Sobre domingos y lunes.
Aunque el lunes tiene fama de fama de maldito (“I don´t like Mondays”, “Manic Monday”…) a mí el realmente no me gusta es el domingo, justo por ser la víspera del día que no queremos ver llegar. Los lunes, sin embargo, la desgracia se ha consumado, y ya desde que me levanto tengo asumido lo que vendrá: trabajo, prisas, pequeños quehaceres domésticos… Los domingos, después de comer, comienza una suave depresión que culmina cuando nos acostamos. Lo comentábamos esta mañana en el trabajo: en general, todas las vísperas, horas previas y momentos anteriores a algo que tememos se convierten en parte de la cosa odiada: el día antes de un exámen, de una operación, de la vuelta de vacaciones… Y al contrario: las horas que preceden a un acontecimiento feliz forman ya parte de los momentos gozosos. Eso es porque la mente corre más que los pies y que el tiempo, y llega la primera allí donde queremos o no estar. Curiosidades de la vida.
Todo esto para deciros que aquí estoy, cómodamente instalada en el principio de la semana. Tengo ganas de que sea viernes, pero todavía no me desespera el tiempo que falta; como siempre, eso sucederá el jueves. Ventajas de conocerse a una misma. El próximo sábado cumplimos nuestro décimo mes juntas, todo un récord para mí. Sólo una vez he tenido una relación más larga, y aunque parezca que eso indica lo poco formal que soy, en realidad es lo contrario: no he podido tener muchas relaciones más o menos estables porque la anterior a mi última etapa fue de más de quince años. Digamos que toda mi juventud ha transcurrido en un noviazgo perenne que luego resultó de hoja caduca. Antes de eso, y después de terminarlo todas mis relaciones eran muy breves; tanto que no creo que merezcan el calificativo de “noviazgo”; creo que nunca he estado más de dos meses con alguien. Antes de ese tiempo me daba cuenta de que no iba a funcionar, y no me engañaba ni engañaba a los demás: no hay que empeñarse en revivir lo que está muriendo. Cuando eso sucede yo nunca dudo; nunca me he arrepentido de dejar a alguien, porque cuando profundizaba en su conocimiento he descubierto que no me haría feliz. Y aunque a menudo me han reprochado no dar una segunda oportunidad para corregir errores yo siempre he comprendido que las personas, en esencia, no cambian. No he dejado por capricho, ni por pequeños detalles, sino porque veía claramente que esa persona y yo no éramos compatibles. Ahora con M. he despejado la duda que me quedaba: ella tiene pequeñas cosas que no me gustan, pero sí su carácter y su forma de pensar. Por lo tanto, y en contra de la opinión de alguna damnificada, sí sé querer y transigir con quien me ama.
Comentario:
Como siempre, felicitarte por tu relación. Un saludo.