Madrid, ancora
Este fin de semana toca Madrid, una vez más. Viajar a la capital es siempre estimulante, aunque me temo a mi misma. Gasto más de lo que debiera, que es nada. De todas formas, no es previsible que volvamos hasta dentro de unos meses, así que por qué no, hay que disfrutar…
Esta semana se me está haciendo eterna, no estoy acostumbrada a pasar más de cinco días sin ver a M. Por cuestión de trabajo el fin de semana pasado estuvimos separadas, y lo estoy notando. No sé si será el invierno que se acerca, con sus fríos, tardes plomizas y vida hogareña; o que simplemente ya me he habituado a su presencia continuada y necesaria; el caso es que me siento triste y melancólica cuando llega la noche y hay poco que hacer más allá de leer, ver pelis o estudiar italiano.. Me descubro no prestando atención a nada de lo que hago, recordando alguno de los momentos intensos que vivimos juntas días atrás. El teléfono me quema en la mano, deseando llamarla; pero ella está ocupada y no me gusta entretenerla cuando va apurada en su trabajo. Así que me mojo las ganas en el blog, o me voy a dormir.
Estas sensaciones me inquietan, estos estados de ánimo que provoca su ausencia no son normales en mí. Suelo controlar bastante bien mi melancolía, y sólo la dejo fluir cuando me apetece echarla de menos. Pero últimamente no, y me disgusta. Espero que sea una etapa transitoria, porque si no me encontraría con una verdad universal que solemos olvidar: nadie controla sus sentimientos, aunque lo llegue a creer. Yo, que soy gurú de las relaciones amorosas saludables, en el fondo no soy esa amante equilibrada y sensata que quiero ser. Sólo soy una mujer con sus defectos y carencias. Y mi parte racional no puede amaestrar a la sentimental, y convencerla de la suerte que tengo porque ella exista y sea para mí. Quiero más, y lo quiero ahora. No me quito de la cabeza su cuerpo real, con toda su suavidad y tibieza, su presencia confortadora. Añoro su amor hecho carne.
Esta noche tengo cena de empresa y sé que mi tortura llega a su fin. Mañana está a la vuelta del reloj. Otra vez nos veremos y me vengaré de esta ausencia, de esta impotencia. Es lo único bueno que tiene: no hay nada más delicioso que comer la fruta que no podías alcanzar cuando te sabe más sabrosa, madura, dulce...
Esta semana se me está haciendo eterna, no estoy acostumbrada a pasar más de cinco días sin ver a M. Por cuestión de trabajo el fin de semana pasado estuvimos separadas, y lo estoy notando. No sé si será el invierno que se acerca, con sus fríos, tardes plomizas y vida hogareña; o que simplemente ya me he habituado a su presencia continuada y necesaria; el caso es que me siento triste y melancólica cuando llega la noche y hay poco que hacer más allá de leer, ver pelis o estudiar italiano.. Me descubro no prestando atención a nada de lo que hago, recordando alguno de los momentos intensos que vivimos juntas días atrás. El teléfono me quema en la mano, deseando llamarla; pero ella está ocupada y no me gusta entretenerla cuando va apurada en su trabajo. Así que me mojo las ganas en el blog, o me voy a dormir.
Estas sensaciones me inquietan, estos estados de ánimo que provoca su ausencia no son normales en mí. Suelo controlar bastante bien mi melancolía, y sólo la dejo fluir cuando me apetece echarla de menos. Pero últimamente no, y me disgusta. Espero que sea una etapa transitoria, porque si no me encontraría con una verdad universal que solemos olvidar: nadie controla sus sentimientos, aunque lo llegue a creer. Yo, que soy gurú de las relaciones amorosas saludables, en el fondo no soy esa amante equilibrada y sensata que quiero ser. Sólo soy una mujer con sus defectos y carencias. Y mi parte racional no puede amaestrar a la sentimental, y convencerla de la suerte que tengo porque ella exista y sea para mí. Quiero más, y lo quiero ahora. No me quito de la cabeza su cuerpo real, con toda su suavidad y tibieza, su presencia confortadora. Añoro su amor hecho carne.
Esta noche tengo cena de empresa y sé que mi tortura llega a su fin. Mañana está a la vuelta del reloj. Otra vez nos veremos y me vengaré de esta ausencia, de esta impotencia. Es lo único bueno que tiene: no hay nada más delicioso que comer la fruta que no podías alcanzar cuando te sabe más sabrosa, madura, dulce...
Comentario:
Pues que ustedes lo disfruten con salud, pasión y risas.
Abrazos
Abrazos