La vida nueva
Mi vida, tal como es
Acerca de
"L´amore quando arriva è come un camion che ti prende in pieno e tu puoi soltanto morire" (Mina)
Contador Gratis
Sindicación
 
Más personajes

Esta noche ando en la cocina preparando algunos platos fríos para mañana. M. hace una fiesta en su casa, y cada cual tiene que aportar su granito. En mi caso, una tortilla de champiñones, una ensalada de cous-cous y paté de garbanzos (también llamado hummus). Mientras cuaja el huevo me siento a escribir. Apenas tengo tiempo para mi blog, ocupada en mis tareas cotidianas. Y eso que el sábado le decía a M. que tenía que contar los personajes que nos íbamos tropezando a lo largo de la noche. Extraños, particulares. Como el mundo, vamos.
Empezamos a encontrar nuestro pequeño espacio en mi ciudad, esta urbe entre pueblerina y cosmopolita donde me he criado. Tiene una comunidad gay considerable, con bastante vida nocturna, pero prácticamente nada para chicas. El sábado acudimos al nuevo bar de Gina, deseosas por conocer el nuevo espacio que, según ella, había reservado sólo a mujeres. Efectivamente, al fondo del local había una pequeña sala en que apenas cabían unos sofás caseros y una mesa repleta de pequeños detalles muy Kitch. En las paredes, de un rosa pálido, había colocado algunos cuadros carentes de toda perspectiva o proporción que representaban mujeres desnudas en posturas incitantes. Pero cuando los miraba sólo podía pensar que eran travestis, o transexuales, no sé si por los cuerpos o por las actitudes… El techo simula ser un cielo muy claro con nubes etéreas, no en vano el local se llama “7º Heaven” .Cuando estábamos tomando nuestras copas apareció un tipo mayor que se quedó en el umbral, observándonos valorativamente. Su mirada no dejaban dudas: buscaba plan, con una u otra (las dos mejor, sospecho). Después se sentó, me ofreció un cigarrillo y empezó a charlar en el poco español que sabía. Aunque ya conocíamos sus intenciones tuvimos curiosidad por indagar en el personaje: un kazajo conductor de autobús casado con tres mujeres (la más joven de 17). En vista de que la conversación no avanzaba, se empeñaba en demostrarnos cuánto le gustaban las mujeres señalando los cuadros incitantes (y un tanto cutres, hay que decirlo) de mujeres desnudas repitiendo una y otra vez: “mi gusta”. Y señalando con más insistencia el cuadro en que aparecían dos mujeres: “mi gusta mucho”. Cuando llegó el momento de acabar con sus escasas ilusiones apareció otro personaje más desconcertante: otro hombre, de gestos y maneras típicamente gays – el tipo de homosexual amanerado, quiero decir-, que nos pidió permiso para compartir mesa. Resultó ser un marroquí que decía estar de vacaciones y no ser gay (no entiendo qué hacía tanto heterosexual en un bar del ambiente). Nosotras nos presentamos como novias, para dejar claro que no nos interesaba ninguna aventura ni trío intercultural; pero él nos aseguraba que estaba enamorado de una chica holandesa, lesbiana y con pareja, con la que tuvo una breve historia, aunque nosotras lo dudamos… Tenía una forma muy particular de expresarse, muy trágica. Nos pedía consejo: “¿Qué hago con esta chica? ¿Mi mato? Yo la quiero, tiene el coño más limpio del mundo, el más precioso…” Repetía esto una y otra vez, gimoteando como un niño, atormentado por su mala fortuna. Pero intentando comprender su desmesurado amor por alguien que no podía corresponderle no sacábamos de él más que esta extraña fascinación por su coño (así expresado, tal cual), de igual manera que aquella mujer que nos encontramos semanas atrás. Una auténtica obsesión por la limpieza vaginal, que nos hace preguntarnos si la higiene femenina es un patrimonio poco común en ciertas comunidades… M. se cansó pronto del marroquí, pero yo, con esta tendencia mía a empatizar con los personajes más raros, aún intenté mantener una conversación coherente. Vano intento.
Después volvimos al pub que se está convirtiendo en nuestro local favorito, aunque en realidad debería decir que no tenemos más opción: es el único con cierta frecuencia femenina donde se puede bailar y ver un espectáculo de travestis de madrugada. Se dejan caer algunas españolas, y a veces chicas de lo más normal, no esos personajes del Museo de Cera que no encontramos tiempo atrás. En fin, que lo pasamos razonablemente bien; bebimos lo justo y nos acostamos bien juntitas y rendidas de cansancio.
No