La vida nueva
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"L´amore quando arriva è come un camion che ti prende in pieno e tu puoi soltanto morire" (Mina)
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Ámsterdam

Ya sólo queda un día para el viaje. Desde hace dos años no volaba al extranjero, y estoy deseando montarme en el avión y volver a experimentar esa emoción infantil del despegue, ese pequeño vértigo que sentimos cuando el avión acelera y pierde por fín el contacto con el suelo. Entonces me da por pensar en el milagro de la tecnología que permite mantener en el aire un aparato tan pesado…
Disquisiciones aparte, creo que ya no estoy nerviosa. Me he pasado toda la semana intentando concretar detalles: traslado al hotel, horario de museos, alquiler de bicis.. Algunos los he concluido ya, otros quedan en el aire. No he encontrado una guía de restaurantes fiable, ni un plano de Ámsterdam detallado y con índice de calles. He tenido que recurrir a Google maps para imprimir algunas zonas interesantes. Y por supuesto, también he tomado nota de los clubs de ambiente. Hay uno, el Saarein, que sólo admite la entrada de hombres acompañados de chicas. Nunca me ha gustado la discriminación de género, pero debo confesar que me excita la idea de un santuario de mujeres, una dictadura de lo femenino. Al menos yo nunca he estado en un lugar así, que sólo he visto en bares gay con cuarto oscuro…
Como ya os he comentado, este verano ha estado vacío de emociones intensas o de anécdotas destacables. Esta semana espero resarcirme de tanta calma. Al viaje se han apuntado dos amigas, aunque a una de ellas no la conocemos en absoluto!. Esto le pone un punto de incertidumbre al tema. ¿Nos entenderemos bien? ¿Querrán hacer un viaje lúdico o más bien cultural? M. y yo hemos convenido que si no hay acuerdo tomaremos nuestro propio rumbo, coincidiendo con ellas en momentos determinados: comidas, salidas nocturnas…
Esta mañana me la he pasado en casa, alejando la tentación de las compras. Siempre que viajo me da por comprarme ropa, como si la que tuviera en el armario no sirviera igual. Para mí un viaje es como una experiencia flamante que requiere un vestuario también flamante. Ayer vi unos zapatos perfectos, pero de 75 euros. Ufff, al final tuve cabeza y los dejé, esperando a las frías rebajas de enero. Pero casi lloro de pena, porque me cuesta mucho encontrar zapatos que me gusten, y éstos eran perfectos.
Os dije que no escribiría hasta la vuelta, pero es que estas horas previas se me hacen interminables. M. está en una fiesta familiar, no llegará hasta la tarde. Y sólo me queda esperar. Quizá acabe la peli de Chaplin “El dictador”, que dejé a medias. Ayer lloraba de risa viendo su imitación perfecta de Hitler (Hinkle, en versión Charlot) pronunciando un discurso ante las masas. Si la tenéis a mano, repasad esa escena. Insuperable.
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Todos acabamos volviendo…


Así es. Por más que nos despreocupemos de nuestro blog, por más que decidamos que ya no nos importa, que es aburrido e intrascendente llega ese día en que se alinean los astros y dispones del tiempo y las ganas necesarias para escribir. Bueno: del tiempo, las ganas y los medios. Porque una poderosa razón para no publicar nada en dos meses ha sido mi obligada desconexión de Internet, obra y gracia de Ya.com, Telefónica y sus secuaces. Hace muchas semanas que no leo un blog, ni entro en un foro. Miro mi correo en el trabajo, y poco más. No me apetece hacer consultas tan íntimas en el despacho que comparto con más compañeros; además toda España está en Benidorm, y no tengo tiempo ni para rascarme.
Finalmente he decidido, en tanto solucionan (o no) el problema de mi ADSL contratar una tarifa plana básica que me permita ver en casa lo que me apetece y sobre todo preparar el viaje a Ámsterdam de la próxima semana. Para estas cosas soy muy minuciosa, y me gusta llevar anotado desde las visitas que pienso hacer hasta medios de transporte, horarios, restaurantes…Luego el viaje será distinto, seguro, pero me gusta pensar que controlo un poco la ciudad. La verdad es que tengo muchas ganas de conocer Ámsterdam, y de pasear sus calles con M., asomarnos al canal desde nuestra habitación y hacernos el amor incansablemente el tiempo que nos quede libre…
El verano está siendo tranquilo y familiar. Demasiado familiar, añadiría. No hemos estado solas desde julio, y no hemos podido explorar demasiado los bajos fondos del ambiente en pleno verano. Mi novia este año casi se mata trabajando, con jornadas desde las 7 de la mañana hasta el anochecer. Pero es que ella es así, y madruga incluso los fines de semana. Piensa que eso de dormir es una pérdida de tiempo, aunque ya le he advertido de que no hay que llegar al extremo de llegar agotada a la noche, sin fuerzas para disfrutar de una peli o de un buen libro. Me ha dado la razón, y espero que en nuetro viaje recuperemos un ritmo más reposado y liviano de la vida.
En cuanto al clima, este verano es el más extraño que recuerdo. Las noches han sido frescas, ha llovido intensamente y los días de calor tórrido han sido pocos (lo cual se agradece, aunque resulte “raro, raro, raro”. Hoy sin ir más lejos, al volver del trabajo, allá a las ocho de la tarde, me he arrepentido de no llevar una chaqueta para sobrellevar la temperatura. Habitualmente ir en moto es un placer en estas fechas. Algo raro está pasando con el clima…
Con M. pocas novedades. Hace ya un mes que atravesamos el año y medio de relación, y seguimos enamoradas y convencidas de ser la una para la otra. Hemos discutido por nimiedades, hemos pasado ratos malos y muchos buenos. Lo normal. Puede que nos estemos acostumbrando a esta estabilidad sin altibajos, pero no nos faltan emociones fuertes, ni momentos de pasión arrebatada. En definitiva, somos felices.
No sé si tendré tiempo para volver a escribir antes del viaje. Si no es así, seguro que a la vuelta tengo mucho que contar.
Hasta entonces.
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