Guías gay? Mucho cuidado
Cury me ha puesto el tema en bandeja. De verdad son gays todos los sitios que aparecen en los directorios de Internet y similares? Yo creo que no. Y mi opinión además se sustenta en algunas experiencias propias.
El pasado verano fuimos a Lisboa. Para conseguir información entramos en la página portugalgay.com. Allí encontramos un amplio listado de pubs, discos, restaurantes y hoteles “gay friendly”. Algunos eran bastante claros en su apoyo (bandera arcoiris en la puerta y estéticas inconfundibles), pero otros eran locales sin ninguna seña particular.
Yo me dediqué a apuntar nombres y direcciones de aquellos que podían gustarnos más y estaban cercanos a nuestro hostal. Hostal que por cierto también figuraba en ese mismo directorio gay.
Al llegar a la ciudad nos encontramos con algunas desagradables sorpresas. La primera en el alojamiento: Hostal Florescente, en pleno centro. Cuando subimos a nuestra habitación (reservada expresamente con cama matrimonial) nos encontramos con la limpiadora de planta. Esa señora nos dedicó la mirada más desagradable y descarada que nadie me ha echado. Se paró, nos miró de arriba abajo y dibujó una mueca de soberano desprecio con los labios. Nos extrañó bastante encontrarnos con una homófoba trabajando en un establecimiento presuntamente amigable. Pero claro, pronto nos percatamos de que esa pretendida solicitud no existía. En el desayuno sólo una vez creímos adivinar a otra pareja homo. Aparte de eso, poco más. Y tuvimos que sufrir que esa neardenthal que limpiaba pegara un repaso todos los días a nuestra cama… Aunque la idea también nos divertía: dejábamos las sábanas desordenadas, las almohadas retorcidas… para que ella pudiera imaginar muy bien lo que había pasado esa noche.
Luego, en el tema de los pubs, el caos fue absoluto: encontramos algunos de los indicados, pero la mayoría habían desaparecido o eran locales distintos. Anduvimos toda la ciudad buscando un buen lugar para divertirnos después de cenar, pero fue en vano. Sólo encontramos un sótano tétrico de estética sórdida (jo, cuántas esdrújulas, parece la canción de Nacha Guevara!) habitado por lesbianas de otra dimensión espaciotemporal. Concretamente de la dimensión “España en los primeros ochenta”.
Todo esto para deciros que las guías gays sólo son guías comerciales hechas por gays (o no) en que figuran locales que están interesados en atraer nuestra clientela. Pero el interés es puramente económico, no refleja una filosofía de vida, ni un respeto genuino por el cliente.
Cury decía que “El pato laqueado”, restaurante chino que recoge la guía Shangay, no le parecía demasiado gay. A mí tampoco. Los restaurantes ya sabemos que son de clientela más variada, pero ese restaurante concretamente no se distingue de otro chino cualquiera. Excepto que el pato laqueado está mejor hecho, presumo. Y por cierto, en un chino tuve otra de las escasas muestras de homofobia que he soportado. Estaba coqueteando con mi chica –nada grave, un besito en la mejilla, cogernos las manos, poner cara de tontuelas- cuando, sin apenas haber probado los platos, un chino con cara de pocos amigos nos planta el postre sobre la mesa. Dice: “ya telminado”. Y contesté: “No telminado”, sosteniéndole la mirada, desafiante. El chino se puso rojo de ira, y se apostó junto a la caja mirándonos continuamente. Nosotras estábamos incómodas, pero yo, que no estoy acostumbrada a que me maltraten porque sí, le hice ver que no me afectaban sus miradas y seguí con la misma actitud de antes. Pero en el fondo deseaba que el chino perdiera nos nervios e hiciera algo indebido. Entonces llamaría a la policía y dejaría claro quién tiene derechos y quién no. Pero no hubo ocasión, y esa fue mi primera y única visita a ese antro.
Como pienso que un blog puede ser algo más que un espacio para contar tu vida, me comprometo a comentar mis experiencias en estos locales de la guía para poner sobre aviso a quienes me lean y quieran acercarse por mi tierra. De momento, id tachando “El pato laqueado”…

El pasado verano fuimos a Lisboa. Para conseguir información entramos en la página portugalgay.com. Allí encontramos un amplio listado de pubs, discos, restaurantes y hoteles “gay friendly”. Algunos eran bastante claros en su apoyo (bandera arcoiris en la puerta y estéticas inconfundibles), pero otros eran locales sin ninguna seña particular.
Yo me dediqué a apuntar nombres y direcciones de aquellos que podían gustarnos más y estaban cercanos a nuestro hostal. Hostal que por cierto también figuraba en ese mismo directorio gay.
Al llegar a la ciudad nos encontramos con algunas desagradables sorpresas. La primera en el alojamiento: Hostal Florescente, en pleno centro. Cuando subimos a nuestra habitación (reservada expresamente con cama matrimonial) nos encontramos con la limpiadora de planta. Esa señora nos dedicó la mirada más desagradable y descarada que nadie me ha echado. Se paró, nos miró de arriba abajo y dibujó una mueca de soberano desprecio con los labios. Nos extrañó bastante encontrarnos con una homófoba trabajando en un establecimiento presuntamente amigable. Pero claro, pronto nos percatamos de que esa pretendida solicitud no existía. En el desayuno sólo una vez creímos adivinar a otra pareja homo. Aparte de eso, poco más. Y tuvimos que sufrir que esa neardenthal que limpiaba pegara un repaso todos los días a nuestra cama… Aunque la idea también nos divertía: dejábamos las sábanas desordenadas, las almohadas retorcidas… para que ella pudiera imaginar muy bien lo que había pasado esa noche.
Luego, en el tema de los pubs, el caos fue absoluto: encontramos algunos de los indicados, pero la mayoría habían desaparecido o eran locales distintos. Anduvimos toda la ciudad buscando un buen lugar para divertirnos después de cenar, pero fue en vano. Sólo encontramos un sótano tétrico de estética sórdida (jo, cuántas esdrújulas, parece la canción de Nacha Guevara!) habitado por lesbianas de otra dimensión espaciotemporal. Concretamente de la dimensión “España en los primeros ochenta”.
Todo esto para deciros que las guías gays sólo son guías comerciales hechas por gays (o no) en que figuran locales que están interesados en atraer nuestra clientela. Pero el interés es puramente económico, no refleja una filosofía de vida, ni un respeto genuino por el cliente.
Cury decía que “El pato laqueado”, restaurante chino que recoge la guía Shangay, no le parecía demasiado gay. A mí tampoco. Los restaurantes ya sabemos que son de clientela más variada, pero ese restaurante concretamente no se distingue de otro chino cualquiera. Excepto que el pato laqueado está mejor hecho, presumo. Y por cierto, en un chino tuve otra de las escasas muestras de homofobia que he soportado. Estaba coqueteando con mi chica –nada grave, un besito en la mejilla, cogernos las manos, poner cara de tontuelas- cuando, sin apenas haber probado los platos, un chino con cara de pocos amigos nos planta el postre sobre la mesa. Dice: “ya telminado”. Y contesté: “No telminado”, sosteniéndole la mirada, desafiante. El chino se puso rojo de ira, y se apostó junto a la caja mirándonos continuamente. Nosotras estábamos incómodas, pero yo, que no estoy acostumbrada a que me maltraten porque sí, le hice ver que no me afectaban sus miradas y seguí con la misma actitud de antes. Pero en el fondo deseaba que el chino perdiera nos nervios e hiciera algo indebido. Entonces llamaría a la policía y dejaría claro quién tiene derechos y quién no. Pero no hubo ocasión, y esa fue mi primera y única visita a ese antro.
Como pienso que un blog puede ser algo más que un espacio para contar tu vida, me comprometo a comentar mis experiencias en estos locales de la guía para poner sobre aviso a quienes me lean y quieran acercarse por mi tierra. De momento, id tachando “El pato laqueado”…

Viernes y sola…
Esta noche estoy sola. No es que sea una gran novedad. La cuestión es que además es viernes, y tengo muchas ganas de salir, de beber, de bailar y de reírme. Mi primera opción siempre es mi novia, pero no puede ser. Mañana trabajo, y ella también tiene que quedarse en casa por otras cuestiones… Así que me veo pasando la noche leyendo y viendo alguna peli, mojándome las ganas en una lata de cerveza.
Hace unas semanas M. y yo nos planteamos tener amigos en el ambiente. Hombres o mujeres, da igual. Gente cercana con la que compartir las cosas normales que los demás ven raritas. Para contarnos lo que no podemos confesar al resto del mundo sin temor a la reacción. O, si soy sincera, sin temor a mis propios prejuicios, tan hondos y profundos como los de los demás.
He mandado un par de sms para quedar las dos únicas personas que me apetece ver esta noche. Pero ambas tienen pareja y las disfrutan en este momento… Bueno, siempre me quedará mi blog.
Esta tarde estaba pensando en mi pueblo. Creo que ya me he cansado de mantener el anonimato respecto a su nombre. Me gusta ser discreta –en el pasado alguna indeseable me reventó mi blog, dando mi identidad -, pero no creo que viviendo en una ciudad de 70.000 habitantes nadie me reconozca por los pocos datos que doy de mi vida. Es delicado eso de ser reconocida. No se trata sólo de confesarme lesbiana ante gente que me conoce. Se trata también de los sentimientos que expreso, de las confesiones íntimas que relato y que no me gustaría que estuvieran en boca de gente que no me aprecia.
En fín, que ya me cansé. Esta noche voy a hablar de… Benidorm.
No os voy a aburrir contando la historia del pueblo. Bastará que sepáis que Benidorm era una preciosa y diminuta villa de pescadores y agricultores. Hasta que en los años cincuenta algunos descubrieron las bondades de sus playas. Y los pescadores, que no tenían un pelo de tontos, empezaron a construir hotelitos, restaurantes… etc.
Benidorm es, urbanísticamente, el ejemplo de lo que NO hay que hacer: el efecto pantalla, le llaman. Enormes torres (25 plantas o más) en primera línea, dejando sin vistas a los edificios de atrás. Yo vivo en cuarta línea, más o menos, y sólo veo una franja de mar de delgada como un lápiz.
En el tema económico, es el ejemplo del turismo de masas: Benidorm está diseñado para el ocio, pero para un ocio muy concreto: alcohol, sol y sexo. Por supuesto, el sexo suele ser consecuencia del factor 1.
Diréis que no le tengo mucho cariño a mi pueblo, pero en realidad intento ser lo más objetiva y sincera que puedo. Benidorm tiene calas muy bonitas, y lugares alejados de la masificación turística. Tiene un clima envidiable y un aire de pueblo bastante curioso… Pero esto daría para un post entero.
Ahora sólo os comentaré el ambiente gay. En Benidorm hay unos 20 pubs, 8 hoteles y 9 restaurantes (lo estoy mirando en la guía, obviamente). Ya os conté que son locales en que abundan sólo hombres. Las mujeres que se ven suelen ser anglosajonas, y no se suelen mezclar con las nativas.
Pero pese a ser minoría, yo nunca me he sentido rechazada en un bar gay. De hecho Gina –travesti- es amiga nuestra, y es dueña de un garito. Los hombres con los que hemos hablado durante este tiempo han sido todos encantadores, entrañables. Por eso pensaba esta tarde que, pese a no tener un barrio entero para nosotras, como en Chueca, Benidorm nos ofrece la posibilidad de tomar una copa donde no harás amigas, pero donde igualmente te encontrarás cómoda y podrás besarte, mirarte y comportarte como tú quieres y sin que nadie levante una ceja. Allí somos tan libres y normales como los gays. Y además, como en Chueca, todos los locales están en dos o tres calles paralelas. Puedes ir de uno a otro sin coger el coche, en pocos minutos.
Ahora me siento afortunada de vivir aquí y poder disfrutar de un poco de libertad cerca de casa…
Una pregunta, ¿conocéis Benidorm?
Saludos a todos.
Conciertos y demás
No he contado qué tal me fue el fin de semana. Ya sabéis que cuando no escribo es que estoy demasiado ocupada de aquí para allá. Pues eso: que M. y yo hicimos un montón de cosas de viernes a domingo: senderismo, un par de conciertos, salir a cenar, de copas… Tal y como a mí me gusta, y a ella, doy fe. Es una de las cosas en que mejor nos complementamos: en nuestra curiosidad por el mundo que nos rodea y por probar cosas que no conocemos. Aunque sólo sea para saber que no nos gustan. Hoy para variar voy a contaros algunas anécdotas del fin de semana.
El viernes acudimos a un concierto de blues. Por poco no entramos: no quedaban entradas, pero al final quedaron sillas libres y el conserje nos coló. Así que nos salió gratis! Era un dúo: un pianista flemático y una enorme –ancha, más bien- blueswoman negra muy particular. Tenía una potente voz, pero lo más curioso era su manera de moverse y gesticular. Absolutamente histriónica: interpretaba la canción con todo el cuerpo, las manos, los ojos, la boca, contoneos de su generosa humanidad… M. y yo pensamos lo divertido que sería invitar a un personaje así a una fiesta: seguro que se hacía la reina de la reunión en cinco minutos.
El sábado nos levantamos temprano y anduvimos por la comarca. El campo por aquí está precioso (vivo en la Marina Baixa, cerca de Benidorm). El contraste con la ciudad es extraordinario: del paisaje de mar y cemento a lo bestia pasas a barrancos verdes moteados por el delicado color de los almendros en flor, blanquimalva. En apenas 20 kilómetros pareces cambiar de mundo: un mundo urbanita y frío por otro rural, lleno de olores de campo (romero, lavanda, el fuego de una chimenea…). Lo malo fue que, tras ascender a un collado desde el que se divisaba todo el valle hasta el mar, al bajar nos encontramos con las primeras edificaciones salvajes, sin respetar entorno ni norma urbanística alguna. Es una seña de estas tierras: igual que antiguamente parcelaban las laderas montañosas para cultivar –las tierras bajas estaban sobreexplotadas- ahora construyen en lugares imposibles, que rompen cualquier equilibrio ecológico y medioambiental. Sólo que antes se hacía para evitar el hambre, y ahora para especular con terrenos más baratos. M. estaba mucho más indignada que yo. Me explicaba las tretas legales para eludir la normativa urbanística. Y es que mucha gente lo primero que aprende es a engañar y defraudar… Con la connivencia de otros, claro.
Avancemos un poco. Por la noche, otro concierto, éste de música clásica. Suk, Mozart y Dvorak. Hacía bastante que no iba a un concierto de cámara, me gusta mucho la música tocada a tres metros de mí: ver cómo evolucionan las manos sobre las teclas, o la sutileza del arco sobre la cuerda. Mi problema es la concentración; a veces me dejo llevar por la melodía, pero otras no hago más que fijarme en los calcetines del violinista o en si lleva anillo de casado o no. De todas formas, merece la pena escuchar la música en vivo; transmite sensaciones imposibles de captar en un disco.
Y por fin, llegó la noche. Después de cenar y de pasar por el bar de Gina, fuimos al nuevo pub gay de la ciudad. Al principio temí haberme equivocado de sitio: abundancia de parejas hetero que restaban el aire “divino” que sólo ciertos gays saben dar. Pero cuando fue avanzado la noche empezaron a aparecer los habituales de siempre. M. empezó a bailar con un chico muy expresivo en su baile, y entre los dos se estableció una gran complicidad desde el primer momento. Se cogían, se gastaban bromas, bailaban abrazados. Ya sabía yo que él le preguntaría si soy celosa… pero tal y como me reía viéndolos juntos no cabía duda. Incluso hicimos un numerito los tres…
En definitiva, un fin de semana completo, como a mí me gustan. Quizá faltó un poco más de sexo, pero…
Con M. todo va genial, pese a que a veces no llegamos a comprendernos del todo y hablamos demasiado… El querer que todo vaya rodado, sin tropiezos, nos impone una continua atención a lo que decimos. Tan exhausta y detallada que nos roba energía para querernos porque sí. Pero no me voy a quejar de lo que al final es bueno: hablar y comprenderse nunca está de más. Nos cuesta poco retomar la tranquilidad, porque nuestra relación se basa en la confianza. Más allá de momentos concretos y vacilaciones pasajeras. A ninguna de las dos nos gusta esconder la basura debajo de la alfombra, y eso también a veces te deja exhausta. De todas formas, todo merece la pena. Todo.
El viernes acudimos a un concierto de blues. Por poco no entramos: no quedaban entradas, pero al final quedaron sillas libres y el conserje nos coló. Así que nos salió gratis! Era un dúo: un pianista flemático y una enorme –ancha, más bien- blueswoman negra muy particular. Tenía una potente voz, pero lo más curioso era su manera de moverse y gesticular. Absolutamente histriónica: interpretaba la canción con todo el cuerpo, las manos, los ojos, la boca, contoneos de su generosa humanidad… M. y yo pensamos lo divertido que sería invitar a un personaje así a una fiesta: seguro que se hacía la reina de la reunión en cinco minutos.
El sábado nos levantamos temprano y anduvimos por la comarca. El campo por aquí está precioso (vivo en la Marina Baixa, cerca de Benidorm). El contraste con la ciudad es extraordinario: del paisaje de mar y cemento a lo bestia pasas a barrancos verdes moteados por el delicado color de los almendros en flor, blanquimalva. En apenas 20 kilómetros pareces cambiar de mundo: un mundo urbanita y frío por otro rural, lleno de olores de campo (romero, lavanda, el fuego de una chimenea…). Lo malo fue que, tras ascender a un collado desde el que se divisaba todo el valle hasta el mar, al bajar nos encontramos con las primeras edificaciones salvajes, sin respetar entorno ni norma urbanística alguna. Es una seña de estas tierras: igual que antiguamente parcelaban las laderas montañosas para cultivar –las tierras bajas estaban sobreexplotadas- ahora construyen en lugares imposibles, que rompen cualquier equilibrio ecológico y medioambiental. Sólo que antes se hacía para evitar el hambre, y ahora para especular con terrenos más baratos. M. estaba mucho más indignada que yo. Me explicaba las tretas legales para eludir la normativa urbanística. Y es que mucha gente lo primero que aprende es a engañar y defraudar… Con la connivencia de otros, claro.
Avancemos un poco. Por la noche, otro concierto, éste de música clásica. Suk, Mozart y Dvorak. Hacía bastante que no iba a un concierto de cámara, me gusta mucho la música tocada a tres metros de mí: ver cómo evolucionan las manos sobre las teclas, o la sutileza del arco sobre la cuerda. Mi problema es la concentración; a veces me dejo llevar por la melodía, pero otras no hago más que fijarme en los calcetines del violinista o en si lleva anillo de casado o no. De todas formas, merece la pena escuchar la música en vivo; transmite sensaciones imposibles de captar en un disco.
Y por fin, llegó la noche. Después de cenar y de pasar por el bar de Gina, fuimos al nuevo pub gay de la ciudad. Al principio temí haberme equivocado de sitio: abundancia de parejas hetero que restaban el aire “divino” que sólo ciertos gays saben dar. Pero cuando fue avanzado la noche empezaron a aparecer los habituales de siempre. M. empezó a bailar con un chico muy expresivo en su baile, y entre los dos se estableció una gran complicidad desde el primer momento. Se cogían, se gastaban bromas, bailaban abrazados. Ya sabía yo que él le preguntaría si soy celosa… pero tal y como me reía viéndolos juntos no cabía duda. Incluso hicimos un numerito los tres…
En definitiva, un fin de semana completo, como a mí me gustan. Quizá faltó un poco más de sexo, pero…
Con M. todo va genial, pese a que a veces no llegamos a comprendernos del todo y hablamos demasiado… El querer que todo vaya rodado, sin tropiezos, nos impone una continua atención a lo que decimos. Tan exhausta y detallada que nos roba energía para querernos porque sí. Pero no me voy a quejar de lo que al final es bueno: hablar y comprenderse nunca está de más. Nos cuesta poco retomar la tranquilidad, porque nuestra relación se basa en la confianza. Más allá de momentos concretos y vacilaciones pasajeras. A ninguna de las dos nos gusta esconder la basura debajo de la alfombra, y eso también a veces te deja exhausta. De todas formas, todo merece la pena. Todo.
Me voy a mojar…
En este blog mío tan bucólico y lleno de amor voy a incluir una nota discordante y seguramente polémica. Sé que las opiniones y las maneras de ver el mundo son tan distintas como la forma de hacerse el café: con leche, cortado, en vaso largo, con sacarina y tibio, expreso… Pues la política es más variada si cabe: desde la extrema derecha hasta los radicales de izquierda, e incluso los antisistema –si es que alguien puede pretender estar fuera del sistema-.
Cuento esto a colación de un mensaje que he recibido de una ex mía. Es uno de esos reenvíos con presentación Powerpoint incluida. Empieza recordándonos la maldad de esa alimaña llamada De Juana Chaos. Contrapone las imágenes de sus atentados a la foto del hospital donde aparece postrado por su huelga de hambre. Nos habla de la manipulación que supone presentarlo como víctima siendo verdugo. Bien. Nada que objetar.
Pero a partir de ahí se acelera pretendiendo que Zapatero “está loco por que lo suelten”. Y acaba, en un tono cruel y macarra, deseando que este personaje –De Juana Chaos- acabe muriendo de inanición en la cárcel.
Entiendo que un terrorista, un asesino tan despiadado que ha matado a 25 personas en diversos atentados genere un desprecio infinito. Entiendo que no te provoque ni compasión ni cercanía el hecho de que haya decidido iniciar una huelga de hambre absurda y chantajista. Pero no entiendo que el autor de este mensaje acabe confundiendo el poder judicial con el ejecutivo, ni que pretenda hacernos creer que Zapatero está detrás de cada decisión de los jueces que favorezca mínimamente al mundo abertzale. Insulta a mi inteligencia quien quiere convencerme de razonamientos ilógicos sólo porque el tono emotivo de las fotos me puede llevar a sentir rabia contra esa alimaña terrorista. Me insulta a mí y a esta democracia nuestra tan imperfecta todavía pero que tanto sacrificio ha costado levantar.
Quienes fabrican teorías conspiratorias para justificar errores del pasado, quienes no tienen un mínimo respeto por los que pensamos distinto y estamos razonablemente satisfechos con este gobierno, creo que no han meditado bien lo que significa la palabra respeto. Respeto a las instituciones y al sentido común.
Quizá si vieran menos el Tomate y se sentaran a leer el periódico (sólo vale un euro, menos que un café!) con espíritu crítico, este país sería distinto. Mejor y más libre.
He dicho.
Cuento esto a colación de un mensaje que he recibido de una ex mía. Es uno de esos reenvíos con presentación Powerpoint incluida. Empieza recordándonos la maldad de esa alimaña llamada De Juana Chaos. Contrapone las imágenes de sus atentados a la foto del hospital donde aparece postrado por su huelga de hambre. Nos habla de la manipulación que supone presentarlo como víctima siendo verdugo. Bien. Nada que objetar.
Pero a partir de ahí se acelera pretendiendo que Zapatero “está loco por que lo suelten”. Y acaba, en un tono cruel y macarra, deseando que este personaje –De Juana Chaos- acabe muriendo de inanición en la cárcel.
Entiendo que un terrorista, un asesino tan despiadado que ha matado a 25 personas en diversos atentados genere un desprecio infinito. Entiendo que no te provoque ni compasión ni cercanía el hecho de que haya decidido iniciar una huelga de hambre absurda y chantajista. Pero no entiendo que el autor de este mensaje acabe confundiendo el poder judicial con el ejecutivo, ni que pretenda hacernos creer que Zapatero está detrás de cada decisión de los jueces que favorezca mínimamente al mundo abertzale. Insulta a mi inteligencia quien quiere convencerme de razonamientos ilógicos sólo porque el tono emotivo de las fotos me puede llevar a sentir rabia contra esa alimaña terrorista. Me insulta a mí y a esta democracia nuestra tan imperfecta todavía pero que tanto sacrificio ha costado levantar.
Quienes fabrican teorías conspiratorias para justificar errores del pasado, quienes no tienen un mínimo respeto por los que pensamos distinto y estamos razonablemente satisfechos con este gobierno, creo que no han meditado bien lo que significa la palabra respeto. Respeto a las instituciones y al sentido común.
Quizá si vieran menos el Tomate y se sentaran a leer el periódico (sólo vale un euro, menos que un café!) con espíritu crítico, este país sería distinto. Mejor y más libre.
He dicho.
Algo sobre el amor (i)
El tiempo pasa, se desliza. Cruzamos la frontera del año y los días ahora parecen más veloces. Domingo ya, lunes, martes… nos volvemos a ver el miércoles, posiblemente.
Todo va más deprisa, pero sigue igual. La sigo queriendo como aquel día en que se me escapó un “te quiero” un poco casual, no premeditado. Recuerdo que en cuanto se lo dije me arrepentí, y recé porque no lo hubiera oído. Pero bien que lo escuchó, aunque no lo mencionó, ni pareció darle importancia. Yo ya empezaba a darme cuenta de que no podía controlar mis sentimientos, que estaba cayendo cuesta abajo, sin frenos ni dirección. Las cosas por tanto fueron un poco más rápido de lo que yo había planeado. Quería estar segura por encima de toda duda de que era ella mi amor definitivo, sin percatarme del error: no existen las certezas totales; y si bien antes había sido demasiado impulsiva e ingenua, la solución no era pasar al otro extremo y exigir seguridades imposibles. Recuerdo que a mi anterior chica le molestaba mucho una reflexión mía: yo decía que el amor es como un juego, una ruleta en la que apuestas a un color, arriesgando sentimientos e ilusiones. Cuando pierdes a nadie puedes culpar, ni a ti ni a la otra. Como en un juego, somos libres de participar o no; como en un juego, es el azar quien dispone; conocer a la persona justa en el momento preciso no es algo que suceda cuando quieres. Incluso puede no suceder. Ella creía que para mí no era importante, cuando es lo que más me importa en este mundo tan duro y cruel. Lo único que lo hace habitable y acogedor.
Ya lo he dicho muchas veces: mi blog es un diario sentimental. A veces puedo hablar de otras cosas, pero casi siempre tendrán relación con el amor, de una forma más o menos directa. Nubes dice que mi blog desprende optimismo, y eso me ha hecho sonreír. No soy la persona más positiva del mundo, mi novia da fe de ello. En realidad creo que nuestro mundo, tal como lo conocemos, está a punto de desaparecer. Nos esperan momentos muy duros si no reaccionamos a tiempo. Pero como tantas cosas, la solución no está en nuestras manos; podemos cambiar nuestro estilo de vida –una minoría, porque el resto no tienen dos dedos de frente-, y eso no será suficiente. Mientras que gobiernos y grandes empresas se empeñen en cumplir objetivos macroeconómicos que se sustentan sobre el expolio de riquezas naturales, el derroche de energía y la contaminación a gran escala, estamos condenados.
No quiero amargaros la tarde, así que pararé. Miro a mi alrededor y no veo más que desgracias y sufrimiento. Nada de eso me toca, mi vida es tranquila y confortable. Pero el ser consciente de las amenazas que me rodean hace que me aferre con más fuerza a este pequeño mundo que me ha tocado en suerte. Y en él mi máxima alegría es vivir este amor que se me ofrece. Me importa muy poco no ser importante, no tener un trabajo cotizado, ni un coche potente, ni una casa impresionante. Me importa que mi novia y mi familia me quieran, ganarme su afecto día a día. Quiero tener a M. delante de mí y besarla suave, tiernamente en los labios. Abrazarla fuerte para sentir el temblor de nuestros pechos, el amor fluir a través de nosotras. Esto es lo bonito de nuestra historia: que no se sustenta en grandes objetivos, ni en disputas interminables para dar emoción al amor. Se basa en un discurrir cotidiano, de pequeños gestos, tareas normales que compartimos las dos: hacer un pastel en casa, llamarla y decirle cómo ha salido. Dormir juntas y despertarme de madrugada para decirle “te quiero”. Que M. me regale un buen libro. Compartir una cerveza en una terraza, leer el periódico, discutir de política, gastar bromas, que se me duerma al teléfono, ver una película juntas… Cosas muy pequeñas que nos van uniendo.
Y claro, también momentos extraordinarios, ésos que no puedo contar sin rubor y sin traicionar su confianza. Cuando siento su piel contra la mía, el olor de su cuerpo, la suavidad del cuello, el frescor de su boca, su cara de niña grande tan cerca de la mía… entonces yo, una parlanchina impenitente, enmudezco de pronto, golpeada por una emoción dulce e hiriente a la vez. Mina diría “un colpo al cuore”….
Todo va más deprisa, pero sigue igual. La sigo queriendo como aquel día en que se me escapó un “te quiero” un poco casual, no premeditado. Recuerdo que en cuanto se lo dije me arrepentí, y recé porque no lo hubiera oído. Pero bien que lo escuchó, aunque no lo mencionó, ni pareció darle importancia. Yo ya empezaba a darme cuenta de que no podía controlar mis sentimientos, que estaba cayendo cuesta abajo, sin frenos ni dirección. Las cosas por tanto fueron un poco más rápido de lo que yo había planeado. Quería estar segura por encima de toda duda de que era ella mi amor definitivo, sin percatarme del error: no existen las certezas totales; y si bien antes había sido demasiado impulsiva e ingenua, la solución no era pasar al otro extremo y exigir seguridades imposibles. Recuerdo que a mi anterior chica le molestaba mucho una reflexión mía: yo decía que el amor es como un juego, una ruleta en la que apuestas a un color, arriesgando sentimientos e ilusiones. Cuando pierdes a nadie puedes culpar, ni a ti ni a la otra. Como en un juego, somos libres de participar o no; como en un juego, es el azar quien dispone; conocer a la persona justa en el momento preciso no es algo que suceda cuando quieres. Incluso puede no suceder. Ella creía que para mí no era importante, cuando es lo que más me importa en este mundo tan duro y cruel. Lo único que lo hace habitable y acogedor.
Ya lo he dicho muchas veces: mi blog es un diario sentimental. A veces puedo hablar de otras cosas, pero casi siempre tendrán relación con el amor, de una forma más o menos directa. Nubes dice que mi blog desprende optimismo, y eso me ha hecho sonreír. No soy la persona más positiva del mundo, mi novia da fe de ello. En realidad creo que nuestro mundo, tal como lo conocemos, está a punto de desaparecer. Nos esperan momentos muy duros si no reaccionamos a tiempo. Pero como tantas cosas, la solución no está en nuestras manos; podemos cambiar nuestro estilo de vida –una minoría, porque el resto no tienen dos dedos de frente-, y eso no será suficiente. Mientras que gobiernos y grandes empresas se empeñen en cumplir objetivos macroeconómicos que se sustentan sobre el expolio de riquezas naturales, el derroche de energía y la contaminación a gran escala, estamos condenados.
No quiero amargaros la tarde, así que pararé. Miro a mi alrededor y no veo más que desgracias y sufrimiento. Nada de eso me toca, mi vida es tranquila y confortable. Pero el ser consciente de las amenazas que me rodean hace que me aferre con más fuerza a este pequeño mundo que me ha tocado en suerte. Y en él mi máxima alegría es vivir este amor que se me ofrece. Me importa muy poco no ser importante, no tener un trabajo cotizado, ni un coche potente, ni una casa impresionante. Me importa que mi novia y mi familia me quieran, ganarme su afecto día a día. Quiero tener a M. delante de mí y besarla suave, tiernamente en los labios. Abrazarla fuerte para sentir el temblor de nuestros pechos, el amor fluir a través de nosotras. Esto es lo bonito de nuestra historia: que no se sustenta en grandes objetivos, ni en disputas interminables para dar emoción al amor. Se basa en un discurrir cotidiano, de pequeños gestos, tareas normales que compartimos las dos: hacer un pastel en casa, llamarla y decirle cómo ha salido. Dormir juntas y despertarme de madrugada para decirle “te quiero”. Que M. me regale un buen libro. Compartir una cerveza en una terraza, leer el periódico, discutir de política, gastar bromas, que se me duerma al teléfono, ver una película juntas… Cosas muy pequeñas que nos van uniendo.
Y claro, también momentos extraordinarios, ésos que no puedo contar sin rubor y sin traicionar su confianza. Cuando siento su piel contra la mía, el olor de su cuerpo, la suavidad del cuello, el frescor de su boca, su cara de niña grande tan cerca de la mía… entonces yo, una parlanchina impenitente, enmudezco de pronto, golpeada por una emoción dulce e hiriente a la vez. Mina diría “un colpo al cuore”….
Algo de música
Se nota que tengo tiempo, ¿verdad? He vuelto hace rato, y tras acabar con las tareas domésticas no tengo más que pasar el resto de la noche haciendo lo que me apetezca. Hace mucho tiempo que no veo la TV. He perdido la costumbre de sentarme a zapear, y además olvido la hora y el día de mis series favoritas. Creo que desde que no me engancho a la caja tonta mi salud mental ha mejorado considerablemente. El miércoles con M. nos dimos cuenta las dos de que ya no conocemos ni los nombres ni las peripecias de estos personajillos nacidos de la nada. Mi memoria del mundo cutre-rosa se quedó en Tamara y el universo de Crónicas Marcianas.
Hoy en el coche presté atención a una canción que ya había oído muchas veces: “Me muero”, de La quinta estación. Conozco un poco la historia del grupo, exiliado a México ante el poco éxito que tuvieron en España. Está claro que ya se han hecho a la música del país, con ese aire mariachi, con las trompetas y la repetición machacona del estribillo. Me gusta mucho esa música. En general me gusta la música que expresa pasión, y el hecho de que las letras sean simples y previsibles no le quita encanto, al contrario. Con los años aprendemos a apreciar canciones más elaboradas y originales, pero también nos queda ese gusto por la música que nos emocionó cuando éramos más jóvenes e imaginábamos las historias que nos cantaban. Quién no ha tarareado alguna vez una canción de Rocío Jurado, de Raphael y otros grandes divos de la música melódica. Esta canción me ha traído a la memoria a Chavela Vargas, una cantante inimitable, increíble. Con esa voz oscura y gastada, y con esas letras desgarradoras, intensas, apasionadas… Hay una canción que me gusta particularmente: “Sombras”. Y hablando de Chavela, ya sabéis que tuvo un romance con Frida Kahlo. Ahora hay una exposición de fotografías sobre esta pintora tan particular. No me la perderé.
Esta noche vuelve mi amorcito, pero ya no nos veremos. De todas formas, lo llevo muy bien. Es un misterio esto de los estados de ánimo. Otras veces me moría de melancolía, de añoranza por no tenerla. Y entonces no tenía ningún motivo de preocupación, ninguna duda. Estaba tan segura y feliz como ahora, pero no lo llevaba igual.
Tengo ganas de dedicarle un artículo completo, hablar de ella, de cómo me siento a su lado. Quiero dejar a un lado mi parte racional y dejarme llevar por el sentimiento; hacer una declaración pública y apasionada de mi amor.
Pero eso lo dejo para otro momento. Ahora os dejo con “Me muero”.
Hoy en el coche presté atención a una canción que ya había oído muchas veces: “Me muero”, de La quinta estación. Conozco un poco la historia del grupo, exiliado a México ante el poco éxito que tuvieron en España. Está claro que ya se han hecho a la música del país, con ese aire mariachi, con las trompetas y la repetición machacona del estribillo. Me gusta mucho esa música. En general me gusta la música que expresa pasión, y el hecho de que las letras sean simples y previsibles no le quita encanto, al contrario. Con los años aprendemos a apreciar canciones más elaboradas y originales, pero también nos queda ese gusto por la música que nos emocionó cuando éramos más jóvenes e imaginábamos las historias que nos cantaban. Quién no ha tarareado alguna vez una canción de Rocío Jurado, de Raphael y otros grandes divos de la música melódica. Esta canción me ha traído a la memoria a Chavela Vargas, una cantante inimitable, increíble. Con esa voz oscura y gastada, y con esas letras desgarradoras, intensas, apasionadas… Hay una canción que me gusta particularmente: “Sombras”. Y hablando de Chavela, ya sabéis que tuvo un romance con Frida Kahlo. Ahora hay una exposición de fotografías sobre esta pintora tan particular. No me la perderé.
Esta noche vuelve mi amorcito, pero ya no nos veremos. De todas formas, lo llevo muy bien. Es un misterio esto de los estados de ánimo. Otras veces me moría de melancolía, de añoranza por no tenerla. Y entonces no tenía ningún motivo de preocupación, ninguna duda. Estaba tan segura y feliz como ahora, pero no lo llevaba igual.
Tengo ganas de dedicarle un artículo completo, hablar de ella, de cómo me siento a su lado. Quiero dejar a un lado mi parte racional y dejarme llevar por el sentimiento; hacer una declaración pública y apasionada de mi amor.
Pero eso lo dejo para otro momento. Ahora os dejo con “Me muero”.
Esas cosas sencillas
Dando ejemplo de lo que comenté ayer, hoy es un día para disfrutar de los placeres más cotidianos. M. está de viaje, cumpliendo con obligaciones que no puede terminar en la semana… Por tanto este fin de semana es mío, y ya tengo una lista de actividades para hoy y mañana:
Bajar al centro de mi ciudad. Sentarme en la terraza donde suelo reunirme con los amigos a tomar el aperitivo: una cerveza bien fría con olivas y boquerones. Está frente al mar, junto a la playa. Me recostaré en la silla y me quedaré quieta, como los lagartos al sol.
Este mediodía cocinaré una dorada al horno, con calabacines y berenjenas. Como a M. me gustan los platos sencillos y sabrosos. Os lo recomiendo.
Mañana por la mañana, después de desayunar y vaguear un buen rato, compraré el periódico, El País (lo leo desde niña) y lo ojearé también frente al mar.
Por la tarde, haré un pastel sacher .
A parte de estos planes seguros, seguramente me surgirán otros: una paella el domingo, un café con amigos… Nada extraordinario, ya veis. Pero de antemano sé que todas las pequeñas cosas que voy a hacer me gustan, son agradables. Tengo la suerte de tener una novia maravillosa que me da los momentos intensos e inolvidables que ya tenéis. Sin embargo cuando no está mi vida no se para, y disfruto de todo lo demás.
Buen fin de semana a tod@s.
Bajar al centro de mi ciudad. Sentarme en la terraza donde suelo reunirme con los amigos a tomar el aperitivo: una cerveza bien fría con olivas y boquerones. Está frente al mar, junto a la playa. Me recostaré en la silla y me quedaré quieta, como los lagartos al sol.
Este mediodía cocinaré una dorada al horno, con calabacines y berenjenas. Como a M. me gustan los platos sencillos y sabrosos. Os lo recomiendo.
Mañana por la mañana, después de desayunar y vaguear un buen rato, compraré el periódico, El País (lo leo desde niña) y lo ojearé también frente al mar.
Por la tarde, haré un pastel sacher .
A parte de estos planes seguros, seguramente me surgirán otros: una paella el domingo, un café con amigos… Nada extraordinario, ya veis. Pero de antemano sé que todas las pequeñas cosas que voy a hacer me gustan, son agradables. Tengo la suerte de tener una novia maravillosa que me da los momentos intensos e inolvidables que ya tenéis. Sin embargo cuando no está mi vida no se para, y disfruto de todo lo demás.
Buen fin de semana a tod@s.
La noticia
La noticia del día: Erika Ortiz muere a los 31 años. Es una forma muy aséptica y ambigua de contar una muerte sin mencionar el suicidio. Cuando lo leí enseguida me percaté del misterio, del silencio en torno a las causas. Pocas horas después ya se hablaba de problemas de ansiedad, depresión… Imagino que desde mañana mismo ciertos medios no tendrán compasión ni de su historia ni de sus tristes circunstancias. Ojalá me equivoque.
Esta tarde discutíamos los porqués de una mujer tan joven para suicidarse. Mi primera impresión fue negativa y crítica,; nadie tiene derecho a matarse con una hija de cinco años que te necesita. Nadie debe ser tan egoísta y centrarse sólo en su dolor, por intenso que sea. Los niños son seres indefensos, encantadores, tiernos, insólitos, fascinantes. En algún lugar leí que todos los cachorros en la naturaleza son así para inspirar compasión e instinto protector en los adultos, evitando ser abandonados o devorados. Pues los niños, estas pequeñas criaturas, son así: absolutamente adorables.
No suelo sentirme afectada por las desgracias que no me alcanzan, excepto en estas ocasiones: cuando el dolor llega a niños o a ancianos. Porque son los únicos sin las fuerzas suficientes para aguantarlo, para asumir una pérdida tan cruel.
Esta niña crecerá sin su madre, sin ese afecto primario y confortador. Y cuando se haga mayor a menudo se preguntará por qué su madre no quiso seguir, por qué su afecto no fue suficiente para remontar sus problemas, fueran los que fueran. Yo pienso en eso y siento una pena infinita. Mi jefe, con la falta de originalidad que lo caracteriza, proclamó: “Los ricos también lloran”. Erika no era de la familia real, pero su pérdida la sufrirá su hemana, lógicamente. Una mujer que lo tiene todo. Es cierto: la muerte nos iguala en el dolor.
Después estuve pensando. La realidad tiene tantas imágenes como espejos en que reflejarse. Podemos censurarla por matarse, podemos criticar no que no tuviera el valor suficiente para seguir adelante. Pero hay otra cara, otra forma de verlo: podríamos pensar cuán duro e insufrible era su dolor como para que nada le importara. Qué grado de desesperación acumuló para que su hija fuera algo más que dejar atrás, algo prescindible porque nada te ata a la vida… Si lo miras así da auténtico vértigo.
Qué nos queda decir ante semejante desgracia? Sólo que debemos aprovechar el día: ese “carpe díem” tan manido ya. El tiempo es como agua que se escurre entre los dedos. Llegará el momento en que las mismas horas que hoy vivimos tranquilos y satisfechos se conviertan en minutos de duración agónica; en la vejez, en la enfermedad, en el dolor… Algún elemento de este trío nos atrapará.
Por favor, vivid.
Esta tarde discutíamos los porqués de una mujer tan joven para suicidarse. Mi primera impresión fue negativa y crítica,; nadie tiene derecho a matarse con una hija de cinco años que te necesita. Nadie debe ser tan egoísta y centrarse sólo en su dolor, por intenso que sea. Los niños son seres indefensos, encantadores, tiernos, insólitos, fascinantes. En algún lugar leí que todos los cachorros en la naturaleza son así para inspirar compasión e instinto protector en los adultos, evitando ser abandonados o devorados. Pues los niños, estas pequeñas criaturas, son así: absolutamente adorables.
No suelo sentirme afectada por las desgracias que no me alcanzan, excepto en estas ocasiones: cuando el dolor llega a niños o a ancianos. Porque son los únicos sin las fuerzas suficientes para aguantarlo, para asumir una pérdida tan cruel.
Esta niña crecerá sin su madre, sin ese afecto primario y confortador. Y cuando se haga mayor a menudo se preguntará por qué su madre no quiso seguir, por qué su afecto no fue suficiente para remontar sus problemas, fueran los que fueran. Yo pienso en eso y siento una pena infinita. Mi jefe, con la falta de originalidad que lo caracteriza, proclamó: “Los ricos también lloran”. Erika no era de la familia real, pero su pérdida la sufrirá su hemana, lógicamente. Una mujer que lo tiene todo. Es cierto: la muerte nos iguala en el dolor.
Después estuve pensando. La realidad tiene tantas imágenes como espejos en que reflejarse. Podemos censurarla por matarse, podemos criticar no que no tuviera el valor suficiente para seguir adelante. Pero hay otra cara, otra forma de verlo: podríamos pensar cuán duro e insufrible era su dolor como para que nada le importara. Qué grado de desesperación acumuló para que su hija fuera algo más que dejar atrás, algo prescindible porque nada te ata a la vida… Si lo miras así da auténtico vértigo.
Qué nos queda decir ante semejante desgracia? Sólo que debemos aprovechar el día: ese “carpe díem” tan manido ya. El tiempo es como agua que se escurre entre los dedos. Llegará el momento en que las mismas horas que hoy vivimos tranquilos y satisfechos se conviertan en minutos de duración agónica; en la vejez, en la enfermedad, en el dolor… Algún elemento de este trío nos atrapará.
Por favor, vivid.
Sobre novias y películas
El domingo por la tarde vimos Sabrina (Billy Wilder, 1953). Me gusta mucho repasar clásicos, y últimamente el cine romántico me atrae bastante. Antes prefería el cine social europeo, pero ya estoy saturada de problemas reales que te encogen el corazón. Le dije a M. que prestara atención a una escena: Audrey Hepburn está bailando con William Holden; es la primera vez que ella, Sabrina, baila con David, su amor desde la infancia. Audrey está preciosa, con esa belleza gloriosa de la juventud, sus mejillas suaves y tersas, sus enormes ojos oscuros, las cejas perfectamente perfiladas…
Ella lo mira de una forma tan intensa, con una emoción tan arrebatada, que cuando vi la escena se me quedó grabada. Es la mirada que yo quiero tener de M.; de hecho, es la mirada que ya tengo. Le pedí que nunca dejara de mirarme así, acariciándome con los ojos, con ese brillo mágico que da el amor.
Toda la película es deliciosa; me encanta esta actriz, y estoy pendiente de leer su última biografía. Por lo que sé fue una mujer muy sensible y un poco triste. Pero también debió ser muy sentimental; de otra manera no podría reflejar tan bien la pasión del enamoramiento. También es cierto que justo cuando estaba rodando Sabrina conoció a Mel Ferrer, que sería su marido; así es más fácil meterse en el papel.
Antes de irme, quiero agradecer a Diego y Nubes sus palabras de aliento. No pensaba abandonar mi blog, pero siempre es agradable saber que tus palabras sirven de ayuda a alguien. Nunca imaginé que eso pudiera suceder, y me alegro mucho que sea así. Mi vida sentimental ha sido un largo camino de aprendizaje. No puedo pretender que cualquiera leyéndome asimile enseñanzas que son sólo mías. Pero sí quiero que, si alguien se encuentra en otro momento vital más azaroso, con dudas, tristezas y decepciones, sepa que todo es superable con un poco de reflexión; si te paras a pensar, si te miras al espejo críticamente, puedes aprender mucho de tus errores, de tus caídas, de tus derrotas. Aunque os hable desde la cumbre, desde el puerto seguro de un amor seguro y pleno en el pasado tropecé varias veces; caí de bruces y me costó levantarme otra vez. Algún día os contaré los detalles.
Saludos, nos leemos.
Ella lo mira de una forma tan intensa, con una emoción tan arrebatada, que cuando vi la escena se me quedó grabada. Es la mirada que yo quiero tener de M.; de hecho, es la mirada que ya tengo. Le pedí que nunca dejara de mirarme así, acariciándome con los ojos, con ese brillo mágico que da el amor.
Toda la película es deliciosa; me encanta esta actriz, y estoy pendiente de leer su última biografía. Por lo que sé fue una mujer muy sensible y un poco triste. Pero también debió ser muy sentimental; de otra manera no podría reflejar tan bien la pasión del enamoramiento. También es cierto que justo cuando estaba rodando Sabrina conoció a Mel Ferrer, que sería su marido; así es más fácil meterse en el papel.
Antes de irme, quiero agradecer a Diego y Nubes sus palabras de aliento. No pensaba abandonar mi blog, pero siempre es agradable saber que tus palabras sirven de ayuda a alguien. Nunca imaginé que eso pudiera suceder, y me alegro mucho que sea así. Mi vida sentimental ha sido un largo camino de aprendizaje. No puedo pretender que cualquiera leyéndome asimile enseñanzas que son sólo mías. Pero sí quiero que, si alguien se encuentra en otro momento vital más azaroso, con dudas, tristezas y decepciones, sepa que todo es superable con un poco de reflexión; si te paras a pensar, si te miras al espejo críticamente, puedes aprender mucho de tus errores, de tus caídas, de tus derrotas. Aunque os hable desde la cumbre, desde el puerto seguro de un amor seguro y pleno en el pasado tropecé varias veces; caí de bruces y me costó levantarme otra vez. Algún día os contaré los detalles.
Saludos, nos leemos.
Nient´altro che felici
Os extrañará que ya no escriba como antes. Ahora los días los paso apartada del ordenador, que sólo uso para buscar información, leer el correo y echar un rápido vistazo a mis blogs favoritos.
La razón es bastante sencilla: cuando me pongo a escribir mis pensamientos me aburro. Me aburre esta forma mía de escribir, tan razonada y coherente. Por eso ahora, apenas empiezo a escribir, lo dejo, un poco irritada conmigo misma. Mi forma de expresarme tiene poco que ver con cómo soy. No me refiero a las cosas que cuento, sino a mi manera de explicarlas.
Soy una persona compleja, desde luego. Un poliedro. Desde muy pequeña me he acostumbrado a interpretar el mundo como un lugar un tanto inhóspito que es necesario racionalizar para no perder el norte, para no sentirte extraña dentro de él. De ahí nace esta vocación pedagógica que me caracteriza. Lo más curioso es que cuando hablo, con mis ejemplos ilustrativos y mis paradigmas, lo hago para mí, no para los demás.
Por otro lado, soy una persona muy sentimental. Hace tiempo que llegué a la conclusión de que esta vida merece ser vivida sobre todo porque hay amor. Hay quien ama la naturaleza, o su trabajo, o su familia… Mis afectos no son tan generales y comunes; lo que me motiva es amar a alguien concreto, o en su defecto, amar el amor, el propio concepto.
Yo he estado enamorada tres veces. Hablo de un amor profundo y duradero. Esta última vez por fin creo haber encontrado la relación perfecta para mí, la que me llena y me da tranquilidad. Un amor apasionado que no me quita libertad, ni me agota, ni me exige. Pero antes de M. hubo muchos años de vacío emocional, de no sentir. Entonces soñaba, imaginaba historias de amor, felices o desgraciadas… daba igual. Porque incluso en el desamor hay intensidad, pasión, entrega. No es nada casual que me guste tanto Mina, pese a que tenga cualidades innegables: buena voz, buenas canciones, buenos arreglos… Me gusta precisamente porque muchas veces ha llenado ese vacío. Tengo memorizadas montones de canciones suyas y cuando las escuchaba en cierto modo las vivía y podía sentir por un instante que era yo la protagonista: la mujer feliz, la desgraciada, la que se venga, la que llora, la que suplica… Yo era todas y no era ninguna a la vez. Porque a veces la vida no tiene más emociones que las que te inventas.
Ahora estoy viviendo mi propia historia y la estoy disfrutando minuto a minuto, saboreándola como sólo puede hacerlo quien ha añorado algo mucho, mucho tiempo y, de pronto lo encuentra, inesperadamente. Han pasado los meses, ha pasado un año ya y sin embargo esta sensación de maravilla, de algo extraordinario y único no desaparece. Ahora, cuando estoy con M., le susurro esas canciones que antes cantaba para mí; se las cuento al oído y por fin las palabras cobran un sentido gozosamente real.
La razón es bastante sencilla: cuando me pongo a escribir mis pensamientos me aburro. Me aburre esta forma mía de escribir, tan razonada y coherente. Por eso ahora, apenas empiezo a escribir, lo dejo, un poco irritada conmigo misma. Mi forma de expresarme tiene poco que ver con cómo soy. No me refiero a las cosas que cuento, sino a mi manera de explicarlas.
Soy una persona compleja, desde luego. Un poliedro. Desde muy pequeña me he acostumbrado a interpretar el mundo como un lugar un tanto inhóspito que es necesario racionalizar para no perder el norte, para no sentirte extraña dentro de él. De ahí nace esta vocación pedagógica que me caracteriza. Lo más curioso es que cuando hablo, con mis ejemplos ilustrativos y mis paradigmas, lo hago para mí, no para los demás.
Por otro lado, soy una persona muy sentimental. Hace tiempo que llegué a la conclusión de que esta vida merece ser vivida sobre todo porque hay amor. Hay quien ama la naturaleza, o su trabajo, o su familia… Mis afectos no son tan generales y comunes; lo que me motiva es amar a alguien concreto, o en su defecto, amar el amor, el propio concepto.
Yo he estado enamorada tres veces. Hablo de un amor profundo y duradero. Esta última vez por fin creo haber encontrado la relación perfecta para mí, la que me llena y me da tranquilidad. Un amor apasionado que no me quita libertad, ni me agota, ni me exige. Pero antes de M. hubo muchos años de vacío emocional, de no sentir. Entonces soñaba, imaginaba historias de amor, felices o desgraciadas… daba igual. Porque incluso en el desamor hay intensidad, pasión, entrega. No es nada casual que me guste tanto Mina, pese a que tenga cualidades innegables: buena voz, buenas canciones, buenos arreglos… Me gusta precisamente porque muchas veces ha llenado ese vacío. Tengo memorizadas montones de canciones suyas y cuando las escuchaba en cierto modo las vivía y podía sentir por un instante que era yo la protagonista: la mujer feliz, la desgraciada, la que se venga, la que llora, la que suplica… Yo era todas y no era ninguna a la vez. Porque a veces la vida no tiene más emociones que las que te inventas.
Ahora estoy viviendo mi propia historia y la estoy disfrutando minuto a minuto, saboreándola como sólo puede hacerlo quien ha añorado algo mucho, mucho tiempo y, de pronto lo encuentra, inesperadamente. Han pasado los meses, ha pasado un año ya y sin embargo esta sensación de maravilla, de algo extraordinario y único no desaparece. Ahora, cuando estoy con M., le susurro esas canciones que antes cantaba para mí; se las cuento al oído y por fin las palabras cobran un sentido gozosamente real.