La vida nueva
Mi vida, tal como es
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"L´amore quando arriva è come un camion che ti prende in pieno e tu puoi soltanto morire" (Mina)
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Semplicemente sua...
Mañana no madrugo, y a estas horas estoy cansada de leer pero no tengo sueño. Los jueves me suele suceder: hablo con M., divagamos sobre mil temas, nos declaramos un amor infinito y al colgar me siento un poco desamparada. Justo cuando han pasado cuatro días de nuestro último beso y en vísperas de reencontrarnos la melancolía y el deseo me consumen. Así somos los humanos: lo tenemos todo, pero siempre queremos más. Yo la tengo, es mía en la distancia; se duerme con mi imagen en la mente, con mi recuerdo bailando tras sus ojos cerrados; sin embargo, ahora la quiero real y tangible, de carne que late, con su voz susurrando en mi cuello, en mi pelo, en mi pecho. Inevitablemente, irremediablemente, la echo de menos, y como de costumbre escucho Mina, el bálsamo de mis tristezas, con sus canciones apasionadas, con su voz rasgada de pasión, desesperación, súplica…
A veces me pregunto por qué, aunque pasen los meses, no me canso de hablar de ella y de este amor que siento. La novedad ya pasó, M. dejó de ser la criatura misteriosa que me desconcertaba en las primeras semanas. Sé mucho de ella, de sus manías, de sus debilidades y de todo aquello que la hacen humanamente imperfecta. Hace mucho que pasó el tiempo de la idealización, del amor ciego porque sí. Ayer precisamente le hablaba de eso, de que saberla real y falible no había restado ni un pedacito de amor por ella; porque lo que he descubierto que me gusta es mucho más que lo que no, y más importante. Todos tenemos carencias, deseos que colmar en el otro; ella cumple los míos, y yo los suyos. Porque siendo tan distintas en el carácter somos casi idénticas en la forma de entender el amor. Nos gusta el amor como entrega absoluta al momento en que se vive; cada una tiene una existencia distinta, una forma incluso divergente de estar en el mundo, de interpretar la realidad. Ella no se rinde a mí, no transige en nada, ni yo se lo pido. Me gusta que sea como es, que me rebata y que tenga su propio camino, sus metas propias. Me gusta que sea insobornable respecto a lo cree, a lo que busca. Pero luego está ese instante milagroso en que nos encontramos, en que nos miramos y las diferencias, las distancias, las cosas que nos separan desaparecen totalmente: yo me reconozco en su amor y ella en el mío. No importa que cinco minutos antes la haya contradicho, porque ella no me quiere complaciente, sino auténtica e independiente. Sabemos una cosa: que nos amamos por nuestra voluntad, no por sentir la necesidad de ser amadas. Ella no está conmigo porque le acomode o porque le interese; está conmigo porque mi amor la llena. De la misma forma que yo no la necesito, pero me hace feliz su compañía, su manera de amarme tan absoluta, tan entregada y tan libre a la vez.
Cuando intento explicar este amor entiendo por qué no dejo de hablar de él. Nunca tuve algo así en toda mi vida. Quise y me han querido antes. He estado profundamente enamorada, pero siempre sentía que algo no encajaba, un engranaje fuera de sitio, una nota disonante que al final anunciaba un fin a medio plazo. No puedo culpar a nadie sino a mí: he querido por necesidad, por cubrir carencias de amor arrastradas desde siempre, aunque yo no lo sabía. Quería porque me daban cosas irrenunciables para mí y luego cargaba con otras que me hacían daño, porque pensaba que así es el amor. Pero cometía un error: el amor no es soportar a cambio de ternura o estabilidad. Soportar supone cargar sobre tus hombros cosas que no te gustan. Ahora que la encontré veo claramente la diferencia: a M. no la soporto, sólo la amo. Sus defectos son tan pequeños para mí que no pesan, no tienen volumen. No se soportan.
Así es nuestro amor. Y aquí viene la paradoja: ahora que sé lo que es un amor puro, real, inconmensurable, ahora sí la necesito. He probado la droga más dulce, la pasión más profunda, he compartido con ella mis pensamientos más íntimos, las confesiones más secretas… Ahora no sabría estar sin ella.
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Comentario:
Yo era la de allà... la muchacha de Italia... la otra, era ella quien escuchaba a Vasco, Giorgia, Tiromancino... todo indicaba que no podìa ser... vidas hechas en caminos distintos... decisiones tomadas.... y mira què sorpresa... hoy estoy aquì, respirando su mismo aire y viendo su mismo sol... fueron 10 mil kms de distancias recorridos sòlo por la fuera del amor...
Es muy posible, amiguita... y crèeme que vale la pena todo
;)
suerte, mucha suerte para ambas
 
Comentario:
Cada vez que leo este blog, cada vez que mis ojos recorren tus palabras, a la vez me parece recorrer partes de ti invisibles a ellos. Me gusta comprobar que hay gente en el mundo que cree en algo tan desgastado para el resto como el amor. Un saludo.
 
Comentario:
Tu novia si te lee...no me pongas la denuncia todavía. Eres una de las razones por las que piense que todo tiene sentido, una razón de reconciliación con el mundo en días grises, un canal de pasión. Me siento afortunada con que existas y me quieras.
 
Comentario:
casate cn ella.
os mereceis la una a la otra
 
Comentario:
Eres muy afortunada. Muchos vivimos sin alcanzar esa forna de plenitud. Ya, ocurra lo que ocurra en un futuro, ha merecido la pena conocerla.
Un abrazo envidoso.
(¿puedo enlazarte?)
No