detallar. Imagino que mi amigo de "Mis dos vidas" lo que desea es tener alguien con quien compartir su vida, alguien en quien apoyarse, alguien a quien querer y que sienta lo mismo... El lo llama "novio formal", pero las fomalidades son algo tan accesorio... Yo lo llamo "relación estable".
Le deseo mucha suerte.
El amor era esto
Necesitaba escribirlo: el amor era esto, y si lo sabía lo había olvidado hace muchos años... el amor era esto que tengo entre manos. Cuando escribía en el artículo anterior que much@s hipotecan su vida por una imagen social, me refería a lo que se perdían. El amor que tengo vale más que la falsa y complaciente estabilidad de Jaracho -por poner un ejemplo-, o que sus tardes en la sauna o en los baños de la estación, consumando un deseo urgente y efímero. El amor era esto: pensar en ella en el trabajo, llamarla cada noche, echarla dolorosamente de menos, esperar el viernes para verla, sentirla tuya dondequiera que esté... Era esta espina clavada con dulzura en tu costado, una herida amable que duele sin hacerte sufrir.
Cuando se acerca el final de la semana mi necesidad de tenerla crece, se multiplica por mil. No me basta imaginarla, no quiero oírla, no quiero pensar más... quiero sentirla en mi piel, en mi boca, acariciarla con todos los sentidos, hablarle , reir, comer, limpiar sus labios con los míos. Sólo deseo dar tregua a este sentimiento que me inunda al punto de vencerme.
Parece que estoy contando lo de siempre, pero no es cierto. Con el tiempo este amor se está asentando en mi alma suavemente,se va acomodando en mí con naturalidad. Las emociones del principio, la sorpresa del conocimiento va dando paso a el renocimiento mutuo, a sabernos reales e imperfectas, pero igualmente cercanas y entregadas a este sentimiento inaudito y precioso. La he visto dormida, reflexiva, irritada, dubitativa, rendida, abandonada... y la amo igual. La amo mil veces de mil maneras, en lo cotidiano y en lo extraordinario, solas o en compañía... La amo siempre, y eso es mucho, es todo.
Viva el amor
Cuando se acerca el final de la semana mi necesidad de tenerla crece, se multiplica por mil. No me basta imaginarla, no quiero oírla, no quiero pensar más... quiero sentirla en mi piel, en mi boca, acariciarla con todos los sentidos, hablarle , reir, comer, limpiar sus labios con los míos. Sólo deseo dar tregua a este sentimiento que me inunda al punto de vencerme.
Parece que estoy contando lo de siempre, pero no es cierto. Con el tiempo este amor se está asentando en mi alma suavemente,se va acomodando en mí con naturalidad. Las emociones del principio, la sorpresa del conocimiento va dando paso a el renocimiento mutuo, a sabernos reales e imperfectas, pero igualmente cercanas y entregadas a este sentimiento inaudito y precioso. La he visto dormida, reflexiva, irritada, dubitativa, rendida, abandonada... y la amo igual. La amo mil veces de mil maneras, en lo cotidiano y en lo extraordinario, solas o en compañía... La amo siempre, y eso es mucho, es todo.
Viva el amor
Desde el armario (el propio y el ajeno)
He estado leyendo el blog de Jaracho, personaje hipócrita como pocos, lo cual le hace incluso interesante de seguir: espero la próxima opinión extravagante y contradictoria de este sodomita con pensamiento opusiano... El hombre casado y con hij@s que hace escapadas a cualquier lugar donde le puedan ofrecer sexo puro, sin veleidades sentimentales. Qué bien.
Dicen que vivir en el armario consiste en no confesar tu tendencia sexual, ni hacer patente tu opción... Digamos entonces que yo vivo en un armario, sí, porque sólo contadas personas conocen mi realidad, sólo aquéllas en las que confío plenamente. Está claro que mi vida íntima no me cambia como persona, ni tiene que condicionar la relación que tengo con familia y amigos, así que ¿por qué contarlo? Nunca he sido paladín de ninguna causa, y no me gustan las complicaciones si las puedo evitar. Por eso decidí no hacer confesión pública de mi intimidad.
Pero hay quien va más allá la ocultación. No sólo esconden, sino que fingen otra vida más convencional para ser totalmente aceptados y miniminar el riesgo de que alguien sospeche de una soledad tan bien llevada, de unas determinadas amistades del mismo sexo. También esta postura me parece respetable, aunque yo me vea incapaz de entrar en ese juego de apariencias sin fin. Lo que no es aceptable es usar a personas para hacer más convincente el disfraz: te echas novi@ y te casas... Así es comprensible la postura de Jaracho sobre la adopción: cuando has hecho de tu vida una mentira lo menos que puedes hacer es sacarle provecho y tener hijos biológicos propios. Que tu mujer no sepa nada de tus escapadas y deseos más íntimos no tiene importancia. Tienes lo mejor de los dos mundos: sexo y emociones clandestinas y una burguesa vida familiar a la luz del día. Mientras tanto, la porquería se va barriendo debajo de la alfombra...
Aquell@s que me lean y pertenezcan a esta especie no se sentirán aludidos con toda seguridad. Las excusas son muchas y variadas: no hacen daño a nadie, el que se casa con ell@s ya sabe lo que hay, esta sociedad no te deja más salida.. qué se yo. Si algo les sobra es imaginación para justificarse, para dividirse en múltiples yos: el que disfruta un polvo salvaje en un coche o pensión, el que come con sus suegros los domingos, el que se masturba pensando en es@ vecin@ tan excitante... incluso el que va a misa o pontifica contra los derechos homosexuales desde un portal gay. Por suerte para ellos, tienen poca conciencia de su comportamiento esquizofrénico. que han acallado durante años para no tener que mirarse al espejo y enfrentarse con la miseria moral de sus vidas.
Y lo peor de todo es que no entienden que en realidad están hipotecando su vida... cuando seguramente no hay otra.
Dicen que vivir en el armario consiste en no confesar tu tendencia sexual, ni hacer patente tu opción... Digamos entonces que yo vivo en un armario, sí, porque sólo contadas personas conocen mi realidad, sólo aquéllas en las que confío plenamente. Está claro que mi vida íntima no me cambia como persona, ni tiene que condicionar la relación que tengo con familia y amigos, así que ¿por qué contarlo? Nunca he sido paladín de ninguna causa, y no me gustan las complicaciones si las puedo evitar. Por eso decidí no hacer confesión pública de mi intimidad.
Pero hay quien va más allá la ocultación. No sólo esconden, sino que fingen otra vida más convencional para ser totalmente aceptados y miniminar el riesgo de que alguien sospeche de una soledad tan bien llevada, de unas determinadas amistades del mismo sexo. También esta postura me parece respetable, aunque yo me vea incapaz de entrar en ese juego de apariencias sin fin. Lo que no es aceptable es usar a personas para hacer más convincente el disfraz: te echas novi@ y te casas... Así es comprensible la postura de Jaracho sobre la adopción: cuando has hecho de tu vida una mentira lo menos que puedes hacer es sacarle provecho y tener hijos biológicos propios. Que tu mujer no sepa nada de tus escapadas y deseos más íntimos no tiene importancia. Tienes lo mejor de los dos mundos: sexo y emociones clandestinas y una burguesa vida familiar a la luz del día. Mientras tanto, la porquería se va barriendo debajo de la alfombra...
Aquell@s que me lean y pertenezcan a esta especie no se sentirán aludidos con toda seguridad. Las excusas son muchas y variadas: no hacen daño a nadie, el que se casa con ell@s ya sabe lo que hay, esta sociedad no te deja más salida.. qué se yo. Si algo les sobra es imaginación para justificarse, para dividirse en múltiples yos: el que disfruta un polvo salvaje en un coche o pensión, el que come con sus suegros los domingos, el que se masturba pensando en es@ vecin@ tan excitante... incluso el que va a misa o pontifica contra los derechos homosexuales desde un portal gay. Por suerte para ellos, tienen poca conciencia de su comportamiento esquizofrénico. que han acallado durante años para no tener que mirarse al espejo y enfrentarse con la miseria moral de sus vidas.
Y lo peor de todo es que no entienden que en realidad están hipotecando su vida... cuando seguramente no hay otra.
Tan de repente... (Diego Lerman, 2002)
Ayer estuve viendo esta película , una especie de road movie con algo de neorrealismo argentino. Me gustó mucho la fotografía en blanco y negro y el trabajo de las actrices, pero la historia me pareció absurda y forzada. Sé que en el cine se pueden permitir contar historias insólitas, pero en este caso se han pasado: dos lesbianas delincuentes y medio autistas (en la primera parte apenas cruzan dos palabras) secuestran a una gordita que ven por la calle para follársela. Y después viajan por el país hasta llegar a una casa... No cuento más por si la queréis ver.
Los personajes que se encuentran en esa casa, y las relaciones que se establecen entre ellos, son inverosímiles totalmente. Un tímido estudiante de biológicas (tipo "Amo a Laura"), difícilmente hará amistad con una delincuente barriobajera que anda aprovechándose de todos; y mucho menos se produciría un grupo de elementos tan heterogéneos como los que aparecen aquí hermanados. Absurdo totalmente.
De acuerdo que toca muy bien, por momentos, el tema de la soledad, la incomunicación y la pobreza. Pero también esto me parece mal: el hecho de que presente el lesbianismo como opción sexual de personajes marginales, sin sentimientos profundos, que además se pasan la peli hablando de "coger", del deseo puro carente de un afecto mínimo. Al espectador le da la sensación de que esas "pobres chicas" se hicieron lesbianas por su dura juventud... lo que alimenta los prejuicios de siempre y apoya las tesis de que no somos normales, sino unas viciosillas inadaptadas...
En definitiva, no me gustó, por más que las críticas la pongan bien, en plan "propuesta original". Y claro, la originalidad se puede dar de muchas formas, también como en este caso con una película absurda e irreal. Qué ganas tengo de que nos presenten como personas normales...
Los personajes que se encuentran en esa casa, y las relaciones que se establecen entre ellos, son inverosímiles totalmente. Un tímido estudiante de biológicas (tipo "Amo a Laura"), difícilmente hará amistad con una delincuente barriobajera que anda aprovechándose de todos; y mucho menos se produciría un grupo de elementos tan heterogéneos como los que aparecen aquí hermanados. Absurdo totalmente.
De acuerdo que toca muy bien, por momentos, el tema de la soledad, la incomunicación y la pobreza. Pero también esto me parece mal: el hecho de que presente el lesbianismo como opción sexual de personajes marginales, sin sentimientos profundos, que además se pasan la peli hablando de "coger", del deseo puro carente de un afecto mínimo. Al espectador le da la sensación de que esas "pobres chicas" se hicieron lesbianas por su dura juventud... lo que alimenta los prejuicios de siempre y apoya las tesis de que no somos normales, sino unas viciosillas inadaptadas...
En definitiva, no me gustó, por más que las críticas la pongan bien, en plan "propuesta original". Y claro, la originalidad se puede dar de muchas formas, también como en este caso con una película absurda e irreal. Qué ganas tengo de que nos presenten como personas normales...
¿Soy exhibicionista?
No es una duda existencial, sino una simple curiosidad que me surge a raíz de los comentarios que me han hecho mis mujeres del pasado y mi preciosa novia del presente. Parece ser que me paso un poco con los besos y abrazos apasionados dentro del ambiente, y con los besos robados y los roces intencionados en lugares no señalizados con un arcoiris.
Yo, que soy una razonadora nata, hasta de las cuestiones más absurdas (por qué me ha salido un grano DOS VECES en el mismo sitio? Ummm) no consigo encontrarle un sentido a esta característica mía. En realidad, si no me lo hubieran dicho, me parecería un comportamiento de lo más normal: en la calle tengo que reprimir mis impulsos, así que en cuanto atravieso el umbral de un garito amigo me vuelvo un animal cariñoso y juguetón. No digo sexual porque no hay intención de excitar o provocar la libido, eso seguro. Pero esta explicación no convence, así que intentaré ahondar un poco más...
Creo ser una mujer bastante distante en mi vida cotidiana; con mucho humor, con una dosis suficiente de simpatía, pero no empática emocionalmente. Ahí pongo mis límites a la sociabilidad. Puedo pensar entonces que esas dosis de cariño que no comparto con amigos y compañeros se acumulan, crecen, se desbordan... y salen al fín en forma de abrazos y besos compulsivos a mi mujercita. Ésta sería la explicación número uno, de corte pseudocientífico -no os riáis, deducir la ley de la gravedad de una manzana caída es bastante más atrevido-.
Una segunda explicación sería que busco atraer las miradas de la concurrencia femenina... ¿Pero con qué objeto? Podría intentar gustar a las demás, que se fijaran en mí... pero no lo creo, no soy tan vanidosa. Me inclino más porque intente atraer la atención sobre las dos, mi novia y yo. Como quien lleva un enorme y lujoso deportivo y conduce despacito para que todos tengan tiempo de fijarse en los detalles. ¿Por qué? Porque me siento orgullosa de ella, y el hecho de que esté conmigo y me bese a mí me hace sentir bien. Esto puede dar a entender una relación de posesividad; sin embargo no soy nada celosa, y me incomoda pensar que tengo poder sobre ella, sobre su vida. Si algo me gusta de nuestra relación es la libertad desde la que nos queremos: la ausencia de necesidad, la elección franca que hemos hecho de estar juntas. Digamos pues que para mí es un "scherzo", un divertimento: me gusta que miren a mi chica, incluso con miradas poco respetuosas que buscan el encuentro. Me gusta que la miren y después besarla, porque con un simple beso todas sus maquinaciones caen al suelo. Tal es la intensidad y entrega con que lo hacemos.
Al final, la explicación más sencilla es la que vale (lo dice el sargento Bevilacqua en El país de los estanques). Y la razón por la que la beso es así de simple: porque me apetece y porque la amo. Porque así demuestro mi amor. Las demás respuestas son sólo un pretexto para escribir este blog.
Yo, que soy una razonadora nata, hasta de las cuestiones más absurdas (por qué me ha salido un grano DOS VECES en el mismo sitio? Ummm) no consigo encontrarle un sentido a esta característica mía. En realidad, si no me lo hubieran dicho, me parecería un comportamiento de lo más normal: en la calle tengo que reprimir mis impulsos, así que en cuanto atravieso el umbral de un garito amigo me vuelvo un animal cariñoso y juguetón. No digo sexual porque no hay intención de excitar o provocar la libido, eso seguro. Pero esta explicación no convence, así que intentaré ahondar un poco más...
Creo ser una mujer bastante distante en mi vida cotidiana; con mucho humor, con una dosis suficiente de simpatía, pero no empática emocionalmente. Ahí pongo mis límites a la sociabilidad. Puedo pensar entonces que esas dosis de cariño que no comparto con amigos y compañeros se acumulan, crecen, se desbordan... y salen al fín en forma de abrazos y besos compulsivos a mi mujercita. Ésta sería la explicación número uno, de corte pseudocientífico -no os riáis, deducir la ley de la gravedad de una manzana caída es bastante más atrevido-.
Una segunda explicación sería que busco atraer las miradas de la concurrencia femenina... ¿Pero con qué objeto? Podría intentar gustar a las demás, que se fijaran en mí... pero no lo creo, no soy tan vanidosa. Me inclino más porque intente atraer la atención sobre las dos, mi novia y yo. Como quien lleva un enorme y lujoso deportivo y conduce despacito para que todos tengan tiempo de fijarse en los detalles. ¿Por qué? Porque me siento orgullosa de ella, y el hecho de que esté conmigo y me bese a mí me hace sentir bien. Esto puede dar a entender una relación de posesividad; sin embargo no soy nada celosa, y me incomoda pensar que tengo poder sobre ella, sobre su vida. Si algo me gusta de nuestra relación es la libertad desde la que nos queremos: la ausencia de necesidad, la elección franca que hemos hecho de estar juntas. Digamos pues que para mí es un "scherzo", un divertimento: me gusta que miren a mi chica, incluso con miradas poco respetuosas que buscan el encuentro. Me gusta que la miren y después besarla, porque con un simple beso todas sus maquinaciones caen al suelo. Tal es la intensidad y entrega con que lo hacemos.
Al final, la explicación más sencilla es la que vale (lo dice el sargento Bevilacqua en El país de los estanques). Y la razón por la que la beso es así de simple: porque me apetece y porque la amo. Porque así demuestro mi amor. Las demás respuestas son sólo un pretexto para escribir este blog.
Recreaciones de un amor
A veces me pongo tan reflexiva y divagante que me aburro de mí misma. Porque lo cierto es que hoy lunes sólo me apetece hablar de ella, esa mujer que encontré una fría noche de enero con cara de buena chica, formal y modosita, y que me robó el corazón. Al final resultó no ser tan modosita y formal, aunque sí una buena chica, en realidad mejor de lo que parece.
La veo cada fin de semana -cosas de la distancia geográfica y las obligaciones laborales y familiares- y normalmente llevo bien su ausencia. Cuando me pongo melancólica siempre puedo llamarla, escuchar sus historias cotidianas, hablarle de las mías, y escribir en este blog cuánto la amo, cuánto la extraño. La felicidad consiste también en ésto: en rememorarla, recrear una habitación en penumbras, su mirada en la mía, su voz susurrante en mi oído y tantas cosas que no se pueden nombrar.
Una de las cosas más hermosas de nuestra historia es que somos conscientes de todo: del milagro de encontrarnos, de la intensidad de los momentos, del valor de lo que compartimos. El amor aparece así, de golpe, sin preverlo... eso siempre es igual. Pero cuando llega hay que atraparlo fuerte, exprimirlo con los cinco sentidos. Por eso nuestros encuentros son tan preciosos; sólo existe el momento, el preciso instante del abrazo, de la conversación, del sueño compartido, de la emoción desbordada. Esta es mi manera de entender el amor, y la suya también. Mina lo dice en "Il genio del bene"
(traduzco para los legos):
Yo soy quien te puede salvar
soy el genio del bien
lo que te corre por las venas
y se convierte en sal
soy tentador.
Soy quien te destroza el corazón
quien te hace soñar
quien te enciende y te apaga el sol
soy el amor.
Estallaré dentro de tu alma
hasta no soportarlo
Y seré siempre más fuerte
seré siempre más grande.
Y entonces subirás
hasta el séptimo cielo
(...)
Y cuando sientas mi hálito mágico
perderás tu lógica
y lentamente te abandonarás.
Yo soy quien no tiene límites
soy tu fuerza
quien te libera de las cadenas
como el viento de un ciclón
y soy tu amo.
Tu que me querías me has esperado tanto...
me has deseado quién sabe desde cuándo
Hoy me has descubierto al fondo de un dolor:
soy el amor...
07__Il_genio_del_bene_02.mp3
07__Il_genio_del_bene_01.mp3
Así entiendo el amor, como algo que te trasciende, que te eleva... algo que no sucede todos los días.
No voy a perderlo, no lo vamos a perder.
La veo cada fin de semana -cosas de la distancia geográfica y las obligaciones laborales y familiares- y normalmente llevo bien su ausencia. Cuando me pongo melancólica siempre puedo llamarla, escuchar sus historias cotidianas, hablarle de las mías, y escribir en este blog cuánto la amo, cuánto la extraño. La felicidad consiste también en ésto: en rememorarla, recrear una habitación en penumbras, su mirada en la mía, su voz susurrante en mi oído y tantas cosas que no se pueden nombrar.
Una de las cosas más hermosas de nuestra historia es que somos conscientes de todo: del milagro de encontrarnos, de la intensidad de los momentos, del valor de lo que compartimos. El amor aparece así, de golpe, sin preverlo... eso siempre es igual. Pero cuando llega hay que atraparlo fuerte, exprimirlo con los cinco sentidos. Por eso nuestros encuentros son tan preciosos; sólo existe el momento, el preciso instante del abrazo, de la conversación, del sueño compartido, de la emoción desbordada. Esta es mi manera de entender el amor, y la suya también. Mina lo dice en "Il genio del bene"
(traduzco para los legos):
Yo soy quien te puede salvar
soy el genio del bien
lo que te corre por las venas
y se convierte en sal
soy tentador.
Soy quien te destroza el corazón
quien te hace soñar
quien te enciende y te apaga el sol
soy el amor.
Estallaré dentro de tu alma
hasta no soportarlo
Y seré siempre más fuerte
seré siempre más grande.
Y entonces subirás
hasta el séptimo cielo
(...)
Y cuando sientas mi hálito mágico
perderás tu lógica
y lentamente te abandonarás.
Yo soy quien no tiene límites
soy tu fuerza
quien te libera de las cadenas
como el viento de un ciclón
y soy tu amo.
Tu que me querías me has esperado tanto...
me has deseado quién sabe desde cuándo
Hoy me has descubierto al fondo de un dolor:
soy el amor...
07__Il_genio_del_bene_02.mp3
07__Il_genio_del_bene_01.mp3
Así entiendo el amor, como algo que te trasciende, que te eleva... algo que no sucede todos los días.
No voy a perderlo, no lo vamos a perder.
Maneras de entender el amor...
Hay mil maneras de querer: desde la posesividad más absoluta hasta el despego indiferente, desde la necesidad de una presencia constante y exclusiva hasta los amores distanciados y olvidadizos. Dentro de estos extremos tenemos una gama infinita de afectos, con mil matices que marcan la personalidad de los amantes. Muchas veces nos contentamos con aproximaciones a nuestro ideal: queremos a alguien que nos ama de otra forma, y tenemos que ajustarnos a sus maneras, y ella a las nuestras.
Mi manera de entender el amor pasa por tres principios, que en realidad son la misma cosa: libertad, confianza y respeto. La libertad de querer por tu propia voluntad, porque te gusta lo que te ofrecen, no porque tu necesidad de amor te lleva a lanzarte a los brazos de quien se da a ti. La confianza de sentirte segura del afecto de quien amas, esté donde esté y haga lo que haga. El respeto que supone tener en cuenta a la otra, tratar de entenderla y quererla como es.
Seguramente todas estaremos de acuerdo en que es así como hay que amar... pero la teoría siempre ha sido más fácil que la práctica, y es ahí donde encallan todas las relaciones, y es complicado superar nuestras limitaciones, nuestros miedos y nuestros prejuicios para dejar que las cosas sean así de fáciles: dar libertad, confiar, respetar.
Cualquiera que lea mi blog, de marcados tonos rosa, pensará que es sencillo pontificar desde mi estabilidad amorosa, perfecta e inmaculada. No es así, yo como cualquiera tengo mis dudas y mis momentos bajos. A veces he tratado de superarlos y no he podido, y algunas veces - me engaño y quiero pensar que pocas- he querido mal, y en el pasado he hecho cosas de las que me averguenzo profundamente: he herido, he traicionado el amor que me han dado...
En mi favor diré, aunque sea poco consuelo para quien lo ha sufrido, que he sido dolorosamente consciente de mis errores, y he intentado no repetirlos en otra mujer. Y así, caída a caída, he llegado hasta aquí, dispuesta a dar lo mejor de mí y construir algo hermoso con lo aprendido hasta hoy.
Mi manera de entender el amor pasa por tres principios, que en realidad son la misma cosa: libertad, confianza y respeto. La libertad de querer por tu propia voluntad, porque te gusta lo que te ofrecen, no porque tu necesidad de amor te lleva a lanzarte a los brazos de quien se da a ti. La confianza de sentirte segura del afecto de quien amas, esté donde esté y haga lo que haga. El respeto que supone tener en cuenta a la otra, tratar de entenderla y quererla como es.
Seguramente todas estaremos de acuerdo en que es así como hay que amar... pero la teoría siempre ha sido más fácil que la práctica, y es ahí donde encallan todas las relaciones, y es complicado superar nuestras limitaciones, nuestros miedos y nuestros prejuicios para dejar que las cosas sean así de fáciles: dar libertad, confiar, respetar.
Cualquiera que lea mi blog, de marcados tonos rosa, pensará que es sencillo pontificar desde mi estabilidad amorosa, perfecta e inmaculada. No es así, yo como cualquiera tengo mis dudas y mis momentos bajos. A veces he tratado de superarlos y no he podido, y algunas veces - me engaño y quiero pensar que pocas- he querido mal, y en el pasado he hecho cosas de las que me averguenzo profundamente: he herido, he traicionado el amor que me han dado...
En mi favor diré, aunque sea poco consuelo para quien lo ha sufrido, que he sido dolorosamente consciente de mis errores, y he intentado no repetirlos en otra mujer. Y así, caída a caída, he llegado hasta aquí, dispuesta a dar lo mejor de mí y construir algo hermoso con lo aprendido hasta hoy.
Treinta y tantos...
Dentro de pocos días cumplo 37 años. Recuerdo que cuando tenía 16 estaba deseando llegar a la mayoría de edad para hacer toda clase de cosas: votar, perder la virginidad, irme a estudiar fuera... lo que yo identificaba con hacerse adulta e independiente. Luego la experiencia me ha enseñado que la madurez es un proceso interno que poco tiene que ver con cumplir años, aunque sea necesario que el tiempo pase para escarmentar, aprender, probar, reflexionar, desengañarse.... ; pero no necesariamente todo eso te convierte en una persona mejor. A veces ocurre, otras no.
Alguien me dijo hace mucho que cuando entras en la edad adulta el tiempo empieza a correr, a huir con la velocidad de una hemorragia en la femoral. Y ahora tengo que darle la razón, aunque no siempre suceda así. Hace pocos años sí tenía la sensación de que los meses pasaban raudos; las hojas del calendario caían sin apenas darme tiempo a aprender las estampas navideñas que adornaban cada diciembre. Sin embargo el tiempo, por lógica, siempre se mueve al mismo ritmo, y somos nosotros los que imprimimos al diapasón un paso más apurado o más lento; el mío volaba porque estaba vacío de emociones, de un sentido vital... Cada año me tomaba las uvas con la angustiosa sensación de estar malgastando los días sin saber cómo ni por qué. Me costó entender que aunque tenía una vida cómoda me faltaba alguien a mi lado con quien compartir este camino azaroso que es la vida. Entendedme: no estaba sola, pero me sentía sola. Compartir es algo más que vivir en la misma casa, comprarse un coche a medias y comer juntos, mirando al plato. Yo quería pensar que había algo más que eso, aunque la pasión se apague y la rutina se instale en las costumbres. Y un día escapé sin saber muy bien hacia dónde...
Y aquí me veo, con 37 años casi. Mi reloj de arena se ha sosegado, ya no me inquieta. Mi vida durará lo que tenga que durar, pero ahora cada día tiene un sentido, una dirección; y encontré alguien con quien seguir ese camino.
Alguien me dijo hace mucho que cuando entras en la edad adulta el tiempo empieza a correr, a huir con la velocidad de una hemorragia en la femoral. Y ahora tengo que darle la razón, aunque no siempre suceda así. Hace pocos años sí tenía la sensación de que los meses pasaban raudos; las hojas del calendario caían sin apenas darme tiempo a aprender las estampas navideñas que adornaban cada diciembre. Sin embargo el tiempo, por lógica, siempre se mueve al mismo ritmo, y somos nosotros los que imprimimos al diapasón un paso más apurado o más lento; el mío volaba porque estaba vacío de emociones, de un sentido vital... Cada año me tomaba las uvas con la angustiosa sensación de estar malgastando los días sin saber cómo ni por qué. Me costó entender que aunque tenía una vida cómoda me faltaba alguien a mi lado con quien compartir este camino azaroso que es la vida. Entendedme: no estaba sola, pero me sentía sola. Compartir es algo más que vivir en la misma casa, comprarse un coche a medias y comer juntos, mirando al plato. Yo quería pensar que había algo más que eso, aunque la pasión se apague y la rutina se instale en las costumbres. Y un día escapé sin saber muy bien hacia dónde...
Y aquí me veo, con 37 años casi. Mi reloj de arena se ha sosegado, ya no me inquieta. Mi vida durará lo que tenga que durar, pero ahora cada día tiene un sentido, una dirección; y encontré alguien con quien seguir ese camino.
Più di cosí...
Ultimamente no escribo mucho aquí. He leido bastante, eso sí. Pero siento que estoy cayendo en la comodidad del aliterato, y no me gusta. Quiero seguir contando lo que pienso, aunque me relea y encuentre que todas mis ideas son absurdas y peregrinas. Incluso una vez pensé comenzar un blog de carácter altamente sexual para aprender nuevas técnicas... Hizo falta que Ella me recordara que ciertas cosas no se pueden comentar, y que la intimidad es algo muy nuestro, de las dos. Tuve que darle la razón, claro, y no sólo por ese motivo,sino porque todo lo que hay que saber lo vamos aprendiendo las dos, sin necesidad de manuales de sexología...
Por otra parte, seguimos ahondando en el conocimiento mutuo, con sus alegrías y sinsabores. El fin de semana fue un tobogán de emociones, buenas y no tanto. Esta semana, sin embargo, me siento tranquila pensando que eso está superado, y que nada ha cambiado entre nosotras. Yo la quiero, ella me quiere. ¿Qué más puedo pedir?
Hoy Ella tiene una cena digamos "profesional". Esta noche no escucharé su voz, con sus anécdotas del día. Ni yo la cansaré con mis divagaciones anodinas... Echo de menos su forma de hablar pausada, su leve acento de la tierra, su manera de adormecerse al teléfono. Pero todo está bien, como tiene que ser. Espero que se divierta y que mañana me cuente esos detalles jugosos de una cena entre mujeres. Es tan observadora que seguro que habrá visto cosas que a otra le pasarían desapercibidas.
Ella ha estado preocupada por mi manera de tomarme las cosas, porque parece que doy importancia a cuestiones menores. Yo intento que entienda la diferencia entre nuestra relación y las que tuve antes: con ella lo comento todo, grande o pequeño, para que nunca tengamos una reserva mental, una duda, un temor. En mí esto es una prueba más de amor, de querer conservar la integridad de esta historia , que todavía siento como un milagro. Quiero estar cada día más cómoda en su vida, y que ella lo esté en la mía.
Me gusta pensar que la magia no ha terminado entre nosotras. Cuantos más días pasan sin verla más la extraño, y más intensa es la alegría de volver a tenerla. Cuanto más la miro, más entiendo que la ame..
Por otra parte, seguimos ahondando en el conocimiento mutuo, con sus alegrías y sinsabores. El fin de semana fue un tobogán de emociones, buenas y no tanto. Esta semana, sin embargo, me siento tranquila pensando que eso está superado, y que nada ha cambiado entre nosotras. Yo la quiero, ella me quiere. ¿Qué más puedo pedir?
Hoy Ella tiene una cena digamos "profesional". Esta noche no escucharé su voz, con sus anécdotas del día. Ni yo la cansaré con mis divagaciones anodinas... Echo de menos su forma de hablar pausada, su leve acento de la tierra, su manera de adormecerse al teléfono. Pero todo está bien, como tiene que ser. Espero que se divierta y que mañana me cuente esos detalles jugosos de una cena entre mujeres. Es tan observadora que seguro que habrá visto cosas que a otra le pasarían desapercibidas.
Ella ha estado preocupada por mi manera de tomarme las cosas, porque parece que doy importancia a cuestiones menores. Yo intento que entienda la diferencia entre nuestra relación y las que tuve antes: con ella lo comento todo, grande o pequeño, para que nunca tengamos una reserva mental, una duda, un temor. En mí esto es una prueba más de amor, de querer conservar la integridad de esta historia , que todavía siento como un milagro. Quiero estar cada día más cómoda en su vida, y que ella lo esté en la mía.
Me gusta pensar que la magia no ha terminado entre nosotras. Cuantos más días pasan sin verla más la extraño, y más intensa es la alegría de volver a tenerla. Cuanto más la miro, más entiendo que la ame..
Los trabajos del amor (II)
Muchas veces pienso en lo complicada que es la vida. Complicado entender a los demás en el trabajo, en la familia... en el amor. No es que este pensamiento -bastante trillado, por lo demás-, me preocupe o me desaliente. Al contrario, siempre he encontrado estimulante el desentrañar los hilos que nos unen y desunen, el manejarme a través de los sutiles mensajes de la comunicación no verbal o del lenguaje más ambiguo. Pero hoy me interesa recalcar que eso es así: los humanos somos complicados, la vida también.
Ella y yo hemos discutido últimamente. Nos encontramos a veces con las barreras de la incomunicación, de los malentendidos o de las expectativas frustradas. No es una sorpresa para mí que haya sucedido, porque siempre he sabido que las relaciones avanzan a golpe de besos y de luchas amorosas. Ella me gusta por muchas cosan en que somos distintas... y las diferencias son enriquecedoras, pero también generan conflicto. En ésas estamos.
Imagino que dentro de unos meses surcaremos mares más calmados, y que las tormentas, que las habrá, no nos inquietarán, porque confiaremos plenamente en la solidez de nuestra nave. Ahora estamos acostumbrándonos a los vaivenes inesperados de la vida, de los desencuentros puntuales que te entristecen porque querías pensar que tu historia sería la única perfecta e inmaculada... Es como ese primer arañazo en tu coche nuevo, o el primer suspenso en un brillante expediente académico. Duele.
Ella y yo hemos discutido últimamente. Nos encontramos a veces con las barreras de la incomunicación, de los malentendidos o de las expectativas frustradas. No es una sorpresa para mí que haya sucedido, porque siempre he sabido que las relaciones avanzan a golpe de besos y de luchas amorosas. Ella me gusta por muchas cosan en que somos distintas... y las diferencias son enriquecedoras, pero también generan conflicto. En ésas estamos.
Imagino que dentro de unos meses surcaremos mares más calmados, y que las tormentas, que las habrá, no nos inquietarán, porque confiaremos plenamente en la solidez de nuestra nave. Ahora estamos acostumbrándonos a los vaivenes inesperados de la vida, de los desencuentros puntuales que te entristecen porque querías pensar que tu historia sería la única perfecta e inmaculada... Es como ese primer arañazo en tu coche nuevo, o el primer suspenso en un brillante expediente académico. Duele.