La vida nueva
Mi vida, tal como es
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"L´amore quando arriva è come un camion che ti prende in pieno e tu puoi soltanto morire" (Mina)
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Un día nefasto
Hay días como hoy en que podría creer en la existencia de la mala suerte: que me ha mirado un bizco, o se me ha cruzado un gato negro. He tenido una serie encadenada de pequeñas desgracias, de contratiempos enojosos que me han amargado el día.
He decidido comprarme un coche. Me los he mirado todos, he comprobado minuciosamente sus prestaciones y precios, he comparado financiaciones, he negociado hasta donde soy capaz... y finalmente me he decidido por un Seat Ibiza. Pero...
he descubierto, para mi mal, que el taller donde debía reparar mi actual coche me ha estafado, cobrando una factura a mi compañía de seguros por una reparación inexistente. He llamado innumerables veces a esos teléfonos de atención donde nunca te solucionan nada, te hacen perder el tiempo y la paciencia. Y todo para tener que buscar una solución por mí misma, arriesgándome a discusiones seguras y probables denuncias.
Cuando llego a casa, con un humor peor que malo, descubro que en Orange no han activado mi pack de Internet con llamadas porque, sencillamente, no han registrado mi solicitud. Después de llamar cuatro veces me lo dicen: alguien se ha equivocado al tomar nota de mi petición, así que estaré algunos días más sin usar el teléfono. Y claro, mientras aclaraba todo esto la pizza se me ha quemado en el horno y he tenido que tirarla... Lo único bueno es que mi nivel de saturación es tanto que he optado por el humor y la ironía, aunque maldita la gracia...
La verdad es que llevo una semana un poco aciaga. Precisamente ahora que debo controlar mis gastos me estafa todo el mundo: Telefónica, Ya.com, el taller, Orange. Lo mío con las compañías de telecomunicaciones es absolutamente penoso; o me facturan de más o no me dan servicio. Cualquier cosa menos un servicio digno y fiable.
A todo esto, mi novia ha estado ocupada, como siempre entre semana. Cada vez que la he llamado o no ha podido atenderme o bien me ha dejado con la palabra en la boca para ocuparse de algo urgente. Vamos, que no me ha quedado ni el desahogo de contar mis penas.
En días como hoy descubro lo poco preparada que estoy para la vida moderna. No me gustan los problemas, como todo el mundo, pero además lidio muy mal con ellos. Y eso es porque normalmente mi vida es una balsa de aceite. Quiero creer que si no suelo tener problemas es porque no me los busco, pero en realidad no es así. A veces son los problemas los que te buscan a tí, y entonces te das cuenta de lo indefensa que estás ante un mundo duro e indiferente a tus méritos.
Otra cuestión que he afrontado es el saber que ya ando en boca de la gente. Una amiga me dijo que ya se comenta que soy lesbiana; además me insinuó que el rumor parte de alguien cercano a mí. Imagino que alguna de las pocas personas con las que he sido franca se ha ido de la lengua. Claro que eso es tan fácil... cómo callar un cotilleo tan sabroso. De todas formas no me ha afectado. Y por supuesto no he comentado nada personal con esta conocida. No creo que tenga que confesar mi sexualidad a quien pregunta por ella ni someterme a la curiosidad malsana de nadie. En ésto aplico el principio de reciprocidad: si yo no pregunto por la vida sexual de la gente, la gente no tiene que preguntar por la mía. O por lo menos que no espere una confesión, ni una salida forzosa del armario. Este armario es mío y lo abro cuando y como quiero.
 
Un puente solitario

Mi novia está fuera, disfrutando de un viaje al que renuncié por propia comodidad. Al final fue lo mejor, porque he estado enferma y mi compañía hubiera sido bastante pobre. Pero hoy sábado, pese a que el día me ha resultado liviano y llevadero, su ausencia ya me pesa; su ausencia y su recuerdo, por más que sea un sentimiento agridulce: triste porque me falta y muy feliz porque sigue siendo mía, para mí, dondequiera que esté.
Me dicen: ¿cuál es tu proyecto de vida con ella? ¿Dónde va vuestra relación? Como si el amor fuera un camino ya trazado con sus paradas obligatorias y un destino predeterminado. Pero mi única respuesta es: mi proyecto es quererla, y mi destino su corazón, siempre cercano y asequible para mí. Qué más proyecto necesito que ése, ni qué destino más placentero que el que me he marcado.
Miro el calendario y me sonrío. Pasan los meses, con su cadencia pausada y previsible: horas, días, semanas… El tiempo es mi amigo porque ella figura en cada santoral, su nombre es el nombre de cada festivo. Casi dos años y es como si el reloj estuviera detenido en el mismo segundo en que comprendí que la amaba, y que ella me amaba a mí. Y puede sonar absurdo, descabellado, pero siento que el tiempo ya no avanzará mas que en las estaciones del año y en las arrugas de mi piel, nunca en mi corazón ni en nuestro amor.
Ella me escribe poesías, me manda cada día un pedacito de cariño envuelto en palabras dulces y conmovedoras. Yo, prosista a mi pesar, me siento impotente por no devolvérselas al instante, incapaz de encontrar la expresión justa, la frase feliz que le llegue al corazón con la fuerza con que yo recibo las suyas. Me consuela el hecho de que, cuando estamos juntas, ella lea en mí, en mis ojos, todo cuanto callan mis palabras.
Quisiera ser tantas cosas por ella, darle tanto sólo por verla feliz, riendo contenta a mi lado… Quisiera ser tantas cosas que no soy…
Pero lo más increíble es que no lo necesita, ni lo pide, y sé que me quiere tal cual, también con mis miserias y debilidades. Yo soy su refugio y su fe en un mundo donde los sentimientos no cuentan, donde los besos son una anécdota. Ella es…
Ella es…
Ella es…

Todo. Sólo cuatro letras que llenan mi espacio por completo. La razón para despertarme contenta, para disculpar a los insolentes, a los amargados, a los intolerantes. La llama viva que me calienta el alma cuando me acuesto, cansada de tantas fatigas cotidianas. La ilusión, la certeza, la esperanza, la fe en que el mañana será mejor.
He gastado muchas palabras intentado explicar… ¿Explicar qué? Ya no quiero razonar, sólo quererla sólo con gestos, con requiebros en su oído, con manos ávidas. Sólo quiero abandonarme en este sentimiento.

¿De verdad necesito un trayecto y un destino?
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