Otra vez aquí
Sigo como en los últimos meses, un tanto descolgada de mi blog. Tengo la sensación de estar cambiando, de haber modificado mis hábitos de forma inconsciente y no planeada. Ahora me despierto temprano sin maldecir el reloj y antes de las once me suele vencer un sopor que apenas me permite hablar con mi novia. Incluso ella me ha comentado esta transformación. Es como si me estuviera mimetizando con M., convirtiéndome en un clon… aunque todavía me falta mucho para alcanzar su nivel de hiperactividad.
Estas semanas han sucedido algunas cosas, pero poco importantes a nivel personal. Tras la cena de los horrores hemos llevado una vida tranquila con pocas salidas nocturnas y volviendo a casa tempranito. Hemos ido alguna vez a un nuevo pub de lesbianas cerca de casa, y como casi siempre nos hemos sentido decepcionadas. Esa misteriosa costumbre lésbica de no salir de casa ni dejarse ver por el ambiente vuelve a repetirse: este pub (con el significativo nombre de “¿Entiendes?”) está prácticamente vacío siempre que lo visitamos, y eso que lo hacemos los sábados noche. Cierto que las camareras son bastante introvertidas –caracteristica poco aconsejable en el mundo de la hostelería- y la música es poco variada, pero siendo el único local lésbico de la ciudad es extraño que no sea frecuentado por casi nadie en una ciudad que, el otro día lo leí, no suele bajar de los ciento cincuenta mil habitantes todo el año. ¿Falta de publicidad, quizá? Yo al menos me enteré de su existencia casualmente, y me temo que si no hacen un esfuerzo extra para darse a conocer tendrán que cerrar en poco tiempo. Voy a echarles una mano: si visitáis Benidorm, podréis encontrarlo en la zona comercial que queda justo frente a la puerta principal del Hotel Gran Bali. Ya sabéis, ese mastodonte que se ve desde cualquier punto de la ciudad, incluso desde la autopista a varios kilómetros de distancia.
Esta semana santa recién comenzada vamos a retomar nuestra vida social, aunque sea reducida a las amigas de siempre, ésas que no te dan sorpresas desagradables. Mañana organizaré una cena en casa y después daremos una vuelta por los sitios de ambiente, a ver si se nota que la ciudad está rebosante de turistas españoles y extranjeros. Lo malo será encontrar un hueco donde aparcar, como siempre…
Una novedad destacable en mi vida es que desde hace unas semanas soy presidenta de mi comunidad de propietarios. Es una urbanización con más de cien vecinos, lo que ya supone bastante trabajo, pero lo más complicado será hincarle el diente a asuntos complicados, como varios pleitos a punto de presentarse y una negociación a cara de perro con la promotora que nos vendió los pisos. Esta gente que se ha enriquecido con la construcción en apenas diez años es despreciable: nos tratan como gente de segunda, ignorando nuestros requerimientos e intentando aprovecharse de cualquier circunstancia para ahorrar dinero a nuestra costa. Ya he tenido alguna conversación tensa con ellos, y al ver que les exijo responsabilidades y garantías me han dicho que mi actitud es “agresiva”. Todavía no saben lo agresiva que puede ser mi actitud, cuando les presente un listado exhaustivo de mejoras en la finca lo descubrirán. Están demasiado acostumbrados a presidentes mansos y complacientes como para saber encajar el golpe. Será incluso divertido ver su desconcierto y fastidio. No hay nada que me motive más que desenmascarar a los prepotentes que andan por el mundo mirándonos desde la altura de sus cuentas corrientes abultadas y sus corbatas de 200 euros. Yo, con mi ropa de Zara, tengo armas poderosas para hacerles frente: pruebas, documentos y derechos que me amparan.
Esta lucha apenas iniciada me absorbe el tiempo y las energías, pero he aceptado este reto muy satisfecha y segura de mi capacidad de llevarlo adelante. M. me animó a asumir esta responsabilidad y gracias a ella me veo con fuerzas. Sin su apoyo y su consejo el camino hubiera sido mucho más duro. Con ella a mi lado nada me da miedo.
Ella y yo no sumamos dos, sino un número infinito. Es una prueba más de que el amor de verdad sólo te puede hacer bien, multiplicar y no dividir las capacidades y las fuerzas.