La vida nueva
Mi vida, tal como es
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"L´amore quando arriva è come un camion che ti prende in pieno e tu puoi soltanto morire" (Mina)
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C. y M.
Hoy me encuentro mal. M. dice que he enfermado por mi costumbre de no tirar nada de la nevera, aunque ya se mueva sólo. Probablemente esta vez tenga razón; no os alarméis, no daré más detalles.
Los últimos días M. y yo nos hemos dedicado a escribir a dúo en nuestro blog-denuncia Lesbiana de 90. Ha sido divertido y finalmente lo mejor no ha sido desenmascarar a esta presunta lesbiana mayor, sino compartir ideas, risas y espacio con mi novia. Incluso siento cierta ternura al mirar nuestra foto, tomada ex profeso para ilustrar el blog. Facciamo una brava coppia, como se diría en italiano (hacemos una buena pareja, traducción de la autora); ella tan blanquita y yo tan morena...
Ahora la echo de menos. Ha estado nueve días en casa,aunque yo trabajaba y sólo nos veíamos por la mañana y por la noche. Me he acostumbrado a encontrarla a mi vuelta, leyendo en la piscina o trajinando por la casa... Pero el mejor momento del día era cuando nos íbamos a la cama; ese ritual cotidiano y mecánico se convirtió en un delicioso jardín de confidencias, caricias y besos. El perfecto final de un día normal, sin importancia. Es increíble cómo se transforma una jornada si la compartes con quien amas: la luz es más cálida, el aire más fresco... algo que no se puede nombrar cambia y todo es mejor, más reconfortante. Siento de veras no encontrarla cuando vuelvo a casa, tener que leer y dormir sola, extender mi mano y hallar el vacío al otro lado de la cama... Por suerte para mí, suelo llegar demasiado cansada y me duermo enseguida, no tengo tiempo para pensar ni entristecerme en exceso.
Esta era una pequeña prueba para saber si podemos vivir juntas algún día más o menos lejano. Creo que la hemos superado, aunque yo ya sabía, antes de iniciarla, que no tendríamos problemas. Si algo tiene M. es la capacidad de escuchar y entender lo que le cuento; conoce mis manías, mis limitaciones, mis virtudes y mis momentos buenos y malos. Nos hemos contado nuestras vidas, lo que nos gusta y nos disgusta, lo que nos irrita irredediablemente y lo que nos alegra el día. Tanto ella como yo lo sabemos e intentamos respetarlo. M. ha estado en mi casa y yo no me he sentido agobiada, ni forzada a hacer cosas que no me apetecía hacer; ella es independiente, muy capaz de entretenerse sin mí, y cuando le ha apetecido a hecho y deshecho a su antojo. La sensación de libertad es completa, el ser siempre dueña de tus actos, pero sabiendo en todo momento que, haga lo que haga o esté donde esté, piensa en mí, se siente tan mía como yo suya. Llevamos al cuello una cuerda que nos une pero que nunca aprieta; con un nudo tan liviano que cuando nos apetezca lo podemos desatar. Sólo que no queremos hacerlo.
C. y M. Prueba superada.
 
Siete meses

Estoy en el trabajo y no debería dedicarme a escribir en mi blog, lo sé. Pero como no dispongo de mucho tiempo para concentrarme en casa, -porque ella está conmigo, dedicándome los últimos días de sus vacaciones-, he decidido robarle tiempo a mis obligaciones para deciros que sí, que hoy hace siete meses que estamos juntas.
Ayer fue un día triste porque yo me porté mal; he hecho cosas de las que me averguenzo profundamente y que ella desde luego no merece. Ha sido una amarga víspera de celebración. Ahora sólo quisiera que el tiempo volviera atrás y borrar mis estúpidos juegos, mis momentos de inconsciencia e irresponsabilidad. Pero como dice mi amiga C. tengo que dar la cara e intentar reconstruir lo que yo misma he dañado. En esas estoy.
M. me quiere y yo la quiero. Esto es lo más sencillo y lo más grande a la vez. Cuando nos miramos, cuando nos sonreímos, sentimos esa corriente que nos atraviesa, que nos eleva; hablo en plural porque tengo la certeza de que para ella es igual; y es tan grande su amor y su entrega que me puede perdonar e intentar olvidar mis errores. No sé si lo merezco, pero intentaré que nunca más tenga que pasar una tarde triste y gris por mi culpa.
No quiero insistir en este tema; tengo muy claro qué ha sucedido y lo que M. espera de mí en el futuro. Ahora quiero mirar adelante y disfrutar de su compañía, de su amor. A veces, cuando estás a punto de perder a alguien a quien quieres de verdad, te das cuenta de lo precioso que es, lo írrepetible de las emociones que he vivido con ella, de los momentos juntas. Quiero exprimir las horas con ella, hacerla feliz con mis besos, con mis palabras, con mis manos, con mis cuidados: quiero que sienta la verdad de mi amor, quiero ser capaz de que vea dentro de mí y descubra que no hay dudas, ni vacilaciones: que deseo estar con ella para siempre, todos los años que me quedan. Y como M. dice, la voluntad es lo que cuenta.
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My girl
En pocos días se cumplirán siete meses desde que M. y yo nos conocimos. Todavía hoy me gusta rememorar cómo fue, la sensación de maravilla que sentí esa noche cuando, tras dos horas de animada charla, apagué mi ordenador y me fui a dormir. Recuerdo que pensé cosas tales como que era una mujer-mujer (inefable concepto), que tenía una bonita cara, que era inteligente, que tenía humor... Imaginé un montón de cosas buenas y alguna mala: que estaba casada, que sólo buscaba coquetear... Esto lo pensaba sólo a ratos, porque me dijo desde el principio que no le iba el flirteo, ni los romances de una noche; pero yo dudaba porque me parecía demasiado bonito: una mujer que me gustaba tanto y que no jugaba con los sentimientos ni con las palabras. No podía creerlo.
Así que llegó la siguiente cita cibernética, y yo me sentía esperanzada y escéptica a la vez; quería que fuese verdad y temía encontrarme ante un espejismo, algo tan común en Internet. Y así, entre bromas, preguntas e historiales sentimentales llegamos al punto de quedar aquella misma semana, aquel mismo sábado, para cenar y conocernos de verdad. La cita era a las nueve en una céntrica plaza; sólo conocía el color de su coche, pero igualmente la reconocí enseguida. La ví desde lejos, y por desgracia ella también a mí. Estaba tan nerviosa que con facilidad podría haber tropezado con mis propios pies, consciente de mis andares de pato pero incapaz de evitarlos. Esos pocos metros hasta su coche se me hicieron torturantes, porque ya era consciente de que mi timidez se impondría a cualquier rasgo de normalidad que hubiera en mí.
Después del saludo de rigor y los besos, entré en su coche y nos dirigimos al restaurante. Yo estaba tensa, y creo que así continué toda la cena. Ella por supuesto lo notó en mi nerviosa forma de moverme, de recolocarme continuamente en la silla y la manera compulsiva de beber sake o cualquier otra bebida alcohólica a mi alcance. Me contó su vida y yo le hablé de la mía, charlamos de generalidades... pero yo notaba que había una distancia entre nosotras, una pose de formalidad que no podía romper en ese estado de tensión. En una ocasión fui al baño, me mojé el pelo y me dije ente el espejo: "Eres tonta!" desesperada por mi actitud.
Por fín llegó el momento de irse. Me senté en su coche y ella se demoró al arrancar el coche, mirándome. Pero yo no entendía su mirada, tan incómoda estaba conmigo misma. Nos perdimos por la ciudad, con sus avenidas iguales, sus semáforos siempre rojos, buscando una teteria que luego ya no existía... Y una vez que encontramos un local tranquilo, más conversación, más contarnos nuestra vida, nuestros proyectos... y entonces la distancia se acortó, quizá por el roce de su rodilla en mi pierna, o puede que por la corta distancia hasta sus labios. Sus palabras me decían lo distinta que era a mí, más resolutiva, más ambiciosa, con mucho camino por delante, incansable luchadora... pero no importaba, me gustaba igual o quizá más, aunque yo fuera una conformista perezosa. Salimos de aquel bar y, no sé por qué, en los escasos metros hasta el siguiente, supe que tenía que besarla, aunque sólo fuera una vez. Sentía que la noche se me escapaba y puede que con ella la única posibilidad de saborear la boca de una mujer así, una mujer-mujer (signifique lo que signifique). Así que cuando nos sentamos en aquella barra y pedimos unas cervezas yo apenas la escuchaba, aunque también es cierto que ella de pronto enmudeció, como si ya hubiera dicho todo y esperara que yo iniciara la charla, o... no quería ni pensarlo. Puede que yo no le gustara y estuviera planeando una excusa para despedirse. Así que, rompiendo una viejo tabú que me impide dar el primer beso, le pregunté, como una torpe colegiala: "Tu tendrías una aventura conmigo?". Se me paró el corazón, la música dejó de sonar en mi cabeza hasta que ella contestó, con sonrisa pícara y coqueta: "Sí". (Perdona, cariño; igual dijiste algo más, pero yo me quedé en el "sí"). Y sin esperar un segundo ni dar tregua a mi timidez, me acerqué a su boca y nos besamos largamente, intensamente, como dos expertas amantes en su decimoquinto encuentro. Y como por arte de magia toda mi cortedad desapareció y volví a ser yo, a ser esta mujer imperfecta pero normal que soy. Nos besamos un par de veces más hasta que decidimos salir. Ella dijo: "Te voy a llevar a un sitio bonito". Yo le contesté: "Vamos a mi casa". El deseo me consumía como una llama, y ya no importaba el mañana, sólo su cuerpo, su misterio. La media hora de camino se me hizo interminable, y recuerdo que le dije (o lo soñé despierta?) "Me muero de deseo". Ella conducía, como ausente, pero de tanto en tanto besaba mi mano, y en una ocasión paró sólo para darme otro pequeño anticipo de lo que vendría...
No voy a contar más. El resto bien lo podéis imaginar... Quizá en otro momento lo cuente : el despertar, el día juntas, las citas sucesivas...
Ahora sé, con inmensa alegría, que no fue un espejismo, que ella es tan real como estos dedos que teclean, como este corazón entregado al suyo, a su amor hondo y sincero. Y también tengo la certeza de que ella, M., es para mí.

E questo è per te, amore mío:

Io_Sar_Con_Te1.mp3

IO SARÒ CON TE

Io sarò
trasparente
ci sarò
anche se distante
E solo non ti lascerò
e lo farò
puntualmente
perchè tu sei così importante
e quanto di più immenso poi...

Io sarò con te,
anche nell'oceano più profondo
nei momenti in cui ti sembrerà più triste il mondo
io sarò con te.
Ti difenderò
dala rabbia e dall'indifferenza
anche se servisse tutta quanta l'esistenza
io la spenderò
per te

Lo farò
più che posso
se vorrai
sarò sempre a un passo
e come stiamo adesso qui...

io sarò con te,
anche nell'immenso dei deserti
e se il vuoto intenso cercherà di soffocarti
io sarò con te
ti allonterò
dalle notti senza via di uscita
anche se servisse tutta quanta la mia vita
io la spenderò per te.
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Hombres y mujeres (ii)
Hoy miércoles comienzo a trabajar de nuevo. Se terminó mi quincena de descanso, y aunque siempre se dice "qué pena", "se me han hecho cortas", etc. yo confieso que me gusta la idea de volver al trabajo, de interesarme por las novedades habidas estas dos semanas e intercambiar cotilleos estivales. Por otra parte siento no disponer del tiempo libre que disfrutaba, así que ahora volveré a las servidumbres de las tareas a destajo y las limitaciones horarias. Pero bueno... no me puedo quejar.
Quisiera en primer lugar comentar las reflexiones de mis lector@s Diegodelmar y TrIbAdE. Desde luego, ambos tienen razón, y quizá yo me he dejado llevar por una visión demasiado particular, sin los matices necesarios. A Diego sólo puedo decirle que efectivamente esa forma de querer masculina no es mejor ni peor, más o menos moral que la femenina. Es sólo que esa diferencia hace que la relación entre hombre y mujer suela no satisfacer a una de las partes. Porque como dice M. la mujer es más sentimental en el amor y más sensual en el sexo; mientras que el hombre es más racional y sexual, respectivamente. Claro que esto es a grandes rasgos, porque como dice TrIbAdE hay mujeres que gustan del sexo puro y duro, sin vínculos de ninguna clase -no es mi caso, y a veces lo he sentido- y también en pareja existen esos momentos en que te conviertes en un animal y actúas sólo por el instinto, las ganas de dar y recibir placer, el deseo de sumergirse en la piel de otra mujer. Probablemente como dice T. la diferencia está más en lo que rodea la sexo, cómo se plantean esas relaciones esporádicas... Claro que incluso eso es tan relativo... el sexo entre gays también es muy variado. En realidad, todo es cambiante, todo es un revoltijo de sensaciones, experiencias, interacciones. Todo es así, y por eso merece la pena.
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Hombres y mujeres
Hace tiempo que quería escribir algo al respecto, comentar las diferencias entre el amor a un hombre o a una mujer desde el punto de vista de una fémina que ha transitado ambos caminos. Porque yo he estado enamorada de un hombre y de varias mujeres. En este momento de mi vida el amor heterosexual no tiene cabida, pero sí recuerdo lo que es, cómo se siente. Por supuesto no pretendo sentar cátedra, es sólo mi experiencia.

En este mundo lésbico hablar de hombres es un tema difícil: encuentras mujeres que jamás han estado con uno, y por supuesto nunca se enamoraron más que de mujeres. Desde el primer momento tuvieron claro que no querían tener una relación con un hombre, y si lo intentaron fue una experiencia desastrosa. Otras, las menos, son capaces de tener aventuras con ambos sexos; y la mayoría han tenido alguna relación medio seria con algún chico. Es un tópico decir que los humanos nos enamoramos de personas, no de seres sexuados... Eso es cierto: cuando alguien te atrae, cuando te enamoras eres capaz de acostarte y aprender a disfrutarlo, no importa que sea una experiencia inédita en tu vida.
Yo pertenezco a la tercera clase: he estado con hombres y me ha gustado. Nunca me engañé acerca de mi sexualidad y siempre supe que las mujeres me atraían porque ya en mi adolescencia lo tenía claro. Pero no quería perderme ningún tren, así que durante muchos años anduve con hombres; bueno, con un hombre, porque la promiscuidad no es una de mis virtudes (o defectos, depende de cómo se mire). Y en los últimos tiempos he tomado la decisión, no consciente por otra parte, de terminar esa etapa heterosexual y dejarme llevar por lo que siento, por lo que me hace más feliz. Con este planteamiento seguramente no puedo ser imparcial: he tomado partido, me he inclinado por un lado de la balanza, lo cual es lógico: siempre he pensado que no se puede estar en ambos lados a la vez.
Cuento todo esto porque inevitablemente voy a generalizar, aun sabiendo que ni todos los hombres son como yo los pinto ni todas las mujeres como yo las veo. Valga mi explicación como prólogo a lo que voy a contar.
Hay hombres bruscos, rudos; otros cariñosos y sensibles; lo mismo ocurre con las mujeres. Así que hagamos una pregunta para clarificarlo todo: ¿cómo se comporta un hombre cuando ama? Pues según mi opinión, los chicos son inconstantes en el amor; una vez consumado, pierden interés rápidamente, aunque te sigan queriendo. Es como un amor epidérmico, muy físico: necesitan tomar posesión de tí, pero pronto olvidan cuidar esa relación. Son más conformistas, les basta que estés ahí, crear costumbres, construir lazos externos: compartir sólo una parte de ellos, su cuerpo, algunos ratos de intimidad, algunos momentos de comunicación... Pero una vez que te tienen ya no se preocupan de cultivar el amor. Ignoran las señales de desamor, de descontento el el otro; son como niños grandes, incapaces de mantener la atención en el otro demasiado tiempo, se agotan; y no creo que sea algo consciente, es que simplemente carecen de esa profundidad en los sentimientos que caracteriza a las mujeres. Por eso las relaciones heterosexuales son más planas, menos emocionantes. Mientras dura la pasión, bien; cuando la atracción sexual decae, todo adquiere tintes grises. Las mujeres por el contrario intentan mantener siempre esa intensidad sentimental que perciben como algo precioso, como la esencia del amor. Y por eso, y esto es la gran desventaja, a veces encuentran problemas donde no los hay; porque somos hipersensibles a cualquier signo de cansancio o descontento. Un gesto inesperado, una llamada que no se produce, una palabra desafortunada nos pone en guardia. Quizá ésta sea una de las razones por las que las relaciones entre mujeres son menos duraderas. Si no hay una buena comunicación, sin dramatismos, todo termina porque una se siente poco querida, cuando en realidad es sólo un malentendido pasajero.

Sexualmente las diferencias también existen: el sexo masculino es más feroz, muy intenso y directo. El hombre se excita instantáneamente y sólo se interesa por aquello que acrecienta el deseo de consumar, de llegar al final con más o menos rapidez -si es inteligente, tarda más...-. Las mujeres nos recreamos en las caricias, en el abrazo, en el tacto, en las miradas... sin tener en mente nada, sin un objetivo preciso. Todo llega igual, pero disfrutas con la piel, con el olor, con el sonido de la voz. Cada instante tiene valor en sí, no hay urgencias ni sobreentendidos, ni prácticas obligatorias. A cada mujer le gusta una cosa, de una manera distinta. Y sólo se llega ahí cuando es el momento, ni un instante antes. Se disfruta mucho más del camino, y no sólo para prolongar el deseo, sino porque el hecho de estar juntas, de prodigarse besos y abrazos desordenados es ya un placer. Lo que nos importa, lo que nos queda después de una noche de pasión es el recuerdo de las miradas, de las actitudes, de cada instante que nos llegó al corazón. El sexo está bien, pero sólo como instrumento, no como finalidad.
Ahora espero vuestras opiniones...
 
Mina
Como véis, mi sequía de artículos se ha acabado en serio. Aprovecho los momentos de tranquilidad para escribir un rato, porque me gusta contar mis cosas, y siento que estos meses he perdido la ocasión de hablar de tantos temas...
Quien me haya seguido mínimamente habrá observado que soy fan absoluta de Mina, la gran cantante italiana. Sé tantas canciones suyas que no me cuesta nada encontrar una adecuada a cada situación de mi vida. Al menos de mi vida sentimental. Hoy aprovecharé para contaros cómo la conocí y el porqué de esta afición mía por su música, una historia curiosa y ya antigua...
En el año 90, cuando yo era una jovenzuela de 21 años, escuché por casualidad una canción suya en la radio. La emisora era Radio 80 Serie Oro, que por entonces sólo radiaba música de décadas anteriores: 60, 70.. Siempre he sido muy curiosa, y entonces me fascinaban las canciones realmente buenas de tantos años atrás... Así que un día escuché "Amor mío" de una tal Mina. Su voz era increíble, rasgada, intensa, apasionada. Me gustó tanto que busqué algún disco suyo, pero en los tiempos a. E (antes del Emule) era difícil acceder a los artistas menos populares... Así que lo dejé correr, aunque siempre que tenía ocasión seguía buscando.
La casualidad quiso que una hermana mía residente en Italia viniera ese verano a casa y le trajera un disco de Mina a otra hermana mía que vive en los EE.UU y que (milagro!) se lo había encargado. Ese disco, por supuesto un vinilo como dios manda, era "Il mio meglio nº 3". Me encantó, literalmente me volvió loca escuchar canciones como "E poi" , "La scala buia", "Amanti di valore"... Me lo grabé y me decidí a buscar en serio, en cada tienda de música de España. Poco a poco mi colección fue creciendo hasta alcanzar los veintitantos discos originales. Después el bendito Emule me ha proporcionado el resto, esos álbumes que difícilmente habría conseguido por mis medios. En la actualidad, poseo 1167 canciones de esta fantástica cantante.
Cierto es que no todas me gustan, porque esta mujer es tan prolífica que ha cantado casi cualquier cosa... Yo me decanto por su etapa de los 70, que tiene una sensibilidad increíble, sobre todo en sus baladas. Y ahora explicaré por qué me gusta tanto.
Mina, como otras artistas que conocemos (Mónica Naranjo, Barbra Streisand p.e) tiene una voz prodigiosa, capaz de cualquier nota, grave o aguda. Una voz hermosa, plena, llena de matices. Esto hace de ella una buena cantante, sí. Pero la diferencia, la gran diferencia está en CÓMO canta, no en sus cualidades vocales. Mina interpreta la canción, la canta como si fuera su historia: si escucháis "Io e te da soli" sentís el dolor, la desesperación de ser abandonada; si oís "Fate piano", notáis la sorpresa, el orgullo herido de una mujer que descubre la traición de su amante; "E poi" te hace percibir la sensualidad, el deseo de volver con un amor que te dejó tirada tiempo atrás... Pero también canta la alegría de encontrar el amor: "La scala buia", "Non ho difese con te", "Resta lí", "Con te sará diverso"... Estos son los dos extremos, pero en sus incontables canciones ha cantado cada matiz del sentimiento: resignación, despecho, miedo, duda, tristeza... Es un catálogo de las emociones humanas, de esas que sentimos alguna vez y que nos cuesta expresar. Escuchándola descubres que la música sí puede, y te acompaña, te consuela, te susurra... En cuanto a su capacidad vocal bastaría escuchar "Donna donna donna", que comienza con una voz grave, oscura, y que en cada estrofa va subiendo, suave pero firmemente, hasta lo más alto. Louis Armstrong dijo que era la mejor voz blanca que había escuchado, y Sinatra quiso trabajar con ella, pero Mina no aceptó por no dejar su querida Italia. Por supuesto, aprendí italiano sólo para entenderla, así que una buena obra salió de esta pasión mía.
No espero que os guste como a mí, y estoy segura de que a much@s de vosotr@s os dejará indiferentes... Y es que para apreciar su música tienes que sentir intensamente, tienes que identificarte con su pasión. Ella vivió su vida así (ahora tiene 66 años y sigue editando discos!), y lo comunica en cada estrofa de sus canciones.
Este artículo no tendría fin si me dedicara a escribir todo lo que me sugiere, si comentara cada canción que me gusta y por qué... Me abstendré, sólo os pido que la escuchéis. Aunque sea una sola vez.
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Mi novia y el PHN
También conocido como Plan Hidrológico Nacional, ese proyecto hídrico que se fue al garete junto con el gobierno del PP. No es que me vaya a dar ahora por el análisis de la política de aguas de este país, pero me parece un buen ejemplo de las cosas, pocas por otra parte, que no me unen a mi novia. Ella lo defiende fervorosamente, y yo estoy en contra también de forma rotunda. Siempre que tocamos el tema es como subir al ring: cada una en su rincón, buscando el argumento infalible que tumbe la resistencia del contrario. Y si eso es así no es culpa suya, sino mía. En materia política y en convicciones ideológicas son muy apasionada; me gusta polemizar, me gusta encenderme con la discusión. Ella es mucho más moderada en sus planteamientos, y soy yo quien la lleva al terreno de la dialéctica más dura. Todavía tengo la impresión de que estos acaloramientos míos la desconciertan, que no sabe calibrar hasta dónde me afecta discutir estos temas. Sé que puedo parecer enfadada a veces, como si me fuera algo en el hecho de defender una postura determinada. En realidad, sí pienso que hay temas trascendentes a los que prestamos poca atención, como es la cuestión ambiental, o los problemas de Oriente Medio. Pero tengo perfectamente separados mis sentimientos de mi razón, al menos dentro de posturas respetuosas y no facistoides -¿quién soportaría salir con una homófoba declarada??-. Yo escucho los argumentos de M. y mientras la contradigo la amo. La amo mientras ataca mis posiciones, la amo mientras duda sobre lo que pienso, la amo mientras se produce un silencio tenso... Diréis que es lo normal, pero quiero recalcar que es exactamente así: discuto con M. y siento esa corriente de amor al mismo tiempo. Creo que ella todavía no me conoce lo suficiente para enterder que sus opiniones sobre el mundo no me hacen quererla ni un ápice menos. Cualquier cosa que piense, cualquier visión de la realidad que formule para mí estará bien si sale de sus labios, esté o no de acuerdo. Me interesa mucho más cómo me quiere, cómo me lo demuestra cada día. Y sobre eso no tengo ninguna queja.
En el relato de nuestras vacaciones me ha faltado contar lo más importante. Ni las iglesias, ni las calles, ni las vistas importan demasiado si no las compartes con la persona a la que amas. Vivir estos días con ella, sentirla a mi lado en cada recodo del camino, dormir a su lado en una diminuta litera del tren, empaparme con su sudor, reírme de su humor irónico y punzante, asombrarnos ante las cosas nuevas e inesperadas, rozar su mano en un bar, bailar pegadas una canción disco... Esas cosas sí importan, y han hecho de un paisaje anodino algo inolvidable.
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Lisboa (ii): el ambiente
Antes de llegar a Lisboa intentamos documentarnos sobre lo que encontraríamos de noche: buscamos alojamientos y locales gay para visitar y divertirnos con nuestras colegas. Decidimos alojarnos en un hostal de una extensa lista de hoteles y similares que encontramos en www.portugalgay.pt. Tomamos nota de bares y restaurantes del ambiente y emprendimos este viaje convencidas de estar preparadas para conocer un posible Chueca en Lisboa.
La decepción fue considerable. Cuando llegamos al hostal, por otra parte céntrico y bien equipado, al subir a nuestra habitación (con una sola cama, claro), nos extrañó ver a una mujer de edad indeterminada mirándonos desde el pasillo, con una mueca de no disimulado desprecio. Era obvio que esa persona conocía que en la habitación dormiríamos juntas y sacó sus propias conclusiones. Se trataba, por supuesto, de la señora que limpiaba esa planta. Nos pareció increíble que en un establecimiento “gay friendly” el personal tuviera esa actitud; lo que demuestra que o no son tan amistosos con los gays o bien que las lesbianas son personajes todavía invisibles en Portugal. Invisibles y despreciadas.
Pasada la mala impresión, llegó el momento de salir de noche. De los pocos locales nocturnos sólo para chicas no había ninguno que abriera el martes, así que nos decidimos por el ambiente mixto. Llegamos a O 7 ceu, un bar bien decorado en plena movida lisboeta. No nos extrañó la ausencia de chicas –estamos más que acostumbradas a ser la excepción-, pero sí que todos los gays presentes mantuvieran una actitud demasiado formal. Ni un beso, ni un coqueteo, ni una caricia fugaz. Claro que lo entendimos muy pronto: nos sentamos a charlar y beber una caipirinha y, como solemos hacer, nos besamos con naturalidad. El beso no pasó desapercibido a dos parejas heteros sentadas a nuestro lado, que parecían buscar morbo paleto en un bar gay. Miradas insolentes, risitas tontas… No me extraña que nadie fuera natural. Era triste que una pareja de españolas tuviera que ir a Lisboa a enseñar normalidad a l@s portugues@s. Pero así fue.
Y por fín encontramos un bar les abierto: el Memorial GLS. Todavía no sabemos qué significa este nombre solemne y tétrico, pero venga de donde venga le va al pelo. Se trata de un sótano al que se accede previa aceptación de portero que te abre la puerta, de color gris metálico. Parecías estar descendiendo a las catacumbas romanas.
Dentro, una pequeña barra, una zona para bailar y actuar y mesillas adosadas a las paredes. Poco personal, refrescos de garrafa y música bastante pachanguera. La sensación de marginalidad era completa. Las chicas se sentaban en pequeños taburetes, como esperando para ser invitadas a bailar, mirando al frente, con la vista perdida en el infinito. O hablaban en pequeños grupos, en plan conspirativo. Por desgracia, en tema lésbico no había nada más: el otro bar de la lista se había convertido en un restaurante de sushi. Así que volvimos al Memorial, intentando sacar partido a la actuación de travestis, ya de madrugada, imitando a Anastacia, Whitney Houston o Tatu. La impresión general que sacamos fue la de que también en este tema Lisboa está muy atrás respecto a Madrid. Incluso en muchas capitales españolas las lesbianas tienen lugares donde reunirse mucho más alegres y normales que ese Memorial. Memorial GLS, se llama: Memorial por los Gays y Lesbianas Sometidos, eso creo que significa.
Visitamos algún local más, pero con resultado poco alentador. Normalmente eran locales cerrados y sólo para chicos. Al menos así te hacía sentir la mirada poco amistosa del portero. O bien entrabas y descubrías un mar de testosterona en el que apenas podías moverte. La nota positiva, como he comentado, fueron las actuaciones de travestis, que imitaban a las grandes divas de la canción con bastante garbo y gracia. Y también fue divertido imaginar historias entre las presentes, algunas con aspecto muy peculiar.
Al salir del Memorial siempre comentamos lo mismo: si viviéramos en la ciudad no lo frecuentaríamos. Demasiado deprimente, demasiado escondido. No soy paladín de la causa lésbica, pero vivir así me parece muy duro, muy vergonzoso. Y nosotras no tenemos nada de qué avergonzarnos.
 
Lisboa (i)
Fín de trayecto. Nuestras vacaciones en Portugal llegaron a término y es el momento de hacer balance.
Lisboa me ha sorprendido, y lo ha hecho en los dos sentidos: positivo y negativo. Por un lado es una ciudad pintoresca, con un aire decadente y provinciano encantador. Las calles de Alfama te llevan a otros tiempos, a una forma de vivir alejada de los trajines de las grandes ciudades. Las vistas desde lo alto de las colinas donde se sitúa Lisboa son fabulosas: abarcan todos los barrios, las plazas, el Tajo siempre al fondo. Era delicioso pararse a contemplar ese horizonte marino, la costa, las cúpulas de mil iglesias de todo tipo... Y efectivamente, Lisboa tiene una historia extensa., una línea de acontecimientos que de pronto se quiebra en 1755, en que un terremoto devasta la ciudad... Todo pueblo tiene sus tragedias, pero resulta sobrecogedor descubrir cómo, 251 años después, la ciudad no está recuperada. La mayoría de los edificios singulares siguen a medio reconstruir; es como si aquel acontecimiento hubiera dejado una abulia insuperable en los lisboetas, que carecen de ánimo para hacer que una ciudad tan hermosa brille como en el siglo XVI, cuando era una potencia marítima. Todo está marcado por esa fecha, y de hecho el trazado de la ciudad nueva es consecuencia de la devastación de barrios enteros... Hoy en día sorprende contemplar los bellos edificios de aire colonial, con su característica decoración en azulejos, abandonados totalmente, con la pintura desprendida, las maderas tropicales semipodridas, los cuadros oscurecidos por la suciedad... A una romántica como yo le puede parecer incluso encantadora esa incuria en los rincones más interesantes de la ciudad; pero no deja de ser triste que la capital de un país europeo deje abandonados los monumentos de conforman su historia, y por tanto su esencia como pueblo. En general, Lisboa no parece una ciudad a la altura de Europa. Las calles más comerciales, las plazas del centro (Rossío, Figueira, Comerçio...) tienen un aire viejo, como de una España de los 70: escaparates deteriorados, comercios que ofrecen una mercadería obsoleta, pavimento roto, mucha suciedad en el suelo... Curiosamente todo eso me repelía y me atraía a la vez: me desagradaba ese atraso, porque vengo de una ciudad mucho más moderna; pero me recordaba mi infancia, me producía una extraña nostalgia de nuestro propio pasado.
Lo mejor para nosotras fue la gastronomía: el bacalao, las sardinas, el vino verde (fresco es insuperable, muy ligero)... Y si combinamos una buena comida con las vistas sobre el rio Tajo, a pie de muelle, el placer es completo.Yo recomiendo que comáis en cualquier taberna de Alfama antes que en los sitios reconocidos, los platos son más sabrosos y el trato más cordial. Nuestro último día almorzamos en una pequeña fonda cerca de la catedral; M. me explicaba las líneas sucesorias haciendo árboles genealógicos con cortezas de queso; luego bebió demasiado vinho verde y todo el mundo nos miraba mientras nos reíamos de nuestra propia embriaguez... Estas pequeñas cosas son las que conforman la felicidad, la mía y la que leía en sus ojos, sus preciosos ojos verdes.
Pasábamos las mañanas recorriendo los lugares más característicos: las calles de Alfama, el castillo de Sao Jorge, la catedral, las plazas de la Baixa, algún museo, tiendas... Pero si hay algo que recordamos con singularidad es el interior de la Iglesia de Santo Domingo, un lugar que no recogen las guías... Es la única Iglesia que yo conozco cuyas paredes, columnas y estatuas están semidestruidas por un incendio, rotas y oscuras de humo. Se quemó en los años veinte, y ahí sigue, como una imagen admonitoria de los horrores que nos esperan en el infierno. La sensación es fantástica, totalmente irreal. Los fieles rezan en viejos bancos frente a imágenes horriblemente chamuscadas. Es para verlo. ´
Este viaje también nos provocó una gran decepción en cuanto a nuestras expectativas de diversión nocturna. Pero a ese tema tengo que dedicarle un artículo enterito.