La vida nueva
Mi vida, tal como es
Acerca de
"L´amore quando arriva è come un camion che ti prende in pieno e tu puoi soltanto morire" (Mina)
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GINA
El viernes salimos por el ambiente. Fuimos a nuestro local favorito, por más que somos casi las únicas mujeres que lo frecuentan. Allí trabaja un travesti muy peculiar: tiene unos tremendos pechos cubiertos de tatuajes de marinero curtido, una maravillosa peluca rubia platino y gafas de concha. Lleva los tacones con una naturalidad que ya quisiera yo, y vestidos cortísimos que muestran unas piernas bien torneadas y musculosas. Se llama Gina y tiene algo más de cuarenta. Dice ser italiana, pero yo lo dudo: su acento es más anglosajón, aunque todavía no he averiguado de dónde. Es muy simpática y cálida, siempre nos saluda con una sonrisa.
El caso es que esa noche, cuando estábamos a punto de volvernos a casa, decidimos preguntarle si había algún local sólo para chicas, porque tanto hombretón nos cansaba. Gina nos aconsejó un pub cercano, y nos acompañó porque tenía la noche libre. Fue divertido; efectivamente había mujeres, pero todas extranjeras: inglesas, belgas, holandesas… Son gente que no suele mezclarse con las lugareñas, como bien sé que ocurre en el ámbito heterosexual también. Mi ciudad tiene esa peculiaridad: es internacional, una pequeña babel, pero cada cual se mantiene en su pequeño círculo, sin interés por conocer otras culturas, otras maneras de vivir… No me extrañó por tanto que Gina nos presentara alguna chica, y que luego ésta desapareciera en compañía de alguna compatriota. En realidad, lo más divertido no era la concurrencia femenina, sino el espectáculo que ofrecían de madrugada (striptease y playbacks de travestis) y la charla de la propia Gina, que a ratos nos contaba su vida.
Nos dijo que llevaba dos años en la ciudad, que hacía cinco que abandonó una vida convencional y que tenía una hija ya mayor en el extranjero. Nuestras preguntas inocentes debieron despertar cierta melancolía en él, porque desde el momento en que nos lo contó se puso un poco triste. Bailaba, reía, nos abrazaba… pero en el fondo de la mirada le bailaba una luz oscura, un dolor que estaba ahí, al acecho. Cuando nos despedimos nos confesó que tenía una grave operación el lunes, y que si moria… no recuerdo qué, pero era una broma ácida, sin gracia. Nos invitó a una última cerveza y de pronto, casi sin probar la suya, se despidió y salió rápidamente del bar. Yo supe que quería estar solo, que quería pensar, o llorar. O dormir y olvidarse de que estaba solo en una ciudad de veraneo, sólo sin su hija, y que así estaría en el hospital.
Nos fuimos a casa pensativas. Lo habíamos pasado bien, pero ese último gesto de Gina nos enfrentaba a la soledad, a la marginalidad de ciertas personas que decidieron un día cambiar su vida y renunciar a muchas cosas importantes por un sueño, por una ilusión: ser felices aceptando su sexualidad, su manera de sentir heterodoxa. Gina no cambiaría su decisión, estoy segura. Pero hay veces que la soledad se te atraganta, como esa noche, y aunque quieras reir, sólo te sale una mueca amarga.

Cuando se recupere le regalaremos un abanico con muchas plumas. De color rosa. Como la vida que le gustaría tener.
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PASIÓN
M. y yo hablábamos hace un rato de lo que tanto nos gusta: de nuestros primeros meses juntas, de los primeros pasos de nuestra relación. Es curioso: pese al poco tiempo transcurrido, recordamos las cosas de distinta manera. Todo sucedió a otra velocidad, en otro orden; mis palabras no fueron éstas sino aquéllas… Por eso hemos decidido contar a la vez un episodio de nuestros principios para contrastarlo después: el primer viaje a Madrid.
A M. le gusta viajar tanto como a mí, y ambas estábamos ansiosas por pasear las calles de Chueca, de la mano, dándonos besos sin mirar dónde ni ante quién… Poder cenar juntas, mirándonos descaradamente, sonriéndonos sin recato. Esos eran los planes; pero la realidad fue bastante distinta…
El deseo fue más fuerte que la ilusión, y las prioridades se impusieron de forma natural. El viernes llegamos tarde y cansadas, así que pospusimos las salidas a la mañana siguiente, después de un sueño reparador. Fue imposible… teníamos tanta hambre de nuestros cuerpos que el tiempo no tenía sentido, no importaba que fueran las doce o las cuatro… De vez en cuando nos levantábamos a comer, desfallecidas, las sobras de la cena o tostadas y un café. Después dormíamos por unas horas para despertarnos con alguna suave caricia, como al azar, que nos encendía otra vez, que nos hacía perder el aliento y casi el sentido. ¿Hay algo más dulce que el cuerpo de una mujer cuando se entrega, cuando cada gesto, cada movimiento te invita a traspasarlo con el tuyo? No existe violencia, ni prisas. Empiezas con un beso leve en los labios, sigues con otros besos cargados de pasión y después ya no sabes qué vendrá: puede ser el recorrido de tu boca por la curva de su cuello de terciopelo, o el sabor de sus pechos llenos en tu lengua… Es todo un confuso revoltijo de manos que trepan o descienden, de dedos que buscan orificios deliciosos donde refugiarse; el tacto te enerva, el olor te embriaga y el sabor de mujer te sumerge en un estado primigenio, mucho más allá de la razón, que te reconcilia con el mundo y sus fracasos.
Es un placer que nace con las manos, pero también con la mirada. Verla desnuda, su piel blanca, sus curvas, sus montes, sus cavidades prohibidas… Recrearte en su cuerpo, rozarlo con la punta de tus dedos, recorriendo lentamente el contorno de sus pechos, de su vientre… Pensar que cada centímetro de piel será tuyo, gloriosamente tuyo, profundamente tuyo. Acercarte despacio a su cuerpo, dejarle sentir el peso del tuyo, buscar el contacto completo y total…
Con M. he sentido cosas que no alcanzaré a expresar. La sensación de unión perfecta, el salir de tu cuerpo y tomar posesión de quien a su vez te posee… es lo más trascendental que me ha sucedido, a mí, una incrédula absoluta. He sentido que ya no era sólo yo, que mi mente, de una forma misteriosa y sublime, estaba conectada a la suya y que sus deseos eran los míos, su placer mi placer. El sexo no siempre es así, a veces se queda en el placentero estremecimiento de los cuerpos. Pero ya no para mí: he probado la ambrosía, no sé si me acostumbraré a bebidas menos selectas.
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DAY IN, DAY OUT
Qué bien suena el nuevo disco de Diana Krall (“From this moment on”). Lo he puesto esta mañana soleada, mientras tomo mi café y escribo, y los pies se me van solos. Me encanta el swing, las grandes orquestas y los crooners. Entiendo que le guste tanto a Woody Allen y aproveche cualquier ocasión para incluir algún standard en sus películas. Es la mejor música para levantar el ánimo y yo, por ejemplo, suelo ponerla cuando hago mis tareas domésticas. La vida está llena de estos pequeños momentos en que, aunque estemos con los deberes más ingratos y aburridos, nos sentimos tan bien por dentro que hasta disfrutamos del planchado, o de la cocina. Tengo la suerte de trabajar por la tarde, cosa que no a todo el mundo gusta, pero que yo encuentro muy ventajosa: puedo comprar, ir a banco y otras pequeñas obligaciones sin la presión del tiempo. O ver una buena película, en la paz que produce la falta de vecinos ruidosos por las mañanas…

Muchas veces, cuando no ocurre nada extraordinario, parece que el tipo se desliza rápida, inadvertidamente. Eso pensaba el domingo cuando volvía a casa, que hay días que pasan con la misma velocidad que mi coche por esa autovía: esquivamos otros vehículos, mantenemos constante la velocidad, fijamos la vista al frente y no tenemos tiempo de ver el paisaje a los lados. Sin embargo, el viaje puede ser un objetivo en sí; aplicado a mi vida, sería el disfrutar de esta mañana dorada y tranquila, que invita a la pereza, a la lectura y a la música. El fin de semana tengo otras emociones más intensas: llega M. y toda la magia que me trae: sus besos, sus propuestas, su conversación… Pero no tengo que olvidar vivir también entre semana, más allá de lo que estoy obligada a hacer. Reconozco que yo lo tengo fácil: imagino que si no tuviera una casa y un trabajo que me gustan, pasar los días felizmente sería mucho más complicado. Yo no tengo ese problema, cierto. Estudié una carrera y encontré trabajo justo donde quería; ahorré muchos años y me compré una casa antes de que los precios se dispararan… Soy afortunada, o digamos que la suerte me encontró lista para atraparla. Quiero pensar que me quedan los mejores años por delante, los años de madurez y plenitud antes de que el cuerpo se resienta y te amargue un poco la vida. Mis proyectos no son excesivos: vivir con M. algún día, viajar más, cancelar todas mis deudas…
Ahora perdonad que os deje. Diana Krall está cantando una está cantando una balada preciosa, y me quiero reclinar en el sillón, cerrar los ojos y dejarme llevar por la música.
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MI NOVIA
M. es una mujer muy discreta y prudente. Por eso evito dar detalles de su vida que la identifiquen, porque ella prefiere pasar desapercibida. Pero creo que esta vez hablaré de ella, de cómo es y de cuánto me quiere. Un amigo cibernético me dijo que leyéndome quedaba claro que yo era la amante y ella la amada. Le dije que no: las dos somos amantes y amadas a la vez, en un perfecto equilibrio de afectos.
Cosas que M. hace (y me encanta!):
- Yo me acurruco en su seno y ella masajea incansable mi cabeza, sólo con la punta de los dedos.
- Cuando estoy en el ordenador, o leyendo, ella llega con una cerveza bien fría y unos aperitivos picantes, tal como me gusta. Siempre llena la nevera de las cosas que sabe me encantan.
- Me llama cada noche, por cansada que esté.
- Lee los libros que le presto.
- Se interesa por mis problemas; me escucha y aconseja.
- Intenta conocerme, entender mis reacciones y respetar mis decisiones.
- Me escribe preciosos poemas de amor.
- Quiere verme siempre, siempre; no importa lo ocupada que esté, busca la manera de encontrar un hueco para mí.
- Me hace el amor sin tregua, con una pasión ilimitada.
- Nunca se enfada, ni grita ni pierde los nervios. Cuando algo no le gusta, se toma su tiempo, pasea por ahí y vuelve.
- Hace planes de futuro; lucha porque vivamos juntas un día no lejano. Planifica su vida contando conmigo.
- Acepta mi pasado y entiende mis errores
- Me regala flores porque sí.
- Comparte mi pobreza, alivia mis temores.
Y muchas cosas más que no se pueden resumir en frases breves. El amor se demuestra con actos y se siente con miradas, con suspiros y besos. Yo puedo decir que M. transpira amor por toda su piel, que sólo mirándola sé cuánto me ama. Me gusta jugar a competir con ella sobre quién quiere más a quién. Posiblemente me gana, porque ella es una triunfadora, incluso en el amor. Y por esta vez estoy encantada de perder, porque no concibo derrota más dulce.
Quisiera hacer una lista con mis méritos amorosos, pero no llegaría a su nivel. Hay cosas que yo no hago por ella, por mi carácter o por despiste. Pero creo que mis palabras, mis miradas y mi cuerpo le dicen lo mismo: que la amo, la amo y la amo. Que nunca le presentaría a mi familia si no la quisiera en mi vida, que no le dejaría ver mis defectos y mi cara oscura si no quisiera dejarla entrar en mí, que siendo atea, no tendría la fe que me inspira su entrega, que cuando la aprieto fuerte entre mis brazos no temblaría si no estuviera rendida de amor.

Que si no la quisera, no estaría esta noche aquí, contándoos nuestro amor.
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Questa cosa chiamata amore... (ii)
Allá por el gélido febrero escribí un artículo con este mismo nombre. Conocía a M. apenas tres semanas y estaba llena de ilusión y miedo. Quería saber más de ella, dejarme llevar por la aventura del amor recién estrenado. Como ella decía, parafraseando a Benedetti, "no te salves", arriesga a sentir, a querer y ser vulnerable. En ella ví una persona muy especial, y pese a ello quise ir poco a poco para asegurarme de que no era una ilusión pasajera, o un espejismo fruto de mi soledad. La estudié con más atención que a ninguna otra, analicé cada frase suya para estar segura.
Aposté a rojo y ganó rojo. Ahora soy millonaria en amores.
El estúpido de "Don Criticón" decía en su post dedicado a mi blog que era soso, que sólo hablaba de mi amor por M. y que ella era la única que me comentaba. Supongo que creía estar molestándome, pero lo cierto es que estoy encantada; efectivamente es así. Casi todos mis artículos están dedicados a ella, ella es la razón que me impulsa a escribir, a sentarme frente al teclado y expresar lo que siento. Antes de conocerla hablaba de lo que quería encontrar, y cuanto más claro lo tenía más segura estaba de que seguiría sola, tan difícil me parecía mi empeño. Ahora escribo de ella, de nuestro amor y de cada pequeña cosa que nos concierne a las dos. ¿Soso? Sin duda; es como vivo. No tengo una vida social intensa; no frecuento ambientes "cool", no asisto a fiestas ni conciertos "in", no me suceden aventuras excitantes. Mi existencia transcurre como la de la mayoría, entre el trabajo y mi casa, con pequeños disgustos, algunos proyectos comunes al resto de los mortales y poco más. Pero sí sé, y lo digo sin ninguna modestia, que en el amor soy un 10 de feliz, como diría la Ricci. Y si tengo que elegir un objetivo en mi vida, prefiero siempre sentirme así de bien por dentro: estar en mi trabajo, medio dormida en el tedio de la tarde, acordarme de ella y sentir ese calorcillo delicioso en el corazón. Saber que el fin de semana siempre llega y con él una fiesta de pasión, complicidad y ternura. He leído muchos blogs dedicados sólo a lamentarse por desamor; y yo misma he vivido esa experiencia demasiado tiempo para no apreciar absolutamente lo que tengo.


 
Venerdì... e mi manchi
Otra vez viernes. Llevo toda la semana ocupadísima con mis cosas, y un tanto estresada por las obligaciones, los papeleos, las carreras a ésto o aquéllo. Y no me puedo quejar, mi turno de tarde me permite dedicar las horas matinales a mis cosillas.
La cuestión es que hoy no veré a M. Ella está más ocupada que yo, y hasta mañana, con suerte, no acaba. La echo tanto de menos... pero ya he aprendido a sobrellevar las ausencias. Ahora veo más cine, leo algunas páginas al día, limpio mi casa -con ese espíritu marujil que habita en mí, y que me gusta!-. Pese a ello, siento que necesito desconectar de tanta cotidianiedad, de tanta rutina idéntica semana tras semana.
Me gustaría estar con M. a solas, comerle la boca, el cuello, esos estupendísimos pechos que la adornan... susurrarle cariños y obscenidades al oído, mirarla en la penumbra de la habitación, dormirme con su respiración acunándome.
También sentarnos en una terraza soleada, cerveza y patatitas, hablando de las mil cosas que nos han pasado, divagando sobre la vida, haciendo planes vagos o concretos.
Cenar en un sitio tranquilo, a media luz, dos copas de vino y hacerle probar mi pasta.
Caminar un poco ebrias por las aceras vacías de la ciudad, rozándonos las manos, buscando un beso fugitivo...
Ir juntas al cine, al teatro, a un concierto... Intercambiar impresiones, miradas cómplices, acariciarnos con la punta de los dedos.

Sólo quiero estar con ella.
 
Cosas importantes
Estos últimos días he estado intentando colocar un reproductor flash en mi blog, y una vez incluso conseguí que la música sonara, aunque no en mi ordenador, sino en el del trabajo. Era tan feo su aspecto, que he decidido quitarlo; además he estado a un paso de desconfigurar toda la página. Esta es la explicación a esos cambios extraños que habréis notado en mi blog. Lo seguiré intentando, pero no ahora.
Como os dije, pensaba escribir sobre cosas que me preocupan en la vida aparte de mi amor, de mi preciosa, inteligente y sugerente novia. Cosas como películas que he visto, de ésas que te hacen reflexionar (“El hundimiento, p.e.) o libros (El jardinero fiel, regalo de M.). O comentaros mi visión del mundo: política, medioambiental, social… Seguramente lo haré un día de éstos, pero me cuesta ponerme. La deriva de la humanidad me parece inquietante, desesperanzadora y francamente me preocupa. Por eso no quiero entrar en materia para deprimirme o deprimiros con mi visión catastrófica. M. me pregunta a veces por qué soy tan pesimista, justo lo contrario que ella. Y yo le digo que en mi vida todo anda bien: tengo mis ilusiones y pequeños proyectos, como todo el mundo. Nadie pensaría que soy negativa hablando de mis cosas, y creo que quien me haya leído hasta ahora estará de acuerdo en que mis artículos reflejan cualquier cosa menos pesimismo. Pero una cosa es mi vida, esta pequeña parcela de la existencia que me pertenece, y otra la vida del resto, ese enorme colectivo de personas que conforman la Humanidad. Mi modesta contribución a la mejora del estado general del mundo se reduce a votar religiosamente en cada elección de manera razonada y muy meditada y en ser socia de cuatro ONGs que considero independientes y fiables: Médicos sin Fronteras, Amnistía Internacional, Greenpeace y Unicef . Reciclo todo lo reciclable, ahorro energía, en breve volveré a ir al trabajo en bicicleta… Eso es todo. A menudo me siento culpable por injusticias que yo no he generado pero que aprovecho; sé que el bienestar de que disfruto (sanidad, educación, leyes que me protegen, seguridad…) se ha construido sobre las carencias de otros continentes menos afortunados en que la gentes viven en infiernos que difícilmente podemos imaginar. Lo pienso y me siento mal; porque si yo, por azar, hubiera nacido en uno de esos países desgraciados ahora estaría en una patera camino de una ilusión, o luchando por sobrevivir un día más. Eso si llegara a la edad adulta, privilegio raro en Etiopía o Sudán. Pero la pena o la culpabilidad son sólo recursos fáciles para lavar la conciencia. Mis buenos sentimientos no van a aliviar el sufrimiento ajeno; y la próxima vez que salga a cenar y me gaste lo que una familia africana gana en un mes os aseguro que no pensaré en ellos ni un instante. Así son las cosas.
Por eso he aprendido a disociar mi mente; si me preocupara por estos problemas demasiado tiempo acabaría volviéndome loca de impotencia. Lo que suceda fuera del ámbito de mi vida, de mi ciudad, de mi gente, no voy a poder evitarlo. Así que mejor seguir adelante y simplemente vivir lo que me ha tocado. Que ha sido mucho.
Pero no era esto lo que os quería decir. Era otra cosa: que todas estas cuestiones que he apuntado son “cosas importantes” en relación a mis asuntos. Sin embargo el amor, esa “cosa sin importancia” cuando la comparamos con aquello de lo que hablé, es posiblemente lo único válido, honesto y puro que nos queda en un mundo corrompido y brutal. Es lo único que nos salva, como individuos y como especie. Mientras seamos capaces de sentirlo, hay esperanza.
O al menos eso espero.
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Mis blogs y yo
He decidido republicar aquí mis artículos del blog que tenía antes de comenzar éste: ´"Questo sí, questo no". Los eliminé en su día por motivos que no vienen al caso, pero conservo una copia de todos ellos. Creo que sería interesante reunirlos junto con éstos porque todos ellos constituyen un recorrido único de mi trayectoria sentimental. Comenzé aquel blog allá por diciembre, justo cuando estaba pasando una etapa de reflexión acerca de lo que quería para mi vida. Hay momentos en que hay que pararse y meditar sobre tus errores e intentar tomar un nuevo rumbo. No fue una mala etapa, pese a todo. Recuerdo que por entonces conocí mujeres de toda clase, y aunque la mayoría pasaron sin pena ni gloria también conocí chicas muy interesantes, con historias particulares. De todas formas, mi blog sólo era el reflejo de mis pensamientos, no de mis correrías por este mundo curioso del ambiente.
Lo llamé "Questo sí, questo no" por una canción de Mina que habla de que nuestra vida se resume un poco en esta expresión: en la vida siempre hay que tomar decisiones excluyentes, llegar a un cruce de caminos y decidirse por uno de ellos, con el miedo a equivocarte y la incertidumbre del futuro(06__Questo_si_questo_no.mp3).Espero que os guste, o al menos estoy convencida de que os sentiréis identificadas con algunas de mis reflexiones.
El blog que comparto con M. no es algo que sienta mío. Es un divertimento nacido de la indignación, de la rebeldía ante la mentira de un chico que juega a ser mujer mayor, no sólo escondiendo la falsedad, sino incitandonos a creer en su personaje. Creo que ya hemos hecho nuestro trabajo, y difícilmente podrá engañar a nadie que no quiera ser engañado conscientemente. A partir de ahora me dedicaré más a mis cosas, aunque no renunciamos a seguir escribiendo cuando nos apetezca ironizar sobre las mentidas increíbles de esta Lesbiana de 70 melodramática y folletinesca.
Ahora que llega el otoño tengo menos tiempo para escribir, pero aun así siempre buscaré un hueco para sentarme y expresar mis pensamientos, aunque con una vida sentimental plena y tranquila cada vez hablaré más de cosas ajenas a mi relación porque no me gustaría repetirme hasta el infinito con mis declaraciones de amor a M. Pero seguro que tengo mucho más que contaros.
Un beso a tod@s, nos seguimos leyendo.
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Septiembre
Empiezo este artículo por segunda vez. M. siempre me dice que lo escriba primero en Word, porque luego se cierra la ventanita y pierdes todo el trabajo. Pero soy tan cabezota… Ahora tengo que comenzar de nuevo, y muchas de las cosas que había escrito se han perdido en la inmensidad de mi cerebro desmemoriado.
Hablaba de proyectos para septiembre: estudiar italiano, hacer más ejercicio, vender mi moto, ahorrar… Todo muy prosaico y conveniente. Acaba el verano y es el momento de reactivar viejas metas pospuestas a lo largo del año. Siempre he preferido hacer planes al comienzo del otoño porque Año Nuevo no significa el comienzo de nada: las navidades se prolongan hasta el día de Reyes, y para entonces la mitad de los propósitos han quedado en el olvido. En Septiembre, sin embargo, comienza un nuevo curso y aunque ya no tenga edad para estudios académicos no puedo evitar acordarme de mi infancia, cuando comenzabas el colegio con tus zapatos flamantes, la mochila con ese olor a plástico recién desempaquetado, los libros inmaculados… Las ilusiones de una niña de diez años: nuevas amigas, mejores notas, los fines de semana de cine, la música… Todo estaba por vivir, todo era emocionante.
En el amor sólo quiero seguir mi preciosa historia con M., esa mujer fascinante y todavía misteriosa para mí. La conozco todo lo que se puede conocer a una mujer con la que has compartido mesa, cama, viajes, vida cotidiana… Sé más de sus manías, caprichos, gustos, ilusiones; pero hay todavía un extenso campo inexplorado y que presumo nunca conoceré, lo cual me incita más, me motiva. No me gustan las personas que se conocen en dos horas, con vidas planas, tanto exteriores como interiores. La mente de M. es una caldera bullente de proyectos, ilusiones, inquietudes. Es imposible aburrirte con ella, con su humor mordaz, su sensibilidad poética, su incansable sed de conocimiento. M. es muchas cosas a la vez, un poliedro con tantas facetas como momentos tiene el día. En el trabajo es dura, calculadora, una trabajadora incansable y ambiciosa; en la amistad –porque somos ante todo amigas- curiosa, simpática, ocurrente, buena conversadora. En el amor es arrebatadoramente pasional, intensa, sensual…Dura y tierna, independiente y entregada, de nadie pero mía.
Somos tan distintas y tan iguales… Yo tengo una vida normalísima, sin ambición, sin más metas que trabajar en mi modesta ocupación, tranquila pero interesante para mí; tengo una casa pequeña que todavía le debo al BBVA, una familia corriente con sus historias comunes… Todo perfectamente mediocre pero aceptable, reconfortante para mí porque no pido más, gracias. En el amor, sin embargo, lo quiero todo. Quiero la entrega total, la comunicación completa, el abandonarme en alguien que me ame, que me quiera por quien soy, por mi carácter, por mi poca o mucha gracia, por mis certezas y temores. Hasta conocerla, estaba decidida a seguir sola, a acomodarme a mi soltería no deseada pero inevitable. No transijo con las relaciones de medio pelo, esas que sólo buscan ahogar soledad; es una verdad universal el que antes de lanzarte a querer a otra hay que quererse una misma, saber estar a gusto contigo, disfrutar de tu propia compañía, aun asumiendo los momentos bajos. Desde finales de octubre, cuando acabó mi última relación, esa era mi vida, y la disfruté cuanto pude. Pero luego el destino me hizo un regalo, y yo lo recibí en el momento justo, preparada para cuidar de él, valorarlo y hacerlo crecer. Sin ansiedad, sin ideas preconcebidas de cómo sería nuestra historia.
Cuando leo los blogs de otra gente, a menudo descubro la desilusión, la frustración de quien no encuentra ese amor, ese sentimiento que te llene, que te transporte más allá de las miserias de la realidad. Mujeres que no se quieren a sí mismas pero que buscan quien las quiera, hombres cansados de sexo porque sí, que quieren ir más allá de la piel… Historias repetidas hasta el infinito. Yo siento pena por ell@s, porque andan desorientados, sin saber cómo hacer para encontrar lo que tanto ansían. No voy a dar consejos a nadie, no soy quién. Mi buena fortuna ha sido fruto del azar, ciertamente. Es todo tan contingente, tan imprevisible… Pero sí os puedo decir algo concreto y cierto: siempre hay que estar en la brecha y no dejar que los sinsabores te amarguen tus sueños. Aunque caigas mil veces, hay que levantarse, aprender de lo vivido y seguir adelante. No hay fórmulas ni secretos mágicos. Para querer hay que quererse primero; el resto vendrá dado.
Y como no hay nada que Mina no haya contado mejor que yo, os dejo esta preciosa canción. Como curiosidad, os diré que la letra es de la propia Mina.
Que tengáis un buen dia.
06__Eccomi.mp3

MINA - Eccomi
Mi ricordo che la prima volta mi son detta ora tocca a te.
E ridevo e piangevo e dicevo amore, amore, amore.
Ma quale amore, cosa amore , dove amore
se l'amore non conosce me.
e piano, piano ho imparato e rinunciare
Io
non ero ancora preparata io,
ma
con tutta la mia buona fede io
ho provato e dopo riprovato e ancora riprovato e poi
ho creduto di trovare chi
invece mi ha sconfitto più che mai
Eccomi
col niente grande che io ho,
inevitabilmente io
ricominicare ancora,
si eccomi
o non sarei più stata io
vuoi darmi un'altra storia Dio,
vuoi darmela o tocca sempre e solo a me.
Sempre solo a me gli stessi sbagli
o sono loro che mi cercano,
mi sono fatta grande, mi sono fatta piccola,
sono stata un verso e poi
una parola inutile, sono stata fantasia
ma tutto questo è da buttare via
no, io non voglio, non posso, non devo
non credo, io no.
Ma questa volta ancora
una deve pagare perchè
tutto è finito,
mi resta la forza di dire che tutto è davvero finito.
Dio, o mio Dio
col niente che mi resta io,
potrò ricominciare,
io.