Lesbianas y lesbianas
Ayer salimos M. y yo por el ambiente de mi ciudad. Gina se ha recuperado de su operación, y queríamos saludarla y hacerle un pequeño regalo para animarla. Ya se encuentra bien, y nuestra boa de plumas negras le gustó mucho. Lo malo es que entre bromas y risas me metió mano y después me hizo comprobar lo que tiene de hombre, que por cierto es bastante… Me sentí incómoda, aunque sé que este tipo de juegos son propios de ambientes nocturnos cargados de sexualidad y alcohol. Aprendimos una cosa: hay que tener cuidado con lo que dices, no sea interpretado literalmente…
Después fuimos a otro local mixto donde acuden algunas mujeres, extranjeras normalmente. Pero anoche nos llevamos la sorpresa de conocer a un pequeño grupo de españolas residentes en mi ciudad, y en principio me alegré mucho, porque de una vez conocería la razon por la que es tan difícil encontrar lesbianas en un pueblo de 70.000 habitantes. Pensaba preguntarles sobre los locales que frecuentaban y cómo hacían para relacionarse entre ellas, si ligaban por Internet… M. decía que actuaba como una periodista ávida de novedades, con mi cigarrillo en una mano y la cerveza en la otra. Pero las respuestas no fueron nada alentadoras: eran ese tipo de lesbianas que detesto, aun a riesgo de ser políticamente incorrecta.
Cuando nos presentamos, una de ellas, digamos la sujeta A, después de decir su nombre, me suelta: “Me gustan las mujeres, pero tengo pareja hombre”. Una explicación que no le pedí, por cierto. Pero además de eso, añadió algunos comentarios que sonrojarían a cualquier mujer con un mínimo de dignidad: “Yo veo por ahí tías buenas que me calientan, luego llego a casa y mi marido me la mete y así me descargo”. O esta otra: “A mí no me gustan las extranjeras, porque no se lavan el coño; yo me lo lavo muchísimo, y cuando yo lo como quiero que lo tengan limpio también”. Esto después de tres minutos de conversación y en un tono tan natural como si hablara del tiempo que hace. La sujeta B, por su parte, afirmaba que para ligar basta con observar a la chica, ver cómo te mira y, si te sientas a su lado, pegar su pierna a la tuya. “Si no la quita es que le gustas fijo”. Una teoría fascinante, vamos. La sujeta C, la más masculina de las tres, alardeaba de tener siete amantes a la vez, aunque no quería decir que sólo fueran eso, aunque tampoco eran relaciones propiamente dichas… todavía intento averiguar qué quería decir. También se dedicaba a a amenazar con “espabilar de dos hostias” a una pobre chiquilla borracha que pasaba por allí. Lo único que ahora me pregunto es que hacía una ladykiller como ella un sábado por la noche con dos petardas teniendo tanto mujerío pendiente de ella… Otro misterio más.
En definitiva, un tipo de mujer que me asquea. El tono de toda la conversación era tan sexual, tan zafio, tan primitivo… Ni rastro de sensibilidad, inteligencia, simpatía, normalidad. Mujeres depredadoras de mujeres, que sólo quieren sentir el calor de un cuerpo y hartarse de carne sin alma, de pechos sin corazón. M. y yo salimos de ese bar con una sensación amarga, con el único deseo de alejarnos de esa clase de lesbianas que no somos y nunca sentiremos como propia. Porque si nos gustan las mujeres no es por sus curvas, sino por lo que hay debajo de la piel; por la dulzura, el sentimiento, la sensibilidad, la ternura… por las cualidades, no por las humedades, ni las turgencias, ni las tersuras de un cuerpo. Eso viene después, se aprecia plenamente cuando ya te gusta lo que hay dentro, lo que hace a esa mujer única y especial para ti.
Comentario:
Lamentablemente, la opción sexual que eliges no te hace ser mejor o peor persona. Y te lo dice un heterosexual, que por supuesto no se identifica con el respetable montón de cafres que mantienen la misma opción. Lo que nos diferencia, lo que nos debe diferenciar es, desde luego, nuestra manera de ejercer esa opción. Como tu dices, la dulzura, el sentimiento, la sensibilidad, la ternura... Un saludo.