La vida nueva
Mi vida, tal como es
Acerca de
"L´amore quando arriva è come un camion che ti prende in pieno e tu puoi soltanto morire" (Mina)
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Sindicación
 
Cambio radical (léase inmoral)
Ayer para variar me acosté más tarde de lo que debía. Tenía que madrugar, pero después de escribir un breve post hice el último y descuidado zapping del día. Entonces ocurrió: me quede hipnotizada de horror ante la última ocurrencia de Antena tres: El cambio radical, creo que se llama. Una pobre chica con poco atractivo y menos autoestima se deja operar hasta las uñas de los pies. Resultado: otra persona. Imagino que a partir de ahora su familia tendrá que acostumbrarse a una hija-novia-hermana-nieta desconocida, con cara nueva, cuerpo nuevo y fondo de armario renovado. Eso sin hablar de los cambios internos que se produzcan en la chica, que será la primera en no reconocerse ante el espejo.
Entiendo que la intención es buena y que está justificado querer cambiar ciertas partes de ti que no te gustan y que objetivamente no están bien. Por ejemplo, unos dientes deslavazados y una nariz torcida. Pero lo cuestionable de este programa es que, ya puestos y porque hay que dar espectacularidad al televidente, acabe por operarse aquello que no está mal y que da personalidad a una cara, identidad física a una persona. Quién se negaría a operarse la vista para no llevar gafas nunca más? Yo no. Pero si a cambio de eso tengo que cambiar la forma de mis pómulos y la orientación de mis cejas, creo que estaría pagando un precio demasiado caro. Porque más o menos bonitos, son rasgos míos, los que me otorgan este aspecto peculiar que hace que la gente me identifique y salude. Probablemente unos dientes torcidos sean objetivamente feos, pero mis ojos, su forma y color, son tan hermosos como quieran verlos. De hecho, a lo largo de mi vida me he encontrado gente que los ha alabado y los ha menospreciado por igual. Porque al final se trata de gustos. Y yo no me opero por darle gusto a nadie. Ni siquiera a la audiencia.
Cuando veo este tipo de programas, me pregunto qué tipo de sociedad hemos creado. Un mundo en que se dice, sin rubor: “La vieja Nuria era fea, y hemos logrado que sea una mujer atractiva…” es un mundo cruel con la mayoría de mujeres que no tenemos un pecho perfecto, ni una nariz griega, ni un culo prieto… Ya sé que cualquier persona con un mínimo de sensatez no se dejará influenciar por ese mensaje. Pero por desgracia hay otras mujeres más inseguras y vulnerables ante esta manera nada piadosa de juzgar según un canon de belleza irreal, imposible de cumplir sin pasar por cirujanos y sin vender tu propio yo… Claro que sin a la televisión le importara algo más que la audiencia, este programa nunca se hubiera emitido.
 
Problemas en el paraíso

Esto me decía mi novia hoy. Incluso en el paraíso de vez en cuando se funde una bombilla, o se estropea el fregadero. Nuestra idílica relación a veces pasa por baches momentáneos, por algunos ajustes imprescindibles e incómodos.
El puente pasado fue bastante mediocre. El senderismo estuvo bien, con matices: rutas demasiado breves y un grupo demasiado mayor para nuestro nivel. Llegábamos al hotel cansadas, pero no de andar, sino de esperar al resto, ateridas en cualquier cumbre ventosa y desabrigada o en el prado donde los almuerzos al pie de un pino se hacían interminables y tediosos. Para colmo de males, discutimos la última noche por ciertos desacuerdos linguísticos. M. consideraba que yo había contado nuestra historia de manera frívola y chulesca a unas amigas recién conocidas, y optó por contraatacar dando otra visión no menos insolente de la primera noche que nos conocimos. Al final, llegaron las explicaciones en la intimidad y el reconocimiento de las culpas mutuas. A mí me puede mi manera de hablar ante terceros, cuando la timidez que siempre intento ocultar se disfraza de una campechanía absurda que mi novia no entiende. Como yo no entiendo su contraataque sin piedad, cuando no sé qué he hecho mal…
Este fue nuestro tropiezo de la semana pasada. Pero como casi siempre, las dos acabamos aprendiendo lo que no nos gusta de la otra y lo que tenemos que evitar. Los reajustes de una pareja no acaban nunca porque la vida siempre te presenta situaciones nuevas en que pones a prueba la compenetración, la complicidad con tu novia. El resultado al final es positivo porque nos acerca un poco más, nos hace menos extrañas.
Este fin de semana ha sido casero, pero también muy breve. Trabajé el sábado por la mañana, así que las horas que nos han restado juntas han sido pocas. M. arrastra el cansancio de una semana enloquecida de trabajo incesante, y yo, mucho más débil que ella, también me estaba recuperando del anterior puente y de sus peripecias. Así que poc tengo que contar. La tarde del domingo ha sido lo mejor de estos días, cuando en una siesta larga nos hemos hablado al oído y hemos podido, al fín, poner en claro algunos asuntos pendientes, algunos malentendidos que quedaron flotando en el aire durante la semana.
Yo amo profundamente a M. Ella lo sabe, pero a veces necesita sentirlo como una certeza que te nace directamente del corazón, sin pasar por el filtro racionalizador de la mente. Esta tarde ella lo ha notado en su cuerpo, en sus labios, en sus oídos… y yo también lo he sabido por encima de las palabras de amor que nos hemos dedicado. A veces nos enredamos en discursos complicados que pretender decir mucho pero que al final te dejan confusa. Colpa mía, que tiendo a divagar y expresar pensamientos peregrinos y evanescentes. Necesitábamos una tarde así, de cercanía sin ropa y ni distancias. Para sentir el amor, para cuidarlo y saborearlo lentamente.
A veces hay problemas en el paraíso. Pero por suerte tenemos un buen servicio de mantenimiento.
 
Deseos y realidades

Hoy me he tomado el día libre. Tenía que hacer unas compras, y he decidido hacerlas tranquilamente, sin agobios. Cuando he cogido el coche sólo me apetecía una cosa: acercarme a una floristería, comprar un bonito ramo de flores y dar una sorpresa a mi novia. Presentarme en su despacho, sin cita previa, y raptarla por un rato. Ver su cara sorprendida y feliz, luego esperar sentada en el parque, leyendo bajo el tibio sol de la mañana, a que acabe su trabajo, e irnos a comer. Beber un buen vino, probar cosas nuevas, reírnos de nuestras historias y no dejar de decirle cuánto la quiero entre bocado y bocado.
Me lo imaginaba todo perfectamente. Pero… ya sabéis lo dura que es la realidad. Tenía que estar de vuelta a primera hora de la tarde, con lo cual la comida habría sido breve y estresante. Mi coche es demasiado viejo para esas distancias, debo evitar viajes innecesarios. Mi novia, tras la alegría inicial, se sentiría agobiada por mi presencia cuando tiene tanto trabajo pendiente….
A veces me gustaría no pensar tanto, aunque luego tenga que arrepentirme.
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Pruebas de novios

Ayer descubrí un espacio de radio muy particular. Se llama “prueba de novios”, del programa “Anda ya” de los Cuarenta. Lo escuché a través de un archivo mp3 colgado de un foro. Se trata de gastar una “broma” (cruel para ambas partes) consistente en poner a prueba la fidelidad de tu pareja. Una mujer con voz sensual te propone una cita sin más pretensión que tener sexo. Lo hace de tal manera que la víctima piensa que la discreción está asegurada. Una aventura sexual sin consecuencias.
Pero cuando ya acuerdan el encuentro, aparece la novi@ furios@ que descubre el engaño. Y a partir de ahí insultos, reproches, gritos…
Lo que más me llama la atención es la candidez de la gente. Una desconocida te llama por teléfono y te propone sexo. Algo que a mí me pone la piel de gallina, porque mi primera idea sería que se trata de una loca que persigue su fin sin importarle ni novias ni rechazos. Sólo cabe pensar que alguien así sólo te puede traer problemas. ¿ Quién puede querer tener una aventura con una loca? Casi se merecen un castigo por ser tan simples. Pero claro, el ego, ese monstruo que llevamos dentro, se siente halagado sabiendo que provocamos tales pasiones entre la concurrencia. Y hace creíble hasta la historia más absurda.
La cuestión es que caen. Al cabo de un minuto de desconcierto, ya están metidos de lleno en el juego de la seducción y el coqueteo más crudo.
He oído algún caso en que esta “broma” ha dado a traste con bodas y proyectos en común. Imagino que la novia/o tienen fundadas sospechas de infidelidad, y buscan la prueba definitiva y el escarnio público
Después de dicho todo esto, os confieso que cuando lo he oído en algunos casos he sentido pena. Algunas víctimas tienen reparo, les cuesta decidir… aunque al final el deseo, la presa fácil dispuesta a todo, les hace caer. No sé hasta qué punto es válida esta prueba. Quizá estas mismas personas nunca fueran capaces de buscar amantes, ni siquiera lo desearan. Su único pecado ha sido ver la fruta madura en el árbol y alargar la mano, sin consciencia del error ni de las implicaciones morales… No los justifico, pero desde luego no es una situación natural. Una llamada, una cita concertada no significa siempre que la infidelidad se consume. Quién sabe, quizá después pensarían, valorarían los riegos, afloraría el remordimiento, se echarían atrás. Pero la escena queda truncada justo después del consentimiento, así que esa novia no sabe hasta qué punto es o no es infiel su novio…
En general, merecen la reprimenda en el mejor de los casos, y la ruptura en el peor. Es increíble cómo se olvidan los afectos y las promesas ante una proposición muy caliente…
Vosotros qué pensáis?
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Algunos momentos
El fin de semana acaba y encaro otro lunes de normalidad cotidiana. M. no podía quedarse a dormir, así que nos hemos despedido un poco tristes ante la perspectiva de no vernos en los próximos cinco días.
Antes de marcharse le he grabado unos archivos que necesitaba. Mientras preparaba el CD ella permanecía sentada a mi lado, observando mis maniobras y sugiriendo cosas. Una escena tan simple como esa puede encerrar, no obstante, una gran belleza. Ella me ofrecía el perfil izquierdo de su cara, y la luz intensa de la lámpara incidía en sus ojos. Cuando me miraba, yo leía todo en ellos: leía su amor, leía su compromiso; pero también leía inteligencia y profundidad. Los mismos ojos que contemplan con frío calculo en el trabajo, que valoran, estudian, escrutan a los demás, guardan sus mejores miradas para mí, las más dulces, suaves y tiernas que podáis imaginar. Muchas veces me maravillo de mi suerte: una mujer madura, responsable, inquieta, sensual, apasionada se ha enamorado de mí. Genial. Increíble.
La he besado mil veces esta tarde, diez mil besos, cien mil. La he besado en los labios, en la boca, en la frente, en el cuello… No buscaba excitación, ni consumar el deseo. Eran besos de afecto tierno, de cariño fiel y permanente. Nos hemos dicho “te quiero" en todos los tonos y contextos posibles, e incluso hemos bromeado sobre nuestra insistencia. Después de casi catorce meses juntas nuestras diferencias no nos han desgastado el amor. Al contrario, es fuerte, firme, sólido.
Hay días que estoy más ausente, un poco distante de ella. Soy introvertida, y no puedo evitar replegarme de vez en cuando, reivindicando un espacio propio que en realidad ella nunca ha invadido. Pero de pronto sucede esto: que ella se sienta a mi lado y yo me siento morir de amor mirando su perfil, siguiendo la curva de su boca, de su nariz, de su mentón. Entonces, la acaricio despacio para hacer real con mis dedos aquello que miro, y la beso despacito, fervorosamente. Ella siente mi emoción y me regala la suya.

Diego del mar pregunta en su blog cuál es nuestro mayor deseo. El mío es seguir viviendo momentos como el de hoy.
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De Juanas y demás crispaciones
Es el tema del mes, o del año, si del PP se trata. Mi novia me lo comentó un tanto indignada, pero yo no le di mi opinión, porque todavía no la había formado. Creo que antes de sacar conclusiones hay que informarse. Ahora sí tengo mi propia opinión, basada en todo lo que he leído y visto en televisión.
Yo no creo que el gobierno haya obrado mal. Su decisión no es particularmente dañina, ni beneficiosa. Habrá que esperar a la reacción del otro lado, de los radicales vascos. Pero sí es cierto que este gobierno no ha querido incidir en los motivos reales para esta prisión atenuada. Es como quien se compra un traje gris y lo explica diciendo que nunca sabes cuándo lo vas a necesitar y que es de color que hace juego con sus ojos. Pero no dice que lo ha comprado fundamentalmente porque estaba de rebajas, tirado de precio. Porque queda mal descender a detalles tan prosaicos.
Este gobierno ha hecho lo mismo: ha tomado una decisión impopular basándose en razones formalmente impecables, tanto legales como éticas. Pero no nos engañemos: la vida de De Juana les importa un carajo; a ZP este personaje le da tanto asco como a ti o como a mí; pero se ha dado cuenta que salvándole el pellejo desactiva una situación potencialmente peligrosa en el País Vasco. Y a eso en mi pueblo se le llama inteligencia política, no “ceder a un chantaje”.
El objetivo que perseguimos todos es que el terrorismo acabe. Para ello tenemos la gran ayuda de los cuerpos de seguridad de Estado, los que se la juegan de verdad en la lucha antiterrorista. Pero ¿no creéis que el gobierno tiene que poner algo más medios policiales para acabar con ETA? Yo creo que sí, que tiene que usar todos los medios lícitos para debilitar a los sectores abertzales radicales. Se trata de crear también el clima político adecuado para que la gente que piensa que es hora de abandonar las armas gane terreno entre ellos. Si conseguimos que Batasuna derive hacia esas tesis puede que nos ahorremos algunos muertos. Personas que ahora, mientras escribo, respiran y tienen un futuro.
Los discursos agresivos y revanchistas, como los del PP, no tratan más que de aprovechar un tema polémico para machacar al Gobierno. Les importa poco usar argumentos demagógicos y manipular la verdad. Lo importante es crispar, crear un ambiente cargado de tensión. El PP todavía vive en tiempos de González, cuando la estrategia les salió bien. Solo que entonces fue el propio PSOE el que se puso la soga al cuello, él solito, con asuntos como Roldán y fondos reservados…Saben lo manejable y frágil que es la opinión pública.
Cómo me gustaría vivir en un país de ciudadanos informados, no manipulables! Me encantaría no recibir correos insultantes y sin argumentos, que proclaman que De Juana Chaos comía “jamoncito y miel” durante su huelga. Qué interesante. Esta derecha ahora también es dietista… Me importa muy poco si su huelga fue rigurosa o de cartón-piedra. Me importa mucho más que por gobiernos presentes y pasados un criminal como éste pase sólo 18 años en la cárcel por 25 asesinatos. Y recuerdo a los que vayan a la huelga del sábado que De Juana ya había cumplido la sentencia. Gracias a PSOE y PP, los beneficios penitenciarios son tan extensos y generosos que puedes violar a un bebé y pasar menos tiempo en prisión del que te cuesta acabar una carrera. Esto sólo por poner un ejemplo de actualidad. Y de eso son responsables las izquierdas, las derechas y los centros de este país.
Hay cosas indignantes, desde luego. Pero no está en los primeros puestos de mi lista la prisión atenuada de este terrorista, a menos de un año de cumplir la pena por amenazas. No. Este gobierno ha movido sus fichas para tratar de sacar ventaja frente al mundo abertzale. Ha sido su apuesta, y yo le voy a dar un voto de confianza y esperar a ver qué pasa. Dice la derecha que ETA utiliza al Gobierno. Pero a lo mejor es el gobierno quien utiliza a ETA. De momento, es pronto para juzgar.
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Dedicado a ella...

Ya os he hablado de dónde vivo, y de mi infancia. Pero no os hablaré de mi trabajo, prefiero mantener la discreción respecto a eso. Sólo os diré que es un trabajo tranquilo, que me gusta mucho y que, aunque a muchos les podría parecer aburrido, a mí me satisface.
Muchas veces, mientras trabajo en el ordenador, o cuando voy por los pasillos ordenando cosas, tengo ganas de bailar. De hecho muchas veces doy un par de pasos marcando el ritmo, tarareando alguna canción. Mis compañeros, más apagados, me miran con cierta curiosidad. No sé qué imaginarán, pero yo sé que me envidian. Les gustaría saludar como yo lo hago, optimista por la mañana, mientras me quito la chaqueta y me siento en mi mesa. Les gustaría gastar mis bromas, tomarse a la ligera las cosas que a ellos les agobian, ser más indulgente con los clientes desagradables…
No intento decir que sean unos amargados. La mayoría viven mejor que yo, en términos económicos. Tienen sus parejas, sus aficiones, su estabilidad…
Pero yo tengo algo especial. Tengo amor. No, mejor dicho, tengo AMOR. En mayúsculas y con letras fluorescentes, como un enorme cartel de neón. Si no lo tuviera, sería más circunspecta, más solemne. Me pondría seria cuando mi jefe dice alguna tontería ofensiva, o miraría mi nómina tristemente, pensando en los agravios comparativos…
Pero no, tengo AMOR. Del bueno, del que enciende esa pequeña llama confortadora en el pecho, el que te hace respirar más hondo y apreciar el calor del sol, la limpieza del aire y la sonrisa de la gente que pasa (esa gente que también tiene AMOR).
Oigo canciones de amor y sonrío, porque todas están escritas para mí. Incluso las tristes, porque siento alivio de no padecerlas. La grúa se lleva mi coche, pero da igual. Qué son 60 euros cuando tienes un enorme capital de amor. Miro en los escaparates ropa que no me compraré, y no me importa. M. me quiere igual con mis viejos vaqueros, con mi coche de diez años y mis menús económicos (y sabrosos, por qué no decirlo). Por la calle, me cruzo con alguien que no me saluda, simulando no verme. Y a mí me da igual, porque yo tengo AMOR.
El AMOR no es sólo el sexo, las caricias y las conversaciones cuando estamos juntas. Es también una sensación deliciosa de posesión, de no sentirte sola ni cuando lo estás. Es saber que ella, mi preciosa mujer, me sueña, me espera y me anhela dondequiera que esté, como yo a ella. Es saber que la vida es algo más que obligaciones, facturas y luchas diarias. Con ella la vida también es algo delicioso, una ilusión para el fin de semana, una mirada larga, el sabor de su saliva en mi boca, la caricia de sus palabras en mi oído…
Hace rato que debería haberme acostado. Mañana nos veremos, y cuando antes me duerma antes la veré. Pero me gusta estar en vela si es para hablar de ella y saborear este amor que desde hace más de un año es real, cierto, tangible. Imaginar que mañana dormiremos juntas, que me acurrucaré a su lado, quieta, y respiraré su aliento dulce, el olor de su pelo… Y descansaré de una semana entera sin tenerla conmigo.
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Infancia
He leído con atención el último post de Giovagris. En él desnudaba la historia familiar, una historia de separación, ausencia y dolor justo cuando menos se soporta: en la infancia. Ya comenté en otra ocasión la sospechosa coincidencia de circunstancias entre gays y lesbianas: la falta del padre o la madre, ya sea física o afectiva –que al final viene a ser lo mismo- es una constante en nuestras vidas.
No voy a incidir en el tema gays-padres, o no al menos en la génesis de una tendencia sexual que para mí está clara (al margen de que haya más factores que intervengan). Voy a hablar de cómo se ve, desde la madurez, una circunstancia que marcó mi infancia y por tanto mi vida.
No voy a descender a los detalles. Soy incapaz de relatar episodios concretos de mi niñez porque me da pudor confesarlos, aunque sea sin nombres ni fechas. En realidad recuerdo muy poco de mi infancia. Puedo decir que, cuando recuerdo mis primeros años, lo veo todo de color gris, en tonos sepia. Como si todos los días hubieran sido nublados y lluviosos. Éramos la típica familia obrera, con madre ama de casa y padre trabajador que pasaba todo el día fuera. No éramos pobres, pero tampoco recuerdo lujos ni nada que no fuera estrictamente necesario. Entonces los juguetes eran objetos excepcionales y preciosos porque sólo se recibían en ocasiones señaladas. Yo tenía que esperar todo un año para recibir el que me tocaba, y eso es algo que debo agradecerles ahora: conozco el valor de las cosas, lo que significa desear y esperar meses y meses una muñeca, un libro, un juego de mesa…
Mi madre fue mi gran problema. Siempre fue una mujer de pésimo humor, crítica, irascible, incluso cruel. Sólo puedo decir en su favor que era muy democrática: nos trataba a todos igual de mal. Vivía estresada con tanto hijo y tanta responsabilidad doméstica. Era la encargada de vestirnos, alimentarnos, llevarnos al médico, controlar nuestro comportamiento… Demasiado trabajo y pocas satisfacciones para ella.
Cuando miro atrás, cuando recuerdo cómo me hablaba, las cosas que me decía, la atención que me prestaba sólo puedo decir que me hizo mucho daño. Nunca una palabra amable, nunca un beso,ni un gesto de comprensión o cercanía. Y cuando digo nunca me refiero al largo periodo que va desde que naces hasta… la edad adulta.
Mi carácter, el que tengo, me lo he forjado en soledad. He aprendido en la calle, o en la escuela. He tenido que entender el mundo desde mis ojos de niña sensible y adolescente triste, buscando siempre un equilibrio, una estabilidad interior que me ayudara a ser mejor persona, mejor que mi madre. He analizado su comportamiento con todo el desapasionamiento de que he sido capaz intentando siempre no repetir sus esquemas, sus maneras de afrontar los problemas. He vivido primero con el temor a ser ella y después con el alivio de saber que no lo soy, aun reconociendo que me parezco en muchas cosas. Por suerte, no en lo peor.
Luego he ido cumpliendo años y su figura se ha visto relegada por otras: por amigas, por amores, por las preocupaciones de la edad adulta. Y poco a poco he ido aprendiendo a no odiarla primero y a no guardarle rencor después. Un día me descubrí compadeciéndola, sintiéndolo por ella. Porque ahora sé que en esta guerra materno-filial perdimos las dos: ella la posibilidad de querer a una niña, y yo la ocasión de tener una madre como la entiende buena parte del mundo: protectora, cariñosa, cercana…
Han pasado muchos años desde la última vez que mi madre me hirió. Perdió la capacidad de hacerme daño en algún momento de mi adolescencia, imagino. Ella se ha hecho mayor y el peso de la edad la ha transformado en un ser vulnerable. Ya no me grita, apenas me critica. Se porta bien conmigo, me ayuda en lo que puede. Pero nunca será capaz de demostrarme afecto, ni yo a ella. Nuestra relación afectiva se ha quedado fosilizada, congelada en el tiempo. Cuando voy a verla, leo en sus ojos una tristeza, un amor callado y suplicante. Pero yo no puedo decir que la quiero, aunque sea verdad. Ni que la perdono, aunque sea así. Porque ese es su castigo y mi penitencia: mantener siempre en silencio las cosas que no se dijeron en su momento. Le doy conversación, le regalo alguna cosa, le hago recados… Pequeños detalles que significan algo, y ella lo sabe. Luego me despido, bajo la escalera, respiro hondo.
No es el mejor de los finales, pero podría ser mucho peor. Nunca se me ocurrirá vengarme del pasado, aprovechar mi fortaleza frente a una anciana que nunca entenderá qué hizo mal.
A veces quisiera llorar por tener esta historia tan triste en mi vida.
Pero ella no me enseñó.
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